Verso

9 de Abril, 2008

El suicidio sin morir

Lo primero que tengo que decir es que mi razón de escribir estas líneas es para que alguien que esté en la misma situación que se describe aquí analice estos razonamientos y con suerte para él llegue a las mismas conclusiones que yo o a otras nuevas y pueda no continuar con su vida, pero sin tener que morir, o en su defecto, que el lector se entretenga con este relato sin estar en una situación de suicidio (deseo poderosamente que esta última sea su situación).

Lo pienso una y otra vez y estoy seguro de que mis razones eran más que suficientes, las cuales no estoy por mencionar ya que son mis razones y no tengo porqué explicarlas a nadie más. Esto suena un poco contradictorio y estoy conciente de ello, ya que estoy narrando mi experiencia suicida, que debería ser algo muy personal, sin embargo para mi es como cuando alguien se casa o se divorcia, simplemente lo hacen y sus razones permanecen generalmente ocultas a menos que ellos las divulguen (lo cual obviamente me parece una imprudencia). En estos casos el hecho final es de conocimiento público, incluso deben declararlo ante la ley, aunque no voy tan lejos como para proponer el establecimiento de un “suicidio civil” o algo por el estilo.
Estoy totalmente seguro que hay quién cree que no explico mis razones porque no eran suficientemente poderosas para quitarme la vida, a pesar de mi explicación anterior, así que para ser un poco complaciente me limito a decir que mis razones son una combinación de pequeñas grandes situaciones en toda mi vida que se conjugan para conformar una gran situación que aunque puede sonar muy común no es para nada despreciable y es: que ya no encuentro razones convincentes y poderosas para continuar aquí. Al menos es una mejor razón que la tipa o el tipo que se suicidan para hacer sentir mal a su novia o novio o porque fueron abandonados, mi recomendación es que para hacerlos sentir mal o para compensar la pérdida es siempre mejor conseguir a alguien nuevo, una mascota, emborracharse un poco, ver una buena película, jugar al fútbol o cualquier cosa que les guste, en cualquiera de los casos es más placentero y sencillo que el suicidio. Se podría pensar que es una actitud cobarde, yo más bien pienso que es una actitud considerada, si se medita bien, todo aquel que no sirva a un verdadero propósito debería marcharse (que es una forma suavizada de decirlo). Espero firmemente que todas estas explicaciones previas sirvan para convencerlo, estimado lector, de que mis razones eran válidas o por lo menos a que piense que eran válidas para mí (que para los efectos es lo más importante). Más adelante en mi historia se verá la importancia de que se crea que mi intento de suicidio no fue un simple capricho.

