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	<title>Leer Gratis &#187; Fantasía</title>
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	<description>Espacio dedicado a los autores noveles que desean publicar en Internet su obra y así ponerla a disposición de cientos de lectores. Anímate y envíanos tu obra!</description>
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		<title>La última hora del día</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Oct 2011 20:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Gil-Fortoul</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>

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		<description><![CDATA[Lola siempre anduvo de aquí para allá, rebotando en los bordes de las aceras y saltando sobre los autos. Lola se mareaba por las vueltas que daba, y a veces se quedaba fija en un punto de la geografía del parque. La sorprendí una mañana en las mismas andanzas, los niños de una escuela infestaron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lola siempre anduvo de aquí para allá, rebotando en los bordes de las aceras y saltando sobre los autos. Lola se mareaba por las vueltas que daba, y a veces se quedaba fija en un punto de la geografía del parque. La sorprendí una mañana en las mismas andanzas, los niños de una escuela infestaron como langostas el espacio abierto de la plaza y danzaban en torno a ella, a su figura retorciéndose de maneras toscas, y algunas veces soberbias. Uno de ellos se rió luego al caer sobre su sombra, enroscado de la risa y atropellado por mil suelas mugrosas; rió tanto que se orinó encima y Lola dio un ligero salto para evitar mojar sus pies desnudos.<br />
Más tarde, por la calle ya no corrían sombras, estaba el sol sentado en la mitad del cielo y los niños sudaban ríos que se vertían todos en un agujero, en la fosa cavada por Lola en su atornillado baile -más que un trompo, un taladro-, la insensata mujer también está riendo como loca pero sus carcajadas se escuchan densas, como si reventaran la tensión del viento y luego, tragadas por un remolino central se volvieran de agua. Los peces en ese mar aleteaban en oposición a la corriente –aleteaban como aves en un torbellino- y la risa ya tenía color y luego aroma. Un instante después -fueron indistintamente siglos o meros segundos- Lola paría a un niño. No se trataba seguramente de otra carcajada, porque aquél sonido escuchado luego era tan irritante, que la masa de escolares se marchó enfurecida, algunos lloraron en los regazos de sus madres que llevaban bajo el brazo la hogaza de pan, o una modesta cartera repleta, o un lápiz de labios envuelto en una empanada de cuero de vaca, o una rosa del hombre que no era su marido, o de su marido, o no una rosa sino su marido, bajo el brazo -¡bajo el brazo!- o no era una madre, sino un padre, o ninguno. Y Lola y su niño lloraban juntos en mitad de la plaza.</p>
<p><span id="more-3710"></span><br />
La risa se convirtió en un tierno hombrecito, que ya decía sus primeras palabras. Extrañada, Lola mecía su cuerpo como un péndulo y el niño le hablaba: “Ja ja ja ja ja” –y luego “¡mamá, mamá, mamá, mamá!&#8230;” –¡¿Qué quieres por Dios?¡<br />
Lola es madre, pero de aquello no se entera. Los niños van y vienen unas cien veces, también por las tardes a danzar en torno a ella, a su figura tosca y al niño; fuera del círculo las madres, los padres, o nadie. Todavía Lola cuenta las huellas que ha dejado en la tierra húmeda, y el agujero de donde brotó esa ramita, el niño es verde como la hierba y por las noches, blanco, porque la luna refleja en él toda su envidia.<br />
Elegí el nombre “Lola” porque no conocía el real, y Lola era la fuerza que dibujó en el viento cuando daba vueltas, Lola era el color de la risa, Lola era el niño, y yo fingía creer que el niño decía “Lola, Lola, Lola”. “Lola” me gusta, y le gusta a ella. Muchas veces me he plantado enfrente, y le he gritado “¡Lolaaaaa!”, y me sonríe. Los niños le gritan “¡aaaaaaaaaaaaaaah!” y también sonríe… pero a mí me gusta “Lola”. Y a ella le gusta. Y su niño le dice al oído el nombre real. Me hubiera gustado preguntárselo algún día, cuando dejaran de correr en torno a ella y su grotesca figura, mil bastardillos. Le he dicho grotesca, tosca, y se me ocurre vulgar ahora, y sin embargo es tierna mi Lola –he renunciado a las comillas, es Lola y punto- y es suave, y es dulce. Dulce la leche que mana de su pecho; una vez yo la probé, porque resulta que el muchacho descarado le había dado un mordisco brutal al pezón y la blancura nos llevó por delante a los niños, a su niño, y a mí. En vez de nadar abrí la boca y me atraganté de leche, como el hermano chino que tragó toda el agua del mar, sólo que yo la guardé en mi estómago. Luego salió como vapor blanquinoso por mis poros. Y así fue que probé la dulzura de Lola, y no me emborraché, ni me empalagué, ni me harté. Incluso tenía más sed, y me acerqué osado al pecho desnudo –el otro lo tenía siempre cubierto por alguna razón-, pero estaba seco. Dejé unas monedas, o un pedazo de pan –ya no recuerdo bien- pero el maldito niño se lo comió todo.<br />
Después de tener a su niño, a veces Lola volvía a bailar; se calzaba sus zapatillas de ballet y le hacía cosquillas al suelo, el lodo también, del parque, porque sobre todo en diciembre los aguaceros eran constantes… Y qué gracia la de mi Lola, vapuleando sus piernas y sorteando las gotas, que juro haberla visto saltar como un grillo durante diez horas sin mojarse y yo con el agua hasta el cuello. De vez en cuando volteaba a mirarme y destrozaba el piso a lo largo del trayecto de su mirada, como Moisés abriendo las aguas del mar ella removía las entrañas de la tierra hasta donde estaban mis pies, con un par de rezos me salvé de caer en la lava la primera vez, las otras no temía tanto al fuego, ni al dolor; tardes como esas fueron miles en mis años pequeños, y no atinaba en darle todavía sentido a mi pérdida de tiempo frente a la plaza, o al pie del río, o sentado a la ventana durante la lluvia o los apagones. Era un tiempo en que vivía, simplemente.</p>
<p>La cuidad oscureció una vez hasta tragarse el brillo de millones de ojos que revoloteaban por las calles; recuerdo la gracia que me hacía escuchar hablar de las manos traviesas que habían empezado a apoderarse de cuerpos a diestra y siniestra, y yo mismo fui atacado por un par de ellas, me arrancaron la ropa y revelaron mi intimidad a un mundo ciego; lástima, no pude ni siquiera allí liberarme. El dolor más grande era la pérdida de Lola, porque no hablaba, no oía, no tocaba con las manos. Había muerto una vez más hasta el amanecer, y yo no soportaba el duelo constante. Sólo su mirada daba señas de vida, y las tinieblas le habían negado un sentido; tampoco los niños volvieron a correr cerca de ella, a su alrededor, no reían tampoco; me deprimía tanto que corría desnudo hasta chocar con otro ser humano, no sólo manos que aprovechan el poder oculto de la noche. Volteaba y me daba cuenta de que mi cansancio era en vano, no avanzaba ni un metro. Mi casa estaría fuera de mi alcance por el resto de la noche y yo, moribundo del frío, solo podía maldecir a una persona, a Lola. Esa maniática danzarina había provocado mi desvelo, mi desnudez y mi congelación, pagaría por mis huesos rotos y la ropa que tendría que comprar. Resulta que el apagón fue mucho más largo que una noche, era tan frecuente que incluso la gente empezó a olvidar a la luz nocturna, y se dedicó a beber el sol. Lola lo hacía siempre.<br />
A sus acostumbradas muertes se suma en mi historia la más insoportable, la que no trae consigo promesas de una nueva mañana. Una tarde como pocas Lola estaba sola, completamente, miserablemente, irremediablemente sola. Vaticiné que no volvería a estar con nadie porque si es cierto que sus pupilas fueron siempre opacas al menos algo de la luz citadina se imprimía en ellas y yo podía leer un mapa y ubicarme, pero en su soledad descubrí que Lola simplemente no estaba allí, detrás de la mirada. Entonces supe que ella estaba sola en un mundo lejano, sin el niño que se atraganta de su pecho y sin mi devoción por su indescifrable pensamiento.<br />
El duelo fue misericordioso al principio, su cadáver estaba tan lleno de gusanos y tierra mojada que en seguida me consoló y abrazó a mi corazón repentinamente huérfano: estaba lejos de las manos de todos, y el diablillo voraz no volvería a apoderarse de su cuerpo. Pero el abrazo se convirtió en bofetada fría segundos después, porque vi sus ojos petrificados volverse blancos y responder a la inquietud de la gente. La dama saludaba al público y se marchaba sonriente, con una bolsa de pan bajo el brazo. El cuerpo putrefacto que paralizó si corazón era un artificio de mi mente adolorida, Lola murió dejando un cuerpo caliente que se confunde con la muchedumbre y no una estatúa eterna que me mirará caminar hasta crecer y envejecer y entregar mi alma abrazado a sus pies, porque no había sido una bailarina callejera capaz de tocar las nubes y enterrarse hasta el calor del manto, una madre de parque, el asta de un juego de mayo, un animal indómito que me había permitido morder su seno. Me acerqué al santuario de tantos años y renuncié a la esperanza de abonar junto a ella los campos con mi sangre, descubrí a un solo humano entre los dos, y a ningún armiño escapando finalmente a los bosques, enseñándome los dientes en señal de conquista. Me desarmé por un par de piedras brillantes, y poco después se movían sus párpados humedeciendo una gelatina blanca: ojos humanos que me miraban como se mira a un don nadie.<br />
Terminé despedazado en la misma calle, con mis manos llenas de pétalos que eran los restos mortales de la antigua tierra de mi destino romántico. Caminaba minutos más tarde hacia el final de la ciudad evitando las luces, arrastrando las piezas de mi corazón y un ápice de estupidez primordial  para intentar recomponer a la fuerza el delirio que me mantenía vivo. Cuando se acabaron la gente y el asfalto me senté para dedicarme a resucitarla. El esfuerzo fue inútil, mientras me imaginaba sus ropas envueltas en mi aliento, llena de hojas verdes y con los pies embarrados de brea, Lola orbitaba el planeta y se comía la luz de la Luna. Así había sido siempre, pero necesitaba saber que la muerte existe en más de una forma para entenderlo. Yo esperaba su rostro cada vez más fresco y verde para poder estar en paz con el mundo, quería ver a sus hijos nacer uno tras otro y caer desde su vientre sobre el  muladar del parque, envueltos en un moco sanguinolento, pero ella no tenía por qué tocar el suelo. Ahora, finalmente, podía ver cómo se reproducían las estrellas en un par de ojos indescriptibles, y cada niño de este y todos los planetas brillaba en ellas. Ya era una madre etérea, que me había abandonado mezquinamente junto con mi nostalgia y un montón de gente sumergida hasta el cuello en la mierda gris. Ni siquiera un canto podía ser sublime en sus labios, dejaba su voz en mi propia garganta y subía a componer sinfonías que no podía entender yo, que estaba demasiado cerca del centro de la Tierra.</p>
