Entrada categorizada en ‘Terror’

Relato, Terror

Lagrimas bajo la lluvia 1

Por , en 25 de octubre de 2011

El: Pero, te amo
Ella: te amo, pero… lo mejor es… decir adiós…

estas palabras marcaron mi corazón aquella noche en que tendida en la cama mirabas fijamente el techo, inmóvil, inexpresiva, con una seriedad agobiante, tan fría como aquella habitación de motel, tan fría como las ultimas veces que hicimos el “amor” al cual estoy seguro que tu llamarías sexo, – ¿como llegamos a esto?… – fue lo primero que tildaste a decir, mas entre un susurro interno que una pregunta como tal, – hay una luna hermosa… – fue lo único que pude decir, no tenia respuesta, no tenia ninguna respuesta convincente que decir, no tenia nada que decir, pues yo mismo no lo sabia, -¿porque cambiaste tanto? ¿que paso con el chico del que me enamore ?…- entre balbuceos, como si tuviera que arrastrar las palabras atiene a decir – soy yo, sigo siendo el mismo… – por primera vez en la noche me miraste y tus ojos se clavaron en mi con tanta fuerza que una lagrima amenazo con salir – no, ya no eres el, aquel luchaba por sus sueños, aquel era tierno y dulce, aquel me hacia sentir querida, me hacia sentir amada… tu me haces sentir ignorada, sola, fea y aturdida – se hizo un silencio, solo que este era diferente de los que había conocido, aquel decía mucho mas de lo que era capaz de expresar, dándome cuenta que las palabras no eran mas que limitantes, ella se sentó en el borde de la cama, permitiendo que su cuerpo quedara semi-expuesto a la luz de la luna, tan hermoso como siempre, tan lejos como siempre.

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Relato, Terror

Un hombre con suerte

Por , en 30 de septiembre de 2011

El hombre aún permanecía vivo, aunque tenía la cabeza agujereada en la parte superior, como si le hubieran dado con un piolet. El calor de la luz del sol le hizo despertar, mareado y sediento, a penas se pudo poner en pie, y sin duda se encontraba en las entrañas de un frondoso bosque. Se tocó la cabeza y los dedos encontraron una masa pastosa y sanguinolenta, pero no le dolía en exceso. No recordaba nada, ni si quiera su nombre. Avanzó dificultosamente, tenía que llegar a la civilización, y encontrar un médico con urgencia.

Al rato, notó como si le siguieran a una distancia prudencial, pero desde arriba, desde lo alto de los apretados árboles, y tuvo mucho miedo, el cual le hizo avanzar más deprisa, aunque a tumbos. Tuvo suerte de encontrar un pequeño río de cristalinas aguas, y clavando las rodillas sobre pequeñitas piedrecillas, sació su sez. Debía continuar sin demorarse demasiado. Muy poco después volvió a tener suerte, pues encontró un cochinillo asándose a fuego lento, y una bota de vino; se dio un gran festín. Se marchó por si regresaba su dueño, y a la sombra de los árboles hizo la pesada digestión, y se fue recuperando paulatinamente; ya no le dolía la cabeza.

Se hizo de noche, y emprendió la caminata, tras comprobar que no tenía herida alguna sobre su cabeza. Bajando una pronunciada loma, se encontró con una casa de madera, la cual parecía abandonada desde hacía largo tiempo. Antes de nada, llamó a la puerta con los nudillos de la mano.

-¿Hay alguien?

Obtuvo por respuesta el silencio de la noche.

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Manuscrito hallado en una botella 2 Parte

Por , en 7 de septiembre de 2011

Se hundió sin tener tiempo de reaccionar y salir de aquel barco maldito, aunque de haberlo conseguido tampoco hubiera sobrevivido, el oleaje era terrible, aqui no hay grandes olas, no hay miedo al naufragio ya no hay más miedo tampoco hay dolor. Nuncá imaginé que mi vida sería de está forma me siento extraño, viviendo a quí abajo en las profundidas del océano, a veces cuando hay luz salgo del barco anclado en la arena y puedo ver los secretos que siempre esconderá el mar y creo que me he convertido en uno de esos secretos, pero no soy el único, los marineros y el capitán de este barco que por un tiempo me salvarón la vida también están destinados a vivir aquí y por la noche cuando la luna alumbrá el inmenso mar subimos a la superficie con nuestro barco a descubrir nuevos mares y más tripulantes.

