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	<title>Leer Gratis &#187; Relato</title>
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	<description>Espacio dedicado a los autores noveles que desean publicar en Internet su obra y así ponerla a disposición de cientos de lectores. Anímate y envíanos tu obra!</description>
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		<title>Un angel se fue</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Oct 2011 21:22:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Ramón</dc:creator>
				<category><![CDATA[Microrelatos]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>

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		<description><![CDATA[tres gotas de sangre lloraba la luna menguante porque ayer se fue su angel cada vez que pienso en ello me enciendo en amargo recuerdo cuando pienso en sus ojos de color cielo siento un cosquilleo su pelo de color fuego huele a incienso intenso el sol ya no brilla con amor porque ella se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>tres gotas de sangre<br />
lloraba la luna menguante<br />
porque ayer se fue su angel<br />
cada vez que pienso<br />
en ello me<br />
enciendo en amargo recuerdo<br />
cuando pienso en sus<br />
ojos de color cielo<br />
siento un cosquilleo<br />
su pelo de color fuego<br />
huele a incienso intenso<br />
el sol ya no brilla con amor<br />
porque ella se marcho<br />
y toda su vida la destrozo<br />
oh luna menguante<br />
ven a ocultarme<br />
en la luna oscura<br />
para que mi corazon<br />
no se parta en dos.</p>
<p>This post was submitted by Juan Ramón.</p>]]></content:encoded>
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		<title>JOSE ALVAREZ LÓPEZ por Guillermo Borioli</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Oct 2011 21:22:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandra Correas Vázquez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>

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		<description><![CDATA[JOSÉ ALVAREZ LÓPEZ Por Guillermo Borioli ……………….. (Revista Mensual Ciudad X – Enero 2011 Diario La Voz del Interior, Córdoba) ………………………. UN VIAJERO HACIA LO DESCONOCIDO &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.. Guy de Maupassant, francés nacido no se sabe dónde y muerto en París en 1893, autor de relatos de terror comparables con los de Edgard Alan Poe, narra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>JOSÉ  ALVAREZ  LÓPEZ</p>
<p>Por Guillermo Borioli<br />
………………..<br />
(Revista Mensual Ciudad X –<br />
Enero 2011<br />
Diario La Voz del Interior, Córdoba)<br />
……………………….</p>
<p>UN VIAJERO HACIA LO DESCONOCIDO<br />
&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..</p>
<p>Guy de Maupassant, francés nacido no se sabe dónde y muerto en París en 1893, autor de relatos de terror comparables con los de Edgard Alan Poe, narra en “El Hombre de Marte” que cierto día, mientras trabajaba, le anunciaron que un hombrecillo lo buscaba. “Hágalo entrar”, ordenó a su criado. El cuento, sublime, describe al visitante como “un enclenque maestro con gafas, cuyo cuerpo endeble no se adhería a ninguna parte de sus ropas demasiado flojas”.</p>
<p>El extraño sujeto explicó que se sentía incómodo por haber interrumpido y después de tomar asiento, dijo: “¡Dios mío… estoy demasiado turbado por las gestiones que emprendo. Pero era absolutamente necesario que yo manifestara mis inquietudes a alguien, y no había nadie más que usted. En fin, me he armado de valor, pero verdaderamente, ya no me atrevo.”</p>
<p><span id="more-3745"></span></p>
<p>Sin pausa, indicó que le aterraba que “en este mundo nadie piense”. Contó que vivía en un paraje francés —Etretat— desde hacía cinco años; que nadie sabía nada de él y que nadie lo conocía. Preguntó: “Usted cree que los otros planetas estén habitados?”. Duda resuelta por Maupassant con un rotundo “Sí. Ciertamente los creo”.</p>
<p>PRIMER  ENCUENTRO  CERCANO<br />
&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;</p>
<p>Al profesor José Alvarez López le ocurrió algo parecido. Trabajaba en su laboratorio cuando llamaron a la puerta. Se escuchó una explosión y el chalet de Ycho Cruz quedó a obscuras. Buscaba su tester y un destornillador en el mismo momento en que alguien llamaba a la puerta, y al ser atendido preguntó si no era molesta su presencia. “No puede ser más inoportuna”, dijo secamente Alvarez López, sorprendido por la inmediata e inesperada del cortocircuito de manera casi mágica.</p>
<p>Igual en nada al marciano de Maupassant, Delfín López, sabio mendocino, y el cordobés Alvarez López fueron desde ese entonces amigos, emparentados por el saber oculto y la incontenible necesidad de investigar. Aquél trajo consigo —tomando de la Biblia, según afirmó una clave numérica que un teólogo marista habría calificado como “conexión cósmica”. De pie, los López se hartaron de escribir fórmulas en un pizarrón, leyendo y releyendo frases sagradas.</p>
<p>Descreído, el dueño de casa simulaba. Poco a poco fue metiéndose en el tema, tanto que los estudios que sobrevinieron le demandaron cinco años. Concluyó que los escritores bíblicos conocían el cero dos mil años antes de que los árabes lo propagaran por el mundo, y que aplicándolo en sus ejercicios, llegaron a conocer todas las Constantes Atómica. Al dar testimonio de aquel encuentro y sus conclusiones, Alvarez López escribió:</p>
<p>“No es necesario ser matemático para verificar todo esto. Basta con saber contar para verificar que los números bíblicos esconden un mensaje para la posteridad contenido en la milenaria tradición “cabalística” sobre la existencia de operaciones secretas”. Afirmó además que las claves “develadas, evidencian la sabiduría encerrada en el juego de los números”.</p>
<p>Con José Alvarez López, nacido el 31 de julio de 1914, hijo de españoles que llegaron desde la Sierra Nevada de Granada, pasó lo que habitualmente pasa: lo conoce y reconoce el universo entero, menos su barrio. Es que quien fuera un esmirriado investigador, autor de libros que hacen a la agenda de físicos y matemáticos, observadores del espacio e imaginadores de civilizaciones ajenas al ser humano, fue considerado en todos los rincones del planeta, pero ignorado avenida de Circunvalación adentro.</p>
<p>Para una porción mayúscula de sus coterráneos de Córdoba fue simplemente el hijo estudioso de los gallegos que fundaran “Cafés, Tés y Especias Alvarez”, una marca de la ciudad.</p>
