Y más allá
Los elementos vagaban sin rumbo llevados arbitrariamente por fuerzas que comenzaba a establecer las reglas del joven universo, los remolinos de calor y caos donde se formaban las estrellas, destellaban por todo el horizonte, el universo infinito y aún ilimitado se agitaba en una guerra sin fin entre los habitantes celestes. De la belleza del caos y la destrucción sobre vino la vida, delicada flor desamparada a los vientos de la circunstancia. Muchas habían sido las oportunidades que la chispa de la vida había hecho su aparición, y siempre fue rechazada por las fuerzas indomables que dominaban inconscientes todo. Pero lo improbable se hizo posible, apartada en un rincón del espacio, oculta de las colisiones de los gigantes de fuego, ellos… nosotros germinamos contra las dificultades.
Y más allá
Por A. Gonzáles
Los elementos vagaban sin rumbo llevados arbitrariamente por fuerzas que comenzaba a establecer las reglas del joven universo, los remolinos de calor y caos donde se formaban las estrellas, destellaban por todo el horizonte, el universo infinito y aún ilimitado se agitaba en una guerra sin fin entre los habitantes celestes. De la belleza del caos y la destrucción sobre vino la vida, delicada flor desamparada a los vientos de la circunstancia. Muchas habían sido las oportunidades que la chispa de la vida había hecho su aparición, y siempre fue rechazada por las fuerzas indomables que dominaban inconscientes todo. Pero lo improbable se hizo posible, apartada en un rincón del espacio, oculta de las colisiones de los gigantes de fuego, ellos… nosotros germinamos contra las dificultades.
El planeta se enfriaba lentamente, dejando atrás su tumultuoso pasado esquizofrénico, y se asentaba glorioso como la cuna de la conciencia. La tierra se cerró, el calor del magma se oculto bajo un manto de minerales, las aguas cayeron de los cielos y la lluvia invadió el suelo rocoso. El tiempo siguió su curso al infinito, llevando consigo 100 millones de años de evolución, un desfile de vida se recreó bajo la sombra de la débil luz del sol, una tras otra nacieron, copularon y murieron, ignorantes por completo de su propia mortalidad.
Pero un día la luna se asomo para presenciar la llegada de la luz a la oscuridad, la noche no envolvería nunca más a la bestias come carne, ellos gritaban animosos alrededor de la fogata, celebrando con graznidos y saltos la llegada del fuego. Y con el nuevo poder, las bestias dominaron el mundo. No había nadie que presenciara el nacimiento, sólo el sol y la luna que se escabullían por el cielo observando ansiosos el andar de la inteligencia; los carnívoros fueron desplazados, las presas devoradas y la tierra consumida, en unos miles de años ellos aprendieron a moldearon su entorno a su gusto, pero el conocimiento viene también acompañado de dolor, pronto se dieron cuenta de la infinita soledad que los rodeaba, acongojados por el deprimente sentimiento, imposibilitados de viajar por el cosmos se escondieron en su pequeña esfera, apartándose del hostil universo, tratando de olvidar la desolación.
Otro día el sol volvió a fisgonear, una luz tan intensa y poderosa como él mismo estallo sobre la roca de la esfera azul, los secretos del átomo comenzaba a develarse y con él el poder de la auto - destrucción. Ahora el fuego de las estrellas era el que ardía en sus manos inexpertas; al principio estuvo bien, guiados por la cordura y el deseo de bienestar común la prosperidad inundo sus vidas, pero pronto el nuevo conocimiento fue pervertido por sus oscuros sentimientos.
Otro día llego y la atmósfera ardió consumida por el fuego termonuclear que surgía desde las cenizas de los pueblos, la tierra fue azotada por las desgracias de la guerra y así los animales de los mares la tierra y los cielos fueron aniquilados por la inclemencia de la radiación. Sin plantas que los rejuveneciera con el preciado gas ni animales de que alimentarse, los seres de dos piernas comenzaron ha agonizar, entre los escombros de las orgullosas ciudades sólo reinaba el silencio y el hedor de carne quemada, ocultos de la estrella madre bajo el mantón de negras nubes olvidaron la bendición del pensamiento y retrocedieron al salvajismo, sin nada que comer el canibalismo se convirtió en su plato principal y sin vergüenza alguna satisficieron los más sucios deseos de la carne, y todo se volvió malo.