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OFFSIDE

Por José Antonio Nisa Escobar, en 4 de septiembre de 2011

Mi madre tuvo un buen parto. A los dos días del alumbramiento la memoria le quiso recompensar por aquellos nueve meses de atribulación y le concedió un rápido olvido: me depositó en casa de mi abuela y se marchó, para no verme nunca más. Entonces yo era demasiado pequeño para siquiera decirle adiós.
Mi abuela era una mujer de costumbres patriarcales, su severidad era un lastre ancestral que jamás se había cuestionado. Tenía por principio no escuchar ni mirar a los niños. Y así pasé casi toda mi infancia encerrado en mi habitación, hostigado por el mundo, sin más derechos que los de mi existencia inconsciente. Recuerdo los momentos en que mi abuelo me permitía sentarme a su espalda y ver los partidos de fútbol. Cuando nuestro equipo marcaba, al principio él no se inmutaba, yo contenía las ganas de saltar para no enfadarle. Entonces él volvía la cabeza, me miraba y, apuntando a la televisión con el dedo, con la convicción que le daba la indiferencia de su propio ocaso, me decía: “esos somos nosotros”. Hasta varios años más tarde no entendí qué quería decir aquella frase.
Cuando terminé la escuela comencé a entablar cierta amistad con Lorenzo, un joven repartidor de pan, ante quien durante años jamás había alzado la mirada, como ocurre con esos retratos imperecederos que ya velaban el decorado cuando nosotros entramos en la escena de la vida. Todo fue una pura casualidad. Cierto día me encontraba sentado en la escalinata de casa, cuando al dejarme la bolsa, sin saber por qué, le miré a la cara. En aquel momento, como respuesta a mi mirada, m Seguir leyendo »

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Gogol

Por , en 31 de julio de 2011

– ¡Vamos Bri! ¡Está allí! –me gritó emocionada tirando de mí.
–Un momento Ada. –le dije intentando entrar por la puerta con esos infernales tacones.
–Bri, así no puedes ir. Tienes que sentirte segura y de ese modo podrás comerte el mundo.
–Vale, lo que tú digas. –le dije apresurándome para entrar a su lado en esa ruidosa discoteca.

Ya estaba otra vez allí y de nuevo con Ada. No dejaba de insistir para venir siempre. Ella cree que tiene que comerse el mundo y yo también, pero yo más que nada voy de acompañante. Todas nuestras amigas ya se echaron novio y ella se dio cuenta de que se quedó sola. O al menos, eso es lo que cree. Nuestras amigas siempre insisten en que vayamos con ellas y sus novios, pero las ideas de Ada que siempre son tan superficiales, no le hacen ver algo tan normal como eso y cree que tiene que conseguir un novio a toda costa para poder ir con ellas.

– ¡Venga Bri o se va a ir! –me apremió sujetándome del brazo. La pasada noche vio a un chico y ya lo puso en su lista. Más bien, en la cabeza de su larga lista. Sólo hizo falta que se dejase deslumbrar por lo guapo que era. Y por eso, Ada me arrastraba hasta él casi empujando a la otra gente. Siempre se ponía a hablar con todos los chicos que le parecían hermosos, unos cuantos cada noche y yo estaba de “acompañante” para decirlo educadamente. Cuando el chico pasaba de ella, sus ojos buscaban pronto a otro que pasara a formar parte de su lista. Ayer por la noche vio a ese chico marcharse con sus amigos y ya se convirtió en otro elegido para hoy. Por esa razón, se pasó todo el día hablando de él sin parar. Muchas otras veces alguno le hacía caso y ella se iba con él, y obviamente, yo me quedaba allí sola. Alguna vez había venido alguno a por mí, pero rápidamente desaparecía antes de que llegase a dónde estaba yo. Ada no tardaba mucho en volver, ya que los que la hacía caso no eran lo que ella buscaba, y de nuevo a empezar. Estoy segura de que si encontrase un novio ya no se preocuparía por mi compañía y sería yo quien estaría realmente sola. Pero a mí me daría igual por qué iría con ellas de todos modos. O no. Nuestras amigas son igual que ella, todas estúpidas y con la cabeza llena de aire.