<p>EL  FIRMAMENTO  DEL  PROFESOR<br />
&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..</p>
<p>Silencioso y casi flotando, arrastrando su llamativa paciencia, el ornitólogo docto saboreaba del café bien cargado ubicado en el ingreso al Mercado Norte, por calle Rivadavia. En su momento de mayor notoriedad, el profesor Alvarez López cerraba la programación nocturna de un canal televisivo, no con sermones sino con misterios no develados, explicando sus búsquedas y las respuestas ausentes.</p>
<p>Su obra resultó tan prolífica que comparte con Leopoldo Lugones el privilegio de ser los autores cordobeses que más obra escrita legaron. Admiraba al poeta de Río Seco, tanto que en su declamar diario soltaba aquellos versos como: “Al terminar la tarde de aquel día; Cuando vine mi emocionado adiós a darte; Fue la honda tristeza de dejarte; Lo que me hizo comprender que te quería”. Estas estrofas cobran sentido ligadas al idílico romance que el científico vivió con Alejandra Correas Vázquez, su esposa, una artista plástica a la que doblaba en edad, responsable de quebrar una soltería de cinco décadas y de quien se separó sólo cuando se le fue la vida.</p>
<p>Antes de morir, sobre la mesa de trabajo que diariamente ocupaba en su hogar serrano, quedó un papel escrito con una frase de Oscar Wilde: “En el amor el último adiós es el que no se dice”.</p>
<p>Su última aparición pública fue a los 93 años, en el caluroso verano de 2007, en el Hotel Sheraton, cuando a fines de febrero ofreció dos conferencias a un grupo de físicos chilenos que viajaron hasta Córdoba para escucharlo con una profunda atención: aquélla que sus vecinos tal vez no supieron prodigarle al investigador de pirámides.</p>
<p>……….ooooooooo…………&#8230;</p>
<p>This post was submitted by Alejandra Correas Vázquez.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Lagrimas bajo la lluvia 1</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Oct 2011 21:20:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cesar Parra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Amor Trágico Despedida]]></category>

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		<description><![CDATA[El: Pero, te amo Ella: te amo, pero&#8230; lo mejor es&#8230; decir adiós&#8230; estas palabras marcaron mi corazón aquella noche en que tendida en la cama mirabas fijamente el techo, inmóvil, inexpresiva, con una seriedad agobiante, tan fría como aquella habitación de motel, tan fría como las ultimas veces que hicimos el &#8220;amor&#8221; al cual [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El: Pero, te amo<br />
Ella: te amo, pero&#8230; lo mejor es&#8230; decir adiós&#8230;</p>
<p>estas palabras marcaron mi corazón aquella noche en que tendida en la cama mirabas fijamente el techo, inmóvil, inexpresiva, con una seriedad agobiante, tan fría como aquella habitación de motel, tan fría como las ultimas veces que hicimos el &#8220;amor&#8221; al cual estoy seguro que tu llamarías sexo, &#8211; ¿como llegamos a esto?&#8230; &#8211; fue lo primero que tildaste a decir, mas entre un susurro interno que una pregunta como tal, &#8211; hay una luna hermosa&#8230; &#8211; fue lo único que pude decir, no tenia respuesta, no tenia ninguna respuesta convincente que decir, no tenia nada que decir, pues yo mismo no lo sabia, -¿porque cambiaste tanto? ¿que paso con el chico del que me enamore ?&#8230;- entre balbuceos, como si tuviera que arrastrar las palabras atiene a decir &#8211; soy yo, sigo siendo el mismo&#8230; &#8211; por primera vez en la noche me miraste y tus ojos se clavaron en mi con tanta fuerza que una lagrima amenazo con salir &#8211; no, ya no eres el, aquel luchaba por sus sueños, aquel era tierno y dulce, aquel me hacia sentir querida, me hacia sentir amada&#8230; tu me haces sentir ignorada, sola, fea y aturdida &#8211; se hizo un silencio, solo que este era diferente de los que había conocido, aquel decía mucho mas de lo que era capaz de expresar, dándome cuenta que las palabras no eran mas que limitantes, ella se sentó en el borde de la cama, permitiendo que su cuerpo quedara semi-expuesto a la luz de la luna, tan hermoso como siempre, tan lejos como siempre.</p>
<p><span id="more-3739"></span></p>
<p>- te amo, me hubiera gustado nunca hacerte dudar sobre ello, pero, te amo &#8211; vi una gota caer de su mejilla que a la luz de la luna parecía la mas hermosas de las perlas &#8211; no,¿como podría creerte?, si amas a alguien, no le tratas así, te amo, pero&#8230; lo mejor es, decir adiós &#8211; aquellas palabras destrozaron por completo, mis pensamientos, mi alma y mi corazón, un dolor indescriptible se empezó a sentir en mi pecho y una especie de desesperación acompañada de impotencia se hizo dueña de mi, &#8211; no te vayas, por favor, aun podríamos cambiar las cosas, solo dame tiempo &#8211; dije con un tono desesperado, atropellando las palabras una contra otras, tu solo me miraste y te empezaste a vestir, después de eso las escenas empezaron a transcurrir con una velocidad abismal, te acercaste a mi y me diste un beso, tan lento y pasional como triste y desolador, luego te fuiste y trancaste la puerta detrás de ti, como señal de que no te siguiera, pero aun así lo hice, y llegue a la vieja calle empapada por la lluvia incesante que caía en frente del motel, te agarre de la mano y te abrace bajo la lluvia, tu solo me alejaste de un golpe y saliste corriendo mientras empezabas a llorar, te grite lo mucho que te amaba y tu solo corrías para no tener que arrepentirte de tu decisión, quizás por eso no vistes las luces, quizás por eso lo ultimo que susurraste fue mi nombre, quizás por eso&#8230; quizás&#8230; hoy fue tu entierro, estoy aquí, sentado en frente de tu tumba, sin ánimos de seguir con vida&#8230; sin ánimos de volver a casa, sin ánimos de seguir con vida, sin ánimos de caminar, sin ánimos de seguir con vida, sin ánimos de olvidar, si ánimos de seguir con vida, sin ánimos de pensar en mi futuro, sin ánimos de seguir con vida&#8230;</p>
<p>-espérame princesa de plata, voy a tu lado&#8230;. -</p>
<p>This post was submitted by Cesar Parra.</p>]]></content:encoded>