<p>This post was submitted by Daniel Gil-Fortoul.</p>]]></content:encoded>
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		<title>La luz de las rosas</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Sep 2011 21:20:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elisabeth</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde hace un tiempo el joven Juan veía sobre el jardín una luz blanca parecía estar llena de magia se veía deliciosa, dulce, inocente pero Juan sabía que aquella admirable luz podría ser tan linda como peligrosa, por eso siempre intentaba mantenerse al margen de ella aunque le resultaba bastante difícil no prestarle la atención [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde hace un tiempo el joven Juan veía sobre el jardín una luz blanca parecía estar llena de magia se veía deliciosa, dulce, inocente pero Juan sabía que aquella admirable luz podría ser tan linda como peligrosa, por eso siempre intentaba mantenerse al margen de ella aunque le resultaba bastante difícil no prestarle la atención que aquella luz le pedía a gritos, ansiosa de ser tocada por la calidez del ser vivo.</p>
<p>Juan no podía más él también ansiaba tocar y poder estar día y noche con su luz, pensó que si la luz lo quería tanto como él a ella, no podría pasar nada malo, al menos que lo que sintiera ella no fuera amor.</p>
<p>Aun así Juan no aguantó más y se decidió a estar con su luz, pasó por alto todos los contras, así que cogió de su jardín todas  las rosas hermosas que tenía dejándolo desnudo por su nueva amada, que allí estaba esperándole como siempre lo había hecho está vez sabía que no sería en vano.</p>
<p>La luz le dedicó una amplia y bonita sonrisa que invitaba a acercarse, “ven a mí, mi dulce amor, es lo único que he pedido en este tiempo”.</p>
<p>Juan no dudó se sentía muy seguro, estaba radiante contemplando lo que antes se le había prohibido, le tendió su mano regalando le sus rosas, ella se sintió invadida de felicidad  y estalló en alegría, cogió con sus manos de oro la mano que portaba las rosas, y ambos vieron  como aquellas rosas se llenaron de hongos y se marchitaron, Juan se asustó mucho,  ¿le ocurría a él?, pero ella lo tranquilizó tendría cuidado de controlar sus emociones que le hacían hacer aquellas cosas que no pertenecían a los seres humanos, pero le prometió a Juan que todo eso cambiaría, utilizaría aquella magia producto de sus sentimientos para hacer cosas bonitas,  Juan se sintió satisfecho con sus palabras y no esperó más para fundirse en un placentero beso.</p>
<p>Ahora con Juan a su lado ,luz no volvería a tener sentimientos malos y tristes, todo cambiaría, lo supo desde el primer día.</p>
<p>This post was submitted by Elisabeth.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Azules de Abril</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Aug 2011 22:53:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Perazzo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Azules de Abril &#8230;Vivía lejos. Dónde cuando cae la noche se pueden ver las estrellas bailar al compás de la Luna Nueva. Dónde el croar de las ranas cantan al unísono con el crick-crick de algún grillo solitario, buscando pareja en un campo de grillos. Dónde las aves del día anidan en los ramajes más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Azules de Abril</p>
<p>&#8230;Vivía lejos. Dónde cuando cae la noche se pueden ver las estrellas bailar al compás de la Luna Nueva. Dónde el croar de las ranas cantan al unísono con el crick-crick de algún grillo solitario, buscando pareja en un campo de grillos.<br />
Dónde las aves del día anidan en los ramajes más altos. Y dónde el Sol no perdona en los meses de verano.<br />
El viejo Ismael vivía lejos. Apartado del mundanal ruido. Vivía solo, alejado de la lujuria y el egoísmo, del orgullo y de las vanidades.<br />
Conocía el campo como del viento y las estrellas. Pronosticaba lluvias y sequías como que el Sol sale cada mañana después del Lucero.<br />
El tiempo le enseñó el lenguaje de los pájaros aunque él no hablaba con ellos. Se limitaba a observar y solía reírse de las cosas que escuchaba.<br />
El viejo Ismael araba su propia tierra; un pequeño campo de tres hectáreas, dónde convivía con algunos animales y una plantación de hortalizas y frutales.<br />
Pocas veces se lo veía en el pueblo, cuando se acercaba solamente para aprovisionarse de primas necesidades. Poco se le conocía la voz. La gente lo miraba de soslayo cuando aparecía y siempre murmuraban por lo bajo. El viejo Ismael hacía oídos sordos. Entendía que su filosofía iba más allá que un comentario.<br />
Era sabio en sus palabras aunque su voz sonara torva y huraña.<br />
Apenas leía y escribía y se ayudaba con los dedos para contar; suficiente para sus pequeñas transacciones que casi siempre terminaban en algún trueque.<br />
El viejo Ismael vivía en un rancho con piso de tierra compacta, paredes de ladrillos de barro y techo de chapa, alto por cierto, para evitar el sofocón en los días de calor. Tenía un entrepiso de madera a modo de cobertizo, dónde guardaba todo tipo de porquerías, ya que según lo que pensaba, uno nunca sabía cuando iba a necesitar tal o cual cosa. El cobertizo tenía en el techo un tragaluz echo de grueso vidrio por donde la luz del Sol entraba a raudales.</p>
<p><span id="more-3624"></span><br />
El rancho era resistente a las peores tormentas, ausente de cualquier tipo de goteras o filtraciones.<br />
El viejo Ismael levantó su rancho en tiempos que ya poco él recuerda, justo por debajo de un frondoso y añejo roble, buscando la protección y la compañía en la nobleza de aquel árbol.<br />
Una mesa de quebracho ya gastada por los años y dos sillas de la misma madera; una salamandra de fundición que muchos años atrás cambió por un caballo flaco que usaba para el arado. El viejo prefirió el calor en invierno aunque extrañaba al caballo en el surco los días de verano.<br />
Una lámpara a kerosene que ahora colgaba olvidada de un clavo, ya que pasó a desuso cuando el viejo decidió abrirse de la gente y mantenerse con lo que su tierra y sus animales le brindaba.<br />
La cocina, compuesta por un armatoste de hierro fundido alimentada a leña, le permitía junto con unas abolladas cacerolas y algunos utensilios prepararse el alimento diario. Tenía algunos cubiertos y una cuchilla bien afilada que llevaba generalmente a la cintura a modo de facón.<br />
Una vieja guitarra con un par de cuerdas menos, heredada de algún difunto pariente, descansaba a un brazo de su cama. Única compañía cuando muy de vez en cuando la soledad se tornaba insoportable o cuando algún vino patero calentaba el corazón del viejo Ismael.<br />
Dormía en un camastro, aún cómodo para su cintura fatigada, usando de almohada una funda rellena con plumas de pato.<br />
La ¨habitación¨estaba separada del resto de la casa por un cortinado viejo y roído que colgaba del techo en dos grandes trozos.<br />
A primera vista el rancho parecía triste y sombrío. Pero por cierto que para él guardaba la calidez necesaria de un hogar. Y de hecho esa calidez existía.<br />
El viejo Ismael pasaba sus días, meses y años; siguiendo su rutina sin conocer los días de la semana y ensimismado en sus labores y en las cosas que lo hacía sentir bien.<br />
El viejo Ismael vivía solo.</p>
<p>Corrían mediados de Abril, cuando el Sol se torna tibio y los árboles comienzan a llorar sus hojas. El viejo Ismael seguía trabajando su tierra cuando supo que la tormenta era inminente.<br />
Prolijamente y como calculando el tiempo que le quedaba antes del aguacero, comenzó a guardar sus herramientas en un cobertizo lindero a la parte trasera del rancho. Algunos animales ya marchaban en fila al pequeño granero olfateando el pesado ambiente que ahora se respiraba.<br />
El viejo Ismael miró al cielo, aspiró profundamente por la nariz y luego frunció el ceño. Algo preocupaba al viejo.<br />
Eran las cinco de la tarde y el cielo se encapotaba cada vez más. Unos nubarrones del noroeste se acercaban implacables, trayendo consigo una mezcla de rosas y marrones. Un ritmo incoherente de refucilos anunciaba la llegada, iluminando la arboleda de los campos vecinos.<br />
Bandadas de pájaros se chocaban en el cielo, confundidos y alertados, en busca de refugio inmediato.<br />
El viejo Ismael apuró sus asuntos y comenzó a entrar algo más de leña al rancho. Trabó con fuerza la chapa que hacía de puerta en el cobertizo como así también la del pequeño granero cuando comenzaron a caer las primeras gotas. Gordas y pesadas hacían levantar el polvo al chocar en la tierra. Volvió a mirar el cielo y observó el movimiento de las nubes y como la tierra formaba remolinos aquí y allá; y el viejo se preocupó aún más.<br />
La oscuridad ya cerraba el día y pronunciaba una noche anticipada ya que a las seis de la tarde el cielo estaba encendido en un rosa furioso.<br />
El viejo Ismael entró a su rancho resignado a esperar el otro día, así que apuró unos leños a la estufa que hacía de cocina y calentó agua para entibiar su cuerpo. Encendió unas velas de su propia producción y las colocó sobre la raída mesa de quebracho.<br />
Como solía hacer en los días de lluvia, el viejo Ismael gustaba de mirar por la ventana y remontarse a otros tiempos. Recordaba hasta dónde su mente le dejaba, que por cierto no era poco.<br />
