Archivo de la categoría "Cuentos"

¿Me lleva por favor?

7 de Diciembre, 2007

Le había tomado un par de años de duro trabajo como repartidor, pegándoles a los clientes un garrotazo de vez en cuando, pero por fin lo tenía, su sueño era una realidad. Le compro al mae de la esquina el chuzo por el cual se le caían las babas: un Honda Civic ranita con buenos aros de lujo, halógenos y el motor modificado para “racing”. El le agrego su toque personal, sobre el parabrisas mando a poner la palabra “tigre” pues el era uno, le gustaba vivir peligrosamente y al limite.

-Ahora si!!!-pensó-con esta nave voy a tener todas las nenas que quiera.-

Y así fue como comenzaron las salidas nocturnas yendo muy despacio por los residenciales y barrios para ver si habían buenas “guilas”.Una vez que se localizaba a alguna lo bastante linda y sola, el se acercaba y con la mayor amabilidad se ofrecía a llevarlas.
¡!!Que fácil caían las tontitas al ver un tipo bien parecido y con un buen carro!!!

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Cuento de Invierno

17 de Septiembre, 2007

CUENTO DE INVIERNO

Autor: Hawthorner

“La vejez no es una batalla;
es una masacre.”
PHILIP ROTH.

Era una fría noche de invierno, y por supuesto nevaba en el parque de la ciudad. Una noche agitada que presagiaba tormenta, en la que las copas de los árboles se tambaleaban al viento anunciando lluvia, el aire segaba gargantas, y ni siquiera las roídas bufandas servían de abrigo a los numerosos mendigos, ante la traición de los elementos.
El parque era una pequeña jaula de forma cuadrangular, flanqueada por hileras de arbolillos raquíticos a modo de barrotes subdesarrollados. Una especie de islote modesto y coqueto, rodeado de un bloque de casas, una carretera, una parada de taxis a una manzana, y el Ambulatorio con sus paredes blancas y sus ventanas negras. Había noches como aquella donde todo se conjuraba en contra de los tímpanos de las criaturas del parque; al ruido de las sirenas de las ambulancias había que sumar los coches, pasando a toda velocidad por la carretera, la parada de taxis que se tornaba insufrible cuando la velada se animaba, y los grupos de jóvenes, siempre ruidosos, tintineando con las manos en los bolsillos, hasta lograr reunir el importe exacto que diera para pagarles a todos el viaje de regreso.
De cualquier manera, lo peor había venido con la última remodelación. Habían cubierto el lugar con una estúpida capa de cemento armado y ahora parecía un bosque petrificado de última generación. Hacía ya seis meses que habían construido una glorieta para los conciertos del domingo, con un concierto inaugural que contó con la visita del alcalde y todo el séquito municipal, y desde entonces, ninguna banda había vuelto a hacer acto de presencia. Ahora la pequeña construcción era un refugio nocturno contra la lluvia para borrachos y mendigos.
También habían creado un espacio rectangular de “música interactiva”, en el cual las baldosas actuaban a modo de teclas de piano. Cada loseta era una tecla, y así los niños, al saltar entre ellas, adquirirían jugando una cierta cultura musical. Los interesados, por supuesto, se habían hartado del nuevo juego en un par de días y ya nadie pisaba las baldosas, lo que provocó que la gente no tardara en denunciar el inútil gasto del ayuntamiento.
Pero de cualquier manera era aquella una noche especial. La gente cruzaba incesantemente por el parque, y parecía como si la ciudad se hubiera puesto de acuerdo para revivirlo. El problema era que no paseaban por el parque sino que pasaban por él. Lo atravesaban como la línea recta para llegar a sus casas, que era el camino más corto para no llegar a ningún sitio. Transitaban llenando de transitoria vida el lugar, aportando cada uno unos segundos de sus propias existencias a la causa común, en una ciudad que se veía más viva de lo normal. Había luz y color por doquier, numerosas bombillas de colores tiritaban de frío desde las copas de los árboles a lo largo de la avenida, y las calles colindantes bullían de emoción, ni el frío ni la amenaza de lluvia lograban disuadir a la masa humana de su propósito de tomar la calle. Era como una revolución social prefabricada por el Gran Hermano, algo así como los “cinco minutos de consumismo”. Era Navidad.