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		<title>El camino del Líder desarrollador</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Oct 2011 20:16:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacqueline González R</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace algunos años emprendí una experiencia que sin duda ha cambiado la percepción de mi misma y de mi entorno. Una maestría en liderazgo desarrollador me ha enseñado en este tiempo la importancia de ser un verdadero líder para quienes guías. Esta etapa de mi vida me ha ayudado a distinguir y entender las situaciones [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace algunos años  emprendí una experiencia que sin duda ha cambiado la percepción de mi misma y de mi entorno. Una maestría en liderazgo desarrollador me ha enseñado en este tiempo la importancia de ser un verdadero líder para quienes guías.  Esta etapa de mi vida me ha ayudado a distinguir y entender las situaciones que como colaboradora y líder de un equipo es necesario tener en cuenta: aprendí de qué manera reaccionar ante las situaciones que se presentan en mi área de trabajo, analizar de una manera más profunda cual es la mejor decisión que puedo tomar ante la adversidad y sobre todo cómo orientar y comprender a aquellos que me rodean en el área de trabajo, sea su líder o no. Considero que de 2 años a la fecha mi desempeño laboral ha mejorado, la actitud que tengo ahora es mucho más constructiva y decisiva, cosa que sin duda he ido aprendiendo a lo largo de este caminar y con el reconocimiento de mis áreas de oportunidad.</p>
<p>Reconocer los errores es cosa difícil, pero poner en práctica la mejora a veces resulta más complicado por las costumbres que se vienen arrastrando como patrón de vida. He descubierto que la mejor actitud ante un cambio es reconocer que no estamos en el camino adecuado y corregirlo, por ahí dicen que es de sabios escuchar, reconocer y enmendar los errores, sin embargo, para un líder esta sabiduría debe ser como su guía a seguir ya que si este no inicia el cambio por el mismo entonces nada se habrá aprendido y menos habrá algo por transmitir. Un líder debe reflejar ante sus liderados: seguridad en sí mismo, autoconocimiento, congruencia, espíritu de servicio, capacidad para escuchar a los demás y sobre todo tener la calidez de la empatía, entre muchas otras características no menos importantes; de esta manera y con estas cualidades podrá desarrollar de una forma más fácil a sus aprendices y sobre todo el crecimiento de él mismo será constante en cada situación que enfrente.</p>
<p><span id="more-3734"></span></p>
<p>En lo personal y reflexionando sobre la cómo el ser líder afecta o beneficia en otros ámbitos humanos, creo que el liderazgo no solo se aplica en los aspectos laborales, sino que también se puede aplicar en el ámbito social y familiar. Como líder tienes el conocimiento de técnicas que te ayudan a convertirte en un mejor ser humano pues tienes la sensibilidad para entender a aquel que tiene un problema, tienes la capacidad de poder dar una opinión con mayores fundamentos pues generalmente las respuestas se vuelven analizadas a fondo y sobre todo tienes el aprendizaje para reaccionar de la mejor manera ante las adversidades; con estos aspectos es imposible que desarrollarte como líder tenga un impacto negativo en tu vida. Quizá en este aprender de uno mismo y de los demás nos topemos con conflictos que sintamos no podemos resolver, sin embargo, para todo problema hay una solución, instantánea o tardía pero al final todo se verá resuelto con nuestra capacidad de digerir los contratiempos y con la serenidad para afrontarlos, pero se requiere sin duda de un constante autoconocimiento.</p>
<p>Aquella persona que tenga la posibilidad de aprender más detalladamente sobre el liderazgo desarrollador, considero debe aprovecharla porque sin duda es un crecimiento personal que muy pocas cosas te lo dan. Es impactante de verdad, cuando ya tienes el conocimiento de lo que es ser un líder, ver a aquellos que se autodenominan guías de un país, de un partido o de una ciudad (por nombrar a algunos) y darte cuenta de que en realidad no lo son, que tan solo son personas que buscan su bienestar y no el de aquellos que los siguen.</p>
<p>Como ser humano es importante tener compromisos y el mío es: dar cada día lo mejor, aprender constantemente sobre mi y sobre mi entorno; cambiar lo que sea necesario para crecer, pero sobre todo el compromiso es no ser como aquellos que se llaman lideres y no lo demuestran.</p>
<p>This post was submitted by Jacqueline González R.</p>]]></content:encoded>
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		<title>La melodía de Gabriel</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Oct 2011 20:15:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elisabeth</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[La melodía de Gabriel *(Fragmento) Hacia una noche estupenda, había luna llena y millones de estrellas parpadeantes en el oscuro cielo. Por eso se había previsto hacer una fiesta para esa noche en la gran mansión del señor Charles Wachip, se había mandado invitar a todos sus amigos, compañeros de trabajo, vecinos, conocidos en concreto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La melodía de Gabriel *(Fragmento)</p>
<p>Hacia una noche estupenda, había luna llena y millones de estrellas parpadeantes en el oscuro cielo. Por eso se había previsto hacer una fiesta para esa noche en la gran mansión del señor Charles Wachip, se había mandado invitar a todos sus amigos, compañeros de trabajo, vecinos, conocidos en concreto a todos los que alguna ves se habían cruzado en su vida de 69 años, claro que todos no podían entrar en casa por muy grande que fuera, por eso había una simple pero importante advertencia que había de cumplirse para poder asistir a la fiesta: ir disfrazado, no importaba de quien o de que, pero el disfraz tendría que estar bien trabajado y que fuera creíble.</p>
<p>La esperada fiesta en la mansión había comenzado, la música clásica tocada por los músicos por supuesto también disfrazados empezaba a sonar, algunos invitados empezaban a bailar otros a comer los deliciosos manjares que había servidos en las mesas, a contar chismes de otros, a reír, todos con disfraces magníficos, había animales, personajes famosos de la época, como algún que otro Napoleón Bonaparte o un Julio Cesar, también había personajes sacados de algún circo siniestro, títeres,  ángeles, demonios, personajes sacados de cuentos de hadas o incluso algún monumento a alguna ciudad estos dificultaban el movimiento.</p>
