Narrativa, Relato

SOLEDAD

Por , en 4 de febrero de 2010

SOLEDAD

Sólo podía mirar hacia arriba, conformándose con mirar aquel níveo

techo, como si en ello pudiera encontrar respuesta a todo lo que quería

saber.

Luisa, hace muchos años fue una mujer hermosa, de facciones casi

perfectas, y pómulos salientes, cejas bien dibujadas, ojos oscuros de mi-

rada suave y dulce, cabello castaño, claro y rizado, los labios bien di -

bujados en líneas descaradamente asimétricas.

Estaba tendida junto a una de las dos camas junto a la ventana. Dos

mesitas y un crucifijo de madera componían la fría estancia.

Era un día plomizo y helador de mediados de Enero, pero ella no lo

sentía. No podía moverse, su cuerpo se negó hace ahora…. ¿ que más daba ?

Las paredes eran de un color azul pálido, con algunos desconchones

debidos sin duda al roce de las camas. El otro lecho permanecía vacío pe

ro por poco tiempo, sólo sería cuestión de esperar quizá horas…..mi

nutos…. el tiempo lo dirá.

¿ Cuánto tiempo hacía que estaba allí ?. No importaba, ella sólo so

ñaba con el día en que los volvería a ver. ¿ Será hoy cuando vendrán a verme ?.

En su cabeza se agolpaban mil y un recuerdos… Su casa en el pueblo, aquella

pequeña casa en la gran explanada con el sol inundando toda la fachada.También

recordó la inmensa variedad de árboles que se perdían en su vista con el palacio,

el puente, y la fuente de la Mariblanca al fondo. ¿ Y la parra de la entrada…tendrá

muchas uvas ?. Las baldosas blancas y negras formaban un divertido juego de damas

por toda la casa. La estufa, el corral… ¿ Cuántos huevos han puesto hoy las gallinas ?

¿Habrá roto alguno la niña …?

Las campanas de la Iglesia le recordaban que debía apresurarse en dar la comida

a los conejos, ya oía la bicicleta de él por la empinada calle. Era la hora del almuerzo.

Sólo la voz grave de aquella mujer vestida de blanco, y el tintinear de los vasos

de leche, la devolvieron a la realidad.
Luisa no podía expresar ningún gesto. Veía, oía pero todo lo

demás estaba atrofiado y condenado a permanecer en esa maldita inmóvi-

lidad absoluta.

.- Vendrán ésta tarde .Lo sé.

Se la imaginó con aquel vestidito que le hizo en azul celeste bordado

en blanco. ¡ Estaba preciosa ! ¡ Parecía una muñequita !.

Siempre fue más guapa que su hermano, además parecían la noche y

el día. Ella tan blanca y rubia, y él tan moreno, con esa piel tan oscura…por cierto,

seguía igual

La última vez que vinieron, la ventana estaba abierta…oía muchas voces

fuera, pájaros que piaban. Olía a hierba recién segada, y el olor penetrante del

jazmín que hacia sentir la primavera en toda la habitación.

¡ Qué ingrato era vivir así ! ¡ Qué digo vivir ! ¡ Esperar así….hasta cuándo !

.- Vendrán ésta tarde . Lo sé.

Sintió frío, de repente notó una punzada en la parte izquierda de su frágil cuerpo.

¡ Cuánto tiempo ha pasado desde que él se fue !

Recordó la última noche. Fue un verano angustioso y negro.

¡ Cuántas cosas han pasado desde entonces…!

Nació con más de cuatro kilos. Aquello constituyó un acontecimiento en el pueblo,

acudieron absolutamente todos para ver aquella masa de sebo y pelo negro que

lloraba y gritaba.

Volvió a sentir aquella punzada, luego otra, y otra pero más dura.

.- Vendrán ésta tarde. Lo sé

¿ Y ahora dónde irán mis pensamientos ?

Cuando la niebla empañe mis ojos, y el frío de la muerte hiele mi cuerpo…seguiré

pensando…

.- Vendrán ésta tarde. Lo sé.

This post was submitted by isabel alnbacete lopez.

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