Recordaba su infancia en el interior, otro interior del que ahora se encontraba. Recordaba la dureza de su padre y sus enseñanzas de vida, de como hacerse hombre en un mundo hostil, de como luchar sin flaquear y de como aprender a respetar y a seguir su propia filosofía de vida. De como llegar a ser un hombre entero como él habría creído que ya lo era. Recordaba la dulzura de su madre, de como lo peinaba y acicalaba para la misa del domingo. De las veces que sus polleras hicieron de cortina de hierro ante las corridas de su padre, &#8211; era aquí dónde el viejo Ismael siempre esbozaba una sonrisa-. Y de como dar y recibir Amor. Pero respecto a éste tema el viejo había sido desdichado ya que un par de amores frustrados en sus mocedades lo habían marcado de por vida y un último intento ya en su adultez hizo que descreyera del Amor. Fue una de las razones por las cuales decidió aislarse y entregar todo de sí  a la tierra; y ésta nunca lo defraudó ya que siempre retribuía con sus frutos el Amor que era entregado por el viejo.<br />
El viejo Ismael sabía, dentro de su sabiduría, lo que era poder brindar Amor, pero poco sabía lo que era recibirlo.<br />
Al viejo Ismael se le había endurecido el corazón y ya no sentía poder dar Amor si no era solamente a su tierra.<br />
Recordaba a su hermana mayor, la que en tiempos inmemoriales le había enseñado las primeras letras, y eran con éstas con las únicas que se había quedado. Recordaba sus sanos consejos y de como ella de vez en cuando también le propinaba un buen tirón de orejas.<br />
A pesar de una vida de trabajo, el viejo guardaba gratos recuerdos que eran los que generalmente hacía reflotar.<br />
Afuera la tormenta tomaba cada vez más fuerza; el viento silbaba incansable por entre las ramas del viejo roble y sus hojas caían como pétalos. La hojarasca formaba remolinos en todas partes y la lluvia no cesaba. Tormenta de relámpagos y truenos hacía inquietar sobremanera a los animales en el establo y el viejo Ismael ya empezaba a preocuparse.<br />
Un rayo cayó en las lindes de su terreno partiendo un frondoso tilo a la mitad, cual cuchillo cortando un pan de manteca.<br />
El viejo Ismael miró de nuevo por la ventana y no había nada que hacer contra la naturaleza. Optó sabiamente por la idea de irse a dormir y dejar que la tormenta pase. Cocinó una comida frugal acompañada de una galleta dura y un poco de vino patero para hacer más placentero el sueño, y con la panza media llena se fue a su camastro. Se recostó y al poco quedó dormido bajo el intenso tintineo de la lluvia golpeando sobre el techo de chapa y el silbido del viento haciendo de canción de cuna.<br />
Serían las tres o cuatro de la madrugada y la lluvia no había siquiera disminuido en intensidad cuando un fuerte golpe lo sobresaltó del que se había transformado en un sueño intranquilo.<br />
Primero fueron un quebrar de ramas y después un fuerte golpe sobre el techo del rancho para después terminar con un sonido seco sobre la tierra empapada. Se incorporó de inmediato y miró por la ventana que daba a la parte trasera del rancho, descubriendo un bulto informe sobre un costado del cobertizo.<br />
Se cubrió con un camperón de cuero y salió en busca de la causa de semejante estruendo.<br />
Al llegar al bulto no pudo salir de su asombro y reaccionó al momento en que se le quebraban las rodillas. Un niño de unos ocho o nueve años, según pudo calcular tiempo después, se encontraba semidesnudo, con las rodillas flexionadas, tendido de espaldas sobre el barro mirando al cielo con los brazos extendidos y en estado de inconsciencia. El viejo Ismael se quitó rápidamente el sacón de cuero, lo cubrió y alzándolo suavemente llevó al pequeño dentro del rancho.<br />
Empapados los dos en lluvia, acercó de inmediato a la criatura a su camastro y la envolvió con las cobijas. Quedó un cierto tiempo tratando de reaccionar mirando a la criatura. No podía pensar. Lo sucedido lo había turbado sobremanera y su cabeza era una vorágine de pensamientos inconclusos dónde ninguno podía salir con claridad.<br />
El viejo Ismael trató de serenarse y atinó a calentar un poco de agua en los leños aún al rojo. Mojó un trapo con agua caliente y lo colocó sobre la frente del pequeño y otro cubriendo sus pies, tratando de dar calor al cuerpecito casi helado. No podía entender y no lo pudo durante un tiempo como era que esa criatura había llegado allí descalza y en cueros. Examinó el cuerpo superficialmente y encontró varias magulladuras sobre todo en las piernas, como así también un pequeño corte en la frente.<br />
El rojo del cielo lentamente se estaba tornando gris y ahora era una llovizna la que seguía mojando el maltrecho campo luego de la violenta tormenta. El Sol asomó en el horizonte, lo supo el viejo, pero los densos nubarrones siquiera dejaron mostrar un rayo.<br />
Mientras tanto el niño no despertaba y el viejo Ismael de veras se estaba inquietando. Fue una de las pocas veces que maldijo no estar cerca del pueblo. Tampoco se permitiría salir y dejar al pequeño solo.<br />
El viejo Ismael se sentía abrumado y no sabía que hacer. Por primera vez estaba perdido dentro de su propio terreno y no encontraba una salida.<br />
Observando el cuerpo inmóvil solo supo que vivía por el lento respirar de la criatura así que pensó en alguna forma de reanimarlo y no tuvo mejor idea que sacar una botella de aguardiente. Empapó el extremo de un pañuelo y escurrió unas gotas sobre la boca del pequeño.<br />
El Sol estaba tocando el cenit y a lo lejos unas jirones de celeste cielo se dejaban relucir, mientras que una brisa fría hacía mover los pastizales inundados. Los primeros pájaros salieron a estudiar el tiempo y consideraron que ya era hora de volar.<br />
El viejo Ismael dio un salto hacia atrás en el momento en que el niño comenzó a toser de repente. El aguardiente había surtido efecto pero el viejo supuso que más de lo imaginado y eso lo asustó.<br />
El pequeño tosió un poco más y se agitó asustado al tiempo que un dolor enorme se reflejó en sus facciones. No mencionó una palabra, lo que sí emitió unos sonidos extraños. El viejo Ismael miraba atónito y no sabía siquiera hacer. Intentó tocarlo y el niño con una palidez mortal y con terror en los ojos se movió rechazándolo y a ese movimiento lo acompañó otro gesto de dolor.<br />
El viejo sin titubear dio unos pasos hacia atrás y el pequeño lo miraba de soslayo. No quiso presionar sobre el momento y tan sólo dejó que el tiempo fluya, dejando que el pequeño extraño se aclimatara o comprendiera por sí mismo el momento por el que estaba pasando. Y así transcurrió toda la tarde, con el viejo haciendo guardia y olvidando por completo su rutina diaria. Pensó un instante en los animales pero supuso que al menos por ese día se iban a poder arreglar solos.<br />
Llegó la noche y en las dos ocasiones que el viejo se acercó para ofrecer un bocado fue repelido pero no tan abruptamente como al principio. Esto dio la pauta que de un momento a otro iba a poder establecer comunicación con el extraño personaje.<br />
Afuera la noche lloraba estrellas; el croar de las ranas se había multiplicado a causa de las fuertes lluvias lo que llamaba la atención al niño los momentos en que habría los ojos.<br />
El viejo Ismael observaba impaciente y esperaba alguna respuesta a sus acercamientos, pero lo que más lo preocupaba era el estado de salud del niño.<br />
La Cruz del Sur marcaba la medianoche en el cielo y ante los pocos cambios producidos en la jornada, el viejo decidió armar una cama con fardos al lado de la cocina y echarse a dormir. El pequeño se encontraba dormido y su semblante era relajado lo que hizo al viejo dormir tranquilo a pesar de los miles de interrogantes que surcaban su cabeza.<br />
En un momento determinado de la noche, cuando la escarcha aún no se había mostrado y el Lucero dormía todavía bajo el horizonte, el viejo Ismael se movió intranquilo en su improvisada cama, abrió un ojo y vio que el niño no estaba en su camastro. De un salto se puso en pié y observo que la puerta del rancho estaba abierta. Salió apurado a la pequeña galería y no había indicios del pequeño sino hasta después que escuchó una melodía que venía por detrás del rancho.  Acercándose lentamente caminando sobre la tierra húmeda con sus pies desnudos pudo ver al niño parado a un costado del roble, descalzo y cubierto con una manta. Miraba al cielo y eran<br />
sus labios de donde provenía esa melodía. Sus tonos eran agudos, de notas largas y por momentos cortas. El solo escucharla causaba un sopor en el cuerpo y una relajación en el alma.<br />
Por un momento el viejo Ismael percibió que en todo el derredor el silencio era total, y ni las ranas ni el resto de los animales nocturnos daban a conocer sus mensajes.<br />
Se contuvo, atónito y expectativo. Tratando de comprender esa experiencia única, mientras su confusión llegaba a límites insospechados ante la reacia seguridad que siempre lo mantuvo en pie.<br />
El niño exhaló una última y larga melodía hasta fundirse en silencio total; luego bajó la cabeza hasta dar su mentón con el pecho y allí quedó. Como esperando una respuesta a la que espera  un lobo de otro.<br />
El viejo Ismael algo comprendió, a pesar de que actuó más su instinto que su imaginación, y contuvo un nudo en la garganta que ni él sabía de dónde provenía.<br />
Se acercó lentamente al pequeño y éste al percatarse de la presencia del viejo dio rengueando unos pasos hacia atrás. El viejo extendió suavemente los brazos haciendo señal de que todo estaba bien y sin mencionar palabra lo llamó a su lado.<br />
El pequeño observó detenidamente al viejo Ismael; lo estudió por un lapso que pareció interminable; echó una mirada a la negra oscuridad que había en su derredor y con una última mirada al viejo se encaminó lentamente hacia donde él estaba.<br />
Recién en éste momento el viejo se sintió algo reconfortado; no sólo porque el pequeño demostraba estar medianamente bien, sino porque había podido llegar a él.<br />
Entraron juntos al rancho, la criatura unos pasos detrás de él. El viejo Ismael si dirigió al camastro y acomodó las cobijas mientras el niño lo observaba en pie desde la cocina. Con un movimiento suave, atento a no alterar la susceptibilidad del pequeño, invitó a éste a que se acostase. El niño con desconfianza se acercó rengueando hasta los pies del camastro y allí quedó hasta que el viejo por el lado de la cabecera tuviera que salir de la improvisada habitación.<br />
Al momento la criatura se acostó y en un abrir y cerrar de ojos ya había quedado dormida.<br />
Bien entrada la mañana, el viejo Ismael dispuso a levantarse luego de un sueño profundo, ya que la jornada anterior había sido de lo más inusual y extrañamente cansadora.<br />
Se asomó por el cortinado y el pequeño aún dormía; así que con sigilo salió del rancho y se encaminó al establo. Los animales se encontraban hambrientos e impacientes después de un día de encierro. Los alimentó rápidamente y supuso que un jarro con leche recién ordeñada sería excelente para un buen desayuno. Extrajo algo de harina de un costal y un frasco con miel del panal  de sus abejas.<br />