<p>Charles se sentía orgulloso de su propia fiesta, la gente gustosa hacia lo que él quería una vez más, hasta que vio a Gabriel como no, la excepción de la regla, un diablo en persona, ese joven rebelde parecía arruinarle todo lo que hacía al menos eso le parecía a él, pero algún día Dios cambiaría eso pensaba Charles y si no él tendría que encargarse personalmente esperaba no tener que hacerlo,  sabía que había echo mal en invitarle, pero es que si no lo hacia la gente creería en el rumor de que él  sentía envidia hacía Gabriel.</p>
<p>Ese endiablado muchacho así es como suele llamar Charles a Gabriel cuando esta en casa lejos de que le pueda oír, se había atrevido a asistir vestido como siempre solía hacerlo, no era un disfraz   ni si quiera se había molestado, tan solo llevaba un parche pirata que le cubría su ojo derecho, se paseaba tan alegre entre la gente, curioseando. Charles dejó de seguir sus movimientos ya se encargaría de él más tarde, ahora intentaría disfrutar de su fiesta.</p>
<p>*Esto es un pequeño fragmento y adelanto de mi novela “La melodía de Gabriel”</p>
<p>This post was submitted by Elisabeth.</p>]]></content:encoded>
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		<title>SE PASA LA VIDA</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Oct 2011 20:01:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leticia Dáz Gama</dc:creator>
				<category><![CDATA[Microrelatos]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>

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		<description><![CDATA[SE PASA LA VIDA Al pecho de la calle se le ha sellado, justo en el centro, una linea de acero; es algo parecido a los rieles de la vía del tren.Esta vía no es ferroviaria, por ella no avanza a grandes velocidades un tren de carga o pasajeros.Por sus hendiduras se desliza un bastón, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>SE PASA LA VIDA<br />
Al pecho de la calle se le ha sellado, justo en el centro, una linea de acero; es algo parecido a los rieles de la vía del tren.Esta vía no es ferroviaria, por ella no avanza a grandes velocidades un tren de carga o pasajeros.Por sus hendiduras se desliza un bastón, este bastón lleva un ojo en el extremo que se aplica a la vía, la mano que lo dirige debe de empujarlo con fuerza para evitar que este salga de su linea; de ser así, el ojo perderá el control. Solo algunas calles tienen esta linea y para encontrar otra que haya sido sellada y hendida de plata habrá que caminar a ciegas, en medio de titubeos, rodeando y de regreso sobre las mismas.En ocasiones estaremos al borde del abismo o en medio de un torbellino a causa de nuestra condición.</p>
<p>No todo es tan malo, en el ir y venir nos tropezamos con algun incauto como nosotros.Nos sonríe; creemos ver en él, el final de nuestra angustia, con la resulta de unir nuestra ceguera a otra: mal de todos consuelo de tontos.</p>
<p>En medio de toda esta trifulca, tampoco advertimos la brújula de los demás sentidos. Sumidos en el piso, estropeamos la evolución, al grado de terminar el ciclo vital encorvados de tal forma que nuestro aspecto demuestra una desmedida testarudez.</p>
<p>Dejamos de percibir los momentos fujaces de la tarde, el despilfarre de aromas universales, aún las intromisiones de leves o fuertes hedores que han provocado el desbalance en el ánimo de la citada armonía del aromatico cosmos.</p>
<p>Los perfumes de las horas, de cualquier hora, despejan sin darnos cuenta algunas turbulencias en nuestro doblegado andar.<br />
¡Y qué decir del contraste celestial! trinar arriba, estruendo abajo.<br />
Empinados buscamos el punto que absorbe y conduce al oscuro mundo.<br />
LETICIA DÍAZ GAMA</p>
<p>This post was submitted by Leticia Dáz Gama.</p>]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Antología Microrelatos I</title>
		<link>http://relatos.leergratis.com/antologia-microrelatos-i-2.html</link>
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		<pubDate>Sun, 16 Oct 2011 20:01:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elisabeth</dc:creator>
				<category><![CDATA[Microrelatos]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8211;Purgatory Lo siento pero ya no puedo seguirte más estoy aquí perdida, también, entre almas iguales Ya solo podré verte en mis sueños que serán los más hermosos. Lo siento he salido huyendo hacia otro camino, será mejor así, ahora aunque mi cuerpo se encuentre en este laberinto mi mente siempre estará contigo, mi amor. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8211;Purgatory</p>
<p>Lo siento pero ya no puedo seguirte más estoy aquí perdida, también, entre almas iguales<br />
Ya solo podré verte en mis sueños que serán los más hermosos.</p>
<p>Lo siento he salido huyendo hacia otro camino, será mejor así, ahora aunque mi cuerpo se encuentre en este laberinto mi mente siempre estará contigo, mi amor.</p>
<p>&#8211;You Are the One</p>
<p>Uno por uno voy venciendo les, uno por uno voy cayendo por un acantilado hacia el mar azul que hay  en tus ojos me sumerjo y me hundo, peor me salva tu dulce boca y los dos nos convertimos en un sol invisible, que brilla sin parar en cada lado del universo.</p>
<p>&#8211;Cyber Love</p>
<p>Es algo automático, pero lo que siento no lo es, los seres que me rodean parece no haberse dado cuenta, siento una emoción que no había tenido nunca aparte de mis sonrisas, con está nueva emoción mis cables y electrones parecen revolucionarse, los humanos han intentado des programarme y programarme una y otra vez sin conseguir nada e investigando por mi mismo y ellos lo llaman amor.</p>
<p>&#8211;The Girl In The Street</p>
<p>Te vi por casualidad en una de mis noches en vela me pregunte que hacías tan tarde en la calle fría y oscura, me alumbraron tus ojos verdes y pronto estuvisteis en mi corazón, parecías estar disponible soló las noches y por el día te desentendías de todo, no tarde en darme cuenta de lo que ocurría, podre ayudarte, aunque, no tenga riquezas, ni siquiera puedo comprarte unas flores y el hambre es una constante en mis días pero tú me llenas y no podría soportar compartirte con otro chico.</p>
<p>This post was submitted by Elisabeth.</p>]]></content:encoded>
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		<title>La última hora del día</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Oct 2011 20:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Gil-Fortoul</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>