Y el tiempo siguió su curso, hasta que un día la luz se abrió paso entre la perpetua oscuridad y por primera vez después de dos cientos años, el sol pudo ver una vez más la tierra al que él le dio la vida, algunas plantas se habían adaptado a la noche alimentándose de los micro organismo, el reino animal también cambio para afrontar las dificultades, volviendo todos sus hermanos en pequeños animales nocturnos.
Pero por sobre todos ellos fueron los animales de dos piernas los que más habían cambiado, casi no los podía reconocer, torcidos cuerpos que corrieron despavoridos de su luz, ocultándose en cuevas y vagando en el interminable desierto que reinaba la tierra como rebaños de carne sin cerebro. Todo el conocimiento que los enorgulleció alguna vez, hoy era tan sólo un delirio. Castigados por su propia demencia los seres de dos piernas jamás podrían levantar nunca más su voz contra el omnipotente universo. Pero aquel plato de color rojizo inundo de nuevo con sus corpusculares fuerzas los ojos de ellos, una de las bestias caníbal levanto su mirada, y extasiado por una belleza imposible de explicar la inteligencia comenzó ha resurgir de entre los oscuros escombros de su mente primitiva, la plaga se extendió en el viento y por segunda vez en la historia del universo el fuego fue celebrado.
El tortuoso camino hacia la civilización fue recorrido una vez más, pero algo había cambiado, ninguno de ellos podía explicarlo pero podía percibirlo. Aquellos impulsos hormonales que les habían controlado sus mentes se extinguieron, y así la desgracia, la tristeza, desesperanza y el temor, abandonar sus espíritus para siempre. Renovados de cuerpo y mente, establecieron su mundo perfecto, lleno de tímidas ciudades que acompañaban la perfección de la naturaleza y que conectaba a sus creadores con el resto del universo, y de nuevo la luna se asomó para ver brillar la noche con el ingenio, una vez más todo estuvo bien.
Por primera vez el futuro se develaba ante ellos claro como el cristal, y regocijados por el anhelo de entender su infinito hogar, levantaron su mirada al cielo estrellado, millones de años han pasado pero el recuerdo de su origen estelar estaba aún guardado en su mente. Y así partieron de la cuna que los vio nacer rumbo a la estrellas. Expandieron su pueblo por todo el espacio conocido, buscando alguien que les permita soporta la absoluta soledad, pero no había nadie más, a donde fuera que se dirigieran encontraba nubes de gas inerte, toneladas de metales sin gracia y brillos sin belleza. En la vastedad del infinito vacío, ellos fueron los únicos bendecidos con la conciencia de su propia existencia. Impulsados por el hambre de conocimiento siguieron vagando sin curso entre el fuego de las estrellas.
Muy lejos de la luz de su sol, en el centro del universo dónde los elementos combaten fieramente por la supremacía del espacio inundado todo con fuerzas de poder inimaginable, se ocultaron con el saber final los único habitantes del universo protegidos por sus gloriosas naves, se reunieron en el interior de un hoyo negro; las mentes más brillantes, atrapados en la oscuridad. Entonces ocultos de los apacibles observadores celeste, acordaron que su existencia material había sido un error.
Comprendieron que la realidad no es más que un estado de percepción, atrapados en sus pobres cuerpos jamás podría experimentar la magnificencia que lo rodeaba ni alcanzar la verdad absoluta, y así emplearon 100000 años de conocimientos tecnológicos para disolver su ser en el éter.