Encendió un buen fuego dentro de la cocina; hirvió la leche y preparando una masa con la harina frió ésta en grasa cocinando unas excelentes galletas.<br />
Ordenó la mesa lo mejor que sus toscas pero humildes costumbres le permitían y se encaminó a despertar al pequeño cuando para su sorpresa éste ya se encontraba sentado en la cama.<br />
El niño no se sobresaltó al verlo, lo que produjo una contradictoria conmoción en el viejo Ismael.<br />
Se miraron durante un tiempo paradójicamente intemporal. El Sol quedó clavado en el cielo y las sombras dejaron de dar sombra.<br />
La criatura se reflejaba a contraluz dónde por detrás de ella se encontraba una ventana y en la cual el Sol entraba como si fuera ése el único punto en el planeta dónde enviara sus brazos.</p>
<p>El viejo Ismael quedó perplejo ante la hermosura de aquel cuadro; y fue allí dónde pudo contemplar por primera vez el rostro del pequeño. Sus ojos. Le llamaron sobremanera sus ojos, aunque el viejo no era un gran observador de los rostros ajenos, su mirada no se pudo despegar de la del niño. Eran negros, del más profundo de los negros. Grandes y rasgados. Tuvo la sensación de poder ver a través de ellos, porque a pesar de la oscuridad con que estaban pintados emitían una claridad tal como la Luna llena ilumina los campos en las noches de verano.<br />
De facciones hermosas hasta el punto de confundir un niño con una niña. El cabello rizado de color caoba y por momentos rojizo caía sobre sus hombros. Su semblante transmitía una paz inusual aunque no mostraba una expresión particular. Su cuerpo era menudo pero ágil y de buena contextura por cierto, cubierto de una piel rosada casi transparente.<br />
Fue cuando en esa contemplación en la cual las miradas se fundieron, se creó un lazo; una conexión ajena a todo lo que los rodeaba, y al viejo Ismael se le nubló la vista al tiempo que cerraba los ojos. Y sintió su cuerpo flotar y se dejó llevar por esa sensación embriagadora.<br />
El pequeño aún sentado en la cama también cerró los ojos y extendió los brazos. Un flujo de sensaciones y sentimientos comenzó a surcar entre los dos en un incesante ida y vuelta de centelleos imaginarios y no tanto. Y el viejo Ismael comenzó a llorar. A llorar como él no hubiese recordado cual había sido la última vez. Y supo que lloraba, no deteniéndose a pensar porqué, simplemente como las aguas de un río flotó sobre sus propias lágrimas y sintió dentro de su pecho sensaciones incontables, y también como un gran muro se desmoronaba piedra sobre piedra dejando a relucir la nobleza de un Amor sincero ya apagado.<br />
El viejo Ismael se encontró arrodillado, con los brazos colgando a los costados y la cabeza gacha. Una leve sonrisa se dibujaba en sus labios mientras la última lágrima rodaba sobre su piel curtida. Levantó la cabeza lentamente buscando la mirada del pequeño y lo primero que encontró fue una prominente sonrisa la cual dejaba mostrar unos dientecitos blancos como nieve. Y cuando el viejo terminó de levantar la cabeza, la criatura estalló en una estridente carcajada a la que el viejo Ismael quedó petrificado por unos segundos, para después unirse a la risa que ahora inundaba todo el rancho. Rieron incesantemente y el viejo se revolcaba por el piso, y una risa contagiaba a la otra y todo era interminable, mientras que en el aire se respiraba magia.<br />
Los últimos dos días habían sido particularmente extraños por cierto. El viejo Ismael no había aclarado apenas un mínimo y se encontraba tal vez más desorientado que nunca. Pero la experiencia del día anterior hizo girar su vida vertiginosamente. Sentía con intensidad las cosas más simples y esto lo asustaba. Sus últimos treinta o cuarenta años había vivido escondido, ajeno a sensaciones intensas y por lo tanto no acostumbrado a experimentarlas. Aún así se encontraba agradecido con ese pequeño extraño que para él había caído del cielo.<br />
Intentó hablar con él, haciéndole preguntas de todo tipo y el pequeño se limitaba a mirarlo cuando el viejo le dirigía la palabra. Parecía o que no le escuchaba o que no lo entendía, y por momentos se limitaba a emitir algún sonido extraño o la mayor de las veces a sonreír.<br />
El viejo Ismael le ajustó unas vestimentas, las cuales el pequeño tomó de buen grado; y al principio, aunque algo reticente, se fue acostumbrando a la dieta alimentaria que el viejo le daba.<br />
Los días transcurrían y el viejo no podía obtener ningún dato preciso de la criatura. Pensó en llevarlo al pueblo, pero algo le decía que no era lo correcto y que sería un gran error.<br />
La relación entre ambos se tornaba cada día mejor y el niño solía reír con los tropezones o con los toscos movimientos que el viejo tenía. Al viejo Ismael no le molestaban las risas y contrariamente le gustaban ya que alimentaban el alma y lo hacía sentir vivo; así que generalmente cuando esto sucedía exageraba sus torpezas para lograr una risa más intensa, aunque por dentro solía sentirse algo tonto a pesar de su modo huraño.<br />
La noche del quinto día en la que el pequeño apareció, se encontraba el viejo Ismael durmiendo plácidamente en la que ahora era una mejorada cama hecha de una gruesa lona rellena con paja.<br />
Había ya dispuesto las comodidades necesarias suponiendo que el pequeño visitante ya formaba parte de su vida; tomándolo como si fuera un hijo, tal que en él veía no sólo un soplo de vida y fortaleza, sino también sueños de verano que nunca se cumplieron y ya formaban parte de ingratos recuerdos.<br />
Serían las tres o cuatro de la madrugada y un murmullo agudo penetraba por los oídos del viejo, mezclándose en sus sueños. Cuando la voz de arrullo superó la ¨realidad¨de los sueños, el viejo abrió los ojos intensificándose así la melodía que ahora le resultaba estridente y familiar. Miró al camastro donde dormía el niño y por segunda vez en cinco días no lo encontró. Se levantó suponiendo donde el pequeño se encontraba; y así fue que al salir a buscarlo lo encontró nuevamente a un lado del roble, mirando al cielo y entonando aquellas melodías que salían como bocanadas de fuego de su diminuta garganta.<br />
El viejo permaneció inmóvil, con el frío de la tierra trepando por sus pies. El niño se encontraba semidesnudo; como lo hubiese encontrado hace casi una semana atrás. Y supo no ya por su instinto sino por su imaginación que el pequeño estaba perdido, aunque no sabía a quién podía llamar, y aquí la imaginación del viejo terminó y se obnubiló por lo extraño del caso. Otra vez sintió aquel nudo en la garganta al poder interpretar aquellas melodías, y se limitó a dejar que sus sentimientos fluyan, y el viejo se echó a llorar saboreando la angustia que corría por dentro del pequeño.<br />
Luego de unos minutos el niño ahogó una última melodía y agachó la cabeza. Como abatido echó rodillas a tierra y allí quedó. El viejo tuvo un inconsciente impulso de ir en su busca, como si un acto reflejo fuera, pero se contuvo y se mantuvo al margen sabiendo que él no formaba parte de esa historia. Fue en éste impulso cuando la criatura giró su cabeza mirando directamente al viejo, como si siempre hubiese sabido que él estaba allí. Y lo miró; directamente a los ojos, perforando su intimidad, y luego de unos segundos esbozó una pequeña sonrisa como dando paso a los deseos del viejo.<br />
El viejo Ismael fue en su busca; y como el primer día lo volvió a cubrir con la manta mientras el pequeño lo seguía mirando. Y por primer vez el viejo lo abrazó, permitiéndose dar el Amor que tuvo contenido durante tantos años.<br />
Y rumbo al rancho los dos, el viejo lloró en silencio.</p>
<p>Transcurrieron los días, las semanas y tal vez los meses, sin que el viejo Ismael tuviera conciencia del tiempo. Si antes su vida había transcurrido sin conocer los días, ahora se había tornado intemporal.<br />
Sentía un profundo Amor por el extraño compañero; y aunque moría de ganas de conocer su historia y procedencia siempre respetó su silencio, como el pequeño respetaba sus mañas y costumbres, como así también las directivas que de una u otra forma daba a entender para poder seguir conviviendo y sobreviviendo.<br />
Nunca lo hizo trabajar, más el niño solía entretenerse en el establo, y por su cuenta hacía cosas que había aprendido de mirar al viejo. Cosas simples y cotidianas; como alimentar a los animales y ayudar al viejo a recoger algunas hortalizas.<br />
El viejo Ismael solía agradecer las actitudes del pequeño como de vez en cuando también solía levantar la voz cuando las travesuras del niño sobrepasaban la metódica conducta del viejo.<br />
Una de tantas noches, en la que ya los brotes anunciaban la próxima primavera, se encontraban los dos cenando bajo la luz de dos candelabros acomodados estratégicamente, el pequeño terminó su comida, se levantó de la mesa llevando su plato y cubiertos a la bomba de agua que estaba detrás del rancho, volvió a sentarse acercando antes su silla a la del viejo y éste algo sorprendido lo miró. El pequeño correspondió su mirada y luego de un silencio el pequeño emitió de sus labios lo que para el viejo sería su nombre: Amenabarh.<br />
Sonó dulce y claro como el canto de todos los pájaros que el viejo conocía. Y el viejo sonrió cruzando al mismo tiempo un brazo por sobre el hombro del pequeño, y con su voz gruesa repitió: Amenabarh.<br />
Amenabarh: sabe Dios que significará ese nombre, pensó el viejo Ismael, pero sin embargo sonaba dulce e impetuoso al mismo tiempo; y sintió más respeto por su pequeño compañero.<br />
Los lazos se fundieron y el niño mostraba afecto por el viejo; aunque era una relación particularmente extraña. En los tiempos que habían vivido juntos no había otra comunicación más que el entendimiento y al viejo no le faltaban palabras y no sabe como tampoco las necesitaba porque se entendían y comprendían y al viejo le bastó saber que era Amenabarh quien estaba a su lado. Y era suficiente.</p>
<p>Amenabarh crecía. Crecía a una velocidad que al viejo sobremanera le llamaba la atención. Su cuerpo se estiraba y sus músculos se tornaban cada vez más fuertes. Hasta sus facciones habían dejado ese particular rostro de púber para ya entrar en la adolescencia. Su personalidad crecía proporcionalmente a su cuerpo y las cosas de niños habían quedado atrás.<br />