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		<description><![CDATA[Lola siempre anduvo de aquí para allá, rebotando en los bordes de las aceras y saltando sobre los autos. Lola se mareaba por las vueltas que daba, y a veces se quedaba fija en un punto de la geografía del parque. La sorprendí una mañana en las mismas andanzas, los niños de una escuela infestaron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lola siempre anduvo de aquí para allá, rebotando en los bordes de las aceras y saltando sobre los autos. Lola se mareaba por las vueltas que daba, y a veces se quedaba fija en un punto de la geografía del parque. La sorprendí una mañana en las mismas andanzas, los niños de una escuela infestaron como langostas el espacio abierto de la plaza y danzaban en torno a ella, a su figura retorciéndose de maneras toscas, y algunas veces soberbias. Uno de ellos se rió luego al caer sobre su sombra, enroscado de la risa y atropellado por mil suelas mugrosas; rió tanto que se orinó encima y Lola dio un ligero salto para evitar mojar sus pies desnudos.<br />
Más tarde, por la calle ya no corrían sombras, estaba el sol sentado en la mitad del cielo y los niños sudaban ríos que se vertían todos en un agujero, en la fosa cavada por Lola en su atornillado baile -más que un trompo, un taladro-, la insensata mujer también está riendo como loca pero sus carcajadas se escuchan densas, como si reventaran la tensión del viento y luego, tragadas por un remolino central se volvieran de agua. Los peces en ese mar aleteaban en oposición a la corriente –aleteaban como aves en un torbellino- y la risa ya tenía color y luego aroma. Un instante después -fueron indistintamente siglos o meros segundos- Lola paría a un niño. No se trataba seguramente de otra carcajada, porque aquél sonido escuchado luego era tan irritante, que la masa de escolares se marchó enfurecida, algunos lloraron en los regazos de sus madres que llevaban bajo el brazo la hogaza de pan, o una modesta cartera repleta, o un lápiz de labios envuelto en una empanada de cuero de vaca, o una rosa del hombre que no era su marido, o de su marido, o no una rosa sino su marido, bajo el brazo -¡bajo el brazo!- o no era una madre, sino un padre, o ninguno. Y Lola y su niño lloraban juntos en mitad de la plaza.</p>
<p><span id="more-3710"></span><br />
La risa se convirtió en un tierno hombrecito, que ya decía sus primeras palabras. Extrañada, Lola mecía su cuerpo como un péndulo y el niño le hablaba: “Ja ja ja ja ja” –y luego “¡mamá, mamá, mamá, mamá!&#8230;” –¡¿Qué quieres por Dios?¡<br />
Lola es madre, pero de aquello no se entera. Los niños van y vienen unas cien veces, también por las tardes a danzar en torno a ella, a su figura tosca y al niño; fuera del círculo las madres, los padres, o nadie. Todavía Lola cuenta las huellas que ha dejado en la tierra húmeda, y el agujero de donde brotó esa ramita, el niño es verde como la hierba y por las noches, blanco, porque la luna refleja en él toda su envidia.<br />
Elegí el nombre “Lola” porque no conocía el real, y Lola era la fuerza que dibujó en el viento cuando daba vueltas, Lola era el color de la risa, Lola era el niño, y yo fingía creer que el niño decía “Lola, Lola, Lola”. “Lola” me gusta, y le gusta a ella. Muchas veces me he plantado enfrente, y le he gritado “¡Lolaaaaa!”, y me sonríe. Los niños le gritan “¡aaaaaaaaaaaaaaah!” y también sonríe… pero a mí me gusta “Lola”. Y a ella le gusta. Y su niño le dice al oído el nombre real. Me hubiera gustado preguntárselo algún día, cuando dejaran de correr en torno a ella y su grotesca figura, mil bastardillos. Le he dicho grotesca, tosca, y se me ocurre vulgar ahora, y sin embargo es tierna mi Lola –he renunciado a las comillas, es Lola y punto- y es suave, y es dulce. Dulce la leche que mana de su pecho; una vez yo la probé, porque resulta que el muchacho descarado le había dado un mordisco brutal al pezón y la blancura nos llevó por delante a los niños, a su niño, y a mí. En vez de nadar abrí la boca y me atraganté de leche, como el hermano chino que tragó toda el agua del mar, sólo que yo la guardé en mi estómago. Luego salió como vapor blanquinoso por mis poros. Y así fue que probé la dulzura de Lola, y no me emborraché, ni me empalagué, ni me harté. Incluso tenía más sed, y me acerqué osado al pecho desnudo –el otro lo tenía siempre cubierto por alguna razón-, pero estaba seco. Dejé unas monedas, o un pedazo de pan –ya no recuerdo bien- pero el maldito niño se lo comió todo.<br />
Después de tener a su niño, a veces Lola volvía a bailar; se calzaba sus zapatillas de ballet y le hacía cosquillas al suelo, el lodo también, del parque, porque sobre todo en diciembre los aguaceros eran constantes… Y qué gracia la de mi Lola, vapuleando sus piernas y sorteando las gotas, que juro haberla visto saltar como un grillo durante diez horas sin mojarse y yo con el agua hasta el cuello. De vez en cuando volteaba a mirarme y destrozaba el piso a lo largo del trayecto de su mirada, como Moisés abriendo las aguas del mar ella removía las entrañas de la tierra hasta donde estaban mis pies, con un par de rezos me salvé de caer en la lava la primera vez, las otras no temía tanto al fuego, ni al dolor; tardes como esas fueron miles en mis años pequeños, y no atinaba en darle todavía sentido a mi pérdida de tiempo frente a la plaza, o al pie del río, o sentado a la ventana durante la lluvia o los apagones. Era un tiempo en que vivía, simplemente.</p>
<p>La cuidad oscureció una vez hasta tragarse el brillo de millones de ojos que revoloteaban por las calles; recuerdo la gracia que me hacía escuchar hablar de las manos traviesas que habían empezado a apoderarse de cuerpos a diestra y siniestra, y yo mismo fui atacado por un par de ellas, me arrancaron la ropa y revelaron mi intimidad a un mundo ciego; lástima, no pude ni siquiera allí liberarme. El dolor más grande era la pérdida de Lola, porque no hablaba, no oía, no tocaba con las manos. Había muerto una vez más hasta el amanecer, y yo no soportaba el duelo constante. Sólo su mirada daba señas de vida, y las tinieblas le habían negado un sentido; tampoco los niños volvieron a correr cerca de ella, a su alrededor, no reían tampoco; me deprimía tanto que corría desnudo hasta chocar con otro ser humano, no sólo manos que aprovechan el poder oculto de la noche. Volteaba y me daba cuenta de que mi cansancio era en vano, no avanzaba ni un metro. Mi casa estaría fuera de mi alcance por el resto de la noche y yo, moribundo del frío, solo podía maldecir a una persona, a Lola. Esa maniática danzarina había provocado mi desvelo, mi desnudez y mi congelación, pagaría por mis huesos rotos y la ropa que tendría que comprar. Resulta que el apagón fue mucho más largo que una noche, era tan frecuente que incluso la gente empezó a olvidar a la luz nocturna, y se dedicó a beber el sol. Lola lo hacía siempre.<br />