Todos juntos, reunidos en la singularidad hablaron en una sola voz, “Polvo de Estrellas fuimos y polvo de estrellas seremos”. Así no más el universo volvió a quedar en completo silencio, no había nadie para admirar la brillante de la explosión de una súper nova o que escuchara el choque entre los colosales planetas de gas que vagaba entre las galaxias. El sol y la luna asomaron su mirada al diminuto plato donde antes hubo vida, pero la luz rojiza que se aproxima al infrarrojo no cayo sobre ninguna mente que pudiera conmover, poco después la luna también se escabullía entre las nubes en busca del fulgor del fuego en el bosque, sólo sombras y siluetas eran las que se dejaban entre ver, y todo volvió a ser como era antes.
Sin embargo algo volvió a cambiar, la inmovilidad de las estrellas en el firmamento pareció estar acompañada de una “presencia”, fue la única definición posible para este nuevo elemento de la ecuación que controla el futuro del tiempo. Entre los millones que esparcieron su existencia en la negrura del espacio, aparecieron unos cuantos que rompieron el acuerdo, engolosinados con la idea de percibir el universo como nunca antes lo habían hechos, sin forma ni masa, preservaron sus pensamientos para la eternidad que le quedaba por delante. Sin restricciones ni ataduras recorrieron sin reservas la nueva realidad que estaba por delante, a faltos de la verdad absoluta. No tenían manera de comprender lo que eran ahora, estaban en todos partes sin estar en ningún lugar, las energías del universo convivían con su mente insoluble. Una belleza que nunca antes pudieron imaginarse apareció frente a ellos, sin la imperfección de sus anticuados sentidos, vieron por primera vez la verdadera hermosura detrás de las cosas.
Saltaban de sol en sol en busca del más delicioso de los platos del menú galáctico, de infinitos tamaños, edades y composiciones fueron los planetas que distaron. Encontraron enormes bolas de gas tan antiguas como el tiempo, suspendidos en el espacio vacío entre las galaxias, otros casi tan pequeños como lunas. Compañeros eternos de las estrellas, los planetas eran el reflejo de su padre sol, se adentraron en gigantes tan cercanos a sus estrellas que los metales exilian en forma liquida, corriendo en un mar de ventiscas demenciales capaz de engullir mundos, otros tan lejanos del calor de la luz que su superficie se había cubierto de un hielo eterno y apacible. Sin embargo encontraron unos cuantos afortunados, ni muy cerca ni muy lejos, donde la luz los cubrió de un suave manto que amaso amablemente la tierra, ¿sabían lo que encontrarían en estas joyas? Pasaron a todo galope, raudo y veloces, se adentraron ansías entre las nubes, expectantes de la belleza del paisaje que les ofrecerían.
El miedo hacía mucho que desapareció de sus sentimientos, pero hoy regresaba sigiloso entre sus invisibles células. Una ciudad callada y tenebrosa fue la que les dio la bienvenida a un mundo que antes fue suyo y una urbe que antes habitaron, recordaron por momentos quienes fueron alguna vez y rememoraron el acuerdo que ignoraron. Les azota una culpabilidad muy mortal, acompañada de añoranza y ternura por la vida simple, inundada del sentimiento más hermoso y profundo de todos, el amor. Maldecidos por su traición, sin importar a dónde escaparán serían perseguidos por el recuerdo de aquella vida que tuvieran entre su pueblo. No habría manera de olvidarlas las imponentes ciudades, mucho tiempo había pasado desde que ellos abandonaron el universo material, pero incluso hoy, cientos de miles de años después seguían tan radiantes como el primer día y seguirían hay, envejeciendo con el futuro, persiguiéndolos por siempre.
La sinfonía de colores y placeres fue olvidado, el pesar que tan profundamente los afecto se esparció libre por el vacío del espacio, inundando el perpetuo silencio que en él habita con un grito de agonía. Los ecos del estruendo viajaron cientos de miles de millones de kilómetros hasta retumbar en algún lugar. Dentro del horizonte de sucesos, la esencia de los que fueron los únicos habitantes de la realidad se estremecieron, y recordaron. No podría llamarse venganza el sentimiento que los impulsaba a dejar su suave estado latente, aquello sólo podrían tener un símil lejano con el deseo, deseo de purificar los cielos de la imperfecta presencia de las mentes de sus con generes. Fue así como brillo como nunca antes había brillado algo, el agujero negro libero un resplandor que se dilataría en el tiempo por sobre toda las cosas, y se grito a los cuatro vientos el resurgir de los que una vez vivieron.
