SPM
La última vez que entré en uno de estos estados uterinos de endometriosis cerebral y decadencia hormonal premenstrual - post ovulatoria, en qué no te soportas ni en fotos, ni dormida ni despierta, porque hasta las pesadillas son con una. Donde todo está mal, odias al universo entero aún a los que están por nacer, no quieres nada y lo quieres todo, te comes hasta las puertas y luego más te odias, por fea y por gorda, dejas un campo de batalla cada vez que abres el closet por que nada te queda bien, te salen espinillas y granos hasta en el ombligo, lloras porque sí y lloras por que no.
Te quejas del sol, del calor y del frío también. La vida te pesa, tu jefe te pesa, tu trabajo te pesa, tus hijos, tu marido lo peor que te pasó en la vida, tu amante un desgraciado, tu ventaja un
mito, tu suegra la peor de las madres por criar un infeliz inútil, tu madre tu trauma, tu padre un ausente, te arrepientes de todo lo que hiciste y de todo lo que está por venir, pero repetirías tu vida exactamente igual si tuvieras otra.
Bueno uno de esos días en que ninguno de los fármacos para esos días te hace efecto, no se me ocurrió nada mejor que llamar al último ex, el pastel de los pasteles, claro, quien más que un ex podría soportarla a una en ese estado de demencia total.
Ya estas alturas una pelea más una menos, no le quita ni le pone a la irreconciliable ruptura.
Y como el buen ex sigue ahí rondando por si una se arrepiente de haber agarrado las pilchas dando un portazo en su nariz, responde, te atiende, y ¡ya! no hay vuelta atrás, ¿qué le dices?, ¿que marcaste por error? ¿Que estabas aburrida, dándole al jueguito del teléfono de arriba para abajo y de abajo para arriba? ¿Que el amante de turno o tu ventaja, desapareció esta noche? No, obvio nada de eso, le puedes decir, si a pesar de todo lo desgraciado que fue con una, es un ser humano y porque no decirlo una lo quiso hasta que se cayó el velo.
Al final una se las arregla para no dar ninguna explicación y que todo parezca de lo más natural que hay, y que el tipo crea lo quiera, que fui presa de un súbito ataque de nostalgia, extrañeza y desvarío, nada importa, si ya tengo compañía para una triste y aburrida noche de soltería.
Y terminas ahí viéndole la misma cara que terminaste odiando, preguntándote cómo lo hiciste para enamorarte y soportarlo tanto tiempo, y se te aparece más atroz que nunca cargando un saco de defectos que nunca viste.
Y ahí estás hablando trivialidades para no entrar en los típicos álgidos pendientes en los que uno de los dos termina golpeando la mesa, dando un portazo y quebrando platos y copas.
Y ahí sigue una tomándose el vino como quien riega una planta después de la sequía, para si por efecto de inconsciencia o mareo, la cosa se pone menos fea.
Y entre conversaciones insípidas no sabes cómo, pero terminas en su cama.
Claro en la de él, porque en la tuya jamás nadie, si no cómo lo sacas después al tipo, no vaya a ser que deje huellas invisibles e imborrables de esas que te hacen llorar de madrugada con el aroma de una piel que ya no está y un vacío en las entrañas.
Pero como nada es tan fácil ni tan simple en esta vida, hasta en la cama tienes problemas, porque una quiere sexo, y el tipo ahora quiere amor. Imposible sincronizar.
Cuando una hacía el amor, el hombre tenía sólo sexo. Ahora que quieres sexo y punto, sin preámbulos, ni citas, ni pretextos, ni champagne, ni prefacios, ni conclusiones, no se le ocurre nada mejor al hombre que ponerse romántico y sacar a relucir su coté femenino, hasta con expectativas de desayuno en la mañana.
Nada más peligroso para el olvido, que llegar al desayuno. He aprendido con la vida que eso hay que evitarlo a como dé lugar. Sea lo que sea, y en el estado que una se encuentre, se pone el abrigo dignamente, junta sus cosas en silencio, borra todas sus huellas antes de salir, porque no vaya a ser que le cause un problema existencial al hombre a esas alturas, y que despierte pensando en ti y con ataque de extrañeza y no se le ocurra nada mejor que llamarla a una al día siguiente, pensando que la cosa es con continuidad.
Y ahí está una con un sentimiento de vacío peor que antes de marcar el teléfono del último ex, sin entender para qué mierda hizo lo que hizo, dirigiéndose directo y a toda velocidad a la esquina del olvido. Y lloras camino a casa, maldices tu soledad, fumas como condenada, pero te alivias al recordar que como dijo Benedetti después del amor siempre viene la soledad, y que nada de esto es comparable al desamparo de la despedida lúcida y fría después del desayuno.
Autor: Daniela Reinero
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30 de Diciembre, 2007 a las 2:23 pm
me impresiono…me impresiono muchisimo…profundo…muy profundo…
podria intentar darte alguna clase de animos…no lo voy a hacer, lo siento, pero no se,me impresiono demasiado..
decir…a pasado mas de un mes desde que lo escribiste…poco tiempo,pero las cosas pueden cambiar en horas(tipico:minutos y segundos) espero..que te haya pasado algo realmente espectacular, que equilibre la felicidad que necesitas…
un abrazo
jorge
10 de Abril, 2008 a las 5:53 pm
Gracias Jorge.