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	<title>Leer Gratis &#187; Terror</title>
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	<description>Espacio dedicado a los autores noveles que desean publicar en Internet su obra y así ponerla a disposición de cientos de lectores. Anímate y envíanos tu obra!</description>
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		<title>Lagrimas bajo la lluvia 1</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Oct 2011 21:20:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar Parra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Amor Trágico Despedida]]></category>

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		<description><![CDATA[El: Pero, te amo Ella: te amo, pero&#8230; lo mejor es&#8230; decir adiós&#8230; estas palabras marcaron mi corazón aquella noche en que tendida en la cama mirabas fijamente el techo, inmóvil, inexpresiva, con una seriedad agobiante, tan fría como aquella habitación de motel, tan fría como las ultimas veces que hicimos el &#8220;amor&#8221; al cual [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El: Pero, te amo<br />
Ella: te amo, pero&#8230; lo mejor es&#8230; decir adiós&#8230;</p>
<p>estas palabras marcaron mi corazón aquella noche en que tendida en la cama mirabas fijamente el techo, inmóvil, inexpresiva, con una seriedad agobiante, tan fría como aquella habitación de motel, tan fría como las ultimas veces que hicimos el &#8220;amor&#8221; al cual estoy seguro que tu llamarías sexo, &#8211; ¿como llegamos a esto?&#8230; &#8211; fue lo primero que tildaste a decir, mas entre un susurro interno que una pregunta como tal, &#8211; hay una luna hermosa&#8230; &#8211; fue lo único que pude decir, no tenia respuesta, no tenia ninguna respuesta convincente que decir, no tenia nada que decir, pues yo mismo no lo sabia, -¿porque cambiaste tanto? ¿que paso con el chico del que me enamore ?&#8230;- entre balbuceos, como si tuviera que arrastrar las palabras atiene a decir &#8211; soy yo, sigo siendo el mismo&#8230; &#8211; por primera vez en la noche me miraste y tus ojos se clavaron en mi con tanta fuerza que una lagrima amenazo con salir &#8211; no, ya no eres el, aquel luchaba por sus sueños, aquel era tierno y dulce, aquel me hacia sentir querida, me hacia sentir amada&#8230; tu me haces sentir ignorada, sola, fea y aturdida &#8211; se hizo un silencio, solo que este era diferente de los que había conocido, aquel decía mucho mas de lo que era capaz de expresar, dándome cuenta que las palabras no eran mas que limitantes, ella se sentó en el borde de la cama, permitiendo que su cuerpo quedara semi-expuesto a la luz de la luna, tan hermoso como siempre, tan lejos como siempre.</p>
<p><span id="more-3739"></span></p>
<p>- te amo, me hubiera gustado nunca hacerte dudar sobre ello, pero, te amo &#8211; vi una gota caer de su mejilla que a la luz de la luna parecía la mas hermosas de las perlas &#8211; no,¿como podría creerte?, si amas a alguien, no le tratas así, te amo, pero&#8230; lo mejor es, decir adiós &#8211; aquellas palabras destrozaron por completo, mis pensamientos, mi alma y mi corazón, un dolor indescriptible se empezó a sentir en mi pecho y una especie de desesperación acompañada de impotencia se hizo dueña de mi, &#8211; no te vayas, por favor, aun podríamos cambiar las cosas, solo dame tiempo &#8211; dije con un tono desesperado, atropellando las palabras una contra otras, tu solo me miraste y te empezaste a vestir, después de eso las escenas empezaron a transcurrir con una velocidad abismal, te acercaste a mi y me diste un beso, tan lento y pasional como triste y desolador, luego te fuiste y trancaste la puerta detrás de ti, como señal de que no te siguiera, pero aun así lo hice, y llegue a la vieja calle empapada por la lluvia incesante que caía en frente del motel, te agarre de la mano y te abrace bajo la lluvia, tu solo me alejaste de un golpe y saliste corriendo mientras empezabas a llorar, te grite lo mucho que te amaba y tu solo corrías para no tener que arrepentirte de tu decisión, quizás por eso no vistes las luces, quizás por eso lo ultimo que susurraste fue mi nombre, quizás por eso&#8230; quizás&#8230; hoy fue tu entierro, estoy aquí, sentado en frente de tu tumba, sin ánimos de seguir con vida&#8230; sin ánimos de volver a casa, sin ánimos de seguir con vida, sin ánimos de caminar, sin ánimos de seguir con vida, sin ánimos de olvidar, si ánimos de seguir con vida, sin ánimos de pensar en mi futuro, sin ánimos de seguir con vida&#8230;</p>
<p>-espérame princesa de plata, voy a tu lado&#8230;. -</p>
<p>This post was submitted by Cesar Parra.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Un hombre con suerte</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Sep 2011 20:58:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jose antonio heras vazquez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[El hombre aún permanecía vivo, aunque tenía la cabeza agujereada en la parte superior, como si le hubieran dado con un piolet. El calor de la luz del sol le hizo despertar, mareado y sediento, a penas se pudo poner en pie, y sin duda se encontraba en las entrañas de un frondoso bosque. Se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El hombre aún permanecía vivo, aunque tenía la cabeza agujereada en la parte superior, como si le hubieran dado con un piolet. El calor de la luz del sol le hizo despertar, mareado y sediento, a penas se pudo poner en pie, y sin duda se encontraba en las entrañas de un frondoso bosque. Se tocó la cabeza y los dedos encontraron una masa pastosa y sanguinolenta, pero no le dolía en exceso. No recordaba nada, ni si quiera su nombre. Avanzó dificultosamente, tenía que llegar a la civilización, y encontrar un médico con urgencia.</p>
<p>Al rato, notó como si le siguieran a una distancia prudencial, pero desde arriba, desde lo alto de los apretados árboles, y tuvo mucho miedo, el cual le hizo avanzar más deprisa, aunque a tumbos. Tuvo suerte de encontrar un pequeño río de cristalinas aguas, y clavando las rodillas sobre pequeñitas piedrecillas, sació su sez. Debía continuar sin demorarse demasiado. Muy poco después volvió a tener suerte, pues encontró un cochinillo asándose a fuego lento, y una bota de vino; se dio un gran festín. Se marchó por si regresaba su dueño, y a la sombra de los árboles hizo la pesada digestión, y se fue recuperando paulatinamente; ya no le dolía la cabeza.</p>
<p>Se hizo de noche, y emprendió la caminata, tras comprobar que no tenía herida alguna sobre su cabeza. Bajando una pronunciada loma, se encontró con una casa de madera, la cual parecía abandonada desde hacía largo tiempo. Antes de nada, llamó a la puerta con los nudillos de la mano.</p>
<p>-¿Hay alguien?</p>
<p>Obtuvo por respuesta el silencio de la noche.</p>
<p><span id="more-3686"></span></p>
<p>Empujó la puerta, y ésta se abrió mudamente.</p>
<p>Entró, no vio nada, la oscuridad era absoluta. Avanzó unos pocos metros y tropezó contra lo que parecía ser una mesa rectangular. Palpando tocó un interruptor; y una cegadora luz le deslumbró; se llevó las manos al rostro. Tras unos segundos de aclimatación, miró; se encontraba sin lugar a dudas, en la consulta de un médico, pues además del mobiliario, había un esqueleto humano de plástico a tamaño natural, y una percha de pie de la que colgaba una bata blanca, sólo faltaba que apareciera el doctor por la puerta del fondo y se la pusiera, cosa que ocurrió seguidamente. Se trataba de un anciano, un octogenario de largos cabellos color blanco glaciar, casi brillante, y era muy gordo y grande.</p>
<p>-¡Oh! Ha venido usted justo a tiempo -dijo el médico con voz grave-. Siéntese, haga el favor.</p>
<p>-Sí, gracias -se sentó en la mullida silla, cara al médico.</p>
<p>-Tiene suerte de que sea un gran cirujano, aunque retirado hace más de dos décadas.</p>
<p>-En realidad, estoy bastante bien -se sentía inquieto ahí sentado.</p>
<p>-¿Que no le pasa nada? -se arrascó la peluda nariz- Debe ser la fiebre&#8230;</p>
<p>-No&#8230; yo me&#8230; voy, mejor&#8230;</p>
<p>-De eso&#8230; ¡nada!</p>
<p>A continuación, el matasanos, se levantó con celeridad portando una larga y gruesa correa. Sin que le diera tiempo a reaccionar, el hombre se encontró maniatado, inmovilizado sin remisión.</p>
<p>-No tema ser operado, su miedo es muy normal en estos casos tan puntuales, pero créame si le digo, que a penas notará dolor.</p>
<p>¡No, por favor! ¡Por el amor de Dios!</p>
<p>-Quedará nuevo, sin mácula &#8211; el hombre seguía solicitando clemencia, llorando, gimoteando con inusitada desesperación, pero estaba a merced del anciano matasanos &#8211; Ahora regreso. Pobrecillo, cuánto debe sufrir&#8230; -se iba diciendo mientras desaparecía tras la puerta.</p>
<p>El hombre sentía el corazón cerca de explotar, lo mismo que la cabeza, y sudaba a borbotones. En menos de un eterno minuto, el cirujano regresó con una mano ocupada, portaba un pequeño piolet oxidado. Cuando le vió el hombre, sonriendo con tal instrumento en la mano, intentó tirarse al suelo en su desesperación, pero la silla de operaciones estaba perfectamente anclada al suelo con poderosos tornillos.</p>
<p>-No, no se mueva tanto, es contraproducente, debe usted permanecer estrictamente muy quietecito.</p>
<p>El hombre cerró ambos ojos con fuerza, y sintió como el doctor le clavaba con inusitada violencia el pequeño piolet; y levantó los párpados cual resorte, los ojos a punto de salir de las órbitas por el dramático dolor causado, oyéndose al mismo tiempo un apagado sollozo gorgoteante. Notó cómo giraba la silla, y luego le tiraba de la cabeza para atrás con brusquedad.</p>
<p>-Tiene muy mala pinta, desde luego -oyó la voz de su torturador- Vamos al asunto.</p>
<p>El hombre semi inconsciente, notaba como el cirujano urgaba en su cerebro con dedos rápidos y ágiles. Tras un cuarto de hora, continuaba siendo manipulado por aquellos veloces dedos incandescentes como el hierro al rojo vivo, como si le estuvieran colocando las neuronas en su sitio con exactitud milimétrica. Ya casi fuera de combate, el hombre sentía en el interior de su cabeza ecos de golpes puntiagudos, como de finísimas agujas martilleantes, como si estuviera una impresora de agujas trabajando a destajo.</p>
<p>El hombre aún estaba vivo , pero con la parte superior de la cabeza, en un casi perfecto círculo de cuatro centímetos de diametro, cosida con hilo para coser ropa, como si le hubieran hundido un pequeño piolet, y le hubieran mal curado, como si le hubiera intervenido un cirujano chapuzas, embriagado, o demasiado viejo, pues le rebosaba una masa pastosa y sanguinolenta; la luz del sol le había despertado, tirado en el interior de un tupido bosque. Se puso en pie, tambaleándose, y se tocó la cabeza y se preocupó, temió por su vida, aunque no le dolía demasiado; sin duda necesitaba un cirujano, el mejor a ser posible, por lo que debía buscar la civilización, pero no recordaba nada, ni si quiera su nombre. Al rato notó como si le siguieran a no mucha distancia, pero desde arriba, desde lo alto de los numerosos árboles, y tuvo más miedo si cabe. No encontró ningún río, ni ningún cochinillo asándose a fuego lento ni ninguna bota de vino, pero sí una casa de madera que parecía abandonada desde hacía décadas. Dudó si entrar, y finalmente entró.</p>
<p>Todo estaba a oscuras, pero tocó un interruptor y una gran luz inundó la estancia y le deslumbró teniendo que taparse los ojos con las manos. Cuando pudo ver, se encontró en lo que parecía la consulta de un médico, pues había un esqueleto humano de plástico a tamaño natural, y una bata blanca colgando de una percha. De la puerta del fondo apareció un viejo de largos cabellos canos, muy gordo y muy grande.</p>