Atraídos por el aroma de vida que dejaban los traidores, enfocaron todo su poder en aquel único punto, con la omnipotencia que ahora los acompañaban, doblaron el espacio - tiempo hasta recorrer las infinitas distancias en un instante.
Y entonces, entre nubes amarillas, lagos de verde intenso, estrellas de fuego azul, llegaron hasta sus sentidos, la llegada de ellos. El universo se dividió entre los ideales de la prosperidad de la vida por encima de lo inanimado de los otros que será conocido como los Wasr, contra el deseo de ellos, los Awsr de purificar el cosmos de las imperfectas formas de vida. No había forma de observar, sentir o escucharlos, pero hay en el sistema binario de tres planetas se decidiría el futuro del tiempo. Si ellos tuviesen dedos, sería entre los que correrían el poder de las partículas que ellos controlaban con sus pensamientos. Fue hasta ese instante, que luego de millones de años desaparecieron las estrellas y los planetas de toda una galaxia, disueltos por el poder absoluto del choque entre las fuerzas de los Wasr y Awsr.
El tiempo siguió su curso despiadado hasta el infinito y con él la interminable batalla entre los amos del universo. El Wasr proseguía su viaje sin rumbo a través de los astros, con la velocidad del pensamiento arribo al planeta que una vez fue la cuna de la vida, el ciclo perpetuo de las cosas había terminado y el sol que tan afanosamente los cuido, hoy se crecía en cielo como una bestia hambrienta, devorando todo a su paso, hasta que la oscuridad de un agujero negro se asome en su rostro. Pero no podía permitirlo…no aún, con el poder eterno que lo acompañaba detuvo la destrucción del gigante rojo, paseo una vez más luego de más 1000 millones de años por donde una vez se irguió una llanura Verdú azul que llenaba el horizonte, toda la vida había desaparecido y sólo un caluroso desierto era el que permanecía en pie. Pero el sabía que detrás de toda esa seca muerte, estaba lo que el buscaba, penetro en la fuerte piedra hasta muy en el fondo hasta hallar el invalorable tesoro que debajo de la superficie se escondía. Se alejo sin demora, dejando que el truncado sol devorara su presa celestial, portando los últimos micro organismo del universo comenzó su empresa, llegaría a cada rincón del espacio conocido sembrando la semilla de la vida en que cada planeta con que se topara con la esperanza de llenar el impensable vacío de los elementos con su gracia.
Ya muchos cuerpos habían sido bendecidos con la invalorable muestra, pero por primera vez encontraba un lugar que parecía ideal incluso para el nacimiento de la vida inteligente, en un sistema de 11 planetas y un sol de tercer grado. Todo en él parecía haber sido orquestado con la intención de albergar más que moléculas sin forma. Existía un inmenso astro cuyo tamaño era mayor que el de todos sus hermanos juntos, así cualquier posiblemente amenaza de los cielos, como un meteorito sería atrapado por su fuerza gravitatoria sin causar daños a sus hermanos, orbitando a su alrededor había más de 20 lunas, y fue en una de estas dónde encontró el lugar perfecto para plantar su importante semilla, las interminables coincidencias de las cosas permitieron que el hielo formado en su superficie por las bajas temperaturas del espacio, fuesen derretidas por el constante movimiento de sus placas tectonicas debido a la influencia gravitacional de su hermano mayor, y así quedo todo arreglado para que debajo de 20 kilómetros de hielo fluyera el agua en su estado liquido, creando un océano tan vasto como fueron los de su hogar. Bajo entre la gruesa capa que protegía el centro de la luna de las inclemencias del espacio y se encontró sumergido en la oscuridad de aquellas extrañas aguas, la temperatura era moderadamente caliente gracias a los respiradores térmicos que expelían el calor de las entrañas de la luna, fue ahí donde dejo a los imperceptibles seres con la esperanza de que algún día, oponociendo a los maremotos el frío y la suerte, la impasible negrura fuera espantada por el ingenio de unos seres que dominarán el calor ancestrales de su entorno. Las increíbles presionas en la que se guardaba las negras aguas, dibujaron un escenario de increíble belleza, de montañas majestuosas y abismo desconcertantes, pero en el momento que se prestaba satisfacer su curiosidad sintió lo impensable, lo habían encontrado.
