Entrada categorizada en ‘Fantasía’

Fantasía, Relato

La última hora del día

Por , en 16 de octubre de 2011

Lola siempre anduvo de aquí para allá, rebotando en los bordes de las aceras y saltando sobre los autos. Lola se mareaba por las vueltas que daba, y a veces se quedaba fija en un punto de la geografía del parque. La sorprendí una mañana en las mismas andanzas, los niños de una escuela infestaron como langostas el espacio abierto de la plaza y danzaban en torno a ella, a su figura retorciéndose de maneras toscas, y algunas veces soberbias. Uno de ellos se rió luego al caer sobre su sombra, enroscado de la risa y atropellado por mil suelas mugrosas; rió tanto que se orinó encima y Lola dio un ligero salto para evitar mojar sus pies desnudos.
Más tarde, por la calle ya no corrían sombras, estaba el sol sentado en la mitad del cielo y los niños sudaban ríos que se vertían todos en un agujero, en la fosa cavada por Lola en su atornillado baile -más que un trompo, un taladro-, la insensata mujer también está riendo como loca pero sus carcajadas se escuchan densas, como si reventaran la tensión del viento y luego, tragadas por un remolino central se volvieran de agua. Los peces en ese mar aleteaban en oposición a la corriente –aleteaban como aves en un torbellino- y la risa ya tenía color y luego aroma. Un instante después -fueron indistintamente siglos o meros segundos- Lola paría a un niño. No se trataba seguramente de otra carcajada, porque aquél sonido escuchado luego era tan irritante, que la masa de escolares se marchó enfurecida, algunos lloraron en los regazos de sus madres que llevaban bajo el brazo la hogaza de pan, o una modesta cartera repleta, o un lápiz de labios envuelto en una empanada de cuero de vaca, o una rosa del hombre que no era su marido, o de su marido, o no una rosa sino su marido, bajo el brazo -¡bajo el brazo!- o no era una madre, sino un padre, o ninguno. Y Lola y su niño lloraban juntos en mitad de la plaza.

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Fantasía, Relato

La luz de las rosas

Por , en 16 de septiembre de 2011

Desde hace un tiempo el joven Juan veía sobre el jardín una luz blanca parecía estar llena de magia se veía deliciosa, dulce, inocente pero Juan sabía que aquella admirable luz podría ser tan linda como peligrosa, por eso siempre intentaba mantenerse al margen de ella aunque le resultaba bastante difícil no prestarle la atención que aquella luz le pedía a gritos, ansiosa de ser tocada por la calidez del ser vivo.

Juan no podía más él también ansiaba tocar y poder estar día y noche con su luz, pensó que si la luz lo quería tanto como él a ella, no podría pasar nada malo, al menos que lo que sintiera ella no fuera amor.

Aun así Juan no aguantó más y se decidió a estar con su luz, pasó por alto todos los contras, así que cogió de su jardín todas las rosas hermosas que tenía dejándolo desnudo por su nueva amada, que allí estaba esperándole como siempre lo había hecho está vez sabía que no sería en vano.

La luz le dedicó una amplia y bonita sonrisa que invitaba a acercarse, “ven a mí, mi dulce amor, es lo único que he pedido en este tiempo”.

Juan no dudó se sentía muy seguro, estaba radiante contemplando lo que antes se le había prohibido, le tendió su mano regalando le sus rosas, ella se sintió invadida de felicidad y estalló en alegría, cogió con sus manos de oro la mano que portaba las rosas, y ambos vieron como aquellas rosas se llenaron de hongos y se marchitaron, Juan se asustó mucho, ¿le ocurría a él?, pero ella lo tranquilizó tendría cuidado de controlar sus emociones que le hacían hacer aquellas cosas que no pertenecían a los seres humanos, pero le prometió a Juan que todo eso cambiaría, utilizaría aquella magia producto de sus sentimientos para hacer cosas bonitas, Juan se sintió satisfecho con sus palabras y no esperó más para fundirse en un placentero beso.

Ahora con Juan a su lado ,luz no volvería a tener sentimientos malos y tristes, todo cambiaría, lo supo desde el primer día.