<p>-Doctor, tengo en la cabeza una herida muy fea &#8211; le dijo agachando la cabeza para que viera bien el boquete mal cosido.</p>
<p>-¿En la cabeza? &#8211; preguntó poniéndose la bata.</p>
<p>-Sí, y ahora me duele muchísimo.</p>
<p>-No tiene nada -dijo mientras apartaba los cabellos de la cabeza con dedos rápidos y ágiles.</p>
<p>-¡Siga buscando, sé que está ahí, una gran herida mal cosida y supurante!</p>
<p>-Tome asiento, señor, y no se preocupe, aún así buscaré mejor, ya soy muy viejo y tengo muy mala vista.</p>
<p>El hombre se sentó, y de inmediato, el doctor sacó de un bolsillo del pantalón una larga y ancha correa, y le inmovilizó de inmediato.</p>
<p>-¡Oiga! ¿Qué va a hacerme?</p>
<p>-Le reitero que no ha de preocuparse, la cabeza la tiene bien, muy bien, pero sin embargo, sus órganos internos necesitan una urgente reparación -se había puesto unas gafas con rayos x &#8211; ahora vuelvo, en seguida.</p>
<p>-¡No! ¿A dónde va? -entonces había recuperado la memoria &#8211; No &#8230; ¡no me haga daño, por el amor de Dios! ¡Se lo suplico! ¡No vuelva a hacerme daño!</p>
<p>Por desgracia ya era demasiado tarde. El viejo cirujano regresó con una marcada risa macabra en su arrugado rostro, portando una oxidada taladradora que aún funcionaba&#8230;</p>
<p>16 septiembre 2011      Por José antonio heras vazquez</p>
<p>This post was submitted by jose antonio heras vazquez.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Manuscrito hallado en una botella 2 Parte</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Sep 2011 21:34:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elisabeth</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Fantasía]]></category>

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		<description><![CDATA[Se hundió sin tener tiempo de reaccionar y salir de aquel barco maldito, aunque de haberlo conseguido tampoco hubiera sobrevivido, el oleaje era terrible, aqui no hay grandes olas, no hay miedo al naufragio ya no hay más miedo tampoco hay dolor. Nuncá imaginé que mi vida sería de está forma me siento extraño, viviendo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se hundió sin tener tiempo de reaccionar y salir de aquel barco maldito, aunque de haberlo conseguido tampoco hubiera sobrevivido, el oleaje era terrible, aqui no hay grandes olas, no hay miedo al naufragio ya no hay más miedo tampoco hay dolor. Nuncá imaginé que mi vida sería de está forma me siento extraño, viviendo a quí abajo en las profundidas del océano, a veces cuando hay luz salgo del barco anclado en la arena y puedo ver los secretos que siempre esconderá el mar y creo que me he convertido en uno de esos secretos, pero no soy el único, los marineros y el capitán de este barco que por un tiempo me salvarón la vida también están destinados a vivir aquí y por la noche cuando la luna alumbrá el inmenso mar subimos a la superficie con nuestro barco a descubrir nuevos mares y más tripulantes.</p>
<p>This post was submitted by Elisabeth.</p>]]></content:encoded>
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		<title>OFFSIDE</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Sep 2011 19:50:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><a href="http://lasombradededalo.blogspot.com/" rel="nofollow">José Antonio Nisa Escobar</a></dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi madre tuvo un buen parto. A los dos días del alumbramiento la memoria le quiso recompensar por aquellos nueve meses de atribulación y le concedió un rápido olvido: me depositó en casa de mi abuela y se marchó, para no verme nunca más. Entonces yo era demasiado pequeño para siquiera decirle adiós. Mi abuela [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi madre tuvo un buen parto. A los dos días del alumbramiento la memoria le quiso recompensar por aquellos nueve meses de atribulación y le concedió un rápido olvido: me depositó en casa de mi abuela y se marchó, para no verme nunca más. Entonces yo era demasiado pequeño para siquiera decirle adiós.<br />
Mi abuela era una mujer de costumbres patriarcales, su severidad era un lastre ancestral que jamás se había cuestionado. Tenía por principio no escuchar ni mirar a los niños. Y así pasé casi toda mi infancia encerrado en mi habitación, hostigado por el mundo, sin más derechos que los de mi existencia inconsciente. Recuerdo los momentos en que mi abuelo me permitía sentarme a su espalda y ver los partidos de fútbol. Cuando nuestro equipo marcaba, al principio él no se inmutaba, yo contenía las ganas de saltar para no enfadarle. Entonces él volvía la cabeza, me miraba y, apuntando a la televisión con el dedo, con la convicción que le daba la indiferencia de su propio ocaso, me decía: “esos somos nosotros”. Hasta varios años más tarde no entendí qué quería decir aquella frase.<br />
Cuando terminé la escuela comencé a entablar cierta amistad con Lorenzo, un joven repartidor de pan, ante quien durante años jamás había alzado la mirada, como ocurre con esos retratos imperecederos que ya velaban el decorado cuando nosotros entramos en la escena de la vida. Todo fue una pura casualidad. Cierto día me encontraba sentado en la escalinata de casa, cuando al dejarme la bolsa, sin saber por qué, le miré a la cara. En aquel momento, como respuesta a mi mirada, m<span id="more-3660"></span><br />
Por aquel entonces yo vivía en plena adolescencia. Eran tiempos duros. Mi abuela ya no quería saber nada de mí. Ella sólo esperaba que encontrara un medio de vida con el que me pudiera hacer un hombre. A la semana apenas me daba algunas monedas para comprar tabaco. Pero yo ya había recorrido toda la ciudad en busca de trabajo: en tiendas, en el puerto, en el mercado, en talleres&#8230; pero en ningún lugar había un hueco para un chico de dieciséis años imberbe y enclenque como yo, que, además, ni siquiera podía acreditar su filiación.<br />
Con el tiempo la necesidad me hizo aguzar el ingenio: en el barrio chino conocí una casa de empeños. Allí comencé a llevar algunos objetos que mi abuela tenía olvidados en el desván: lámparas antiguas, ceniceros de bronce, barras de cortina,&#8230;. Al principio no me daban demasiado, pero luego cambié el tipo de género que llevaba: la ropa era rentable, y mi abuelo tenía un armario lleno de antigua ropa militar y de abrigos de cuero embadurnados de naftalina. El dinero que iba sacando por todo aquello me permitía pasar horas en el bar y divertirme observando las apuestas en las peleas de gallos o en las carreras de coches, que siempre terminaban en broncas. También había empezado a gozar pavoneándome delante de las chicas, exhalando el humo de un cigarro y exhibiendo mi joven virilidad.<br />
Cierto día del final del verano el simpático repartidor de pan me invitó a una reunión vespertina de hinchas de los “rojos”. No fui yo quien sonrientemente dijo que sí: alguien en mi interior me empujaba ciegamente hacia la fatalidad. A las ocho de aquel mismo día, al fondo de una taberna de enormes cristaleras, Lorenzo me presentaba a toda la cámara de los Leones Rojos: unos quince tipos de fuertes brazos, múltiples cicatrices, cabezas rapadas y dientes rotos, entre quienes, después de varias cervezas, me sentí protegido, arropado y mecido cual bebé entre los brazos de su madre. De madrugada, el coche de Lorenzo depositaba mis despojos en la puerta de casa de mi abuela: “Desde hoy eres un hermano, no lo olvides.” Aquella frase resonó en mis oídos durante toda la noche, como el pistoletazo de salida de una carrera que iba a cambiar mi vida definitivamente.<br />
Durante las siguientes semanas comencé a darme cuenta del paso decisivo que acababa de dar en mi vida, pero yo no dudé un momento en dejarme querer y convertirme en un nuevo “león”, con todo lo que ello implicaba.<br />
El primer domingo que fui a ver a los “rojos” tomé todo tipo de bebidas. En la taberna los camaradas me enseñaron cómo esconder las botellas, cómo escurrirme detrás de los señores decentes que entraban en el estadio, o hacia qué parte del estadio había que blasfemar. Y hacia allí partimos moviéndonos en grupo hasta que en las puertas del estadio nos separamos, para no llamar la atención. El partido pasó entre bromas, insultos y cánticos. Creo que nadie llegó a ver el gol del equipo contrario, pero ya nada importaba, éramos los mejores y había que brindar por ello. Cinco minutos antes de que el partido acabara salimos rápidamente del estadio y nos dirigimos a la puerta 26, lugar por dónde los hinchas del equipo rival tenían que salir de un momento a otro. Muchas veces había oído hablar de las batallas después de los partidos, de los lances de la pelea, y de las “victorias” en casa, pero aquel movimiento rápido de tropa me puso el corazón en un puño. De pronto, en aquella espera de diez minutos las piernas me temblaban, se me había cogido un nudo en el estómago, la saliva había desaparecido de mi boca. Lorenzo se acercó a mí, me puso un grueso palo de madera en las manos, y, sin mirarme a los ojos, me dijo: “pega todo lo fuerte que puedas”. Miré a mis “hermanos”. El brillo había desaparecido de sus ojos; se respiraba un silencioso nerviosismo. Comenzaba el auténtico juego.<br />
Los hinchas enemigos salieron y quisieron dar un rodeo para salir a la avenida principal, donde les esperaban los autobuses, pero aquel pasaje se convirtió en un callejón sin salida, allí los esperábamos nosotros para enseñarles quiénes eran los que podían gritar en nuestro estadio. Los golpes no tardaron en derramarse por doquier: puñetazos de todos los tamaños, patadas en todos los lugares, varios botellazos y muchos palos. Era nuestro juego, salvaje, fiero, pero necesario. Era nuestra única razón. Aquel día sufrí mi primer derrame nasal, pero entonces yo no sentí nada, el corazón iba mucho más allá. Con la tranquila sensación de sentirme arropado por decenas de puños, pegaba y me desfogaba violentamente contra seres que no conocía de nada, que no me habían hecho nada y que probablemente eran tan escoria como todos nosotros.<br />
Mi vida adquirió sentido en aquellos años. Mis “hermanos” eran lo único que tenía en la vida, mi único apoyo en aquella sociedad que me había despreciado desde mi nacimiento. Desde luego no estaba dispuesto a renunciar a ninguna exigencia de nuestra “comunidad”.<br />
Con el tiempo llegué a encargarme de contratar nuestros propios autobuses para ir a otras ciudades a seguir a los “rojos”. En la agencia de transportes conocí a Malena, una chica de clase media, hija del dueño de la empresa. Creo que llegué a sentir algo así como un enamoramiento. Comencé a salir con ella, pero jamás llegué a compartir el amor que tenía sellado en la otra parte de mi corazón: durante seis meses le oculté que pertenecía a los Leones, intentaba ocultar las cicatrices y los rasguños que sufría en los estadios y me excusaba todas las tardes ante ella para ir a la taberna, donde me esperaban los camaradas. Ahora sé que Malena me quería. Para estar más cerca de mí incluso quiso interceder para encontrarme un trabajo en la agencia, pero yo no tenía demasiado tiempo para ella. Después de varios meses de relación, ella me dejó, razonablemente. Yo no había sido capaz de romper mi atadura a mis hermanos para dedicarle ni un segundo de mi vida, y entendí que aquello era imperdonable.<br />
Siempre estuve enamorado de Malena. Cuando los domingos volvía en el autobús, sumido en la fraternal inconciencia del alcohol y los golpes, de pronto se me venía su imagen, y pensaba en una vida con ella. Bajo un conato de tristeza, me agitaba de pronto. Entonces me levantaba, me volvía hacia los míos y comenzaba a entonar nuestro himno. Todos me seguían.<br />