A sus acostumbradas muertes se suma en mi historia la más insoportable, la que no trae consigo promesas de una nueva mañana. Una tarde como pocas Lola estaba sola, completamente, miserablemente, irremediablemente sola. Vaticiné que no volvería a estar con nadie porque si es cierto que sus pupilas fueron siempre opacas al menos algo de la luz citadina se imprimía en ellas y yo podía leer un mapa y ubicarme, pero en su soledad descubrí que Lola simplemente no estaba allí, detrás de la mirada. Entonces supe que ella estaba sola en un mundo lejano, sin el niño que se atraganta de su pecho y sin mi devoción por su indescifrable pensamiento.<br />
El duelo fue misericordioso al principio, su cadáver estaba tan lleno de gusanos y tierra mojada que en seguida me consoló y abrazó a mi corazón repentinamente huérfano: estaba lejos de las manos de todos, y el diablillo voraz no volvería a apoderarse de su cuerpo. Pero el abrazo se convirtió en bofetada fría segundos después, porque vi sus ojos petrificados volverse blancos y responder a la inquietud de la gente. La dama saludaba al público y se marchaba sonriente, con una bolsa de pan bajo el brazo. El cuerpo putrefacto que paralizó si corazón era un artificio de mi mente adolorida, Lola murió dejando un cuerpo caliente que se confunde con la muchedumbre y no una estatúa eterna que me mirará caminar hasta crecer y envejecer y entregar mi alma abrazado a sus pies, porque no había sido una bailarina callejera capaz de tocar las nubes y enterrarse hasta el calor del manto, una madre de parque, el asta de un juego de mayo, un animal indómito que me había permitido morder su seno. Me acerqué al santuario de tantos años y renuncié a la esperanza de abonar junto a ella los campos con mi sangre, descubrí a un solo humano entre los dos, y a ningún armiño escapando finalmente a los bosques, enseñándome los dientes en señal de conquista. Me desarmé por un par de piedras brillantes, y poco después se movían sus párpados humedeciendo una gelatina blanca: ojos humanos que me miraban como se mira a un don nadie.<br />
Terminé despedazado en la misma calle, con mis manos llenas de pétalos que eran los restos mortales de la antigua tierra de mi destino romántico. Caminaba minutos más tarde hacia el final de la ciudad evitando las luces, arrastrando las piezas de mi corazón y un ápice de estupidez primordial  para intentar recomponer a la fuerza el delirio que me mantenía vivo. Cuando se acabaron la gente y el asfalto me senté para dedicarme a resucitarla. El esfuerzo fue inútil, mientras me imaginaba sus ropas envueltas en mi aliento, llena de hojas verdes y con los pies embarrados de brea, Lola orbitaba el planeta y se comía la luz de la Luna. Así había sido siempre, pero necesitaba saber que la muerte existe en más de una forma para entenderlo. Yo esperaba su rostro cada vez más fresco y verde para poder estar en paz con el mundo, quería ver a sus hijos nacer uno tras otro y caer desde su vientre sobre el  muladar del parque, envueltos en un moco sanguinolento, pero ella no tenía por qué tocar el suelo. Ahora, finalmente, podía ver cómo se reproducían las estrellas en un par de ojos indescriptibles, y cada niño de este y todos los planetas brillaba en ellas. Ya era una madre etérea, que me había abandonado mezquinamente junto con mi nostalgia y un montón de gente sumergida hasta el cuello en la mierda gris. Ni siquiera un canto podía ser sublime en sus labios, dejaba su voz en mi propia garganta y subía a componer sinfonías que no podía entender yo, que estaba demasiado cerca del centro de la Tierra.</p>
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		<title>EL EXTRAÑO</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2011 21:19:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><a href="http://www.sergeivanovich.blogspot.com" rel="nofollow">Sergei Ivanovich</a></dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>

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		<description><![CDATA[La máquina emitió un silbido a través de la bocina y se detuvo exhalando todo el vapor de la caldera en una espesa nube blanca. La jornada laboral había llegado a su fin. Pitman, cubierto de grasa, surgió de entre los engranajes y bajó por el dentado para entrar junto a sus compañeros a las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La máquina emitió un silbido a través de la bocina y se detuvo exhalando todo el vapor de la caldera en una espesa nube blanca. La jornada laboral había llegado a su fin. Pitman, cubierto de grasa, surgió de entre los engranajes y bajó por el dentado para entrar junto a sus compañeros a las duchas de descontaminación. Algo más tarde, los obreros de la fábrica, flanqueados por los policías de hojalata que vigilaban las calles armados con sus porras eléctricas, partieron hacia la taberna con gran algarabía y allí pidieron una ronda de cerveza Ale  bajo la imperturbable mirada del gran reloj de la  torre.</p>
<p>No habían terminado de tomar la penúltima pinta cuando sonó la segunda sirena, en la que las chimeneas  de las fábricas enmudecen y el frio polar permanente de los campos helados se adueñaba de la gran urbe. Era hora de marcharse, pues cuando la capa de contaminación que envolvía la ciudad se atenuaba, los hambrientos osos polares que habitaban en el páramo entraban en la ciudad, devorando cubos de basura y todo aquello que estuviera a su alcance.  Pitman salió del bar y se adentró por las calles del viejo barrio. Era de noche. La niebla había llegado y con su aliento anegaba el corazón de la ciudad.</p>
<p>La sombra de un borracho surgió del callejón. El borracho, apoyado en la esquina de la calle, se le quedó mirando mientras caminaba frente a él.  Pitman lo observó de soslayo con aparente indiferencia, si bien un escalofrío recorrió su cuerpo cuando advirtió en el cristal de sus gafas de aviador un extraño reflejo. Una especie de brillo lunar semejante al que produce la mas extrema de las locuras.</p>
<p><span id="more-3705"></span></p>
<p>Pitman continuó andando. Al llegar a la gran avenida, el resplandor de las luces de neón de los comercios le hizo olvidar sus compromisos familiares. La cadencia en sus pasos disminuyó y se detuvo frente al escaparate de una tienda.  De pronto se sintió libre. Feliz por poder escaparse un instante de la rutina diaria. Pero esa sensación duró poco tiempo.</p>