Las actitudes que tomaba frente a distintas situaciones, sus gestos y movimientos marcaban la madurez que Amenabarh mostraba. Pero éstos cambios en su personalidad no solamente demostraban ser un resultado innato de su interior, ya que la otra mitad era aportada por la educación que el viejo Ismael impartía a su compañero.<br />
Amenabarh siempre correspondió el cariño del viejo, aunque éste sabía que no era él el verdadero destinatario de ese Amor de Hijo. Intuía cosas de las cuales trataba en no pensar. La soledad a la que tanto se había acostumbrado era una sombra que ahora apagaba su alma; y ya no la quería.<br />
Fueron muchos años viviendo solo, pero unos pocos con Amenabarh habían sido suficientes para que el viejo tomara la compañía de buen grado y ya no se quisiera desprender de ella.<br />
El viejo Ismael ya era realmente viejo, y si no fuera por Amenabarh no sabía como se las hubiese arreglado para continuar con su pequeño campo.<br />
Amenabarh ya conocía el trabajo  y lo realizaba estupendamente. Su capacidad para el aprendizaje era asombrosa a pesar de que no hay grandes misterios en las labores de un campo, aunque sí algunos secretos.<br />
Al viejo Ismael le preocupaba el día de su partida; el día en que Amenabarh quedara solo y tuviera que arreglárselas en un mundo que él no conocía. Porque el viejo sabía dentro de sí que Amenabarh vivía en un mundo que en verdad no conocía.<br />
Y fue así que una templada noche de Abril se encontraban los dos compartiendo una cena frugal cuando de repente Amenabarh levantó súbitamente la cabeza. Los ojos se abrieron al igual que su boca y un temblor recorrió todo su cuerpo. Miró profunda y rápidamente al viejo y éste le devolvió la mirada atónito e interrogativo.<br />
El viejo Ismael había echado instinto de padre y una vorágine de pensamientos surcó su cabeza para descender luego a su corazón. Y de una u otra forma sabía que sucedería lo que nunca quiso.<br />
El joven Amenabarh salió corriendo a la parte trasera del rancho, mientras que el viejo quedó paralizado en la silla tomándose la cabeza con ambas manos y un sentimiento de tristeza embargó su corazón. No quiso apurar los acontecimientos y contuvo un nudo que ya tenía en la garganta.<br />
Se asomó por la ventana y observó cómo Amenabarh estaba ubicado junto al roble y con la mirada en alto. Y de pronto comenzó a cantar. A entonar esas melodías que hacían mover hasta las fibras más íntimas del ser. Y el viejo Ismael lloró.<br />
Lloró desconsoladamente, negando con la cabeza, y sabía a ciencia cierta que ése era el momento.<br />
Diez años de su vida. Tal vez los últimos y seguramente los mejores; se evaporaban en un abrir y cerrar de ojos. Y aquellas dulces y encantadoras melodías marcaban cual trompetas del amanecer la inminente despedida.<br />
El viejo se encontraba en el suelo, sentado con las piernas recogidas y la cabeza apoyada en la pared de barro. Los ojos inyectados en lágrimas. Hasta que en un momento reaccionó a su egoísmo y enfocó sus sentimientos a la persona que él amaba. Y no tardó en reaccionar, ya que una leve sonrisa comenzó a dibujarse en sus labios. Pensó que había protagonizado un rol principal en una historia que no era suya y sí del joven Amenabarh. Y la historia de Amenabarh ahora continuaba el rumbo que tal vez nunca tuvo que haber dejado. Y el viejo Ismael se sintió reconfortado si era éste el momento en el cual el joven Amenabarh tenía que retomar su camino.<br />
Nunca había entendido la aparición de Amenabarh en aquella noche de tormenta, y como una madre que encuentra una cría perdida, instintivamente se dedicó a criarlo.<br />
Tal vez ésta era la ocasión que Amenabarh estuvo esperando por diez largos años y la que no lo estuvo el viejo por diez cortos años.<br />
Por un momento las melodías cesaron, lo que hizo al viejo ponerse en pie y acercarse a la puerta. Volvió a caer de rodillas ante el impacto de lo que sus ojos estaban viendo. Sintió su corazón querer escapar de su pecho y su cuerpo comenzó a temblar.<br />
Amenabarh se encontraba desnudo; totalmente desnudo. Los cabellos rizados caían con movimientos ondulantes sobre sus hombros movidos por la brisa nocturna.<br />
Su cuerpo estaba sitiado en el centro de un gran cono de luz de un fosforescente verde esmeralda. Una luz incandescente y fría que cuando el viejo Ismael quiso examinar su procedencia apenas pudo mirar ya que la intensidad quemaba sus ojos. Sin embargo Amenabarh tenía su cabeza totalmente inclinada hacia atrás observando extasiado el origen de la luz. Los brazos extendidos y sus piernas abiertas y una sonrisa plena iluminaba su rostro.<br />
El viejo apenas pudo percatar como unas siluetas giraban en torno al origen de la luz que se encontraba solamente un poco más arriba por sobre un costado del viejo roble, pero la conmoción y la fuerte luz no le permitieron mostrar detalle de lo que sobrevolaba por encima de ellos.<br />
Amenabarh flexionó sus rodillas hasta dar con ellas en la tierra; inclinó su cuerpo y el mentón tocó su pecho. Y fue en éste momento cuando el cono de luz se encendió aún más hasta hacerse cegador.<br />
El viejo Ismael quiso correr en busca de Amenabarh pero sus miembros estaban paralizados. De su reseca garganta siquiera lo pudo llamar y no quedaba más que observar y esperar; y el viejo resignó su cuerpo más no su alma.<br />
Pasó un tiempo extremadamente largo, aunque en realidad habían sido unos pocos segundos, y toda una eternidad pasó frente a las narices del viejo Ismael.<br />
De pronto sintió que el cuerpo respondía y súbitamente se puso en pie.<br />
Por un instante pensó que todo había sido un sueño, pero sin embargo todo era real, como la comida que hacía unos minutos habían compartido juntos.</p>
<p>La noche lloraba estrellas y una Luna llena iluminaba todo el campo. Los sonidos de la noche volvieron a cantar sus monótonas pero hermosas melodías y una brisa fresca golpeó sobre el viejo Ismael ayudando a que reaccionara.<br />
- Amenabarh!-. Gritó para sus adentros. Y Amenabarh estaba allí, en cuclillas, aún con el cuerpo inclinado hacia adelante y el mentón todavía tocando su pecho. Había algo distinto en él; algo inusual y que el viejo conocía solamente de cuentos de antaño. Se acercó lentamente en la oscuridad para corroborar si eran sus ojos o su imaginación lo que estaba viendo.<br />
Y llegó a unos pasos de Amenabarh; y cayó de rodillas al tiempo que una mezcla de hermosos sentimientos colmó su corazón.<br />
Sonrió hasta sentir dolor en sus mandíbulas mirando atónito las alas que ahora se apoyaban sobre las espaldas de Amenabarh. Suavemente extendió un brazo y con su mano abierta acarició una de ellas. Un cosquilleo recorrió el cuerpo de ambos y una fusión de sensaciones volvió a surcar los espíritus, como cuando realmente se conocieron.<br />
De un azul profundo, como se torna el cielo en las mañanas de otoño y de una suavidad como el acariciar del agua transparente saltando en un arroyo.<br />
Amenabarh se incorporó lentamente; el viejo Ismael se hizo a un lado aumentando su asombro ante ese impetuoso par de alas.<br />
Hubo silencio y el viejo Ismael supo que era el momento de la partida. Amenabarh giró hasta quedar cara a cara. Amenabarh no correspondió la sonrisa del viejo y aspirando profundamente señalando al cielo dijo: -Familia-. El viejo en su interior agradeció profundamente  haber escuchado su voz por segunda vez tomándolo como regalo de despedida, y ésta vez sonaba más grave y estridente.<br />
El viejo Ismael resignado y en cierta forma feliz contestó con una sonrisa algo más grande de la que ya tenía. Ahora Amenabarh lo señaló a él, marcando con sus dedos justo el corazón del viejo y repitió: -Familia-.<br />
El viejo no se contuvo y lloró en silencio sin dejar de mirarlo; cuando la fuerza del llanto aumentó, el viejo hubo agachado la cabeza para que en éste instante Amenabarh lo tomara de ambas manos y por cuarta y última vez habló diciendo: -Unidos-.<br />
El viejo levantó la cabeza y Amenabarh ahora sonreía. Tanto sonrió que comenzó a reír. Y rió estridentemente contagiando como en aquel entonces al viejo Ismael.<br />
Y ambos rieron llorando de alegría; y fue entonces que Amenabarh extendió sus azules alas de gloria y asiendo fuertemente al viejo comenzó a agitar sus extremidades levantando el polvo y haciendo vibrar las hojas del viejo roble. Y los dos dejaron de hacer pie en tierra. Y siguieron elevándose al tiempo que la fuerza de sus risas aumentaba; y así se confundieron con las estrellas que encapotaban el infinito firmamento.<br />
Y volaron más allá de todo lo imaginable.<br />
Y de ellos en la noche se escuchó reír.<br />
Y se perdieron en la magia de un sueño otoñal.<br />
Y se perdieron una noche de Abril.</p>
<p>Vibrio</p>
<p>This post was submitted by Alejandro Perazzo.</p>]]></content:encoded>
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		<title>La dama de negro</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Jun 2011 20:50:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><a href="http://fantasticoscuentoss.blogspot.com/" rel="nofollow">Stella Maris T</a></dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Todas las noches salía por las calles que estaban alejadas del centro de la ciudad. Ella, la dama de negro buscaba fundirse en la negrura de la noche. Todos le temían, la veían como a un espectro, nadie se acercaba.<br />
Cuando las primeras luces de la aurora se marcaban en el cielo, regresaba , con pasos lentos, hasta entrar a su casa . Allí descansaba esperando una nueva noche.<br />
La dama de negro cargaba con un pasado tormentoso que nadie conocía , pero que ella padecía.<br />
Un fabuloso secreto encallado en sus recuerdos de mujer .Había quemado todas las cartas, fotos , documentos importantes , buscó aniquilar todo de sus pensamientos, pero irremediablemente martillaba cada día más ese tiempo que la lastimó. Hubo un tiempo que escribía su historia para desahogarse, hasta que decidió ver como crepitaban las hojas en la boca feroz y roja del fuego.<br />
Pero una noche , la extraña dama salió de su casa , alejándose del poblado y decidida caminó por el sendero que llevaba al bosque cercano. Cuando llegó , ya la luna jugaba entre las ramas y se fue adormeciendo sobre un colchón de hojarascas, debajo de dos ceibales.<br />
Al amanecer notó que su cuerpo se estaba transformando, le crecieron alas, su cuerpo tomó forma de ave, con un maravilloso plumaje negro y brillante , mientras lanzaba un bello trino que retumbó entre los árboles de aquel bosque.<br />