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Azules de Abril

Por , en 12 de agosto de 2011

Azules de Abril

…Vivía lejos. Dónde cuando cae la noche se pueden ver las estrellas bailar al compás de la Luna Nueva. Dónde el croar de las ranas cantan al unísono con el crick-crick de algún grillo solitario, buscando pareja en un campo de grillos.
Dónde las aves del día anidan en los ramajes más altos. Y dónde el Sol no perdona en los meses de verano.
El viejo Ismael vivía lejos. Apartado del mundanal ruido. Vivía solo, alejado de la lujuria y el egoísmo, del orgullo y de las vanidades.
Conocía el campo como del viento y las estrellas. Pronosticaba lluvias y sequías como que el Sol sale cada mañana después del Lucero.
El tiempo le enseñó el lenguaje de los pájaros aunque él no hablaba con ellos. Se limitaba a observar y solía reírse de las cosas que escuchaba.
El viejo Ismael araba su propia tierra; un pequeño campo de tres hectáreas, dónde convivía con algunos animales y una plantación de hortalizas y frutales.
Pocas veces se lo veía en el pueblo, cuando se acercaba solamente para aprovisionarse de primas necesidades. Poco se le conocía la voz. La gente lo miraba de soslayo cuando aparecía y siempre murmuraban por lo bajo. El viejo Ismael hacía oídos sordos. Entendía que su filosofía iba más allá que un comentario.
Era sabio en sus palabras aunque su voz sonara torva y huraña.
Apenas leía y escribía y se ayudaba con los dedos para contar; suficiente para sus pequeñas transacciones que casi siempre terminaban en algún trueque.
El viejo Ismael vivía en un rancho con piso de tierra compacta, paredes de ladrillos de barro y techo de chapa, alto por cierto, para evitar el sofocón en los días de calor. Tenía un entrepiso de madera a modo de cobertizo, dónde guardaba todo tipo de porquerías, ya que según lo que pensaba, uno nunca sabía cuando iba a necesitar tal o cual cosa. El cobertizo tenía en el techo un tragaluz echo de grueso vidrio por donde la luz del Sol entraba a raudales.

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La dama de negro

Por Stella Maris T, en 15 de junio de 2011

Todas las noches salía por las calles que estaban alejadas del centro de la ciudad. Ella, la dama de negro buscaba fundirse en la negrura de la noche. Todos le temían, la veían como a un espectro, nadie se acercaba.
Cuando las primeras luces de la aurora se marcaban en el cielo, regresaba , con pasos lentos, hasta entrar a su casa . Allí descansaba esperando una nueva noche.
La dama de negro cargaba con un pasado tormentoso que nadie conocía , pero que ella padecía.
Un fabuloso secreto encallado en sus recuerdos de mujer .Había quemado todas las cartas, fotos , documentos importantes , buscó aniquilar todo de sus pensamientos, pero irremediablemente martillaba cada día más ese tiempo que la lastimó. Hubo un tiempo que escribía su historia para desahogarse, hasta que decidió ver como crepitaban las hojas en la boca feroz y roja del fuego.
Pero una noche , la extraña dama salió de su casa , alejándose del poblado y decidida caminó por el sendero que llevaba al bosque cercano. Cuando llegó , ya la luna jugaba entre las ramas y se fue adormeciendo sobre un colchón de hojarascas, debajo de dos ceibales.
Al amanecer notó que su cuerpo se estaba transformando, le crecieron alas, su cuerpo tomó forma de ave, con un maravilloso plumaje negro y brillante , mientras lanzaba un bello trino que retumbó entre los árboles de aquel bosque.
Ahora se sentía feliz , retornaba a su vida anterior, a su destino de pájaro libre que un día había perdido cuando cayó en una trampa .
Recordó que para huir de su prisión había tomado forma de mujer espantando así a sus captores , quienes huyeron despavoridos.
Nuevamente volaba de rama en rama , entre las hojas de miles de verdes y su canto embellecía más aún al bosque .
A veces se acercaba a las nubes para disfrutar mucho más de su libertad, de esa vida libre que recuperó como a una preciada joya.

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La estrella desterrada

Por , en 12 de mayo de 2011

Dicen que allá, en el cielo, cada cierto tiempo nace una nueva estrella. Y dicen que el brillo de esas estrellas, su destellante y pura luz, es lo único que evita que el mundo sea pura maldad. Dicen que los humanos, al mirar a las estrellas, son capaces de soñar y ser felices. Al contemplar su aura se sienten en paz con sus vidas y hacen el bien. Dicen que la visión de esas estrellas es capaz de contagiar los corazones y llenarlos de luz, permitiendo que en el mundo haya felicidad.

