CAPÍTULO UNO
Viernes 12 de noviembre en un lugar céntrico de Barcelona
Son las siete menos cinco de la mañana. Una luz tenue entra por la ventana y atraviesa un vaso de agua situado en la mesita, la habitación, pequeña y extremadamente ordenada, se encuentra en silencio, es blanca y con poco mobiliario, una cama junto a la mesita, un armario y un escritorio. Un segundo antes de las siete, una mano sale de entre las sábanas y apaga el despertador sin dejar que este suene.
-Te he vuelto a ganar- murmura una voz ronca.
El día ha comenzado para Carlos.
El chico se levanta y, como siempre, apoya el pie derecho en el suelo antes de que el izquierdo lo pise, a continuación, sentado en la cama, hace crujir todos sus dedos sin excepción como cada mañana. Carlos se pone sus zapatillas y avanza medio dormido hasta el cuarto de baño, exactamente en diecisiete pasos, toma una meticulosa ducha rápida y se examina en el espejo.
El joven analiza su figura, es un chico alto y en buena forma.
Tiene el pelo de color castaño cobrizo y muchas veces, cuando le da el sol, muestra un toque dorado, pero eso a él no le gusta. El verde intenso de sus ojos contrasta con su piel morena, se detiene, observa sus largas pestañas, lo que a mucha gente le parece un rasgo muy bonito a él le parecía que hacía su rostro un tanto femenino.
Después analiza su nariz, es recta y no demasiado grande, una nariz que no llama la atención, le gusta mucho.
Continúa bajando la mirada y se topa con su boca, no le agrada para nada, una boca con los labios semigruesos que le parece cuanto menos fuera de lugar en su seria cara.
Abre la boca y examina sus dientes, colocados en perfecto orden tras tres años de ortodoncia en el instituto, es hora de cepillarlos, coge su cepillo, lo humedece y lo golpea contra el lavabo dos veces, a continuación, lo introduce en su boca.
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This post was submitted by María D .