Los años pasaron y lo que al principio sólo fue una nueva diversión, finalmente se convirtió en un modo de vida. La banda de los “leones” era respetada en la ciudad, y temida en los estadios enemigos. Algunos medios de comunicación ya hablaban de nosotros. Poco a poco la policía se fue convirtiendo en nuestro nuevo enemigo. Nos controlaban, nos hacían un marcaje férreo hasta que finalmente, casi siempre, salíamos de bronca con ellos.<br />
A los siete años de mi bautizo en la banda, comenzó el declive de los “leones”. Un sábado, la policía llamó al timbre de casa para leerme los cargos: estaba detenido por altercados con las fuerzas del orden. Desde la puerta le grité a mi abuela que iba a salir y que volvería pronto. Estuvimos tres días en los calabozos de comisaría. Al cabo, nos dejaron ir con un aviso: la próxima vez seríamos juzgados. Fuimos a la taberna a emborracharnos.<br />
Al volver a casa mi abuela me gritó, me maldijo, y me anunció que tenía que salir de allí. Mi vida acababa de ser incendiada.<br />
Aquella noche dormí en casa de Lorenzo. A la mañana siguiente me desperté solo, Lorenzo estaba repartiendo. Fui entonces a la taberna, pero no había nadie. “El juego se ha acabado. Ya no quiero más complicaciones. Tenéis que entenderme”. Fueron las palabras de Oliver, el dueño del bar. Me largué cansado, triste. “El juego ha acabado”, el eco de aquella frase seguía sonando en mi cabeza.<br />
Pasé por la agencia de transportes. Me quedé mirando por la ventana. Allí Malena hablaba con alguien. Cuando se marchó el cliente, ella me avistó. Quedó turbada. Las miradas fueron fijas, pero algo turbias, querían decir algo más. Un hombre apareció por una puerta interior de la oficina, se acercó a ella y le despidió con un beso. Desaparecí.<br />
El paseo que bordea el río está lleno de parejas que se agarran de la mano y conversan. Los barcos flotan sobre el agua verde oscura del muelle. Algún día tendré mi propio barco, me he dicho.</p>
<p>This post was submitted by <a href="http://lasombradededalo.blogspot.com/" rel="nofollow">José Antonio Nisa Escobar</a>.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Gogol</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Jul 2011 16:10:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marina Bergadà Abad</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[– ¡Vamos Bri! ¡Está allí! –me gritó emocionada tirando de mí. –Un momento Ada. –le dije intentando entrar por la puerta con esos infernales tacones. –Bri, así no puedes ir. Tienes que sentirte segura y de ese modo podrás comerte el mundo. –Vale, lo que tú digas. –le dije apresurándome para entrar a su lado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>– ¡Vamos Bri! ¡Está allí! –me gritó emocionada tirando de mí.<br />
–Un momento Ada. –le dije intentando entrar por la puerta con esos infernales tacones.<br />
–Bri, así no puedes ir. Tienes que sentirte segura y de ese modo podrás comerte el mundo.<br />
–Vale, lo que tú digas. –le dije apresurándome para entrar a su lado en esa ruidosa discoteca.</p>
<p>Ya estaba otra vez allí y de nuevo con Ada. No dejaba de insistir para venir siempre. Ella cree que tiene que comerse el mundo y yo también, pero yo más que nada voy de acompañante. Todas nuestras amigas ya se echaron novio y ella se dio cuenta de que se quedó sola. O al menos, eso es lo que cree. Nuestras amigas siempre insisten en que vayamos con ellas y sus novios, pero las ideas de Ada que siempre son tan superficiales, no le hacen ver algo tan normal como eso y cree que tiene que conseguir un novio a toda costa para poder ir con ellas.</p>
<p>– ¡Venga Bri o se va a ir! –me apremió sujetándome del brazo. La pasada noche vio a un chico y ya lo puso en su lista. Más bien, en la cabeza de su larga lista. Sólo hizo falta que se dejase deslumbrar por lo guapo que era. Y por eso, Ada me arrastraba hasta él casi empujando a la otra gente. Siempre se ponía a hablar con todos los chicos que le parecían hermosos, unos cuantos cada noche y yo estaba de “acompañante” para decirlo educadamente. Cuando el chico pasaba de ella, sus ojos buscaban pronto a otro que pasara a formar parte de su lista. Ayer por la noche vio a ese chico marcharse con sus amigos y ya se convirtió en otro elegido para hoy. Por esa razón, se pasó todo el día hablando de él sin parar. Muchas otras veces alguno le hacía caso y ella se iba con él, y obviamente, yo me quedaba allí sola. Alguna vez había venido alguno a por mí, pero rápidamente desaparecía antes de que llegase a dónde estaba yo. Ada no tardaba mucho en volver, ya que los que la hacía caso no eran lo que ella buscaba, y de nuevo a empezar. Estoy segura de que si encontrase un novio ya no se preocuparía por mi compañía y sería yo quien estaría realmente sola. Pero a mí me daría igual por qué iría con ellas de todos modos. O no. Nuestras amigas son igual que ella, todas estúpidas y con la cabeza llena de aire.</p>
<p><span id="more-3616"></span></p>
<p>Hoy ha llegado el día en que ya me he cansado de todas ellas, en especial de Ada. Pronto se va con ese tipo del que lleva un día hablando. Él se interesa por ella y ella cree el cielo abierto, pero yo ya veo que, como todos, sólo busca una cosa. Es la ocasión y aprovecho tal oportunidad. Cuando Ada se va con el tipo, yo desaparezco y vuelvo a salir por la puerta. Ya estoy fuera y me siento mejor que nunca. Es hora de quitarme a esas pelmas de encima. ¿Qué quieren de mí? Quizá sentirse superiores con sus novios mientras tienen a una “amiga” solitaria y callada sobre la que sentirse alguien más. Creen que no tengo a nadie. Eso creen ellas. Hoy vuelvo a casa y me pongo mi cómoda ropa de siempre y voy con mi verdadero amigo.</p>
<p>Parece que llego a otra discoteca, pero es un lugar muy distinto. Los múltiples Cd’s de música que relucen bajo la luz de la luna le dan ese aspecto, pero yo camino sobre el maíz intentando llegar hasta el estrecho caminito que me lleva hacia él. La cosecha está alta y me envuelve alrededor, pero no dudo en llegar hasta mi destino. Por fin, llego a la otra punta del campo donde tengo que meterme un poco entre las altas plantas del maíz ya maduro. Una vez aparto los últimos tallos, lo veo. Está allí esperándome, como siempre. Parece inmovible, pero sé que me espera. Me acerco rápidamente y me fundo en un gran abrazo.</p>
<p>– ¡Estás aquí mi amor! ¡Hoy he llegado más pronto que nunca! Ya no podía estar más tiempo con ella. No, ¡ya no puedo estar con mis amigas! ¡No, no son mis amigas! Son unas falsas y solo me quieren para reírse de mí y ser alguien. Siento no habértelo dicho antes. Pero es lo que pasa. Yo me quedé sola cuando yo sólo sobreviví a aquel accidente que tuve con mis antiguas amigas y creí que junto a ellas encontraría otras amigas, ¡pero me equivocaba! Me siento tan sola… pero prefiero estar así que con ellas. Además, te tengo a ti. –dije sin poder dejar de abrazarlo y besarlo. Él me comprende y se compadece de mí. Me quiere tanto como yo a él.</p>
<p>Al día siguiente, Ada se presenta en mi casa. Me recrimina el haberla dejado de lado y va fardando de que consiguió salir con aquel tipo. Pero yo sé que es mentira, claro que lo es. Seguramente esta noche volverá desesperada a la discoteca, porque no sabe pensar en otra cosa, pero a mí no me volverá a arrastrar allí. Sin embargo, dice que me perdona y que vuelva a acompañarla. Yo me niego y ella insiste. Finalmente intenta sacarme a rastras y yo me resisto. ¿Qué se ha creído? Pero entonces pienso en que si la acompaño de buenas, luego podré volverme a escapar para verlo a él. Sí, definitivamente es lo que hago y me voy con ella.</p>
<p>Cuando llego allí, ella no tarda en encontrar al primero y yo en salir de allí, pero cuando salgo, me espera una desagradable sorpresa. Todas mis amigas están allí y me rodean. Les pregunto qué quieren y Ada aparece por detrás.</p>
<p>–Ya te tenemos. – me dice. –Eres una falsa y una mala amiga. Ya no eres nuestra amiga. Querías volverte a escapar, ¿no? Pues ahora no lo vas a hacer.<br />
– ¡Dejadme en paz! –les grito, pero ellas hacen caso omiso y me fuerzan para que entre en un coche.<br />
– ¿¡Qué narices hacéis!? ¿¡Que queréis!? –pero ellas no contestan y se ríen. De esas malvadas puedo esperar cualquier cosa. Sus novios no están, lo que me hace pensar que eso es cosa de ellas. ¡Si ellos supiesen con quien están saliendo! Con la rabia que se va acumulando en mi interior les pego unas cuantas patadas y logro escaparme, pero enseguida me vuelven a coger. Sin embargo, en el instante que he estado libre, veo algo en la lejanía. Ahora, dejo de forcejear, para fijarme bien en lo que me había parecido ver. Sí, él está ahí. Ellas miran burlonas hacia donde yo y se quedan pasmadas. Yo puedo volver a soltarme y corro hacía él que ya estaba allí cerca. Ellas me miran todavía patidifusas y se echan a reír. Cuando llego, lo abrazo con todas mis fuerzas y le explico lo que pasa mientras empiezo a llorar. Ellas vuelven a aproximarse hacia mí y yo estoy muerta de miedo. Él parece mirarlas fijamente, pero en su expresión no hay nada. Nunca lo ha habido. Tampoco dice nada. Nunca lo ha dicho. Y tampoco se mueve. Nunca lo ha hecho, excepto hoy. Ada se acerca y me mira como si yo fuera tonta.</p>
<p>– ¡Bri! ¿A caso crees que somos pajaritos para que traigas eso? No nos vas a asustar. –Una de mis amigas coge un mechero y se acerca con él a mi novio, pero antes de que ella pueda hacer algo, todas ellas caen desvanecidas al suelo para no volverse a levantar nunca más.</p>
<p>Al día siguiente, estoy en casa de mi abuela ayudándola a recoger el maíz maduro del campo. No podría sentirme mejor. Estoy en mi lugar preferido y ya no tengo problemas que me persigan. A mi abuela también le encanta. Desde que se vino de Albania, se ha dedicado a cultivar ese campo con todo su cariño. Cuando llegamos al extremo del campo, él está allí. Mi abuela sonríe y yo le digo:</p>
<p>–Sin él, nada sería lo mismo.<br />
–No, no tendríamos está gran cosecha si no fuera por este espantapájaros.</p>
<p>This post was submitted by Marina Bergadà Abad.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Nel</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Jul 2011 20:30:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hawthorner</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[NEL En el principio fue la Comunidad, allí en el azul del Mar. Todos juntos, tan a gusto, y de repente, no con un grito ni con un susurro sino con un gemido&#8230;Zas. Se hace la luz. Abro los ojos y de nuevo la gran explosión. Rápidos haces brillantes se me clavan en la frente. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>NEL</p>
<p>En el principio fue la Comunidad, allí en el azul del Mar.  Todos juntos, tan a gusto, y de repente, no con un grito ni con un susurro sino con un gemido&#8230;Zas.  Se hace la luz.  Abro los ojos y de nuevo la gran explosión.  Rápidos haces brillantes se me clavan en la frente.  Dolor.  Grito.  Lloro.  Me siento arrojado por la corriente.  Ruido, mucho ruido.  Antes todo era rojo y caliente, ahora es frío y azul.  Antes era un hermano, ahora soy un individuo. La marea me arrastra hacia la orilla.  He de prepararme para ser una entidad.  Sorpresa.  Miedo.  Cierro los ojos y llega la noche.  Oscuridad.  Soy UNO de nuevo.<br />
Ruido, mucho ruido.  Abro los ojos.  Ahora todo es diferente ¡Despierta! ¡Despierta! Tengo que participar.  No puedo vivir en el pasado.  He de lanzarme a la marea de colores y formas borrosas que se mueven ante la vista.  Cuando cierro los ojos todo es negro y seguro.  El negro es la nada y el azul el todo.  El negro es tranquilo, pero debo abrir los ojos, debo lanzarme al azul del mar y al rojo ardiente de la tierra.  Es duro, frío y cruel, pero es vida.  El negro es seguro pero sólo es vacío.<br />