Ahora se sentía feliz , retornaba a su vida anterior, a su destino de pájaro libre que un día había perdido cuando cayó en una trampa .<br />
Recordó que para huir de su prisión había tomado forma de mujer espantando así a sus captores , quienes huyeron despavoridos.<br />
Nuevamente volaba de rama en rama , entre las hojas de miles de verdes y su canto embellecía más aún al bosque .<br />
A veces se acercaba a las nubes para disfrutar mucho más de su libertad, de esa vida libre que recuperó como a una preciada joya.</p>
<p>.</p>
<p>This post was submitted by <a href="http://fantasticoscuentoss.blogspot.com/" rel="nofollow">Stella Maris T</a>.</p>]]></content:encoded>
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		<title>La estrella desterrada</title>
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		<pubDate>Thu, 12 May 2011 19:54:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Dicen que allá, en el cielo, cada cierto tiempo nace una nueva estrella. Y dicen que el brillo de esas estrellas, su destellante y pura luz, es lo único que evita que el mundo sea pura maldad. Dicen que los humanos, al mirar a las estrellas, son capaces de soñar y ser felices. Al contemplar su aura se sienten en paz con sus vidas y hacen el bien. Dicen que la visión de esas estrellas es capaz de contagiar los corazones y llenarlos de luz, permitiendo que en el mundo haya felicidad.</p>
<p>Desde tiempos remotos, cuenta la leyenda que los hacedores son aquellos que crean y conservan esas luces allá arriba. Y se dice que hace tiempo, observaron que la maldad en el mundo estaba creciendo. Puras ya no eran las personas, el mal poblaba el mundo y habíase perdido la inocencia. Se cuenta que, en un intento por cambiar el rumbo de la historia, decidieron crear la estrella más brillante, pura, bella y radiante que pudiera existir. La sola visión de su luz debía traer la paz a los terrenales corazones.</p>
<p>Cumpliéronse sus deseos, y la estrella más bonita jamás vista habitó su nuevo lugar en el firmamento. El resto de estrellas, celosas de su belleza, no podían soportar que todas las miradas se centraran en la nueva luz, en alguien que no fuera ellas. Una noche de marzo, todas las estrellas del firmamento unieron sus fuerzas y expulsaron a su hermana de allá arriba, exiliándola a la Tierra. Le dieron un cuerpo humano, para que pudiera hacer su vida terrenal. Le dieron una familia, para que tuviera una vida plena y feliz. Borraron sus recuerdos, para que ella misma no supiera de dónde procedía. Solo ellas, sus hermanas, sabían que aunque pareciera una persona, ella era y seguiría siendo para siempre la estrella más bonita del firmamento.</p>
<p>Esa estrella nació y creció entre personas, siendo alguien que emanaba luz a su paso. Dice la historia que esa estrella desterrada poseía una belleza sin igual. Su cara parecía esculpida por los Dioses del Olimpo, el movimiento de su pelo evocaba el ondear de los siete vientos, su voz eran cantos de sirena y sus ojos poseían el brillo más mágico jamás visto. Aún así, pese a ser la persona más mágica y bella del mundo, la estrella desterrada triste se sentía. De alguna manera ella sabía que no estaba hecha para este mundo, sentía que debía haber nacido en otra época, en otro lugar, no sabía cuándo ni donde, pero no aquí.</p>
<p>Se cuenta que, cuando la estrella estaba triste, el cielo se nublaba y las estrellas no podían ser vistas, pues sus hermanas no soportaban sentir la culpa por desterrarla allá abajo. Se dice que, para no tener que observarla y sufrir, se ocultaban tras el manto de nubes que impedía a los humanos verlas llorar. Nuestra estrella desterrada sabía, en el fondo de su ser, que su destino no era caminar sobre la Tierra. De alguna manera su destino estaba allá arriba. Se pasaba horas mirando al cielo, y mientras lo observaba se sentía plena, feliz, se sentía en paz.</p>
<p>Estrella estrellita preciosa, angustiada sintióse con su vida ligada al suelo. Su destino quiso cambiar, y decidió dedicar su vida a surcar los cielos. Así hizo ella por cambiar su destino, y abandonó su trabajo terrenal para empezar una nueva vida volando. Se preparó para volar y fue la mejor entre todos los demás. No hubo nadie mejor que ella en lo suyo, y era porque estaba hecha para ello, ella había sido concebida para estar allá arriba, en los cielos. Cuando estuvo preparada, poco tiempo tardó en salir su oportunidad. Nuestra desterrada estrella pudo, por fin, volar. Y solo cuando estaba allá arriba, entre las nubes, estaba más cerca de su verdadero hogar. Solo cuando surcaba los aires en un avión podía sentir a sus hermanas con más intensidad que nunca. Solo cuando sus pies dejaban el suelo para atravesar el firmamento sentía que estaba donde ella quería. Y así fue como nuestra estrella, aunque nunca pudo volver al sitio de donde provenía, pasó su vida entera acercándose al cielo, intentando sin saberlo, volver a casa.</p>
<p>This post was submitted by Javi.</p>]]></content:encoded>
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		<title>PARAL</title>
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		<pubDate>Wed, 11 May 2011 20:11:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Daniel Buselli</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>

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		<description><![CDATA[PARAL Desamparo en fiebre extrema Alucino, confundido. Castañetean mis manos. Tiritan mis dientes. No deseo el final. Lo presiento. Si así fuera No le avisen a ella. Afligida. Perdería la promesa de encontrarse con mis besos. Más, no aguardaría el ramito de tres flores silvestres de invierno. Abandonaría ansiar mis dedos perdiéndose en su atezado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>PARAL</p>
<p>Desamparo en fiebre extrema<br />
Alucino, confundido.<br />
Castañetean mis manos. Tiritan mis dientes.<br />
No deseo el final. Lo presiento.<br />
Si así fuera<br />
No le avisen a ella.<br />
Afligida.<br />
Perdería la promesa de encontrarse con mis besos.<br />
Más, no aguardaría el ramito de tres flores silvestres de invierno.<br />
Abandonaría ansiar mis dedos perdiéndose en su atezado y enrulado pelo.<br />
Si así fuera.<br />
Cofrades amigos<br />
En el crepúsculo de Lucero, carguen los seis con mi féretro.<br />
Subamos los siete, con reverencia, en silencio.<br />
Como entierro vikingo, prendamos el fuego.<br />
Que sus llamas me cenizen.<br />
Para no sentir frío ni en el más pequeño de mis huesos.</p>
<p>JOB38<br />
CARLOS BUSELLI<br />
JULIO 24 DE 2010</p>
<p>Para Lo Tarso, afectuosamente</p>
<p>This post was submitted by Carlos Daniel Buselli.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Que Raul me pegue al culo con su manaza</title>
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		<pubDate>Tue, 10 May 2011 19:38:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ricardo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
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		<description><![CDATA[Hace muchos años que busco lo mismo, que, un hombre, joven, cachas, de pecho muy velludo, manos grandes, me pegue al culo con la mano. Hace algunos añoslp pedí a los bomberos de la puerta de Toledo de Madrid, cuando fuí a verlos, uno de ellos, decía, encima cachondeo, encima cachondeo. Ahora creo que Raul, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace muchos años que busco lo mismo, que, un hombre, joven, cachas, de pecho muy velludo, manos grandes, me pegue al culo con la mano.<br />
Hace algunos añoslp pedí a los bomberos de la puerta de Toledo de Madrid, cuando fuí a verlos, uno de ellos, decía, encima cachondeo, encima cachondeo.<br />
Ahora creo que Raul, un vigilante de seguridad, está dispuesto a hacerlo, desde que me conoció, siempre me grita: Confiesa que eres gay.<br />
El otro día, me envolvió el brazo con papel higiénico, mientras Diego lo grababa con su móvil, si pensaban, que iba a gritar, se les quito la alegría.<br />
Al día siguiente, otro vigilante, me decía: Era una broma, no ibamos a dejar, que, te quemaras a lo &#8220;Bonzo&#8221;.<br />
Si Raul me pega al culo, tiene que ser con un &#8220;Rituak Mágico&#8221;.<br />
Me coge de la mano, me baja el pantalón y el slp.<br />
Ma acerca a una silla.<br />
Sin soltarme, se sienta, pone su mano derecha sobre mi tipa, y, me coloca sobresus rodillas.<br />
Su brazo izquierdo, me inmoviliza.<br />
Sube su mano derecha, y, de repente, la deja caer con todaS SUS FUERZAS, CON GANAS DE QUE DUELA CADA PALMADA.<br />
mIENTRAS, ME &#8220;CALIENTA, ME DICE: tR VOY APONER EL CULO COMO UN TOMATE.<br />
El resto lo dejo a su fantasía</p>
<p>This post was submitted by ricardo.</p>]]></content:encoded>
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		<title>La leyenda de Aldamar</title>
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		<pubDate>Tue, 10 May 2011 19:36:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><a href="http://laportadoradesuenos.blogspot.com/" rel="nofollow">Mª Dolores López Macías</a></dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[aventuras]]></category>
		<category><![CDATA[hechicero]]></category>

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		<description><![CDATA[La leyenda de Aldamar Una antigua leyenda cuenta, que en un lugar llamado Aldamar vivía un hechicero, que ansiaba el poder sobre todas las cosas. Durante años, buscó la forma de hacerse más poderoso, robándoles sus poderes a magos, brujas y otros hechiceros. Pero nunca le bastó y siguió buscando hasta que un día, fue [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La leyenda de Aldamar</p>
<p>Una antigua leyenda cuenta, que en un lugar llamado Aldamar vivía un hechicero, que ansiaba el poder sobre todas las cosas. Durante años, buscó la forma de hacerse más poderoso, robándoles sus poderes a magos, brujas y otros hechiceros. Pero nunca le bastó y siguió buscando hasta que un día, fue descubierto por el mago más poderoso de Aldamar y éste, con un conjuro, lo confino en un cristal mágico a pasar la eternidad.<br />
El cristal paso de generación en generación durante largos años, hasta que, el ultimo de sus herederos, pese a la advertencia escrita en la tapa de la caja que lo guardaba, en la que decía que “jamás nadie osara mirarlo, pues si lo  hacía, el hechicero quedaría liberado” abrió dicha caja y miro el cristal y de pronto, vio el reflejo del hechicero y asustado lo dejo caer. Cuando ante su asombro, todo comenzó a temblar a su alrededor y tras un fuerte estallido, apareció de entre las brumas el hechicero maldito.<br />
