...ya desbastados y moldeados por el medio. sucede con las regiones en la patria, lo que con las familias en los pueblos: las de vieja estirpe, las de rancio abolengo, son las que se diferencian mas; a sus vastagos se les reconoce sin conocerlos: se los saca por la pinta. por la pinta sacamos nosotros al vascongado, al levantino, al andaluz. al ver a blasco ibanez por la calle, ¡quien podra decir: este es gallego! y el transeunte que repare en unamuno, jamas le confundira con un serrano.
tampoco es adaptable al ribereno de cantabria el duro juicio que buckle formula del espanol, porque si todo nuestro atraso mental consiste, como el supone, en la sequia de la tierra y en el calor del ambiente, hemos de suponer, sin mucha vanidad, que el astur sera, cuando menos, semejante a los compatriotas de este agrio censor, ya que en los paises de unos y otros abunda el agua y escasea el sol, de donde venimos a convenir con el sagacisimo feijoo cuando decia que «en asturias se notan, por lo comun, genios mas despejados, por lo menos para la explicacion, que en otros paises, cuya experiencia basta para disuadir aquella general aprension de que los paises muy lluviosos producen almas torpes, siendo cierto que a esta tierra el cielo mas la inunda que la riega».
estoy con feijoo: el alma asturiana no es torpe, sino libre y desembarazada de movimientos. ninguna region espanola avanza con tanta independencia o tanto desden hacia el poder central, absorbente y pegajoso, como la asturiana, hermanando en esto -como en otras cosas- con el espiritu sajon, libre y desenvuelto. hallase asturias tan mal gobernada como todas las provincias, tan mal gobernada como las colonias. estas se separaron porque pudieron; si aquellas pudieran, se separarian tambien: el mismo gobierno sufrieron unas y otras; pero asturias vive por si misma, con vida exuberante, que rebosa a otras regiones, y los gobiernos, buenos o malos, mejor dicho, malos o peores, la afectan menos que al espanol castizo, siempre atento a la marcha de la rueda central.
vuelvo a recordar a buckle; gusto de recordarle, porque si nos trato mal, aun hemos de hacerle la justicia de que no procedio con la frivolidad de los franceses, cuando nos hacen el favor de estudiarnos. y dice buckle que: «ni la inteligencia limitada, ni la naturaleza despotica, ni la miserable supersticion, ni la bajeza increible de un monarca, pudieron detener la marcha de la civilizacion inglesa o retrasar el movimiento de prosperidad de inglaterra. el pueblo avanzo sin preocuparse de tales miserias. la locura de sus reyes no pudo desviarle de su senda, porque sabia que su destino estaba en sus manos y que tenia en si mismo aquellos recursos, aquella fertilidad de combinaciones capaz de hacer al hombre grande, feliz y prudente. pero en espana, en el momento en que el gobierno se debilita, la nacion cae en ruinas y es artificial la grandeza que no se funda en la inteligencia de la nacion entera, sino en la habilidad de aquellos a quienes estan confiados sus intereses.»
para asturias el desastre, el desgobierno, es acicate que impulsa su actividad; sin propositos palingenesicos, sin programas regeneradores ni acuaticos, ni agricolas, ni pedagogicos, avanza hacia una regeneracion solida y serena. parece un pueblo que, como nuestros adolescentes al salir de las aulas, vacilo en el camino y erro la vocacion; pero una desgracia de familia le hizo venir a menos, y entonces la ley de la vida, imponiendose a su espiritu, le vigoriza y le senala el verdadero rumbo de su alma. ahora el alma asturiana se sumerge en una especie de misticismo industrial, hallando en el tan adecuado acomodo, que el campesino se transforma, con increible facilidad, en obrero; pasa con transiciones bruscas, sin lucha interna, del prado a la mina, del maizal al taller. la industria, como lamparon de aceite, cunde por aquellos valles, y alli adonde la mancha alcanza, la agricultura muere como si una plaga negra la agostara. hasta los rios asturianos, hasta el manso nalon, empuerca sus aguas con las escorias carboneras que escupen en el fabricas y minas. el labriego asturiano se percata ahora de que su alma no es campesina, de que aquel aire siempre empapado, aquel cielo melancolico y plomizo, hacen de asturias un pais industrial. como agricultor, era barbaro y primitivo; ni la tierra aspera y quebrada consentia cosa mayor que una labranza miserable o un pastoreo rudimentario; pero metido en la entrana de la tierra o puesto ante la maquinaria, surge de improviso el hombre moderno y solo conserva de su primera condicion lo que debieramos conservar todos: el pequeno huerto cultivado en los dias y en las horas de descanso.
continua......