Estoy en un sitio verde.  No huele, mala cosa.  Me gusta el verde, algo me dice que me gusta el verde.  No puedo moverme, una fuerza transparente me lo impide.  Los gigantes me rodean.  Ruido, cuando abro los ojos no hay más que ruido molesto y colores chillones.  Respiro, algo dentro de mí mete ruido regularmente, tin-ton, tin-ton, tin-ton.  Este es un lugar que huele pero no huele, que suena pero no escucha, un escenario en color donde todos miran pero nadie ve.  Este es un mundo curioso.<br />
No es un lugar, es un espacio temporal que se llama “día”, ya lo sé.  Puedo saber cosas.  Hay día y hay noche, cuando abro los ojos, eso es día.<br />
Cuando cierro los ojos, eso es noche.</p>
<p><span id="more-3612"></span><br />
Hay muchos días y muchas noches, pero un día o una noche, los días y las noches se acabarán.<br />
Tengo dos brazos y dos manos con cinco dedos apéndices.  Tengo dos piernas con dos pies graciosos.  Tengo un culo y una colita.  Tengo una espalda y unos hombros.  Tengo una cabeza enorme.  Tengo dos ojos y una nariz, con la nariz respiro aire.  El aire es una de las formas con las que la Madre da la vida.  Tengo una boca, chupo, como y pronto masticaré.  Puedo batir palmas, cuando batí palmas supe que formaba parte plena de este nuevo mundo.  El ruido ya no me parece tan desagradable, el ruido es útil.  Puedo emitir sonidos, llorar y reír.  Cuando quiero comer lloro y viene la comida entrando por la boca, luego río y los mayores ponen unas caras muy raras.<br />
Esto se llama vida.  Estar vivo supone que puedo abrir los ojos y sentir dolor y frío.  Soy un organismo vivo, una especie de madre para mis brazos y mis piernas.  Yo les doy vida, formamos un todo compuesto de pequeños elementos que actúan conjuntamente para crear un cuerpo.  Soy un ser vivo.  Creo que hay alguien más dentro de mí pero no lo sé, no estoy seguro.  Me muevo, la vida se mueve.  Todo lo que se mueve está vivo.  Algo está vivo dentro de mí.<br />
Puedo rodar por el suelo, puedo apoyarme sobre mi cuerpo, puedo sentarme, puedo emitir sonidos, hacer ruido, reír y llorar, puedo fijarme en algo y centrarme en ese algo durante mucho tiempo sin perder la concentración, puedo ver o escuchar lo que sea con mucha atención, puedo hacer tantas cosas y eso es sólo el principio.  Este es un mundo frío y cruel lleno de posibilidades.<br />
Soy un niño.  Sé que  soy diferente de los ”grandes” pero me gustan.  Hay muchos otros seres vivos, los grandes, los pequeños, la mar, el reloj, los animales…pero me gustan más los gigantes, más incluso que los pequeños.  No rechazo a nadie, porque creo que la tolerancia y la aceptación son un buen comienzo, simplemente me gustan más los gigantes porque son los que mejor me tratan.  Y sobre todo me gusta ella.<br />
Hoy he estado con ella.  Huele bien, huele a salitre.  Me abraza, me besa, me acaricia y siento su cuerpo manteniendo el calor que hay entre ambos.  Ella no es mi Madre, lo sé porque yo vengo del Mar, pero se le parece mucho, forman una dualidad inseparable.  Ella me cuida y el mundo de azul y frío es menos amenazador cuando estamos juntos.  Prácticamente no me abandona nunca, es buena conmigo.  Es bueno todo lo que me gusta, es malo todo lo que me disgusta.  El frío es malo, el calor es bueno, pero nada de todo eso se puede comparar con el azul del Mar.  Ella es más que una “grande” cualquiera, me comprende.  Me puedo comunicar con ella, y no me refiero a los llantos y las risas, ni a los extraños sonidos para pedir comida.  Ella me estruja contra sus senos, suaves y calientes.  Es sorprendente, es otro tipo de relación.  Es algo que nace dentro de mí.  Tengo un amigo interior que me proporciona una valiosa información, hace que mi cuerpo se estremezca y yo sienta cosas.  Se llama instinto, dependo tanto de mi nuevo amigo “instinto” ahora.  Él me dijo que el verde me gustaría, o que la Mar era mi Madre.  Ella es especial, diferente del resto.  Hay diferencias entre los seres vivos, antes nunca había pensado en ello, pero ahora me doy cuenta de que no forman parte de mí, ni siquiera Ella forma parte de mí.  Yo antes era el que Era, ahora yo soy Yo. Tengo una identidad.<br />
-	“a”	“o”	“u”<br />
Puedo reconocer a la gente, ya sé establecer las diferencias.  Hay otras “ellas” pero no son “ella”.  Ella se llama Mamá, hay otros él pero sólo uno es Papá.  Son mis dos guardianes y me cuidan.  Ella es etérea.  Él huele a tierra, es muy fuerte, me coge y me levanta y entonces yo me mareo, porque todo me da vueltas y es como cuando me siento y me quedo parado mirando fijamente hacia lo absoluto, y veo cómo la visión se amplía.  Cada día aprendo algo nuevo.  Este mundo es demasiado complejo, está lleno de cosas que se mueven.<br />
Me han cambiado de sitio.  Ya no comparto espacio vital con otros pequeños y sin embargo les veo a ella y a él continuamente, sobre todo a ella.  Me gusta su compañía pero a veces prefiero estar solo, necesito tiempo para asimilar lo aprendido.  Cada vez que abro los ojos y nace el día hay una corriente de sensaciones diferentes que debo asimilar y clasificar.  Estoy vivo, pertenezco a este mundo, no lo puedo evitar.  Yo no lo pedí y ni siquiera sé si lo deseo pero aquí estoy.  Quiero conocerlo todo, comprenderlo todo.  Necesito pensar, reflexionar, y sólo lo consigo cuando estoy solo, en la cuna.  Cierro los ojos y en la noche puedo recordar lo aprendido bajo la luz.  Necesito un breve espacio de mi vida que sea sólo para mí.  Empiezo a conocer el mundo pero aún no sé nada de mis brazos y mis piernas, y de todo lo que hay dentro que mete ruido tin-ton, tin-ton, tin-ton, y que hace que mi cuerpo se altere.  La carne reacciona porque algo dentro lo provoca.  Hay cosas vivas dentro de mí que también se mueven, tin-ton, tin-ton, tin-ton.  Estoy tan confuso.<br />
Me llamo “Nel”, es el sonido que pronuncian los “yos” cuando me miran.  Yo respondo con curiosidad, también oigo otros sonidos pero uno se repite constantemente: “Nel”, mi nombre es “Nel”; cuando los mayores digan ese sonido yo sólo tengo que reaccionar y ellos se ponen muy contentos.  Los gigantes son agradables y me tratan bien, pero son bastante bobos los pobrecitos.  Tienen la peculiar costumbre de meter ruido con unos palitos dentados de color invisible y ponen caras raras si me tienen delante.  Yo río y entonces ellos se ponen más contentos todavía.  Se pasan los días poniéndose contentos.<br />
Hay un palito con el que se come, el palito recoge una parte del líquido del plato y me lo meto en la boca y lo trago.  Siento calor en el estómago, es un calor reconfortante.<br />
Ya me puedo sentar correctamente sin ayuda ninguna.  Una vez no cerré los ojos y sin embargo oscureció de repente.  El mundo ya no me respondía, se había convertido en una entidad independiente, se había liberado de mí y yo por tanto me había liberado de él.  Al principio me dio por llorar, porque la luz y la oscuridad ya no me obedecían, y me sentía desvalido en las tinieblas, pero ahora ya no.  Creo que es mejor así, era demasiada responsabilidad.  Ahora soy libre para decidir mis acciones.  Siento vértigo.  Cada día me doy más cuenta de ser un ser vivo independiente de los otros, pero aún no puedo asegurarlo.  Ella forma parte de mí, lo siento; cuando estaba oscuro me senté sobre la cuna y miré a la luna.  No tenía ganas de cerrar los ojos, no tenía hambre y nada me inquietaba.  El mundo me había liberado y ya era libre para  ver la luna, un objeto blanco que está en lo alto de la nada; por el día está amarillo, como si ardiera, y no puedes mirarla fijamente porque te molesta los ojos, sin embargo aquella noche ya no ardía, estaba pálida como una muerta y pensé que quizá se había consumido en las llamas del día y nunca más volvería a haber días ni luz, pero no me molestó.  Se estaba tan bien allí, con el aire fresco de la noche por la ventana, y ella tan blanca y tan pálida como una enferma.  Estás enfermo cuando te arde la frente y el cuerpo no responde a tus órdenes como debiera, estar enfermo es malo, ser malo es cuando no obedeces una orden de los demás y eso es fatal porque entonces vienen y te castigan.  A mí no me han castigado nunca porque aún soy un bebé, claro que todo llegará, pero me da igual porque mientras la luna siga ahí arriba y el verde me siga gustando y el azul del mar me dé la vida cada día, lo demás no importa mucho.  Cada jornada ocurre algo y yo me voy acostumbrando poco a poco, si bien sigo bastante confuso.  Las noches, por su parte, siempre son tranquilas.  Todavía no sé si el día es siempre el mismo o hay días diferentes, también me confundo con la noche, creo que siempre ocurre lo mismo.  Abro los ojos y es día, los cierro y es noche, creo que es el mismo día y la misma noche, pero no estoy seguro, sobre todo ahora que ya no responden a mis órdenes.<br />
Puedo masticar, beber sin problemas de disciplina en mi cuerpo, puedo gatear e incluso dar algunos pasos con ayuda de ella.  Estoy desarrollando un cierto sentimiento de afecto hacia él y ella, más que hacia ningún otro ser en movimiento que conozca.  También siento desconfianza, que es cuando no te fías de alguien o cuando algo te da miedo.  No sé de qué puedo tener miedo, ni por qué, pero es una sensación nueva que me embarga con los extraños, todos los que no sean él y ella me resultan amenazadores.  Antes no pasaba eso, ahora tengo miedo de los mayores y antes me caían bien.  Mi mundo se va haciendo cada vez más pequeño y manejable, es bueno porque así se controla mejor, pero echo de menos la sensación de universalidad que tenía antes de conocer el miedo.  No sé por qué pero a veces me siento amenazado y llega ella y me aprieta contra sus pechos, y yo cierro los ojos y ya es noche, y la noche es la paz.<br />
Estoy empezando a comprender los ruidos de los grandes.  Intento imitarles pero no paso de un vulgar balbuceo.  Entiendo: “Nel”, “Dame”, “Sí” y “No”; “No” es una palabra que indica prohibición, prohibición es cuando vas a hacer algo pero resulta que no debes hacerlo, la razón del porqué no está muy clara pero lo mejor será obedecer porque él y ella están más enterados de cómo es el mundo, aunque no creo que mucho más.<br />
-“d t p b bbbbb bebé  bebé  m m m m mamá  mamá   p p p p p papá papá”<br />
Tengo una relación con los objetos cada vez más interesante, puedo sostener y golpear mi martillo de juguete; cuando lo golpeo contra el suelo suena un ruido pequeño y gracioso.  No paro de golpearlo contra el suelo y mamá ríe y papá pone caras raras.<br />
Puedo gatear por los pasillos, gatear por mi habitación; busco cosas, no sé qué pero me gusta buscar.  Me estoy haciendo muy mayor, todo va tan rápido.  Soy demasiado pequeño, necesito más tiempo, pero desde que el mundo actúa por su cuenta se está volviendo bastante intolerante.  El tiempo es lo que cuenta los días y las noches.  El tiempo lo marca el reloj, el reloj es un señor marrón muy alto y muy estirado que está en el salón y no para de mover los brazos; el muy borde no quiere hacerme un favor y retrasarse hasta que pueda asimilar cada una de mis vivencias, él sigue moviendo los brazos de la misma forma, no le importa nada ni nadie.  El reloj es feo, no hace lo que yo le digo, es un perfecto cretino.<br />
En mi habitación juego con los objetos.  Hay animales y niños muy extraños que ni huelen ni se mueven.  Yo les hago moverse y juego a ser la mamá de todos, a través de ellos represento mi propia experiencia vital. Me estoy expresando.<br />
- “Hola”.<br />
Cuando he terminado la representación, Mamá guarda los objetos en otro objeto más grande, una caja de cartón.  Ahora ya saco yo solo los juguetes de la caja, antes no sabía, me parece increíble pero antes juro que no lo sabía hacer.  Saco los juguetes y cuando me canso los vuelvo a meter.  Tengo muchos juguetes, la mayoría animales y personas de plástico.  Tengo un juego de cubos de tamaño correlativo, juego a meter uno dentro de otro hasta que me queda un cubo grande y dentro muchos otros cubos pequeños.   Mamá pone el cajón en lo alto de una estantería, así que no puedo alcanzarlo cada vez que quiero y debo llamarla y pedir ayuda.  Cuando necesitas a otras personas, hay que pedir ayuda. No hay nada malo en eso.<br />