En un acto de cobardía y temor, el heredero dijo.<br />
-No me mates, pues yo he sido quien te ha liberado de tu prisión.<br />
El hechicero miro fijamente al tembloroso heredero y dijo.<br />
-Y dime ¿Cuánto tiempo he estado en ese maldito cristal?<br />
-Cre…creo que mi familia lleva guardándolo desde hace 700 años.<br />
-¡Que!-exclamo el hechicero. –Eso significa que el maldito mago que me encerró ya está muerto.<br />
Entonces miro a su alrededor y observo que el lugar le resultaba familiar y dijo.<br />
-¿Tú tienes poderes?<br />
-No.-contesto muy decidido el heredero.</p>
<p><span id="more-2914"></span><br />
Entonces el hechicero, decidió perdonar la vida al heredero a cambio de que le diera todos los libros de magia que encontrara en la casa y se fue de allí. Pero como su ansia de poder no quedo satisfecha, estudio cada uno de aquellos libros y comenzó a experimentar con magia muy poderosa  y antigua. Pasaron quince años y el heredero vivió sin ser consciente de lo que había desatado, hasta que, un buen día, el hechicero regreso a Aldamar y esta vez, su poder no conocía limites, pues las gentes de aquel lugar, fueron esclavizadas y obligadas a cumplir su voluntad.<br />
El rey, conocedor de la historia del hechicero del cristal, corrió a una sala secreta del castillo, donde yacía un libro muy antiguo, en el que el mago de aquella época dejo escritas instrucciones concretas, sobre lo que podría ocurrir si fuera liberado.<br />
“Si el hechicero lograra hacerse con el poder de la magia antigua y doblegara a una bruja descendiente de los Mieva, conseguiría el poder absoluto y se haría inmortal”<br />
El rey, temiendo que esta profecía se pudiera cumplir, se dirigió a prisa a los aposentos de su joven hija y recito unas palabras, que su esposa le enseño antes de fallecer y que al decirlas, la joven, quedaría sumida en un profundo sueño y protegida por un poderoso conjuro, que ninguna magia, podía romper.<br />
El hechicero, cuando hubo esclavizado a todos y cada y no de los aldeanos, se dirigió al castillo, pues sabía que allí, encontraría a una descendiente de los Mieva. Pero cuando entro en los aposentos de la joven, descubrió al rey tendido en el suelo, pues se acababa de clavar un puñal en el corazón y este con su último aliento dijo.<br />
-Jamás tendrás a mi hija hechicero.<br />
Este, al ver a la joven que yacía tumbada sobre su lecho muy quieta y con los ojos cerrados, temió que estuviera muerta también y cuando se acerco para comprobarlo, una fuerza mágica, lo lanzo a varios metros del lecho donde descansaba la joven y no pudo tocarla. Entonces enfurecido, se dirigió al rey moribundo y dijo.<br />
-Levanta el hechizo o te condenare a vagar en este lugar para toda la eternidad.<br />
Al ver que el rey no cedía ante su amenaza y quedándole pocos latidos de corazón para morir definitivamente, le maldijo y su espíritu quedaría atrapado en el castillo para siempre.<br />
Tras aquel día, el hechicero gobernó en Aldamar sometiendo a todos a su voluntad durante años, pero el día en el que al fin murió, termino su dominio sobre aquellas gentes y fueron libres.<br />
Y largos años después…<br />
Un joven ladrón, cabalgaba veloz para escapar de sus capturadores. A lo lejos diviso un bosque muy frondoso y se dirigió hacia allí para intentar esconderse. Cuando al fin llego, busco un buen lugar en el que ocultarse y por suerte, encontró una antiguas ruinas. Así pues, desmonto de su caballo y lo ato a un árbol por detrás de unos enormes arbustos. A prisa, corrió a las ruinas y se escondió, esperando en silencio y observando atento el lugar. Cuando confiado, decidió salir de su escondite, escucho hablar a dos hombres muy cerca de él y nervioso, volvió a ocultarse. Tras unos minutos en silencio, observo como aquellos hombres abandonaban la búsqueda y se alejaban. Entonces, el muchacho camino unos metros y confirmo que se habían alejado lo suficiente.<br />
Ya más relajado, camino por entre aquellas ruinas, cuando de pronto, tropezó y cayó al suelo. Cuando se puso en pie, miro y vio que se había tropezado con una piedra, pero al observarla atentamente, descubrió, que tenía unas cuantas letras talladas, así pues, se agacho y limpio la superficie de la piedra, que estaba llena de hojas y tierra y pudo leer “Alda”. En un intento por descubrir el resto de lo que ponía, se fijo en que un trozo de aquella piedra yacía enterrada, así pues la desenterró por completo y pudo ver al fin que la palabra completa era “Aldamar”<br />
Por un instante recordó una vieja historia que le conto su padre, sobre una ciudad llamada así, donde gobernó un hechicero que esclavizo a todos sus habitantes, hasta el día de su muerte. Su padre la describió, como una ciudad maldita. El muchacho quedo pensativo un instante y se puso en pie. Como no sentía temor de aquella historia, decidió explorar las ruinas y comprobar si aquel lugar, de verdad estaba maldito. Caminando vio un hueco entre dos columnas derruidas y se entro por el. Miro a su izquierda y se adentro en lo que parecía, un pasillo. Cuando llego al final de este, solo encontró una enorme pared de piedra que no podía traspasar, así pues, se apoyo en ella para comerse una manzana que saco de su macuto y de pronto, sintió como una de las piedras donde apoyaba su espalda, se hundía y la pared comenzó a echársele encima. Se había abierto, como si de una gran puerta de piedra se tratara y el joven, aun algo temeroso, decidió entrar por el hueco que dejo y descubrir que había al otro lado, pero lo que vio a continuación, le dejo totalmente inmóvil. Pues se trataba de un lecho en el que alguien reposaba, cuando se acerco, pudo contemplar que era una muchacha muy hermosa, de cabellos oscuros y tez pálida. Seducido por su belleza, decidió averiguar si respiraba, cuando de pronto, una brisa gélida le recorrió el cuerpo y mirando a su alrededor, vio algo escrito cerca del lecho que decía así.<br />
“Sobre este lecho descansa una autentica descendiente de los Mieva, que permanece bajo un poderoso hechizo. Aquel que ose despertarla, despertara con ella una terrible maldición”<br />
Tras leer aquello, el joven se asusto y decidió marcharse de aquel lugar, pero cuando se volvió, la pared se cerraba y aunque corrió, al fin se vio atrapado. Desesperado, busco otra salida, pero aquel lugar estaba completamente sellado y en un intento por calmarse, regreso al lecho y miro a la joven, cuando de pronto, volvió a estremecerse de nuevo, sintiendo un gélido frio atravesándole y una voz extraña le sorprendió.<br />
-Nada debes temer muchacho.<br />
-¡Quien habla!-exclamo.<br />
-Soy el señor de este castillo o lo que queda de él.<br />
El joven muy asustado, miraba en todas direcciones, pero no lograba ver a nadie.<br />
-Dejaos ver pues, si no he de temer nada.<br />
-Me temo que eso es imposible, pues yo, ya no pertenezco a este mundo.<br />
-¡Que decís!-dijo enfurecido. ¿Acaso os estáis mofando de mí?<br />
-Tranquilizaos y escuchar con atención, pues lo que os voy a contar, despejara cualquier duda y os ayudara a comprender muchacho.<br />
Entonces, el rey, comenzó a contar la historia de lo que en aquel lugar había ocurrido años atrás y el muchacho comprendió al fin y dejo de temer. Cuando el rey finalizo, pregunto al muchacho.<br />
-Y dime joven ¿Cómo te haces llamar?<br />
-Mi nombre es Lorus y vos ¿Cómo os llamáis?<br />
-Elvar muchacho, ese era mi nombre.-dijo con tristeza.<br />
Y mientras Lorus se acercaba al lecho donde yacía la hermosa joven, pregunto.<br />
-Dime Elvar ¿Cuál es su nombre?<br />
-Violeta.<br />
-¿Y seguirá así por siempre?<br />
-Como te he contado Lorus, yo mismo la hechice y conozco las palabras que sacarían a Violeta de su letargo, pero no estoy seguro de que podría ocurrirla al despertar y no tienen efecto alguno, si las pronuncio yo.<br />
-Pues en tal caso, enséñamelas y yo las pronunciare.-dijo Lorus con decisión.<br />
-No sé, temo que tras tantos años en ese estado de letargo, no pueda despertar y muera.<br />
-¿Acaso prefieres verla dormida para toda la eternidad?<br />
Tras unos minutos en silencio, Elvar contesto.<br />
-Está bien Lorus, escucha con atención, pues estas son las palabras que debes pronunciar. “Assalim, asram, lucemtum”<br />
Entonces, el muchacho, pronuncio aquellas palabras mágicas y al instante, una luz cegadora, lo cubrió todo y cuando se disipo, miro a Violeta y la cogió la mano, esperando que esta despertara. Tras unos segundos, un sonido peculiar, interrumpió el silencio. Era un suspiro profundo que provenía del lecho, pues Violeta estaba despertando al fin de su letargo. Poco a poco, los latidos de su corazón eran más fuertes y se escuchaban con mayor claridad y enseguida, comenzó a abrir los ojos y Lorus, la miro, quedándose sumido en ellos. Pensó que eran los ojos más hermosos que había contemplado nunca y no era capaz de apartar la mirada.<br />
Violeta, cuando al fin sus ojos podían ver con claridad, descubrió a un joven apuesto, de cabellos lacios y oscuros, que la miraba fijamente con sus ojos color miel y la cogía la mano con sus suaves y fuertes manos. Los dos jóvenes, quedaron absortos durante unos instantes y un impulso irrefrenable los llevó a querer besarse, pero de pronto, Violeta dijo.<br />
-¿Quién sois?<br />
-Disculpadme, mi nombre es Lorus.-dijo este sonriendo.<br />
-¿Acaso os conozco y no puedo recordaros?<br />
Entonces, Lorus, comenzó a relatar a Violeta lo ocurrido, con intención de tranquilizarla, pues la pobre joven, estaba muy confusa. Y cuando termino de contar los echos que allí acontecieron, Violeta dijo.<br />
-¿Padre?<br />
-Aquí estoy, mi querida hija.<br />
-Lo siento padre, perdonadme os lo ruego.-dijo la muchacha muy apenada.<br />
-Hija mía, no he de perdonarte nada, pues soy yo el culpable de que hayas estado largos años sumida en un profundo sueño. Pero era necesario, para detener al hechicero y no permitirle que te esclavizara a ti también.<br />
-Gracias a tu valor estoy viva. Tú te sacrificaste por todos y ahora aun con pesar, yo soy la única que puede hacer que vallas al submundo, para reunirte con tus seres queridos y tu alma descanse al fin en paz.<br />
Así pues, Violeta pronuncio unas palabras y el espíritu de su padre, Elvar, rey de Aldamar, al fin cruzo el umbral y su alma pudo descansar junto a su esposa. Y la leyenda de Aldamar, se convirtió en un lejano recuerdo que jamás seria olvidado.</p>