<p>Ante él, en el escaparate, el reflejo del borracho que había visto en el callejón le miró con expresión de sorpresa. Al ver la imagen, Pitman dio un salto hacia atrás. La imagen del cristal imitó  su gesto. Pitman , sorprendido por la burla de la que era objeto, enfureció y golpeó el cristal del escaparate, hiriéndose la mano. El vagabundo del escaparate también tenía la mano herida.</p>
<p>- Diablos. ¿Desde cuando llevo yo manoplas?</p>
<p>Instintivamente, corrió hacia su casa. Un estrecho edificio de dos plantas, adosado a una fila de innumerables casas idénticas, que estaba construido con pequeños ladrillos rojos y con verjas de metal oxidado forjadas en puertas y ventanas. Al llegar, rebuscó nervioso entre los bolsillos pero no encontró las llaves. Irritado,  llamó a la puerta con grandes voces. Hilda, su esposa, salió a abrirle. Llevaba el camisón rasgado y el carmín corrido. Su pelo se encontraba alborotado y olía a sexo. Pitman quiso tocarla, pero ella se apartó.</p>
<p>-¿Con quién estabas? ¡Responde o te mato!</p>
<p>Pitman zarandeó a la mujer, paralizada por el terror. Mientras lo hacía, una voz masculina que procedía del interior de la casa llegó a sus oidos.</p>
<p>-¿Quién es, cariño?</p>
<p>Una  sensación de angustia se apoderó de él. Apartó a la mujer de un golpe y entró en la casa. Ante él, al pié de la escalera que conducía al dormitorio, se hallaba su propia imagen, aún a medio vestir,  mirándole desafiante.</p>
<p>-	Márchese ahora mismo o tendremos que llamar a la policía</p>
<p>Pitman introdujo la mano en el bolsillo de su raído abrigo encontrándose allí con el mango de una navaja. La asió maquinalmente. Su propia imagen le gritaba amenazadoramente mientras la mujer salía a la calle y a gritos llamaba a la patrulla de policías hojalata que se encontraba de ronda. Se abalanzó sobre el extraño con ira ciega y sin darle tiempo a defenderse le clavó la navaja una y otra vez. El extraño cayó al suelo con una fúnebre sonrisa en los labios. La sangre manaba por todo su cuerpo y la vida, fluyendo junto a la sangre escaleras abajo, se le escapaba como un pájaro que irremisiblemente emprende el vuelo.</p>
<p>-	No es posible- musitó. –Me he matado a mí mismo.</p>
<p>No tuvo tiempo de huir. Mientras caminaba de espaldas hacia la puerta de la casa, dos guardianes de hojalata que habían acudido junto a la muchedumbre le propinaron una potente descarga eléctrica.  Le esposaron entre los gritos de terror de la mujer y le trasladaron al furgón policial en medio de la curiosidad del vecindario</p>
<p>El juicio fue breve. El caso no ofrecía demasiadas dudas. Pese a la alegación de locura del abogado de oficio que asistió su caso, su señoría el juez se mostró implacable.  Pitman sería conducido al páramo, para ser devorado por los osos polares junto con los jubilados excedentes de la seguridad social. A última hora, el reo perdió los nervios:</p>
<p>-¡¡Noooo&#8230;!! ¡Están en un error! ¡Soy el sargento Smith, de la quinta brigada!. ¡Por favor, deténganse! Me llamo Peter Smith. Nací en Oakland. Quiero ver a mi madre. Nooo!.</p>
<p>Las zarpas de un oso hambriento acabaron con su vida para siempre.</p>
<p>El sargento Jones de la quinta brigada encendió las luces de la sala de espera de la comisaría, encontrándose a Smith  contemplando el páramo a través del balcón con expresión ausente.</p>
<p>-	Hola, Smith. ¿Qué haces en este lugar a oscuras?.</p>
<p>-	Nada, Jones. Simplemente me preguntaba por qué la gente no se tomará la vida como un juego. Como un instante en el presente, sin pasado ni futuro, en medio una existencia dominada por las reglas del azar y del cambio en la que uno puede ser víctima o verdugo, personaje tanto de una tragedia como de una comedia, según la conveniencia de un misterioso autor cuyos designios gobiernan nuestras vidas.</p>
<p>-	¡Caramba, Smith! ¿Tú con filosofías?. No pareces el mismo cuando hablas de ese .modo. Vamos. El jefe te anda buscando&#8230;.</p>
<p>Las dos voces se perdieron en el pasillo&#8230;&#8230;</p>
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		<title>Ella</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2011 21:18:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator><a href="http://rinconsombrio.tumblr.com" rel="nofollow">Carlos Cisternas Casabonne</a></dc:creator>
				<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Caminé largo rato siguiendo las luces intermitentes que iluminaban la triste calle, no recuerdo bien lo que me impulsó a cambiar las tardes familiares (O tal vez me es difícil explicarlo) por las caminatas hacía lo desconocido, cual hoja de papel al viento en un mundo cruel que amenaza constantemente con hacerla desaparecer, de sumirla [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Caminé largo rato siguiendo las luces intermitentes que iluminaban la triste calle, no recuerdo bien<br />
lo que me impulsó a cambiar las tardes familiares (O tal vez me es difícil explicarlo) por las<br />
caminatas hacía lo desconocido, cual hoja de papel al viento en un mundo cruel que amenaza<br />
constantemente con hacerla desaparecer, de sumirla sin piedad en la inmensidad de lo desconocido,<br />
de lo lejano, de lo distante.<br />
Progresivamente fui dejando atrás la calidez del núcleo familiar, los planes a futuro y los paseos<br />
dominicales, en la medida en que me veía inserto cada vez más en el mundo sombrío de los<br />
desdichados, dependientes de los vicios y amigos de la soledad.</p>
<p>Bastó que viera mi reflejo en uno de los espejos exteriores del café, que con sus exóticas luces<br />
iluminaba la calle, para que un sentimiento nostálgico recorriera mi cuerpo, me sentía mal,<br />
conservaba aún la pueril figura de quien prematuramente se encontró con la vida adulta. Poco a<br />
poco los vellos de mis brazos que al sol rubios brillaban aún, se iban oscureciendo al igual que mi<br />
vida. Melancolía de que con cada paso perdiera los últimos signos de la niñez que no supe disfrutar<br />
y con cada trago, con cada cigarrillo con cada mirada lujuriosa, desapareciera de mi semblante, la<br />
sonrisa inocente y traviesa desaparecía también las manos sucias y los pantalones gastados.<br />
Al llegar al punto exacto donde dos calles se encuentran acepté instantáneamente su invitación.<br />
Comerciante de pasión, actriz de la noche, falsa ilusión. Caminamos sin mirarnos.<br />