He aprendido a concretar mi visión.  El panorama es como un puzzle conformado por objetos animados o inanimados.  Puedo escoger y seleccionar de entre las múltiples posibilidades que conforman la realidad.  Con mi dedo índice selecciono y escojo el elemento que me interesa, sigo con la mirada como un cazador en busca de lo que me gusta.  También puedo elaborar planes de acción, antes todo era inmediato, ahora voy y planifico mis acciones.  Mi cerebro me responde cada vez con mayor agilidad y eficiencia; antes el cajón estaba muy alto, ahora me da igual. Puedo apilar varias cajas o paquetes, escalar sobre ellos, y así soy más alto y puedo alcanzar la estantería donde está el cajón.  No puedo cogerlo porque pesa demasiado para mí, pero el hecho de haber solucionado un problema ya me satisface.  Con el tiempo tendré la fuerza suficiente para tomar el cajón, sólo hay que esperar.  La fuerza física no tiene que ver con la inteligencia, la fuerza viene con el tiempo, la inteligencia es más vaga, corre de tu cuenta.  Elaboro pequeños planes de acción hasta que me siento tan cansado que se me cierran los ojos y ya es de noche otra vez.<br />
Me gusta jugar al “escondite” porque es una forma de caza, se adapta perfectamente a mi nueva habilidad para buscar y seleccionar con la mirada.  Ella se esconde, es decir, no está a la vista, y yo voy gateando por todas partes, descubriendo mi entorno con los ojos bien abiertos, hasta que voy y la encuentro, y ella pone caras raras y se ríe como una loca.  Todos los “grandes” están locos.  Me gusta jugar al “escondite”.<br />
En materia de sonidos sigo confuso, me temo que me sea difícil llegar a comunicarme como hacen los gigantes.  Cada vez es peor, intento imitarles pero no lo consigo.  Me miran con cara divertida y me señalan alegres, pero se nota que no me han entendido.  La forma de comunicación entre los mayores es por medio de sonidos, así que me guste o no, no tendré más remedio que acostumbrarme.  De todas maneras puedo captar su significado y eso ya es más de lo que había logrado hasta ahora.  Sé que tal o cual ruido significa esto o aquello y sé reconocerlo cuando ellos lo pronuncian, lo malo es que yo no puedo emitirlo.  Llegará el día en que acabaré entendiéndoles, pero dudo mucho que sea capaz de emitir los sonidos como ellos, quién sabe.  Todo va tan rápido que ya no sé dónde están mis límites.  Me siento cada vez más fuerte e inteligente, nada puede pararme.  Siempre pensé que el mundo se simplificaría a medida que yo creciera, pero no, el mundo sigue como siempre, no ha cambiado nada, en cambio yo me he vuelto más complejo.<br />
Mi cuerpo ya no tiene secretos para mí.  Me he hecho un experto en todo tipo de gestos faciales. Sé poner pucheros cuando Mamá no acata mis deseos (con el tiempo las lágrimas han perdido su utilidad y son necesarios métodos más elaborados)  También conozco cada rincón de mi cuarto, cada mínima característica de mi entorno.  Mis ojos son ya casi plenamente exactos.  La visión se clarifica, ni que decir tiene que la luz del día ya no logra molestarme.  Controlo mi espacio vital, mi cuarto privado.  Empiezo a descubrir la utilidad de los diferentes objetos de la vida.  Cuanto más conozco más grande se hace el mundo.  Sé que no se limita a mi habitación, ni a mi casa, sé que hay calle y un mundo allí afuera, incluso más allá del Mar dicen que hay vida.  Cuando esté preparado pienso visitarlo todo y conocer todo el mundo.<br />
Puedo moverme, aún no logro andar pero gateo y doy algunos pasos con ayuda de Mamá.  Necesito moverme.  El movimiento es saber, al moverme se amplía el contexto de mi vida, cuando me muevo conozco nuevos lugares.  Mamá me lleva en una sillita con ruedas, ella empuja y yo voy como un maharajá mirando hacia todos lados con los ojos bien abiertos.  Vivo en una ciudad, se llama Noega, está en el Norte.<br />
He vuelto a ver a la Madre, estaba allí, indiferente y majestuosa, bastante más relajada de lo habitual.  Verla me provocó una sensación de inmensidad, de una eternidad que acabó con mis rencores hacia el señor reloj.  Ella es bella, furiosamente bella, poderosa y eterna, el comienzo y el fin.  Verla me dejó trastocado durante buena parte del día.  Me pasaría el resto de la vida mirando el mar.  Me gusta cuando se enfurece, y se revuelve haciendo chocar las olas contra las rocas del malecón, como latigazos de sal.  Me gustaría dormirme sobre ella, pero hacía demasiado frío y sólo estábamos dando un paseo.  Me llama continuamente, lo siento, le debo la vida y no parece pedir nada a cambio.  Seguir vivo será mi precio a pagar.  Es todo tan absurdo después de haberla visto, todo tan vulgar, tan insignificante, todos esos objetos, el cajón de los juguetes, mi propia habitación, mi maravilloso santuario se ve insignificante ante Ella.  Es una Madre severa, a veces demasiado, logra hacer que te mires a ti mismo y que juzgues tu vida y tu entorno simples euforias estúpidas por logros inútiles.  Cuando haga buen tiempo podré bañarme, sentir la sal en los labios, dejarme abrazar por Ella, sin descuidarme ni un solo momento porque la Madre es cruel, y cuando te agarra ya no te suelta si te descuidas.  Muchos otros antes corrieron de vuelta ante el vacío de sus vidas, porque siempre hay algo que te falta en el interior, y ella les rodeó con sus tentáculos hasta llevarles de vuelta a las profundidades.  Es duro abandonar a la Madre.  Es un crimen separarse de la Mar, porque allí es donde se está realmente bien, en la comunidad.<br />
Puedo diferenciar perfectamente entre el yo y los otros “yos”.  Hay otros niños que son como yo, si bien su compañía no me resulta demasiado agradable porque para bebé ya me tengo a mí.  Los gigantes son más interesantes, los estudio y los imito.  Ya no parecen tan bobos como yo creía, cada vez me tratan menos como a un muñeco y más como a una persona.  Con el tiempo ejercito mi cerebro con mayor fluidez, racionalizo más y siento menos.  A pesar de todo sigo haciéndome las necesidades encima, pronto aprenderé a controlar mi cuerpo por completo.  No puedes hacértelo encima cuando tienes ganas, sólo si estás en lugares determinados, así como se come en un sitio también se hacen las necesidades en otro sitio, es una de las pocas funciones orgánicas que aún no controlo.  El cuerpo se rebela a veces, pero poco a poco lo voy dominando.  Me queda tanto por hacer, cada día aprendo nuevas palabras.  Las palabras son sonidos que significan algo, simbolizan los objetos y sirven para comunicarse.  Hay ruidos que no significan nada, unos sí y otros no, ahí está la complicación, distinguir los sonidos significativos de los ruidos, no lo entiendo porque a fin de cuentas todos los ruidos significan algo.  Hay muchos sonidos.  Este es un mundo lleno de ruidos pero voy comprendiendo.<br />
- “Adiós”		“Toma”		“Sí”		“No”<br />
Hay un guau-guau en casa, a los guau-guau no les gustan los miau-miau.  El guau-guau es pequeño y peludo, tiene los ojos negros como un pozo sin fondo, un flequillo curioso y muchas ganas de fiesta, patalea y hace cabriolas demostrando un dominio corporal que me admira.  Es muy suave al tacto y a veces me lame la cara y me hace cosquillas.  También es un bebé, pero para ser un bebé está mucho más adelantado que yo, sin embargo si algún día me convierto en un gigante seré mucho más listo que él.  Es complejo.  Los animales se adaptan al mundo más fácilmente  que los humanos, crecen más rápidamente y sin embargo los humanos somos más listos, más adelantados.  Ahora sé que no debo tener prisa, eso me tranquiliza.  Esta ha sido la lección de hoy.  Debo aprender a esperar, debo fijarme en todo, aprenderlo todo con detalle, porque últimamente cada vez que aprendo algo nuevo hay un hecho del pasado que se va para siempre.  Estoy empezando a echar de menos la seguridad del desvalimiento.  Cada día soy más fuerte.<br />
El palito con el que como se llama cuchara.  Se come en una mesa.  Para comer uno se sienta en una silla.  Las sillas son útiles para sentarse y comer descansado, además gracias a la silla llego hasta la mesa y puedo alcanzar mi plato de comida.<br />
La comunicación es básica, es necesaria para contactar con los demás.  Yo me comunico con el guau-guau que es quien mejor me entiende.  Sigo teniendo problemas con los mayores, imito sus ruidos y ellos me miran con cara rara.  Ella dice algo y él sonríe, pero se nota que no me han entendido, sin embargo puedo llegar a pronunciar algunas palabras, las más sencillas eso sí, pero algo es algo.<br />
- “pata”	“patata”		“paca”	 “pacaca”<br />
Con las palabras sé lo que puedo y no puedo hacer.  Si ellos dicen: “No”, es que debo hacer otra cosa, si dicen “Sí”, es que voy por el camino correcto.  Tengo un conocimiento tan limitado del lenguaje que es difícil que no me equivoque, supongo que por eso son tan indulgentes, mucho más indulgentes que con guau-guau, quizás porque él es mucho más listo y les entiende mejor que yo, o quizás porque de él esperan menos que lo que esperan de mí.  Sea lo que sea, a veces me siento inútil porque no logro aprender todo lo que quiero, vale que los errores son sólo una invitación para volver a intentarlo, pero de verdad que me resulta muy difícil llegar a comprender en su plenitud el mundo que me rodea.  A veces pienso que quizás ni siquiera los gigantes lo comprendan enteramente.  Tengo entendido que es muy grande, más grande que mi casa, tan grande como muchas casas como la mía puestas todas juntas en un cajón, como los cubos de colores.  Me pregunto si algún día llegaré a integrarme por completo, si alguna vez me sentiré a gusto y podré formar parte con naturalidad de mi entorno.   Estoy cansado, la cabeza me da vueltas.<br />
Recientemente he adquirido un cierto sentido de independencia, es sólo una sensación breve pero he pensado que eso debe de significar ser un grande, cuando mi cuerpo se vea invadido de semejante percepción significará que me he convertido en un gigante, y que mi adaptación funcional al mundo habrá terminado.<br />
El abuelo me enseña signos de colores en un papel, son los signos con los que se conforman las palabras.  Llega Mamá y le pone mohines, no sé por qué.  Los ruidos se pueden dibujar según el abuelo, pero Mamá le ha reñido o sea que igual el abuelo no tenía razón.  Mamá riñe a la gente cuando se equivoca, ella sí que sabe cómo hay que actuar, conoce todos los secretos de este mundo.  Soy afortunado por tener una Mamá tan inteligente.<br />
Me gusta pensar y reflexionar sobre cada una de las innumerables impresiones que recibo.  En el fondo este mundo se rige por una serie de reglas de pura lógica.  Estoy temiéndome que cuando menos piense más fácilmente me acomodaré.  Si aprietas un botón siempre pasa algo, se enciende una luz o suena un ruido, pero siempre pasa algo.  Me gusta apretar botones y esperar a ver qué pasa.  Antes me dejaba llevar por lo que mi cuerpo decía, sin pararme a cavilar; ahora no, antes de comer cuando tengo ganas pienso que tengo que ir a comer, planifico la ruta hasta el comedor y me gusta repasar lo que ocurre allí, cómo me siento en la silla, llego hasta la mesa, tomo la cuchara y el plato y Mamá me ayuda a comer, porque sin su ayuda se derrama todo y por eso me ponen una tela colgando del cuello, para que no me manche la ropa, porque mancharse la ropa es malo, no sé por qué pero es malo y punto.  Por ahora lo acepto, porque me queda demasiado por aprender como para preguntarme por qué algo es bueno o malo porque sí y punto, pero cuando sea mayor y controle mi entorno, empezaré a cuestionarme si el mundo tiene razón o si sin embargo la tengo yo.<br />