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Nel

Por , en 26 de julio de 2011

NEL

En el principio fue la Comunidad, allí en el azul del Mar. Todos juntos, tan a gusto, y de repente, no con un grito ni con un susurro sino con un gemido…Zas. Se hace la luz. Abro los ojos y de nuevo la gran explosión. Rápidos haces brillantes se me clavan en la frente. Dolor. Grito. Lloro. Me siento arrojado por la corriente. Ruido, mucho ruido. Antes todo era rojo y caliente, ahora es frío y azul. Antes era un hermano, ahora soy un individuo. La marea me arrastra hacia la orilla. He de prepararme para ser una entidad. Sorpresa. Miedo. Cierro los ojos y llega la noche. Oscuridad. Soy UNO de nuevo.
Ruido, mucho ruido. Abro los ojos. Ahora todo es diferente ¡Despierta! ¡Despierta! Tengo que participar. No puedo vivir en el pasado. He de lanzarme a la marea de colores y formas borrosas que se mueven ante la vista. Cuando cierro los ojos todo es negro y seguro. El negro es la nada y el azul el todo. El negro es tranquilo, pero debo abrir los ojos, debo lanzarme al azul del mar y al rojo ardiente de la tierra. Es duro, frío y cruel, pero es vida. El negro es seguro pero sólo es vacío.
Estoy en un sitio verde. No huele, mala cosa. Me gusta el verde, algo me dice que me gusta el verde. No puedo moverme, una fuerza transparente me lo impide. Los gigantes me rodean. Ruido, cuando abro los ojos no hay más que ruido molesto y colores chillones. Respiro, algo dentro de mí mete ruido regularmente, tin-ton, tin-ton, tin-ton. Este es un lugar que huele pero no huele, que suena pero no escucha, un escenario en color donde todos miran pero nadie ve. Este es un mundo curioso.
No es un lugar, es un espacio temporal que se llama “día”, ya lo sé. Puedo saber cosas. Hay día y hay noche, cuando abro los ojos, eso es día.
Cuando cierro los ojos, eso es noche.

