Carta
Hace ya mucho que saliste. Lo recuerdo como si fuera ayer. Muy guapo y afeitado me dijiste: -Mamá, estoy harto de mi entorno, tengo que salir más allá, tengo que descubrir muchas cosas, tengo que descubrirme a mí mismo-. Esas palabras se me grabaron a fuego en mi mente, nunca se me olvidarán, y eso que decían que aquí nosotros ya no recordamos nada…
Y mira que te lo dije Ernestito mío (porque para mí siempre serás Ernestito): -Ten cuidado, que es muy peligroso, no les lleves la contraria-. Pero claro, tu espíritu te lo impedía, te impedía darles la razón. A mi me costó mucho tiempo entenderlo, sobre todo después de eso hijo mío… Dios, todavía se me saltan las lágrimas. Y eso que hoy ya estarás aquí conmigo… Hijo… No quiero recordarlo… Y todo por llevarles la contraria.
Todo fue culpa de esa maldita bicicleta, esa a la que le añadiste motor y con la que saliste de tu país a hacerte ciudadano del mundo, y mírate ahora hijo, mírate, todos te aclaman, eres un gurú para muchas personas de buen corazón, como el tuyo Ernestito, que no te cabía en el pecho. Aunque ya sé que a ti no te gusta verte en camisetas, porque tú siempre fuiste muy humilde, sólo querías ayudar, y eso, hijo mío, estaba muy mal visto.
Aunque no todo fueron desastres, con tu esfuerzo y el de muchos otros se consiguió llevar la luz allí donde sólo había sombras, se tiñó de azul celeste el cielo, que hoy se pierde en la dulzura de la caña. También hubo fracasos, pero sus recuerdos estarán cubiertos por la sangre de tu esfuerzo. Porque tú Ernestito, te debiste a todo el mundo.
(more…)

