...ara hasta la supersticion mas pueril) que el gallo aquel, y no otro, era el que esculapio, o sea asclepies, queria que se le sacrificase. la casualidad del encuentro ya lo achacaba criton a voluntad de los dioses.
al parecer, el gallo no era del mismo modo de pensar; porque en cuanto noto que un hombre le perseguia comenzo a correr batiendo las alas y cacareando por lo bajo, muy incomodado sin duda.
conocia el bipedo perfectamente al que le perseguia de haberle visto no pocas veces en el huerto de su amo discutiendo sin fin acerca del amor, la elocuencia, la belleza, etc., etc.; mientras el, el gallo, seducia cien gallinas en cinco minutos, sin tanta filosofia.
«pero buena cosa es, iba pensando el gallo, mientras corria y se disponia a volar, lo que pudiera, si el peligro arreciaba; buena cosa es que estos sabios que aborrezco se han de empenar en tenerme por suyo, contra todas las leyes naturales, que ellos debieran conocer. bonito fuera que despues de librarme de la inaguantable esclavitud en que me tenia gorgias, cayera inmediatamente en poder de este pobre diablo, pensador de segunda mano y mucho menos divertido que el parlanchin de mi amo».
corria el gallo y le iba a los alcances el filosofo. cuando ya iba a echarle mano, el gallo batio las alas, y, digase de un vuelo, digase de un brinco, se puso, por esfuerzo supremo del panico, encima de la cabeza de una estatua que representaba nada menos que atenea.
-¡oh, gallo irreverente! -grito el filosofo, ya fanatico inquisitorial, y perdonese el anacronismo. y acallando con un sofisma pseudo-piadoso los gritos de la honrada conciencia natural que le decia: «no robes ese gallo», penso: «ahora si que, por el sacrilegio, mereces la muerte. seras mio, iras al sacrificio».
y el filosofo se ponia de puntillas; se estiraba cuanto podia, daba saltos cortos, ridiculos; pero todo en vano.
-¡oh, filosofo idealista, de imitacion! -dijo el gallo en griego digno del mismo gorgias; -no te molestes, no volaras ni lo que vuela un gallo. ¿que? ¿te espanta que yo sepa hablar? pues ¿no me conoces? soy el gallo del corral de gorgias. yo te conozco a ti. eres una sombra. la sombra de un muerto. es el destino de los discipulos que sobreviven a los maestros. quedan aca, a manera de larvas, para asustar a la gente menuda. muere el sonador inspirado y quedan los discipulos alicortos que hacen de la poetica idealidad del sublime vidente una causa mas del miedo, una tristeza mas para el mundo, una supersticion que se petrifica.
-«¡silencio, gallo! en nombre de la idea de tu genero, la naturaleza te manda que calles».
-yo hablo, y tu cacareas la idea. oye, hablo sin permiso de la idea de mi genero y por habilidad de mi individuo. de tanto oir hablar de retorica, es decir, del arte de hablar por hablar, aprendi algo del oficio.
-¿y pagas al maestro huyendo de su lado, dejando su casa, renegando de su poder?
-gorgias es tan loco, si bien mas ameno, como tu. no se puede vivir junto a semejante hombre. todo lo prueba; y eso aturde, cansa. el que demuestra toda la vida, la deja hueca. saber el porque de todo es quedarse con la geometria de las cosas y sin la substancia de nada. reducir el mundo a una ecuacion es dejarlo sin pies ni cabeza. mira, vete, porque puedo estar diciendo cosas asi setenta dias con setenta noches: recuerda que soy el gallo de gorgias, el sofista.
-bueno, ...