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Relato, Terror

El fin

Por , en 28 de junio de 2011

Ya me he cansado. No puedo más. Tienes que saber lo que siento. No puedo seguir como hasta ahora. Quizá sea por el intenso calor. Pero estoy agotado de espiarte, de seguirte a dónde quiera que vayas. Hace tiempo que me fijé en ti. En realidad, fue un flechado. Lo que se llama amor a primera vista. Cuando te vi, mi corazón se desbocó. Me entraron unos irresistibles impulsos de ir a abrazarte, de besarte, de amarte. Pero hasta ahora, por más que intento acercarme a ti, te evito. Todo lo que quiero hacer, fracasa. Si me acerco, acabo alejándome. Si quiero hablarte, te espío a través de las ventanas de tu casa. Yo vivía en otro lugar, con otra gente. Sin embargo, el destino me ha atraído hasta tu hogar. He abandonado todo. Mi familia, mis amigos e incluso una mujer a la que en realidad no amaba. Desde el primer día que te vi, te sigo. Me invento miles de palabras con las que podría dirigirme a ti. Con las que podría entablar una conversación contigo, pero no puede ser. Nunca ha podido ser. Mi familia vino a buscarme. Dicen que estoy loco, que me he perdido en mí mismo. Quizá tengan razón. Ahora lo único que sé, es que mi objetivo me parece imposible, inalcanzable. Un día estuve a punto de lograr dedicarte mis primeras palabras, pero algo ocurrió. Tu madre te llamó y yo tuve que esconderme. Ya hacía tiempo que empecé a colarme en tu casa. Sí, en tu casa. Pero todavía no había dado la cara. Ese día estaba en tu habitación. El día que tuve que esconderme más de lo que ya estaba, cuando tu madre interrumpió mis propósitos. Si no pude hacerlo aquel día, nunca podré hacerlo ya, pues ya estoy agotado. Ese aspecto cambió y también mi visión respecto a ti. Esto no es amor, esto es algo que me quita la vida. Tú, me quitas la vida. Me llevaron al loquero, decían que estaba loco, pero yo me escapé. Sí, esta misma mañana me he escapado. He andado la mayor parte del tiempo y al final he logrado llegar a tu casa. No me lo pienso dos veces y vuelvo a colarme, esta vez con propósitos bien distintos. Estoy decidido a encontrarte, pero algo de nuevo vuelve a fallar. Tú, no estás. Te has marchado, pero para mí alivio, oigo que cuando anochezca volverás. Suelto una risotada. Es cierto, tú eras estudiante. Lo sé por qué me he enterado de todo sobre tu vida, en mis frecuentes escondidas entre los muros de tu hogar. Por esa razón, no me extraña el oír que has tenido que marchar para buscar unas notas. Sí, pues ya terminaste el curso y seguro que con buenas notas, pues tú eras buena estudiante. A pesar de todo, sé que cuando tú llegues, no me atreveré a salir, de verte cara a cara. Sólo podré atacarte por la espalda. Sí, por la espalda. Pues tú me has destrozado la vida, has hecho que abandone a mi familia y a mis amigos y a una mujer a la que me di cuenta que realmente amaba y que ahora está con otro hombre. Has hecho que pierda la cabeza, me he vuelto loco. Así que en cuanto acabes de leer este relato, también seré un asesino.

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Relato de San Juan

Por , en 24 de junio de 2011

Allí está. Mirando a todas partes. Le encanta la fiesta y no tiene miedo de mirárselo todo desde delante. Parece que sea inmune a las chispas del fuego que puedan caerle. Ahora los demonios pasan junto a él mientras los que van detrás tocan una infinita melodía repetitiva. Este taladrante sonido de los tambores me está matando, pero he hecho un gran sacrificio para poder estar hoy aquí, para poder verlo de cerca e intentar acercarme a él. Sin embargo, su novia se le ha acercado. Ha estado todo es rato detrás, mirándose el espectáculo temerosa de que pudiera quemarse ella, o más bien él. Está preocupada por él. Sólo tiene ojos para la persona a la que ahora intenta llevar consigo hacia atrás, pero él, la mira de mala manera y ella recula asustada de nuevo hacia atrás. Otra vez lo ha vuelto a hacer. Mirar mal. Pero hace muchas otras cosas mal y eso sólo lo sé yo. Por eso estoy aquí, para ayudarlo a que aprenda. Yo sé que le cambiaré la vida, no sabe quién soy yo. No, no lo sabe, y pronto lo descubrirá. A medida que la comitiva de los festejos va avanzando, yo también me acerco hacia él. Ahora, han aparecido su madre y su hermana. Él, las ha visto. Coge a su novia del brazo con fuerza y la arrastra con él a un lugar dónde no sea visible para ellas. Su novia se queja. Le duele el brazo. Pero él parece arrastrar un montón de basura en vez de una persona. Una persona que debería ser especial para él. Ahora, en cambio, está más cerca de mí. Yo lo veo pero él no. Ni lo hará. Sigo acercándome, mientras él vuelve a situarse en primera fila entre la multitud y su novia vuelve a recular asustada. Entonces, me mira. Me mira atentamente y se ríe. Vuelve la cabeza y dirige la mirada hacia otro lugar. Observa a los demonios, el fuego, los dragones que bailan… Pero vuelve la vista hacia mí. Ahora mira hacia atrás y con su mala mirada hace entender a la asustada chica que se acerque. La pobre enamorada se aproxima intentando evitar las chispas que lanzan los dragones y señala en la dirección dónde el mejor dragón de todos empieza a aproximarse a ellos. Mira, le dice, ese dragón tiene los ojos del mismo color que los tenía la idiota de mi ex. Eso duele, pero es cierto. Mis ojos son verde vivo y grandes. La chica se lo mira extrañada. Quizá creía que alabaría el realismo del dragón y sus grandes dimensiones, cómo hacía el resto de la gente, pero no. Yo, mientras, sigo acercándome. Esa chica no merece nada de eso. Ella, lo sabe, pero tiene miedo. No te preocupes, pienso en mi fuero interno, yo te ayudaré. Ya casi estoy cerca. Él pasa completamente del dragón y vuelve a mirar a otro punto de la fiesta. Pero de pronto, el dragón se para. Los diablos que lo llevan se quedan extrañados. ¿Por qué no podéis seguir empujándolo? Preguntan unos a los que lo arrastran. No lo sabemos, dicen extrañados. Es como si el dragón se hubiera enganchado en algo. Los hombres disfrazados de demonio, miran a ver qué pasa. Ese contratiempo, hace que él se fije en ello y pone mala cara. Otra vez. De nuevo. Pero yo ya lo tengo a mi alcance para darle su merecido. Lo miro furiosa con mis grandes ojos verdes, mientras él se da cuenta de que algo va mal, se da cuenta de mi presencia. Antes de que él pueda reaccionar, desprendo una enorme llamarada que lo deja carbonizado a él sólo en décimas de segundo.

