Tengo que reconocerlo: hace varios años me nombraron campeón de España de hacerme perdigones en el coche y aún lo mantenía en secreto por vergüenza.
Sucedió en Madrid, cerca del Prado. Hacia un sol de Justicia. Recuerdo que era verano y había muy poco tráfico.
Detuve mi vehículo en un semáforo. El cristal de mi ventanilla se encontraba abierto. Me comencé a hurgar descaradamente la nariz, ya que pensaba que, al no ser yo de Madrid, nadie me reconocería y pasaría desapercibido, pero no fue así, sino todo lo contrario.
Yo presentía que algo pasaba. El semáforo no cambiaba a verde. Mi dedo seguía sacando bolitas de diferente tamaño y consistencia, todas las cuales arrojaba por la ventanilla, una vez redondeadas adecuadamente. Puse un CD del Fari, mientras moldeaba con la otra mano un enorme moco que debía de llevar en mi interior desde que acabé el parvulario.
En un momento que giré la cabeza, al escuchar el sonido de mi teléfono móvil, un aluvión de gente con megáfonos, cámaras de fotos y de televisión se abalanzó sobre mí.
Varias personas me arrastraron fuera de mi vehículo. Yo rezaba todo cuanto sabía, pensando que aquella turba enloquecida pondría fin a mi triste existencia. Pero cuando comenzó a tocar una banda de música, comprendí que aquello no podría ser ni un atraco ni una violación masiva.
Una señorita me metió, literalmente, un enorme micrófono en la boca preguntándome:
-¿Cuál es su nombre, caballero?
-Justo Noguera, para servir a Dios y a usted- respondí diligente.
-¿De dónde es usted?- Preguntó nuevamente la reportera.
-Soy de Arhena, provincia de Murcia.
-¿Tiene usted idea de por qué le hemos sacado de ese modo de su vehículo?- Preguntó.
-Ni la más remota- confesé desconcertado.
-Pues acaba usted de ganar el premio Perdigonero del año, que concede anualmente la revista El Jueves guasón a las personas que, en tal día como hoy, dedican más tiempo a este deporte seudo-olímpico. Usted ha estado dos minutos y cuarenta segundos hurgándose sin parar, y ha lanzado diecisiete pelotillas, una de las cuales se estima que podría tener un centímetro de circunferencia. Por todo ello, usted recibe un cheque por valor de mil euros.
Yo no podía dar crédito a todo lo que me estaba aconteciendo, de hecho miraba a la multitud pero ni veía sus caras. Tan sólo escuchaba un murmullo, el ruido de las bocinas, una sirena, el coro de la parroquía de Santa Gertrudis, un lotero vendiendo lotería, una señora gritando “¡al ladrón,al ladrón!”… Me sentía aturdido ante la expectación que había suscitado.
Me hicieron cientos de fotos, salí retratado hasta en el Interviú, junto a un desnudo de Marujita Díaz con motivo de su setenta cumpleaños. Me entrevistaron en varios canales de televisión, incluso en uno de Alemania.
Pese a todo, en Archena, nadie se llegó a enterar. Fundí los mil euros al día siguiente, ya que el cheque no pude cobrarlo antes. Me metí a un puticlub que en la puerta ponía Callao, así que, sin rechistar, me hice un blanco y negro. El blanco lo puso una chica rusa y el negro lo puso una chica de Senegal. Luego en un casino me dejé otro montón de pasta jugando al póquer descubierto y finalmente me pegué un homenaje a marisco en un restaurante gallego que regentaba un tío muy simpático de Almería. Nunca, en mi vida, había comido tantas cigalas escuchando a Manolo Escobar. Él perdió el carro y yo los mil euros.
Hoy he querido, por fin, reconocerlo públicamente, no porque sienta que el delito haya prescrito, sino porque no quería ser menos que el ecuatoriano Pedro Soria, al que han nombrado hoy campeón de España de dormir la siesta.
Siento tener que decirle a este buen hombre que estoy seguro de que ganó porque yo no me presenté al concurso. Si no, otro gallo hubiese cantado.
De todos modos, me he enterado de estrangis que en Torcecuellos del Río, el mes que viene se celebra el Campeonato Nacional de Tocarse los Huevos a Dos Manos. Me estoy entrenando a diario.
This post was submitted by José Fernández Belmonte.