Todo tiene su utilidad, por eso debo analizar cada nueva impresión y darle algún provecho.  Es increíble la cantidad de información que he desechado en lo que llevo de días y noches.  No he de desperdiciar ni una sola gota de tan preciosas revelaciones.<br />
Ayer el señor reloj se murió, que es lo que pasa cuando dejas de moverte, pero Papá llegó y lo hizo revivir, y ya se mueve otra vez.  Me pregunto si yo también dejaré de moverme algún día, y si entonces llegará Papá y me hará vivir de nuevo.<br />
Utilidad, todo tiene su utilidad.  No hay que despilfarrar las manifestaciones de cada día.  Mi capacidad de manipulación crece por momentos.  Me paso mucho tiempo con mis juguetes, ya no son unos extraños para mí, son objetos que resultan útiles, es entretenido y aprendo mucho.  Me gusta jugar con cuentas de colores.  Tomo un puñado enorme y voy soltando bolita a bolita sobre el suelo.  Me gusta el tacto de las cuentas en mi mano; al principio forman una piña multicolor, luego la piña se va desgranando en la palma de mi mano cuenta tras cuenta.  Me paso horas sentado con la mirada fija en las bolitas, viendo como van cayendo.  Cuando hace sol y los gigantes me llevan a la playa, veo a la Madre y juego con la arena.  Tomo un puñado y voy soltándola poco a poco, dejo que la multitud de granos de mi puño se desgrane suavemente, va cayendo y el viento se los lleva.  Papá y Mamá están admirados, es una de las pocas cosas que logra concentrarme, dejarme absorto en mi labor durante toda la tarde.  Es grandioso y altamente educativo.  Uno no siempre empieza a aprender lo más simple, o quizás es que lo más simple no es lo que uno se cree.  Quizás los mayores no siempre tengan razón.  No sé cómo explicarles el propósito de mi juego, es necesario ser un bebé para comprender el sentido del desgranamiento de cuentas, quiero decir que hay que desprenderse de toda esa racionalidad que lastra sus mentes, todos esos nombres y objetos, toda esa emoción.  Las cuentas son precisamente un símbolo del devenir cósmico, un juego sobre el orden universal, pero ya digo que no sé cómo explicarlo a los seres racionales.  La visión es repetitiva y segura, todo sucede prácticamente de un modo regular, las cuentas caen con periodicidad, y es más o menos como el señor reloj pero sin gritos ni tic-tacs.  La vida y el mundo se vacían agonizando inexorables en la palma de mi mano, y luego vuelta a empezar, como gotas de agua en la eternidad del océano.  Los juegos más sencillos a veces son los más complejos.<br />
Si no pongo atención al comer derramo la comida, si derramo la comida Mamá se enfada.  Si lloro me dan de comer, si lloro me atienden.  A Mamá cada vez le gusta menos que llore.  Si camino sin poner atención chocaré contra una pared y me haré daño, si me hago daño lloro.  A Mamá no le gusta que llore.<br />
Puedo señalar, comprendo y descubro más y más utilidades de los órganos de mi cuerpo.  Si señalo algo es que me apetece, cuando quiero algo sólo tengo que extender el dedo y dirigirlo hacia el objeto, pido el objeto y me lo dan.  Cuando pido me dan.  Es una de las ventajas de ser un bebé.<br />
Ahora tengo un terrible problema para diferenciar identidades.  Entiendo los nombres pero no lo que significan.  No acabo de lograr establecer los límites de sus significados.<br />
He aquí algunas conclusiones:<br />
Yo como en un objeto que se llama “plato”, los demás comen en unos objetos similares cuyo nombre desconozco.<br />
Los gigantes se dividen en hombres y mujeres, los gigantes hombres se llaman “Papá”, los gigantes mujeres se llaman “Mamá”.<br />
Para comer en el plato yo utilizo un objeto que se llama “cuchara”, los demás utilizan un objeto similar cuyo nombre también desconozco.<br />
Puedo ponerme de pie solo, puedo subir escaleras arrastrándome, puedo equilibrarme sobre dos pies y caminar, puedo estar de rodillas cuando veo las cuentas caer, puedo andar hacia atrás varios pasos, aunque me parece una total inutilidad, puedo hacer tantas cosas que cada día me veo más animado.<br />
Juego con mi torre de cuatro cubos, meto unos cubos dentro de otros, me gusta casi tanto como jugar con cuentas de vidrio, también tiene un sentido cosmogónico.  Puedo tomar el cajón de los juguetes y abrir y cerrar los útiles que me interesan, se abren al principio y se cierran al final, no tengo que aprendérmelo, es pura lógica.  Pensar te evita perder el tiempo.  Hay que planificar las acciones antes de cada nuevo paso y no lanzarse a lo loco, te evitará muchos problemas y lograrás tus objetivos con mayor facilidad.  Hay que pensar para todo, presiento que mi cabeza es un juego más poderoso que todos los que poseo en mi cajón.  Es una pena que aún no pueda dominarla a mi elección.  Igual es que es un juego para gigantes.<br />
A veces me siento delante de un periódico y me dedico a pasar las páginas una tras otra.  Últimamente me atraen este tipo de juegos.  No sé leer, pero no es su contenido lo que me interesa, es el hecho de pasar páginas y a veces fijarme en las ilustraciones, es mi Mantra infantil.  Paso las páginas del periódico una tras otra y enseguida acabo.  Es toda una experiencia cósmica.<br />
Ahora me paso los días pintando, es mi última afición.  Lo embadurno todo con garabatos, trazos y bocetos diversos.  Por ahora sólo combino colores pero no descarto alcanzar metas más lejanas.  Me gusta pintar, es una forma de interacción, la única a mi alcance aparte de los llantos y mi mediocre conocimiento de los sonidos.  Hago dibujos que luego ve Mamá.  He pintado a Papá y a Mamá, y a mí, y a la casa, y también a guau-guau, que es el único que  me entiende.  Me gusta dibujar porque es una forma de testimonio y deseo comunicarme, pero principalmente me gusta porque sí, porque me lo paso bien y punto.  Uno de mis mayores logros ha sido darme cuenta de que no tengo por qué racionalizarlo todo.  A veces me permito el lujo de hacer cosas al tuntún, porque sí, porque me da la gana, movido por el instinto que fue lo que me ayudó a sobrevivir cuando el cerebro estaba todavía dormido.  El cerebro es útil, pero conviene no olvidar el instinto, porque sería como traicionar a un viejo amigo.<br />
Hoy he cumplido un año, todo el mundo estaba muy feliz y me pusieron delante de una cosa que se dice “taaaata” o algo así, con una vela encendida en el centro.  Todos se comportaron de una forma muy tonta aplaudiendo como locos y sonriendo imbécilamente.  Los mayores son un poco bobos cuando quieren.  Yo soplé para tenerles contentos y la casa irrumpió en un estruendo de risas realmente insoportable, porque a mí me gusta la calma.  El silencio es bueno y ayuda a meditar, sin embargo algunos grandes parecen tener miedo del silencio.  Hay muchas cosas de los gigantes que desconozco, y hay muchas cosas que ellos desconocen de mí.<br />
Puedo soplar, se trata de expulsar aire rápidamente y sirve para apagar el fuego.  El fuego es como un animal parecido a una culebra roja que lo devora todo a su paso y que se mata soplando.  Es bonito, pero al igual que su Papá el sol si te acercas mucho te puede hacer daño.  Por lo visto el fuego es un tipo muy reservado.<br />
No sé cuánto es un año pero debe de ser mucho tiempo, tampoco sé lo que es el tiempo pero creo que tiene que ver con el señor reloj, y a mí el señor reloj me cae muy mal, porque es muy intransigente y muy borde.<br />
En todo este tiempo he aprendido muchas cosas, si sigo a este ritmo cuando sea un gigante voy a saberlo todo.<br />
Me he visto reflejado en un espejo.  Los grandes me lo han explicado y lo he entendido, todo lo que se puede entender a los gigantes, que además de grandes y bobos se explican bastante mal.  Resulta que si te pones delante de una plancha invisible te ves a ti mismo.  Yo ya me había visto con mis ojos pero claro, esto es diferente, es como si de repente fueras otra persona y te pudieras observar de lejos.  Fue una sensación extraña.  Era un espejo de cuerpo entero.  Soy muy pequeño, mi cuerpo es redondeado, mi cabeza es enorme, mis manos pequeñas, mis ojos son de color tierra porque he salido a mi madre, y mis piernas son cortas y regordetas.  Soy un bebé, al verme tan cerca y tan al completo me he llevado una cierta decepción.  Estaba allí con la boca abierta, permanentemente abierta, y por primera vez he pensado cómo me verán los demás a mí.  Si lo que ven es lo que yo vi la verdad es que no salgo ganando.  Parezco bobo, babeando como un estúpido.  Tengo cara de asombro permanente.  Me siento desengañado, me imaginaba de otra forma, me suponía  un aspecto más serio, menos dado a la burla y al cariñito mojado, ahora entiendo por qué la abuela me agarra y me llena de babas con sus besos pegajosos.  No es justo, mi aspecto exterior no se corresponde con mi innegable desarrollo cerebral.  Esta no es la cara de un tipo que ha aprendido tantas cosas.  Tengo pinta de muñeco de trapo.  Soy un maldito oso de peluche.<br />
Me han dado una fotografía que me hicieron un día, fue cuando el sol se apareció en mi habitación y casi me deja ciego.  Yo no sabía cómo decirles que no tenía ganas de ver mi cara de bobo porque se les veía muy felices.  Estoy tumbado, gateando con la boca abierta, sonriendo imbécilamente y babeando como hago siempre según tengo entendido.  La han enmarcado y me la han puesto delante de la cuna los muy malvados.  Está encima de una cómoda, ya he intentado alcanzarla varias veces para tirarla por la ventana pero está muy alto, tanto la cómoda como la ventana, y ahora tengo que despertarme todos los días viendo mi cara de bobo, y encima se la enseñan a todo el que pasa por casa.  Tengo que deshacerme de esa foto o arruinará mi vida.<br />
Puedo quitarme la ropa, bueno, casi toda la ropa, sin ayuda ninguna.  Puedo controlar mi cuerpo casi completamente durante el día, si tengo ganas de hacer pipí o algo así se lo digo a Mamá y ya está.  Domino mi cuerpo por completo, aunque sólo durante el día.  Por la noche vuelvo a ser un ente espiritual y cuando sale la luna ya sólo me guío por mis instintos y la Madre me llama, y es una sensación reconfortante.  Me siento libre en un mundo frío que duerme y no me molesta.  La noche es maravillosa.  Me paso las horas mirando la luna.<br />
Estoy empezando a realizar pequeñas excursiones por casa.  Ya conozco muchos lugares, y puedo moverme con seguridad sin temor a equivocarme de ruta cuando deseo ir a algún sitio concreto. Soy un audaz explorador.<br />
Continúo emitiendo sonidos con la salvedad de que ahora los gigantes parecen comprenderme un poco mejor, y por eso su alegría aumenta.  Los gigantes están todo el día alegres.  La vida de un grande es feliz, aparentemente, y es lógico porque conocen a fondo el mundo en el que viven.<br />
Mamá me lee cuentos al irme a dormir, pero a mí lo que me gusta es ver los dibujos y pasar las páginas una tras otra, una tras otra, una tras otra.  No sé leer, tampoco entiendo muy bien lo que dice Mamá, pero a ella parece gustarle sentarse a leer para mí, así que yo atiendo y ella es feliz.<br />
Mis exploraciones por casa han obtenido sus frutos, conozco a la perfección cada rincón de mi hogar.  Comprendo las órdenes de Papá y Mamá, antes no sabía lo que querían, ahora sí y obedezco, lo que no sé es si esto significa progreso alguno.  De todas formas mis padres parecen felices, y a mí me gusta verlos felices.<br />
Mi capacidad de comprensión aumenta vertiginosamente.  Evoluciono a una velocidad superior a mi capacidad para asimilar el progreso.  Recibo tal cantidad de información al cabo del día que no puedo evitar sentirme confundido.<br />