Los millones de kilómetros que lo desguarnecían de los Awrs se han esfumado, pero sin importa qué, no podía dar marchar ante la poderosa presencia de su hermano en existencia, el vital nutriente ya fue sembrado y no podía permitir su aniquilación, paso sin darse cuenta por el macizo hielo y emergió a la oscuridad, no había nada, pero el sabía que hay estaba, podía olfatear el hedor del Awsr que se acercaba a toda velocidad desde el otro lado de la galaxia en espiral. Discreta y silenciosamente, volvió a comenzar la batalla entre los Wasr y Awsr, ambos recordaban claramente la última vez que se encontraron como si en sus mentes insolubles hubiera pasado un minuto, aun cuando en el resto del universo el tiempo había avanzado 21 millones de años, de inmediato el Awsr asesto el primer golpe. El octavo planeta fue movido de su delicada orbita elíptica para ser arrojado casi maliciosamente contra la luna del gigante de gas, el inmenso cuerpo avanzo lento pero firmemente hasta su destino, pero la última palabra aún no había sido dicha, el majestoso paso del gigante de piedra fue contenido por una invisible fuerza opuesta, que poco a poco detenía su andar, el Awrs respondió, el inocente planeta se vio envuelto entre las poderosas fuerzas gravitacionales de los dos seres, ante las increíbles presiones que iban aumentado, la roca crujió quejumbrosa fracturándose su exterior, hasta que colapso y exploto entre un espectáculo de fuego y caos como sólo se había visto en los comienzos del sistema solar.
Los restos volaban por todo lados, golpeándose entre sí frenéticamente, expulsándose hacia todo los rincones del sistema, esparciéndose como brillantes rubíes a través de toda la negrura del espacio, los millones de pedazos ahora llevarían consiguió la muerte a cualquier lugar que tocarán, desde los más pequeños fragmentos de apenas unos centímetros hasta los más grandes de decenas de kilómetros, golpearían todo lo que tuviera al frente con una fuerza inclemente que barrería todo a su alrededor. En medio de la quietud del momento, habría un diminuto cuerpo que orbitaba como un perla a un coloso cuerpo, que inesperadamente presenciaría como el suave reflejo de su luz sobre el agreste hielo es roto en mil pedazos por los perversos restos de un planeta destruido.
Manipulando ferozmente las fuerzas que controlan el movimiento, arropo a cada unos de los pedazos hasta acorralarlos en unos miles de kilómetros, conocía el por qué de las cosas y sabía lo que debía hacer, a través de una delicada relación entre sus fuerzas y las del segundo planeta más grande del sistema, dirigió el desfile de rocas hasta el otro cuerpo de gas. Suavemente dibujo su forma alrededor del planeta, hasta dejarlos orbitando pacíficamente. El frío, la combinación de los minerales y la velocidad de la rotación, crearon una delicia para sus sentidos, un cinturón apareció ante él llenándole sus ilimitados sentidos de colores, sonidos y reflejos como pocas veces.
Con su contrincante distraído el Awrs hizo uso del truco que acababa de ver, dirigió su poder hasta el centro del cuarto planeta, inesperadamente el caliente centro liquido empezó a hervir hasta temperaturas inimaginables, se retorció la tierra por el calor y en un instante hizo ebullición el magma hasta desparramarse por todo el mundo, un instante después el suave ballet celeste que representaban los restante 10 planetas fue azotada por una terrible explosión que resonó con la furia del Awsr.