Lo primero que hay que considerar en estos casos es la situación, cosas como el sitio y el método correctos. Pensé en la mayoría de sitios apartados, escondidos, y otras características que le dieran un tono de furtividad al hecho en sí. La búsqueda del lugar me llevó a descartar el arrojarme de un techo, ya que no había edificios muy altos cerca así que no me pareció bien tener que complicarse aún más. Finalmente elegí una vieja casa cercana que estaba deshabitada y algo alejada, donde nadie llegaba nunca lo cual me pareció muy conveniente, ya que no es algo en lo que uno espere público alguno, es más bien algo privado.
El método fue un poco más difícil de decidir, ya que estaba enterado de que se busca algún tipo de descanso con esto, pero todos los métodos se me hicieron extremadamente violentos, caros o ruidosos y por ridículo que suene no creo que el hecho que uno haya decidido quitarse la vida tenga el derecho de perturbar a los vecinos, una vez más, creía que el suicidio era un acto de mucha consideración.
Primero consideré un disparo en la sien, pero tenía todos los factores en contra. Por ejemplo es increíble lo que cuesta una bala hoy en día si es que por lo menos se posee ya un arma, así que este método fue además de escandaloso, muy caro (considerando que no tenía para una bala, mucho menos para un silenciador). En los países desarrollados es más fácil, la mayoría de la gente posee armas de fuego para protegerse de casi todo y los padres son suficientemente inconscientes de dejarlos al alcance de la mano. En esto si que nos aventajan muchos estos países, con tantas facilidades para todo.
El siguiente método que consideré fue el envenenamiento, la sola palabra es apabullante, así que la descarté casi de inmediato. Alguna vez pude ver un animal envenenado y fue repugnante, además comúnmente se escucha de personas en hospitales que los doctores tratan de salvar después de un intento de suicido, esta situación me parece ridícula y vergonzosa, además de complicada. Ya que para no caer en esta situación tendría que aprender a utilizar y manipular los fármacos correctos para una muerte segura y rápida y no una agonía patética en un hospital. Imagínense tener que pasar dos años en la universidad estudiando química para después matarse, esto en el mejor de los casos, si se está por ingresar a la universidad, pero no me imagino si se es un suicida preadolescente habría que esperar hasta terminar también todo el colegio. Así que se descartaron los fármacos.
Descartar el ahogamiento o la asfixia fue más fácil aún de descartar, y es que en primera instancia siempre pensé que era la muerte más horrible, y considero que una vez tomada la decisión de suicidarse lo menos que se puede hacer es descartar aquellas muertes que uno considera terribles y la otra obvia razón es que no tenía donde ahogarme. Pensé también en la soga, pero no sé donde aprenden los suicidas a hacer esos nudos arreglados que usan, tal vez llevan un taller o algo así, además la casa era tan vieja que pensé que se me podía caer encima así que también lo descarté.
Finalmente el corte de las venas de la mano se me hizo suave, no tan doloroso y bastante silencioso y barato. Además le encontré un poco poético, como en historias de amor o cosas así. Así que finalmente estaba, según yo, completamente decidido.
Una vez acabado de considerar todo solo quedaba consumar mi viaje hacia lo desconocido o más bien hacia lo conocido, ya que una vez terminado no hay mucho lugar a donde ir más que a la tumba. Esto sonaba bastante fácil, pero pronto me di cuenta que no lo era para nada. Lo más terrible de mi situación de suicida era que no contaba ni siquiera con los recursos económicos suficientes para matarme dignamente. Tenía pensado conseguir una daga de esas que se usan en las películas, que cortan de todo con una facilidad pasmosa pero dada mi situación lo mejor que pude conseguir fue uno de esos repuestos de las navajas de afeitar, cabe decir que al menos conseguí uno nuevo, pensando en cuidarme de alguna enfermedad o infección (al darme cuenta de mi ridícula consideración tuve que reírme solo de mi propia estupidez). Bien, al sacar la navaja y contemplarla detenidamente un frío glacial me recorrió todo el cuerpo e inmediatamente comencé a visualizar toda la situación. La navaja deslizándose lenta y dolorosamente sobre mi brazo, el acero afilado rasgando finamente mi piel me erizaba cada bello del cuerpo y mi mente se nubló en un revoltijo de pensamientos sin sentido. Creo que es en este momento de miedo extremo y con la mente muy perturbada para razonar bien que muchas personas culminan con el suicidio y muchas otras despiertan a una lucidez antes desconocida por un instante (que es obviamente mi caso). En ese momento sucedió, encontré la razón para no cometer la tontería que tenía planeada justo en el momento en que dejé de buscar esa razón. Me di cuenta de lo equivocado de mi razonamiento. Si no podía encontrar una razón para seguir con la vida que llevaba, el suicidio no era la única forma de terminarla, me doy cuenta de que en algunos casos es estrictamente necesario el suicidio, o sea, abandonar completamente esta vida, y me di cuenta de que cualquiera puede terminar la vida que lleva en el momento que lo decida, olvidar todo e irse otro lugar, cambiar de trabajo, dejar de beber, empezar a beber, o cualquier otra cosa, pero sin morir. La única contradicción que encontré en esto fue que dejar atrás todas las cosas que somos y tenemos puede resultar muy difícil y finalmente llegué a la conclusión de que, de todas formas ya estaba dispuesto a dejar todo eso así que, desde todo punto de vista, la idea de suicidarme a placer sin la molesta situación de morir me pareció bastante práctica y casi divertida. Seguidamente, escribí estas líneas, así que si se les encuentra algo confusas o revueltas, mi excusa es la conmoción post intento de suicidio. Una vez término de escribir me suicidaré indiscutiblemente. Gracias a mi descubrimiento o revelación o como se le quiera llamar ya no tendré que morir para ello, así que seguiré aplicando este nuevo “suicidio sin morir pero dejando nuestra vida” (espero encontrarle un mejor nombre en un futuro) tantas veces como sea necesario o como me plazca. Pero no quiero mentir a nadie, este “nuevo suicidio” (creo que suena un poco mejor), es menos doloroso, menos violento y menos molesto, pero me sigue produciendo el mismo terror, pero con más de expectativa, porque la única diferencia es que este si es un viaje a lo desconocido.

La verdad esta historia es algo que se me ocurrió, si alguien que sabe de esto desea criticar mi narrativa me encantaría que lo hiciera, por favor cualquier sugerencia es bien recibida

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