Era un sábado, las 8 de la noche exactamente, mirábamos las estrellas comiendo helado arriba del techo de su casa. Era una noche muy caliente y oscura. No podía dejar de pensar en las ganas que tenía de tenerlo entre mis brazos pero yo no podía dar el primer paso. Tenía que ser él, pero de una manera u otra mi helado se derretía y me cayó en una pierna. Entonces él se acercó y me chupó el helado. Y poco a poquito metía sus manos por debajo de mi falda. Me empezó a tocar y a besar. Yo sentía que algo me quemaba, no podía explicarlo. Era una sensación tan deliciosa y rica de experimentar. Poco a poco le fui quitando el pantalón, le saqué la verga y se la empecé a chupar. Yo sentía como se excitaba y le gustaba. Él me levantó la cara y me besó con una pasión y me acostó en el piso del techo y me empezó a cojer -si chiquito que rico mmmmmmmm aaah aah aah-. Le gritaba, entre más le gritaba más duro me daba. Esa noche fue la más rica noche que había pasado en toda mi vida, lástima que a la semana siguiente yo me tuviera que mudar para otro estado.
Autor: Ariadna amaral

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