Era imposible contener la ferocidad de la lluvia de meteoritos que se dispararon alocadamente a todos los lugares, trato de detenerlos pero sus cuerpos se escurrían en sus manos como el agua, acongojado por la inminente destrucción, y el fracaso, se encerró dentro de sí mismo, buscando una razón para lo que hacia; tal vez después de todo debía dejarse llevar por la inevitable verdad de los Awrs, “la vida carcome la perfección de la soledad del todo”, mientras se entregaba a este pensamiento pudo percibir las ondas telepáticas del Awrs transmitiéndole con orgullo su verdad, “nuestra existencia es el catastrófico resultado de las matemáticas de la probabilidad, era inevitable nuestra aparición, y con ello llego el sufrimiento, un sufrimiento que siempre será parte de nuestra vida hasta que logremos regresar nuestra esencia a los astros que nos vieron nacer, sólo en ese momento nuestros espíritus conseguirá la verdad última”. Era tan fácil dejarse llevar ante tan bella doctrina, el sufrimiento persistía en su nuevo estado y lo perseguirían mientras tuviera conciencia, en ese momento cuando sus ideales claudicaban llegaron a él las imágenes de los recuerdos de aquella vida pasada en un desaparecido planeta hace mucho, recuerdo la felicidad, las risas, las sorpresas, el amor, pero también sintió el aroma del miedo, la duda, la ignorancia y el fresco correr de las lagrimas, entonces pensó que por muy horribles que podía ser la vivencias del día a día también se experimentarían incontables alegrías y eso no podía negárselo a nadie.
El Awrs hubiera soltado un grito de sorpresa de haber tenido cuerdas vocales, al ver como el Wasr hacia uso de su poder mental para volver acorralar los enloquecidos meteoritos. Él sabía que no podría aplacar aquella tempestad de rocas sin hacer uso de la gravedad planetaria, volvió someter la materia al poder de su mente y aparco las ciento de millones de toneladas de piedras en un delicado circulo entre el tercer y cuarto planeta, obligándolos a permanecer en cinturón de asteroides que de ahora en adelante rodearon suavemente a los tres planetas interiores.
La batalla llegaba a su fin, los seres últimos chocaron sus fuerzas en un intento de destrucción mutua, los átomos chirriaron ante la fricción comprimiendo la materia a niveles impensables donde sus poderes mentales superaron los limites de los elementos hasta llevarlos en un explosión cegadora que hubiese tronado horriblemente en algún oído, poco a poco fue disipando las nubes de polvo y el silencio volvió a reinar, el silencio absoluto. Sin importar cuanto se buscará no se encontraría al Wasr ni al Awrs, desvanecidos del universo ante su propio poder, todo volvió a estar en calma… y solo, el Awrs había triunfado, o así podría haber sido de no ser porque una milésima de segundo antes de que el Wasr dejara de existir, concentro todo lo que restaba de sus sagrados micro organismo y los envío en un cometa a toda velocidad hasta el tercer planeta del sistema solar. Luego de la aniquilación quedaron nueve planetas en pie en lugar de los once, Mercurio, Venus, la tierra, un cinturón de meteoritos que una vez fue un planeta, Marte, el gigante joviano Júpiter con su helada luna Europa donde la vida no se desarrollo más allá de unos mamíferos marinos, Saturno acompañado por los anillos que antes fueron un mundo, Neptuno, Urano y Plutón.
Millones de años pasaron y la vida evoluciono a partir de aquellas bacterias extra terrestres, miles de especie desfilaron sobre su superficie hasta que en una de ellas se agitó la chispa de la inteligencia, por primera vez en la historia de aquella lejana galaxia, la luna vio celebrar la llegada del fuego como lo hizo hacia tanto tiempo su hermana, los Wasr y los Awrs ahora se han convertido en meros delirios de algunos soñadores del planeta que llamaron los hombres tierra, donde sus habitantes siguen buscando incansablemente en el cielo a su creador, llamando al ser que les dio la vida, que les dio conciencia, pero sus gritos jamás serán escuchados por ese que llaman dios hace mucho dejo esta realidad, pero seguirán intentándolo por siempre llevados por un impulso desconocido incluso para ellos, pero que en él fondo de sus espíritus conocen, porque permanece vivo el recuerdo de su viaje a través del cosmos en manos del Wasr esperando algún día reunirse con él… aquí y más allá.