Levantó del suelo su roja cartera y esta vez si se despidió . Cuando las sábanas recibieron las<br />
primeras cenizas un sentimiento de brutal arrepentimiento se apoderó de mi. ¿Cómo fui capaz de<br />
ignorar la melodiosa y tímida voz de Ella y refugiarme en esos irreales e hipócritas gemidos?<br />
Acepté sin vacilar los servicios de una total desconocida, mientras actuaba indiferente a<br />
quien tímidamente me buscaba. Ahora de seguro, Ella ya me olvidó.</p>
<p><span id="more-3702"></span></p>
<p>La mañana cálida y esperanzadora que despertaba a la gente no era más que la prolongación de la<br />
noche mustia para mi. Seguí caminando hasta sentarme en uno de los bancos de la Plaza Central.<br />
Cada escena me entristecía más. La anciana despreocupada lanzando migas de pan a las escasas<br />
pero fieles palomas, como si de eso dependiera el ocaso de su vida, las dos escolares alejadas de las<br />
aulas, que fundían su pasión por sobre las miradas prejuiciosas de los que pasaban a su lado,<br />
castigándolas con la mirada fría de quienes olvidan lo que es el amor. Y aquel niño que jugando con<br />
su padre se acercó risueño y despreocupado hasta mi y con voz aguda y encantadora me solicitó su<br />
extraviada pelota que rodaba hasta mis pies, “Me pasa mi pelota, señor” me dijo. Sus palabras<br />
resultaron ser cándidos puñales que desgarraban mi alma deseosa de volver a vivir esa época<br />
superflua, que de forma fugaz me abandonó para nunca más regresar. Definitivamente añoraba esos<br />
tiempos que hoy me parecen tan lejanos y efímeros.</p>
<p>Era Ella, me resultaba imposible no distinguir su figura y no caer víctima del nerviosismo por muy<br />
lejos que estuviese de mi. Le entregué la pelota al niño con una sonrisa tan falsa como los orgasmos<br />
de la noche anterior y corrí calculando cual sería el punto idóneo para hacer mi sorpresiva aparición<br />
y saludarla. Una vez allí me sentí momentáneamente feliz, pues mis cálculos no habían fallado,<br />
pudiendo tomar miles de direcciones, se encontraba caminando hasta mi, aunque con la mirada<br />
atenta en sus pies, pensando seguramente en un mundo de ideas, sueños y fantasías, en el cual yo ya<br />
no residía, del cual de un momento a otro, a causa de mi torpeza, timidez e inseguridad fui<br />
expulsado, no teniendo otra opción que refugiarme en este otro mundo, el mundo oscuro y funesto<br />
de los desdichados.<br />
Cuando estuvo a pocos centímetros me acerqué para saludarla, el beso en la mejilla que para mi<br />
significó el encuentro de los dos mundos, para ella no fue más que un acto reflejo de cordialidad.<br />
“Hola” respondió con voz baja. Indiferente siguió caminando.<br />
No pareció darse cuenta que aún seguía allí esperando una mirada de despedida mas esta nunca<br />
llegó.</p>
<p>Las paredes inmaculadas despertaron mi visión y poco a poco el aroma estéril fue estimulando mis<br />
sentidos aún confundidos, permanecí largo rato sumido en el curso del suero hasta mi brazo y en la<br />
cruz de la pared de al frente, cuando una serie de pequeños pinchazos me hicieron trasladar la<br />
atención hasta mis manos ocultas aún bajo la blanca sábana, Fue entonces cuando observé mis<br />
muñecas cubiertas de gasa, recién hasta ese momento, traté de buscar una explicación a mi nuevo<br />
destino, sin embargo, el intenso dolor de cabeza no me permitía prolongar más allá de unos<br />
segundos los escondidos recuerdos.<br />
Por un momento no pude dejar de mirar la ventana de la sala, el mando azulado del otro lado me<br />
resultaba extrañamente atrayente.<br />
Por el cielo sólo podía saber que no era de noche, más la noción de temporalidad había<br />
desaparecido de mi mente dañada.</p>
<p>Al cabo de unos minutos de observar el cielo tratando de desviar mis pensamientos del anciano<br />
moribundo de la cama de mi lado derecho y del púber aterrado por los intervalos de ausencia de su<br />
madre, que a menudo, bajaba para ir al baño o comprar algo en la tienda de la calle de al frente.<br />
Entró una enfermera bastante joven que con su baja estatura, su cabello negro y su piel<br />
extremadamente blanca no dejaba de recordarme a Ella, y como gotas frías de lluvia en un invierno<br />
gris, volvieron en masa y repentinos los oscuros recuerdos que me condujeron hasta este lugar.<br />
Alcohol, fotografía, baño, lápiz, agua, papel, sangre, bañera, teléfono pastillas, toallas, ropa,<br />
navajas, Ella, desvanecimiento, luz, gritos, camilla, hospital.<br />
“Son las 3:30” me dijo, cuando yo creía que no eran más de las 10:00 am, “Es hora de una nueva<br />
revisión y de que cambiemos el suero” No le tomaba atención. Con la lluvia de recuerdos volvía<br />
también la evocación de Ella, de Ella y su desprecio, de Ella y su frío saludo casi inexistente a mi<br />
frágil y consternada mente.</p>
<p>Seguía refugiado en el cielo, su armoniosa calma me hacía sentir momentáneamente menos<br />
aproblemado, me engañaba con su ausencia de nubes grises.<br />
Me hubiese gustado que así realmente fuese mi mundo, mi cielo, sin esas odiosas nubes que se<br />
empeñan por intervenir mi calma.<br />
La enfermera anotó algo en una hoja que dejó a los pies de la cama, seguramente para que el doctor<br />
la leyese, dejó también la mesa con tubos y extraños artefactos médicos y salió de la sala.<br />
Yo seguía absorto en el cuelo y su cálida belleza, en el movimiento lento de la tierra, que podía ver<br />
si me concentraba lo suficiente y en esas tiras de algodón puro que en lo alto estaba lejos de ser tan<br />
grises como aquellas que cubren el cielo de mi propio mundo.<br />
El nerviosismo del niño que aferrado a una revista de historietas que probablemente, no leía por<br />
pensar en su madre, se hizo notar con el chirrido estruendoso que causó el movimiento del aparato<br />
que sostenía la bolsa transparente del suero, que con sus diminutas ruedas comenzó a moverse<br />
hasta la ventana.</p>
<p>El viento sin piedad rozaba mi faz como cuchillas afiladas. La decisión estaba tomada, pero el<br />
arrepentimiento de ver a Ella en las afueras del hospital ingresando con un presente en sus manos y<br />
ese rostro demacrado de angustia y culpa, no desapareció hasta los últimos segundos. Cuando me<br />
encontraba a tan solo unos centímetros del suelo.</p>
<p>This post was submitted by <a href="http://rinconsombrio.tumblr.com" rel="nofollow">Carlos Cisternas Casabonne</a>.</p>]]></content:encoded>
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