Por
Marcelo Ferrando Castro, en 13 de octubre de 2009
...de la gente menuda; pero, a pesar de los espantables peligros, seguia adelante, con la firmeza del que marcha a la muerte cumpliendo su deber.
en la puerta de san vicente se animo viendo caras amigas; fematers de categoria superior, duenos de una jaca vieja para cargar el estiercol y sin otra fatiga que tirar del ramal, gritando por las calles el famoso pregon: «ama, ¿hia fem?»
uno de ellos era vecino del muchacho, y hasta se susurraba si andaba enamorado de una de sus hermanas, aunque no hacia mas que dos anos que estaba pensando en declarar su pasion, circunstancias que no impidieron que con pocas palabras diese un susto a nelet.
de seguro que no llevaba licencia. ¿no sabia lo que era? un papelote que habia que sacar, soltando dinero, alla en el repeso. sin ella habia que menear bien las piernas para huir de los municipales. como le pillasen, flojas patas le iban a soltar. conque..., ¡ojo, chiquet!
y fortalecido por tan consoladoras advertencias, el pobre chico entro en la ciudad, buscando los callejones mas solitarios y tortuosos, mirando con codicia los humeantes rastros que dejaban los caballos sobre los adoquines, sin atreverse a meter en su espuerta tales riquezas por miedo de agacharse y sentir en el hombro la mano de un sayon con quepis.
aquello forzosamente habia de acabar mal.
se olvido de todo en una plazoleta, viendo como jugaban al toro un grupo de pelones de largas blusas y grueso bolson de libros, retardando el momento de entrar en la escuela; pero de improviso sono el grito de ¡la ful!, anunciando la aparicion de un municipal de los mas feos, y todos se desbandaron al galope como tribu de salvajes sorprendida en lo mejor de sus misteriosos ritos.
nelet huyo despavorido, pensando que en la maldita ciudad no se ganaba para sustos; la giba de esparto sobre su espalda y atropellando en la desbocada carrera a una vieja que barria tranquilamente su portal.
no era floja la paliza que le soltarian en casa al verle de vuelta con el capazo vacio, y esta consideracion fue lo que le dio valor. llegaban hasta el los gritos de los otros fematers en las inmediatas calles, agudos, insolentes, como cacareos de gallo, y timidamente, temblando de que alguien le oyese, murmuro, con voz que parecia el balido de un cordero: «ama, ¿hia fem?»
y asi recorrio un par de calles.
-entra chiquillo, entra.
era una buena mujer que le hacia senas, indicandole las barreduras que acababa de amontonar junto a una puerta. pero ¡que simpatica resultaba aquella mujer! el regalo no era gran cosa: polvo, puntas de cigarro, mondaduras de patatas y hojas de col; el estiercol de una casa pobre. nelet lo recogio todo con la satisfaccion del aventurero que triunfa por primera vez, y siguio adelante, mirando los balcones, los pisos superiores, que el llamaba casas grandes, donde se comia bien, y en las covachas de la cocina habia pa...