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TARDE DE CINE

6 de Septiembre, 2007

Tarde de frío, lluvia finita pero tan helada que parece calarte hasta los huesos. Hacía más o menos una semana que mi marido había decidido cambiarme por un modelo más nuevo. Nuevo en años, pero seguramente no en kilometraje. En realidad todavía no sabía como sentirme: ¿deprimida?, ¿alegre?, ¿aliviada? o ¿apesadumbrada? La procesión todavía no había empezado y como estaban planteadas las cosas no quería pensar para nada en eso. El análisis profundo al que debía haberme sometido parecía esquivarme y sus razones tendría. En esas 168 horas de lo que consideraba una segunda oportunidad en mi vida no estaba dispuesta a perder el tiempo analizándolo.

Cuarenta y cinco con la apariencia de 38 –al menos eso era lo que me dicen mis amigas- alguna arruguita rebelde y unos pocos centímetros de más en mi cintura que me había prometido bajar con algunas sesiones de gimnasia que nunca me decidía a comenzar. Sin considerarme una mujer fatal puedo asegurar que mi vida se desarrolló dentro de los visos de normalidad para mi época, madre rígida en cuanto a las amistades masculinas y padre que se limitaba a asentir cada vez que mi vieja defenestraba a algún candidato con el que me veía más embalada que de costumbre. No era cuestión que la “nena” diera el mal paso y el honor de la familia quedara mancillado con un casamiento de apuro. Conociendo a mis tías y demás parientes, algunos lejanos, pero cercanos para ese tipo de acontecimientos, no me extrañaría en absoluto que se ufanaran en complicados cálculos trigonométricos para demostrar que la boda de la más chica de la familia obedeciera a razones “non sanctas”. Quizás por eso cuando apareció Ricardo en mi vida –pariente lejano de uno de mis parientes lejanos- mi vieja suspiró satisfecha. Con su comprobable “pedigrí” la familia podía respirar tranquila y el cerco tendido a mi alrededor comenzó a aflojarse. Cuando dos años más tarde anunciamos el compromiso pareció que mi vida estaba encaminada, al menos eso creyeron todos, yo incluida.

La noche de bodas no resultó como lo esperaba, en realidad no sé que era lo que esperaba, pero seguramente no lo que sucedió. Ricardo, tan gentil y caballero –me abría la puerta de los taxis y me acercaba la silla cuando cenábamos afuera- pareció transformarse en una bestia apenas nos quedamos solos en el cuarto de hotel. Mi “limitada experiencia” quedó desbordada y no me quedó más que aceptar lo que sucedió a continuación. FRUSTRADA, NO PUDE EVITAR SENTIRME REALMENTE FRUSTRADA cuando “todo terminó” y se durmió sin siquiera darme las buenas noches. Aunque durante la luna de miel “mejoró un poco” nunca llegó a cubrir las expectativas románticas que mi mente había hecho germinar durante los últimos meses. Al mal tiempo buena cara solían decir, así que cuando regresamos y comenzamos nuestra vida en común traté de convencerme de que las cosas tenían que ser de esa manera y acepté mi karma. Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses y Ricardito, como le dice mi mamá, continúa resultando para el entorno el solícito marido que se desvive por mí. En realidad no creo que actúe como actúa porque sea un mal tipo, supongo que debe ser una cuestión genética, ya que es una réplica casi exacta de su padre, el tipo más bestia que llegué a conocer en toda mi vida.

Hijos no tuvimos, y nunca pude saber si la cuestión pasaba por él o por mí, porque ante la menor sugerencia de realizar un estudio de fertilidad su machismo innato y mal entendido afloraba como un volcán en erupción y como no quería llevar las cosas a mayores terminé por olvidarme del tema, para siempre.
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Gatin (cuento)

1 de Agosto, 2007

Se trata de un cuento acerca de un gatito sin hogar, realizado por jorge Herrera.