El guau-guau se llama gato, el miau-miau se llama perro.  Mamá es feliz cuando me bebo el vaso entero y dejo la leche vacía.  Los dibujos son bonitos.  El frío es feo.  Mi cabeza es bonita.  Mi fotografía es fea.<br />
Yo soy yo, y Mamá es Mamá, pero ambos somos “nosotros”.  Si yo soy yo, ¿cómo puedo ser “nosotros”? ¿quién es “nosotros”?: pues Mamá y yo, pero Mamá y yo somos Mamá y yo, no “nosotros”…me duele la cabeza.<br />
Estoy desarrollando un gran talento para la imitación, gracias al juego aprendo muchas cosas nuevas cada día.  Todo es puro juego, con la imitación consigo la aprobación de los gigantes, del resto que son como yo pero que no somos “nosotros”, son ellos y yo, claro que ellos no son “ellos”, son muchos “yos” en una misma habitación.  Es tan complejo, dejaré la cuestión del plural para más adelante.  La entiendo pero no la comprendo.<br />
Todo es puro juego, pura imitación.  El mundo me parece un juego de simulación donde los “yos” juegan a ser “nosotros”.  No debo desanimarme, tengo que aprender más, tengo que ser más.<br />
Ya sé sumar: Uno más Uno son…”nosotros”.<br />
No es necesario comprender enteramente el significado del lenguaje de los mayores para saber lo que quieren decir, basta con percibir las vibraciones afectivas de la frase, no necesitas entender su significado completo.  Recientemente me he detenido en el curioso hecho de que los gigantes no se enteran de todo esto, quiero decir que no son en absoluto conscientes de lo que pasa por mi cabeza, sólo pueden comprender lo que oyen, lo que yo digo, y lo que ven con los ojos, quizás por eso son tan indulgentes conmigo, por lo visto deben de pensar que soy idiota.  Yo no soy tonto, sólo es que emito en otra frecuencia.<br />
De todas maneras no deja de ser curiosa a la vez que inquietante esta privacidad cerebral.  Nadie puede entrar en mi cabeza, todo es personal, nadie nunca podrá saber qué es lo que estoy pensando.  Hay todo un mundo dentro de mi cerebro que necesita la total soledad para funcionar a gusto.  Los mayores se dejan llevar por las apariencias, pero las apariencias son algo social, algo tan absurdo como el “nosotros” y el “ellos”, y lo auténtico de cada persona ocurre en su cabeza y es privado.  Cada día tengo más conciencia de ser yo mismo, y cada día entiendo menos la posibilidad de que exista un “nosotros”.<br />
Este juego de simulación ya no tiene secretos para mí.  Me muevo dentro de las relaciones sociales con mayor fluidez que en mi torpeza de bebé de antaño.  Sé más de lo que os creéis, entiendo más de lo que suponéis, soy mucho más listo de lo que aparenta mi aspecto.  La apariencia no es sincera, ahora lo sé.<br />
Ya sé pronunciar todas las vocales y casi todas las consonantes, puedo subir y bajar escaleras, puedo patear una pelota, puedo girar sobre mí mismo, puedo imitar trazos, emparejar dos colores y dibujos, sé que un círculo no es un cuadrado porque un círculo es un círculo y un cuadrado un cuadrado, puedo ponerme el gorro y los calcetines, digo “Sí” y “No” y comprendo su significado, conozco mi cuerpo y las partes en las que se compone y puedo reconocerlas en cualquier dibujo.  No me importa que tenga cara de bobo en la foto porque eso sólo es apariencia.  Puedo enhebrar bolas y dejar caer cuentas de vidrio del calor de mi mano al negro del suelo.<br />
Por las noches, la diosa Deva se acerca a mí.  No conocía su nombre, antes era simplemente la Madre.  Puedo sentir el rumor de las olas cuando me quedo mirando la luna, en un momento de libertad y seguridad, entonces la oigo cantarme nanas de verde y espuma.  Me queda tanto camino por recorrer, y tantas cosas por aprender, pero no tengo miedo.  No hay que tener miedo.<br />
Soy pequeño, soy ingenuo, soy inocente.  No sé andar correctamente, no sé hablar ni sé leer, no sé mentir ni sé engañar, no sé comprender a los gigantes como no sé comprender este mundo de razón y emoción en el que un día de repente me obligaron a vivir.  No sé contar ni sé sumar o restar.  Sé cómo fue el principio, pero no sé ni cómo ni cuándo será el final.  No sé vestirme solo.  No sé lo que me espera, no sé qué será de mí, pero sé que estoy aquí, y que cuando acaricio al guau-guau está suave y caliente, y sé que Deva viene a mí cada noche, y me recuerda que Ella ya estaba aquí antes que yo, y que seguirá aquí para siempre.  Sé que no me iré nunca.  Sé que cada nacimiento es un nuevo principio y que la muerte nunca es el final, y sé que Ella me quiere porque soy su hijo, y sé que cuida de mí y  me envía sirenas que cantan dulces nanas verdes, y su inmensidad me tranquiliza haciéndome sentir en paz conmigo mismo y con el mundo de azul y negro.<br />
Ella es mi amiga, eso sí lo sé.</p>
<p>This post was submitted by Hawthorner.</p>]]></content:encoded>
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		<title>El fin</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jun 2011 19:36:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marina Bergadà Abad</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya me he cansado. No puedo más. Tienes que saber lo que siento. No puedo seguir como hasta ahora. Quizá sea por el intenso calor. Pero estoy agotado de espiarte, de seguirte a dónde quiera que vayas. Hace tiempo que me fijé en ti. En realidad, fue un flechado. Lo que se llama amor a primera vista. Cuando te vi, mi corazón se desbocó. Me entraron unos irresistibles impulsos de ir a abrazarte, de besarte, de amarte. Pero hasta ahora, por más que intento acercarme a ti, te evito. Todo lo que quiero hacer, fracasa. Si me acerco, acabo alejándome. Si quiero hablarte, te espío a través de las ventanas de tu casa. Yo vivía en otro lugar, con otra gente. Sin embargo, el destino me ha atraído hasta tu hogar. He abandonado todo. Mi familia, mis amigos e incluso una mujer a la que en realidad no amaba. Desde el primer día que te vi, te sigo. Me invento miles de palabras con las que podría dirigirme a ti. Con las que podría entablar una conversación contigo, pero no puede ser. Nunca ha podido ser. Mi familia vino a buscarme. Dicen que estoy loco, que me he perdido en mí mismo. Quizá tengan razón. Ahora lo único que sé, es que mi objetivo me parece imposible, inalcanzable. Un día estuve a punto de lograr dedicarte mis primeras palabras, pero algo ocurrió. Tu madre te llamó y yo tuve que esconderme. Ya hacía tiempo que empecé a colarme en tu casa. Sí, en tu casa. Pero todavía no había dado la cara. Ese día estaba en tu habitación. El día que tuve que esconderme más de lo que ya estaba, cuando tu madre interrumpió mis propósitos. Si no pude hacerlo aquel día, nunca podré hacerlo ya, pues ya estoy agotado. Ese aspecto cambió y también mi visión respecto a ti. Esto no es amor, esto es algo que me quita la vida. Tú, me quitas la vida. Me llevaron al loquero, decían que estaba loco, pero yo me escapé. Sí, esta misma mañana me he escapado. He andado la mayor parte del tiempo y al final he logrado llegar a tu casa. No me lo pienso dos veces y vuelvo a colarme, esta vez con propósitos bien distintos. Estoy decidido a encontrarte, pero algo de nuevo vuelve a fallar. Tú, no estás. Te has marchado, pero para mí alivio, oigo que cuando anochezca volverás. Suelto una risotada. Es cierto, tú eras estudiante. Lo sé por qué me he enterado de todo sobre tu vida, en mis frecuentes escondidas entre los muros de tu hogar. Por esa razón, no me extraña el oír que has tenido que marchar para buscar unas notas. Sí, pues ya terminaste el curso y seguro que con buenas notas, pues tú eras buena estudiante. A pesar de todo, sé que cuando tú llegues, no me atreveré a salir, de verte cara a cara. Sólo podré atacarte por la espalda. Sí, por la espalda. Pues tú me has destrozado la vida, has hecho que abandone a mi familia y a mis amigos y a una mujer a la que me di cuenta que realmente amaba y que ahora está con otro hombre. Has hecho que pierda la cabeza, me he vuelto loco. Así que en cuanto acabes de leer este relato, también seré un asesino.</p>
<p>This post was submitted by Marina Bergadà Abad.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Relato de San Juan</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Jun 2011 22:41:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marina Bergadà Abad</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Allí está. Mirando a todas partes. Le encanta la fiesta y no tiene miedo de mirárselo todo desde delante. Parece que sea inmune a las chispas del fuego que puedan caerle. Ahora los demonios pasan junto a él mientras los que van detrás tocan una infinita melodía repetitiva. Este taladrante sonido de los tambores me está matando, pero he hecho un gran sacrificio para poder estar hoy aquí, para poder verlo de cerca e intentar acercarme a él. Sin embargo, su novia se le ha acercado. Ha estado todo es rato detrás, mirándose el espectáculo temerosa de que pudiera quemarse ella, o más bien él. Está preocupada por él. Sólo tiene ojos para la persona a la que ahora intenta llevar consigo hacia atrás, pero él, la mira de mala manera y ella recula asustada de nuevo hacia atrás. Otra vez lo ha vuelto a hacer. Mirar mal. Pero hace muchas otras cosas mal y eso sólo lo sé yo. Por eso estoy aquí, para ayudarlo a que aprenda. Yo sé que le cambiaré la vida, no sabe quién soy yo. No, no lo sabe, y pronto lo descubrirá. A medida que la comitiva de los festejos va avanzando, yo también me acerco hacia él. Ahora, han aparecido su madre y su hermana. Él, las ha visto. Coge a su novia del brazo con fuerza y la arrastra con él a un lugar dónde no sea visible para ellas. Su novia se queja. Le duele el brazo. Pero él parece arrastrar un montón de basura en vez de una persona. Una persona que debería ser especial para él. Ahora, en cambio, está más cerca de mí. Yo lo veo pero él no. Ni lo hará. Sigo acercándome, mientras él vuelve a situarse en primera fila entre la multitud y su novia vuelve a recular asustada. Entonces, me mira. Me mira atentamente y se ríe. Vuelve la cabeza y dirige la mirada hacia otro lugar. Observa a los demonios, el fuego, los dragones que bailan… Pero vuelve la vista hacia mí. Ahora mira hacia atrás y con su mala mirada hace entender a la asustada chica que se acerque. La pobre enamorada se aproxima intentando evitar las chispas que lanzan los dragones y señala en la dirección dónde el mejor dragón de todos empieza a aproximarse a ellos. Mira, le dice, ese dragón tiene los ojos del mismo color que los tenía la idiota de mi ex. Eso duele, pero es cierto. Mis ojos son verde vivo y grandes. La chica se lo mira extrañada. Quizá creía que alabaría el realismo del dragón y sus grandes dimensiones, cómo hacía el resto de la gente, pero no. Yo, mientras, sigo acercándome. Esa chica no merece nada de eso. Ella, lo sabe, pero tiene miedo. No te preocupes, pienso en mi fuero interno, yo te ayudaré. Ya casi estoy cerca. Él pasa completamente del dragón y vuelve a mirar a otro punto de la fiesta. Pero de pronto, el dragón se para. Los diablos que lo llevan se quedan extrañados. ¿Por qué no podéis seguir empujándolo? Preguntan unos a los que lo arrastran. No lo sabemos, dicen extrañados. Es como si el dragón se hubiera enganchado en algo. Los hombres disfrazados de demonio, miran a ver qué pasa. Ese contratiempo, hace que él se fije en ello y pone mala cara. Otra vez. De nuevo. Pero yo ya lo tengo a mi alcance para darle su merecido. Lo miro furiosa con mis grandes ojos verdes, mientras él se da cuenta de que algo va mal, se da cuenta de mi presencia. Antes de que él pueda reaccionar, desprendo una enorme llamarada que lo deja carbonizado a él sólo en décimas de segundo.</p>
