...teatro que no contaban para nada con el, con el antiguo juvenal sociologico en tres actos y en verso.
no perdonaba ocasion de hacer saber al mundo literario que el, isla, se acostaba con las gallinas, juzgando una decadencia criminal y deleterea el trasnochar y ahogarse en la atmosfera infecta de los teatros.
-¡el teatro! -decia-; ¡puf! genero falso, antihigienico, enfermizo, artificial, pueril... ¡la naturaleza, dadme la naturaleza! y extendia los brazos hacia los solares en venta.
gozaba cuando le venian a pedir un pensamiento para un album dedicado a una eminencia, o una firma para otro homenaje cualquiera, o una interview respecto de algun asunto de actualidad... gozaba negandose rotundamente a echar una rubrica ni decir palabra. ¡su opinion! el no tenia opinion sobre aquellas fruslerias. que todo estaba perdido, que le dejasen en paz; esa era su opinion.
prohibia que su nombre sonase para nada en ninguna parte. lo unico que hubiera visto con buenos ojos, hubiera sido que la gaceta publicase todos los dias, junto al parte oficial de la salud de los reyes esta noticia: «el senor isla se acosto anoche a las ocho y cuarto; de modo que cuando se levantaba el telon en los teatros, ya estaba el durmiendo».
en una ocasion un periodico, en la lista de los literatos que habian acompanado al cementerio el cadaver de cierto escritor insigne, puso el nombre del senor isla.
¡que indignacion la suya! estuvo a punto de publicar un comunicado protestando; pero lo dejo por no exhibirse.
no se enteraba jamas de los ministerios que subian y bajaban, ni de las catastrofes nacionales, ni de los grandes triunfos del arte. leia libros extranjeros y siempre antiguos. a el que no le hablasen de la actualidad.
aspiraba a una especie de nirvana en que se desvanecia todo... menos el senor isla, con su gran panza actual, sus recuerdos, sus memorias que estaba escribiendo, su teatro satirico-sociologico en tres actos y en verso.
creia vivir en plena vida natural, sencilla. plantaba, en un huerto de prosperidad imposible, arboles frutales, flores, legumbres... y despues no volvia a pensar en ellos, y se olvidaba del sitio en que los habia enterrado.
-¡oh, la naturaleza! ¡la naturaleza! -exclamaba mirando a los solares tristes, pardos, con ojos cargados de aburrimiento y de bilis.
y la cabeza se le cubria de canas, y el alma de escamas y de espinas.
creia ser un filosofo practico; un san pablo del desierto...
que no sabia ir dejando el puesto; ir marchandose. queria parar el tiempo y llenar todo el espacio.
se empenaba en ser isla para tomarse, a solas, por continente....