GATIN
-Si no encuentro pronto algo para comer creo que me va a dar un patatús, aunque sea un “x’laa chocán” para que yo aguante mientras cae algo mejor.
-Ya es hora de que salga el señor que me da comida pero ya no aguanto, no voy a esperar más, creo que me daré una vueltecita por el jardín a ver si encuentro un grillito o una cucarachita para calmar el hambre.-

Esto venía pensando nuestro amiguito Gatin que es como lo llamaremos, ya que no se le conocía nombre alguno, pues de un día para otro apareció por el jardín de la casa de al lado, era un gatito pequeño y delgado pero además estaba un poco enfermo por que se comió una tarántula que trajo su mamá, de esas que les llaman “chihuó” en lengua maya, creo que se empachó, por esa razón caminaba con trabajo y arrastrando las patitas, creo que le dolía la pancita.
pero veamos que pasa con Gatin.

Ya en el jardín se sentó a esperar que algo se apareciera por allí, mientras estaba atento al ruido de la puerta sus ojos recorrían los rincones en busca de movimiento.
-nada, no hay nada para el desayuno, creo que ya me estoy desmayando, me siento mareadito.-
-ni grillos, ni chocanes, ni iguanitos, ya me estoy fastidiando

En eso escuchó el ruido de la puerta.
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Tita la conejita

31 de Julio, 2007

TODOS LOS NIÑOS TIENEN UN ANGEL DE LA GUARDA

Tita la conejita(La agente secreta)
enviado por Jorge H.

¿Hola tita, como amaneciste hoy? - Le preguntó Dianita a Tita la conejita.
-Bien , aquí acostadita,- le contestó Tita.
-¿ por qué lo preguntas, acaso tu amaneciste parada?-

-Ja Ja, que graciosa, le contestó Dianita.-
-Vamos floja, vístete que nos vamos a la playa.

Dianita le puso su playera gris a Tita pues no podía vestirse sola, no podía vestirse sola no porque fuera una floja como le dijo Dianita de broma, no, Tita no podía moverse porque era de peluche, sí, leíste bien, era una conejita de peluche, pero tenía comunicación con ella.

No hablaban con la boca pero sí con el corazón, pues se querían mucho, y como no la iba a querer si se la asignaron para cuidarla desde pequeña, llegó a Dianita como un regalo de cumpleaños, pero en realidad, Tita era un agente encubierto, ya que Tita era una agente secreta.

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La Ayuda Eficaz (cuento infantil)

29 de Julio, 2007

Cuento infantil dirigido a los niños y sobre el respeto al medio ambiente

La Ayuda Eficaz.
enviado por Jorge H.

-Me enteré que quieren destruir nuestro hogar, no puede ser posible, nos quedaremos a la intemperie.-

-Tienes razón pero que podemos hacer nosotros para defenderlo, si somos mas pequeños que ellos, no creo que podamos contra sus armas.-

-lo mas razonable sería migrar a otro lugar-

Este dialogo se desarrollaba en lo mas alto de un árbol de “pixoy” y en él intervenían el papá y la mamá torcaza junto con su pequeño los cuales opinaron en este mismo orden.

El pequeño aunque muy joven era muy inteligente, pues le gustaba mucho la lectura y se leía cuanto libro le llegaba a las manos (a las alas) y aunque todavía iba en tercero de primaria era muy despierto para su edad.

-No hijo no podemos abandonar nuestro nido, nos dio mucho trabajo construirlo y ya no nos alcanzará el tiempo para hacer uno nuevo antes de que llegue el invierno.
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El Depredador (Cuento Infantil)

27 de Julio, 2007

El Depredador (cuento)

Amanece en el monte, era una mañana húmeda como todas las de invierno, pero en estas latitudes el invierno es solo de nombre, porque al rato el sol calienta y queda como para rajar piedras.

Pero a estas horas de la mañana hay frío y el viento es tan helado que sientes que te cala los huesos.

En las hojas de los árboles -que no son muy grandes, pues es monte- y en las hierbas se advierte el rocío de la mañana, ese rocío que los pequeños animales del monte adoran pues aparte de comer aprovechan y toman un poco de agua a la vez.

De pronto se escucha un ruido de hojas secas y de ramas que se quiebran:

-Crash, crash… -los conejos, que a esta hora se alimentan y juegan, huyen despavoridos y esa veloz huida alerta a los pájaros que se alimentan en el suelo de los pequeños insectos que encuentran.

Y emprenden el vuelo hacia los árboles cercanos donde se cobijan entre las ramas.

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