<p>This post was submitted by Marina Bergadà Abad.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Un engaño llamado fútbol.</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Jun 2011 21:37:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jacobo saul rabin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Corrupción]]></category>

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		<description><![CDATA[No son muchos, aunque lo suficientemente fuertes, los que escupen mentiras sin cesar, para avalar a los que engañan, mienten y depredan. El Fútbol, que es una porción misérrima de la actividad humana, ESTA MANCHADO. Desde que comenzaron a jugarse los Mundiales, los campeonatos se resolvieron: primero por injerencia del Fascismo, después por la corruptela [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No son muchos, aunque lo suficientemente fuertes, los que escupen mentiras sin cesar, para avalar a los que engañan, mienten y depredan.<br />
El Fútbol, que es una porción misérrima de la actividad humana, ESTA MANCHADO.<br />
Desde que comenzaron a jugarse los Mundiales, los campeonatos se resolvieron: primero por injerencia del Fascismo, después por la corruptela de la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA). Y ahora, por  las presiones que ejercen  las empresas que sponsorizan  los certámenes, las que  visten a los equipos y las que diseñan el perfil publicitario para acrecentar el  consumo de las vestimentas deportivas.<br />
No es novedad que el control antidoping ha sido siempre  tan selectivo que muchos deportistas  han subido a un podio pasados de falopa.<br />
A nadie   puede asustar que un  ex jefe de la Asociación de Fútbol Inglés acusara  a cuatro ejecutivos de la FIFA de pedir sobornos a cambio de apoyar la propuesta para que Inglaterra fuera el anfitrión de la Copa Mundial del  2018.<br />
Esta y otras denuncias que hubo contra la FIFA no invalidaron  la reelección del austriaco Joseph  Blatter (n.1936), por un nuevo periodo al frente de la entidad (des) madre del fútbol mundial.<br />
Digan lo que digan algunos colombianos, su país renunció a organizar    al Mundial de 1986 por las desmesuradas exigencias de la FIFA para dar el visto bueno a su candidatura. Su  Presidente, de ese entonces,  el conservador  Belisario Betancur Cuartas (n. 1923 ), no se dejó extorsionar.</p>
<p><span id="more-3553"></span></p>
<p>El ex internacional alemán Hans-Peter Briegel (n.1955),   confesó en una entrevista concedida a un periódico de los Emiratos Árabes que en el partido de la Copa del Mundo de España de 1982, entre Alemania y Austria,  hubo tongo entre las dos selecciones  para clasificarse y dejar fuera a Argelia, a la que ahora pide perdón.<br />
Fue la mayor mancha de la historia del fútbol alemán. No la única.</p>
<p>La joya del 82’ fue sin dudas el italiano  Paolo Rossi (n.1956), que se incorporó a la selección azzurra,  después de cumplir una suspensión de dos años por   haber participado en  apuestas clandestinas. El ex crack de la Juventus, había sido denunciado   por un vendedor de frutas, Massimo Crusiani, de estar metido en el arreglo de un  encuentro entre el Perugia y el Avellino.<br />
Como la tramoya es una de las tantas debilidades de los italianos, cuatro años después volvieron a cometerse los mismos pecadillos. En el año 2006, la Juventus descendió a la Serie B, cuando se descubrió que varios de sus dirigentes estaban entretenidos en arreglar partidos.</p>
<p>El celebérrimo ex presidente   de la FIFA, el brasileño Joao Havelange (n.1916),  aseguró que los torneos disputados en Inglaterra 66’ y Alemania 74’ fueron manipulados para beneficiar a los locales. En cambio, resaltó el éxito de Argentina 78’. Por supuesto que no es verdad. Solo que el vendedor de armas es muy piola:  quiere  ser cuidadoso  con el vecino y socio en el Merdasur.<br />
Este benemérito personaje del futbol mundial llegó a la Presidencia de la FIFA después de extorsionar a su antecesor para que no fuera por  su  reelección. El bazuca hizo fotografiar   al inglés Stanley Rous (n.1895), encamado con un dirigente centroamericano.</p>
<p>El astro argentino Diego Maradona (n.1960), aseguró que Argentina eliminó a Australia para clasificar al   Mundial de 1994 con la ayuda de un &#8220;café veloz&#8221; que tomaron él y sus compañeros de selección, y a la falta de control antidopaje, hechos que &#8220;sabía&#8221; el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Julio Grondona (n.1931.)<br />
Y los residuos del café veloz, quedaron en el organismo del crack. Y esto lo aprovechó  Havelange para quitarse del medio a la escuadra albiceleste mediante el compulsivo control antidoping a Maradona. Y  le dejó el campo orégano a la selección brasileña.  Un bonito regalo de Don Joao,    antes de largar la Presidencia de FIFA.</p>
<p>El FUTBOL   es útil a   los que obtienen pingues ganancias manipulando los resultados. En   Italia, el Estado facturó el año pasado unos cuatro mil quinientos millones de euros mediante las apuestas deportivas. En estos números no estaban incluidos las jugadas  clandestinas.<br />
Y  hablando de ilegalidad,  el presidente de la  FIFA, Joseph Blatter, como su tesorero Julio  Grondona,  se irán de este mundo sin confesar jamás que han sido dos auténticos turros. Ellos no creen en el MÁS ALLÁ, así que en la Tierra se permiten todas clases de inmoralidades  con tal que se incrementen  los negociados.<br />
En el Gobierno de la FIFA, sus más importantes dirigentes provienen  de países donde  la corrupción es parte de sus estilos de vida.</p>
<p>Por todo esto no  tiene por qué sorprender que   tres de los cinco partidos jugados por la primera ronda Copa de Oro, de la CONCACAF,  hayan sido arreglados para favorecer a la Selección Mexicana.<br />
Versiones periodísticas señalan que en este bolonqui estaría  metida la mafia asiática con el fin de rentabilizar el  negocio de las apuestas.</p>
<p>Y para terminar: la desfachatez de la FIFA no tiene límites: cinco futbolistas mexicanos  expulsados  de la Copa de Oro, al dar positivo en la prueba de dopaje, en la contraprueba dieron negativo. ¡Aleluya!<br />
La vida es una fotocopia. Por eso prefiero seguir jugando al Metegol.<br />
saulrabin@gmail.com<br />
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saulrabin@hotmail.com.ar</p>
<p>This post was submitted by jacobo saul rabin.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Cailida</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Jun 2011 18:29:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marina Bergadà Abad</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[–Vamos, es por aquí. Cuidado, no vayas a caerte. – ¡Uy! Esto está un poco empinado. –Espera, que paso yo delante, ¡pero no vayas a caerte encima mío! –Eso intentaré. –sonrió ella. –Ay primita, no debería haberte traído. –Oh, no digas eso. –dijo ella descendiendo lentamente. –Me encantan las excursiones por el bosque. –Lo sé, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>–Vamos, es por aquí. Cuidado, no vayas a caerte.<br />
– ¡Uy! Esto está un poco empinado.<br />
–Espera, que paso yo delante, ¡pero no vayas a caerte encima mío!<br />
–Eso intentaré. –sonrió ella.<br />
–Ay primita, no debería haberte traído.<br />
–Oh, no digas eso. –dijo ella descendiendo lentamente. –Me encantan las excursiones por el bosque.<br />
–Lo sé, por eso te he traído. –afirmó él llegando abajo y volviéndose para ayudarla a bajar.<br />
– ¡Ay! No me des esos tirones.<br />
–Venga mujer, que ya estás abajo. Además mira, ya hemos llegado a la fuente. Vamos a descansar, antes de que termine de anochecer.<br />
– ¡Ah, sí! ¡Por fin! –celebró ella sentándose en un banco de piedra al lado del agua que manaba. Se descalzó y puso los pies el remojo. Bajo la sombra de un pino, él se sentó a su lado.<br />
–Mira Nabila, esta es la fuente de Cailida.<br />
– ¿Quién es Cailida?</p>
<p><span id="more-3541"></span><br />
–Bueno, más bien era. Es una leyenda. Pero la historia empieza con Byly. Ella era una mujer como cualquier otra que vivía en la época medieval. Vivía con su marido y sus cuatro hijos. El pueblo dónde vivía, pasó una mala época. Sequías y luego, vinieron inundaciones. En esa época, lo único que se les ocurrió fue buscar la causa en las brujas. Decían que las había y las buscaron. Por cualquier cosa, detenían a mujeres inocentes y las quemaban en enormes hogueras. Finalmente, Byly también fue detenida. Dijeron que ella había causado el mal, que lo había traído de fuera, pues era extranjera. Su marido y sus hijos, no pudieron hacer otra cosa que resignarse, pues sino, ellos también serían acusados. Sin embargo, antes de que fuera sacrificada, su marido se deslizó en plena noche hasta el calabozo dónde ella estaba retenida. Pudo liberarla sin que nadie se diera cuenta y huyeron. Byly le dijo que debía volver, pues si no lo acusarían a él y que alguien debía de cuidar de los hijos. Byly dijo que huiría ella sola, pero su marido no iba a permitir algo así, pues podían encontrarla con facilidad. Y en cierto modo, así fue. Mientras marido y mujer buscaban una solución, apareció el verdugo del pueblo. Iba vestido con sus ropas cubriéndolo enteramente, cómo solía llevarlas cada vez que se disponía a hacer su trabajo. Pero estaba solo, con la cabeza al descubierto y vieron que se trataba de una hermosa mujer de cabellos pelirrojos y ondulados. Byly ahogó un rito, pero la mujer se cernió sobre ella. Su marido intentó liberarla, pero la verduga sustrajo un objeto punzante de su falda y, cuando se dio cuenta, el marido vio en el suelo, el cuerpo tendido y sin vida de Byly. Se volvió y arremetió contra la mujer a la que pudo alcanzar con facilidad. Ella intentó defenderse, pero él, que ya sabía lo que se proponía, le agarró la mano y le arrebató el objeto. La atacó con él y la arrojó a la fuente, la misma que está aquí enfrente de nosotros. La mujer no pudo salir y se ahogo, pero antes de terminar de sumergirse, prometió que todo aquel que se acercara a la fuente y fuera hijo de un asesino, moriría allí ahogado, pues ella aparecería de entre las aguas para llevarse a quien fuese.<br />
– ¡Vaya! –exclamó Nabila. – ¿Y por qué hijos de un asesino?<br />
–Porque a ella la mató un hombre. Y era ella la que mataba a la gente y nadie podía matar a alguien cómo ella.<br />
–Uf! Vaya historia, pero bueno, sólo mueren los que tienen un padre asesino, así que no debemos preocuparnos.<br />
–No, nosotros no, pero he escuchado otras leyendas que dicen, que si han muerto algunas personas y todas coinciden en que tenían padres que habían cometido algún crimen. Aunque cómo es lógico, no demasiadas.<br />
–Vaya leyendas. Menos mal que esas cosas no son ciertas.<br />
–Claro que no, Nabila. Bueno, ¿seguimos con la excursión? Ya sólo nos queda el camino de vuelta, pues ya casi es de noche. Será mejor que encienda la linterna.<br />
–Sí, espera que yo voy a sacar la mía. –dijo Nabila rebuscando entre su mochila. Su primo, que ya se había adelantado unos cuantos pasos y estaba a espaldas de ella, se paró a esperarla mientras también buscaba la suya.<br />
–Vaya, ¡creo que me la he dejado! –exclamó mientras oía como Nabila sacaba los pies del agua. La esperó mientras él seguía rebuscando por si no había mirado bien, pero finalmente desistió. –No la tengo Nabila. Espero que hayas traído la tuya. ¿La tienes? –preguntó cerrando su mochila. Nadie respondió. – ¿Nabila? –preguntó volviéndose. Tras él, ni siquiera había la mochila de Nabila. – ¡Nabila! –gritó, pero nadie respondió. Él se acercó instintivamente a la fuente. Miró hacia las tranquilas aguas pensativo. Después, miró a su alrededor, ya casi oscuro. Volvió a mirar la fuente iluminada por la luz de la luna. Alzó la mirada hacía ella y se abalanzó hacia delante.</p>
<p>This post was submitted by Marina Bergadà Abad.</p>]]></content:encoded>
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