<p>Relato escrito por: Mª Dolores López Macías (Portadora de Sueños)<br />
Web: http://laportadoradesuenos.blogspot.com/<br />
E-mail: portadoradesuenos@hotmail.com<br />
©Copyright 2009 Portadora de Sueños.<br />
Todos los derechos reservados</p>
<p>This post was submitted by <a href="http://laportadoradesuenos.blogspot.com/" rel="nofollow">Mª Dolores López Macías</a>.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Noche Sin Luna</title>
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		<pubDate>Sun, 01 May 2011 20:39:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ariel Lenin Columbich</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
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		<description><![CDATA[Caminaba decepcionado por los comentarios absurdos, de gente abstraída en la mediocridad de su existencia irreal. Del creer solo en lo que los doctorados en carreras con títulos influyentes dicen. Esa suerte de privilegio que le da a ciertas personas el don de la verdad. Aunque el mas mediocre de los pensadores sepa que lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Caminaba decepcionado por los comentarios absurdos, de gente abstraída en la mediocridad de su existencia irreal. Del creer solo en lo que los doctorados en carreras con títulos influyentes dicen. Esa suerte de privilegio que le da a ciertas personas el don de la verdad. Aunque el mas mediocre de los pensadores sepa que lo que dicen son meras incongruencias abstractas y sin sentidos reales. Pero si, lo dijo tal persona doctorado en no se que carrera que se dicta solamente en ciertos ámbitos aristocráticos. Si ellos les dijeran que la tierra es cuadrada, lo creerían. Pero si!! La tierra es cuadrada!!, lo dijo el licenciado en todo, doctorado con honorificaciones en la pelotudez y la idiotez. Dictada en la academia selecta de la ignorancia y abalada por la universidad de los obsecuentes y crédulos de la mentira.<br />
Miraba la luna, la cual la noche anterior no estaba, pero bueno, según los no videntes de la realidad era una ilusión y una fantasía de una mente desquiciada. Esa misma noche los habituales ovnis de las 6: 30 PM debían pasar, pensé en trasnochar y fotografiarlos para mostrárselos a esos eunucos seudos estudiantes de astronomía. Que con  su tanta expectativa de encontrar vida en otros planetas, solo tenían que ver un poco mas allá de su mente de libros arcaicos y tecnología sofisticada. Solamente ver el firmamento y ver un poco más allá de las estrellas. Sin ayuda de sofisticados telescopios que viesen a través de las distancias años luz de los infinitos universos. Pero, para qué, me dije. De todos modos, me dirían “esa foto es trucada, cualquiera con un programa de edición de fotos la haría aparentar verídica”. Seguí caminando viendo las auras descoloridas de los transeúntes, de vez en cuando alguna relucía y parecía que encontraría a alguien con quien hablar. Pero no, todas titilaban y parecían difuminarse y atenuarse lentamente, condenándose a la nada. Sin fe, sin creencias.  Miradas que antes me eran indiferentes, pero que ahora me dejaban un dejo de pena. Condenadas a la extinción, al no ser, al ser solo un dejo de instantaneidad en este mundo. El cual les era circunscripto en sus mediocres realidades materialistas.</p>
<p><span id="more-2848"></span><br />
Viajar a otros mundos, colonizar civilizaciones, agotar recursos, crear tecnología, avances de conocimientos, generar preguntas sin respuestas. Necios y ciegos, no se dan cuenta que la realidad esta frente suyo y al instante y en el  momento transcurrente. Si el hoy es ya parte del ayer. Miran el reloj y ven pasar las horas, que horas??. El tic tac de una gran maquinaria que les hace creer que el tiempo existe y transcurre. Solo mutan sus células y envejecen, pero ellos creen que es el paso del tiempo, pobres ignorantes. Son un soplido en la infinidad de la existencia. Vidas pasadas y futuras, como saber quién fue quien, si solo saben que alguien existió es porque vieron erigirse una estatua honorífica en su nombre y en sus conquistas de su propio ego.<br />
Debo ser y destacarme, trabajar y crear. Claro, es fácil, yo trabajo y gano mi dinero,  soy digno de eso. No importa en que lo gaste, si en armas, en perjuicios al otro, o en nombre de la beneficencia. Soy digno de mi dinero y de lo que hago con él, no importa en que. Mi nuevo mundo a conquistar tendrá todo, mi herencia materialista y rencorosa, si algo ha quedado de la mediocre humanidad. Pero si, será digno de elogios, porque lo he logrado con trabajo y sudor. No importa si mi sudor causo dolor y lágrimas en el otro. Será elogiado por mi ejército de obsecuentes, y adoraran mi ego y sacrificio. Pero olvidaran el placer de caminar descalzo en el verde césped y mirar una rosa hasta que se les pulvericen los ojos.<br />
Si …sigo caminando, llegando a mi hogar, heredado de mis padres. Deshonroso por haber sido un regalo y no hecho de falsos sudores de escritorios.<br />
Y miro una vez más y la Luna ha vuelto a desaparecer…sonrío, mi mundo es único. Espero compartirlo alguna vez. Veré el aura correcta que refleje la luminosidad de la verdad, la única, la irrefutable. La sin contradicciones y sin falsedades. En ese cielo único, sin rocas y sin meteoritos. Donde las estelas no sean masas gaseosas desprendidas de copos de nieves sucias, las estelas de las almas claras y puras. Llegará ese aura, solo la espero, se que llegará.</p>
<p>(Escrito en una noche sin Luna del 4010 de la era real, trasmitido sensorialmente a través de la matrix a la era del 2010, 22 de septiembre)</p>
<p>This post was submitted by Ariel Lenin Columbich.</p>]]></content:encoded>
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		<title>El poto de la hormiga</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Apr 2011 20:28:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfonso Quiroz Hernández</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>

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		<description><![CDATA[Recoger los granos de azúcar, seguir la huella, tocar las antenas con las que vienen y mirar el poto de la hormiga antecesora, poto que a su vez es guiado por el bamboleante y seductor poto anterior. Todas ligadas a la fila como eslabones de una zigzagueante cadena, fusión que perdura mientras se acata, porque [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Recoger los granos de azúcar, seguir la huella, tocar las antenas con las que vienen y mirar el poto de la hormiga antecesora, poto que a su vez es guiado por el bamboleante y seductor poto anterior. Todas ligadas a la fila como eslabones de una zigzagueante cadena, fusión que perdura mientras se acata, porque en todo sistema movible y precario siempre surgirá una de miles que se aísla y despierta. La hormiga despabilada ve el camino más allá del azucarero, respira y se interna por un sendero desconocido del jardín. Apura el tranco, corre, por primera vez ríe y cuando está a buena distancia salta, baila y canta. Imita al viento, se arroja en la hierba y rueda para sentir aquello prohibido: realizar lo improductivo, mirar las nubes pasar, cantar una melodía otoñal, girar y disfrutar con sus antenas del sol y la brisa tibia del atardecer.</p>
<p>Más tranquila, sentada y aún jadeante, piensa. Por un instante le abruman el compromiso abandonado y la responsabilidad esclavizante, pero al disfrutar de la hierba los sentidos le otorgan la razón, sus ojos miran donde quieren y el tiempo por primera vez es suyo. Se ríe, ya no hay potos que seguir. Cierra sus ojos y se duerme bajo los faroles que poéticamente bautiza con el nombre de estrellas.</p>
<p>Así pasa los días con letargo y descubre el ocio saludable, hasta que una mañana el hambre le habla desde el estómago y decide cultivar la tierra. Busca un terreno y en el valle planta lo que más le gusta: un viñedo y un trigal. Lo cuida, trabaja, come y antes que llegue el invierno construye su hogar. Sobre una loma diseña una cabaña con madera de roble. La construye con viga a la vista, ventanales grandes, chimenea de piedra y sobre el tejado instala una veleta negra con la forma de una bruja montada en su escoba.</p>
<p><span id="more-2794"></span></p>
<p>Entonces, se levanta todas las mañanas para respirar esa libertad y un día, caminando por su tierra, descubre los cantos de los pájaros y esa melancolía en los oídos le advierte de la soledad. Pero confía en su nueva vida, en su juventud, y en un paseo matutino descubre a la muchacha del río, esa de cabellos dorados y cuerpo esbelto. Le sonríe a la distancia, se aman con fiereza, se casan, son felices y luego de muchas primaveras llegan los hijos. Es natural, disfrutan viéndolos crecer y los educan. Estudiar genera gastos, pero ellos tienen un hogar, son felices, poseen tierras y el trabajo no les falta. Lo hacen a su propio ritmo, son libres, no se encadenan a otros y eso es precisamente lo que les permite la diversión. Así ingresan a un club y los amigos crecen, la familia aumenta, la cabaña se hace chica y los recursos escasean. Pero tienen su tierra y como solución vende la propiedad.</p>
<p>A pesar de los inconvenientes deciden mantener su felicidad y compran un vehículo a crédito, en su nueva manera de pensar descubren que la vida también se construye de sacrificios. Trabaja el automóvil durante cinco años y lo cambia por una camioneta porque la mujer que ama desea un futuro más seguro. Y él acepta, la felicidad tiene su precio y bien vale la pena pagarlo. Vende la camioneta porque necesita comprar un camión.</p>
<p>Y los días no pasan en vano, los años hacen mella. Un día cualquiera se dirige a la capital, toma la carretera y al llegar se pierde en la ciudad. Ya está viejo, le cuesta pensar, los clientes esperan. Dobla por la avenida y toca la bocina. Es tarde, en la fábrica le llenan el container y se aleja de la Azucarera Nacional. Para volver sigue a los demás, enfila por la calle principal, entra por el túnel y se saluda de antena con antena con la hormiga que viene. Vuelve a la fila para no crear taco. Y para no extraviarse le mira el poto a la hormiga antecesora. Se encadena a esos ritmos, al bamboleo seductor, a la seguridad rimbombante y mal definida por todos como madurez.</p>
<p>is licensed under a Creative Commons Atribución 2.0 Chile License.</p>
<p>This post was submitted by Alfonso Quiroz Hernández.</p>]]></content:encoded>
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