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Relato, Terror

Un engaño llamado fútbol.

Por , en 24 de junio de 2011

No son muchos, aunque lo suficientemente fuertes, los que escupen mentiras sin cesar, para avalar a los que engañan, mienten y depredan.
El Fútbol, que es una porción misérrima de la actividad humana, ESTA MANCHADO.
Desde que comenzaron a jugarse los Mundiales, los campeonatos se resolvieron: primero por injerencia del Fascismo, después por la corruptela de la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA). Y ahora, por las presiones que ejercen las empresas que sponsorizan los certámenes, las que visten a los equipos y las que diseñan el perfil publicitario para acrecentar el consumo de las vestimentas deportivas.
No es novedad que el control antidoping ha sido siempre tan selectivo que muchos deportistas han subido a un podio pasados de falopa.
A nadie puede asustar que un ex jefe de la Asociación de Fútbol Inglés acusara a cuatro ejecutivos de la FIFA de pedir sobornos a cambio de apoyar la propuesta para que Inglaterra fuera el anfitrión de la Copa Mundial del 2018.
Esta y otras denuncias que hubo contra la FIFA no invalidaron la reelección del austriaco Joseph Blatter (n.1936), por un nuevo periodo al frente de la entidad (des) madre del fútbol mundial.
Digan lo que digan algunos colombianos, su país renunció a organizar al Mundial de 1986 por las desmesuradas exigencias de la FIFA para dar el visto bueno a su candidatura. Su Presidente, de ese entonces, el conservador Belisario Betancur Cuartas (n. 1923 ), no se dejó extorsionar.

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Relato, Terror

Cailida

Por , en 22 de junio de 2011

–Vamos, es por aquí. Cuidado, no vayas a caerte.
– ¡Uy! Esto está un poco empinado.
–Espera, que paso yo delante, ¡pero no vayas a caerte encima mío!
–Eso intentaré. –sonrió ella.
–Ay primita, no debería haberte traído.
–Oh, no digas eso. –dijo ella descendiendo lentamente. –Me encantan las excursiones por el bosque.
–Lo sé, por eso te he traído. –afirmó él llegando abajo y volviéndose para ayudarla a bajar.
– ¡Ay! No me des esos tirones.
–Venga mujer, que ya estás abajo. Además mira, ya hemos llegado a la fuente. Vamos a descansar, antes de que termine de anochecer.
– ¡Ah, sí! ¡Por fin! –celebró ella sentándose en un banco de piedra al lado del agua que manaba. Se descalzó y puso los pies el remojo. Bajo la sombra de un pino, él se sentó a su lado.
–Mira Nabila, esta es la fuente de Cailida.
– ¿Quién es Cailida?

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