Desde tiempos remotos, cuenta la leyenda que los hacedores son aquellos que crean y conservan esas luces allá arriba. Y se dice que hace tiempo, observaron que la maldad en el mundo estaba creciendo. Puras ya no eran las personas, el mal poblaba el mundo y habíase perdido la inocencia. Se cuenta que, en un intento por cambiar el rumbo de la historia, decidieron crear la estrella más brillante, pura, bella y radiante que pudiera existir. La sola visión de su luz debía traer la paz a los terrenales corazones.

Cumpliéronse sus deseos, y la estrella más bonita jamás vista habitó su nuevo lugar en el firmamento. El resto de estrellas, celosas de su belleza, no podían soportar que todas las miradas se centraran en la nueva luz, en alguien que no fuera ellas. Una noche de marzo, todas las estrellas del firmamento unieron sus fuerzas y expulsaron a su hermana de allá arriba, exiliándola a la Tierra. Le dieron un cuerpo humano, para que pudiera hacer su vida terrenal. Le dieron una familia, para que tuviera una vida plena y feliz. Borraron sus recuerdos, para que ella misma no supiera de dónde procedía. Solo ellas, sus hermanas, sabían que aunque pareciera una persona, ella era y seguiría siendo para siempre la estrella más bonita del firmamento.

Esa estrella nació y creció entre personas, siendo alguien que emanaba luz a su paso. Dice la historia que esa estrella desterrada poseía una belleza sin igual. Su cara parecía esculpida por los Dioses del Olimpo, el movimiento de su pelo evocaba el ondear de los siete vientos, su voz eran cantos de sirena y sus ojos poseían el brillo más mágico jamás visto. Aún así, pese a ser la persona más mágica y bella del mundo, la estrella desterrada triste se sentía. De alguna manera ella sabía que no estaba hecha para este mundo, sentía que debía haber nacido en otra época, en otro lugar, no sabía cuándo ni donde, pero no aquí.

Se cuenta que, cuando la estrella estaba triste, el cielo se nublaba y las estrellas no podían ser vistas, pues sus hermanas no soportaban sentir la culpa por desterrarla allá abajo. Se dice que, para no tener que observarla y sufrir, se ocultaban tras el manto de nubes que impedía a los humanos verlas llorar. Nuestra estrella desterrada sabía, en el fondo de su ser, que su destino no era caminar sobre la Tierra. De alguna manera su destino estaba allá arriba. Se pasaba horas mirando al cielo, y mientras lo observaba se sentía plena, feliz, se sentía en paz.

Estrella estrellita preciosa, angustiada sintióse con su vida ligada al suelo. Su destino quiso cambiar, y decidió dedicar su vida a surcar los cielos. Así hizo ella por cambiar su destino, y abandonó su trabajo terrenal para empezar una nueva vida volando. Se preparó para volar y fue la mejor entre todos los demás. No hubo nadie mejor que ella en lo suyo, y era porque estaba hecha para ello, ella había sido concebida para estar allá arriba, en los cielos. Cuando estuvo preparada, poco tiempo tardó en salir su oportunidad. Nuestra desterrada estrella pudo, por fin, volar. Y solo cuando estaba allá arriba, entre las nubes, estaba más cerca de su verdadero hogar. Solo cuando surcaba los aires en un avión podía sentir a sus hermanas con más intensidad que nunca. Solo cuando sus pies dejaban el suelo para atravesar el firmamento sentía que estaba donde ella quería. Y así fue como nuestra estrella, aunque nunca pudo volver al sitio de donde provenía, pasó su vida entera acercándose al cielo, intentando sin saberlo, volver a casa.

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Fantasía, Relato

PARAL

Por , en 11 de mayo de 2011

PARAL

Desamparo en fiebre extrema
Alucino, confundido.
Castañetean mis manos. Tiritan mis dientes.
No deseo el final. Lo presiento.
Si así fuera
No le avisen a ella.
Afligida.
Perdería la promesa de encontrarse con mis besos.
Más, no aguardaría el ramito de tres flores silvestres de invierno.
Abandonaría ansiar mis dedos perdiéndose en su atezado y enrulado pelo.
Si así fuera.
Cofrades amigos
En el crepúsculo de Lucero, carguen los seis con mi féretro.
Subamos los siete, con reverencia, en silencio.
Como entierro vikingo, prendamos el fuego.
Que sus llamas me cenizen.
Para no sentir frío ni en el más pequeño de mis huesos.

JOB38
CARLOS BUSELLI
JULIO 24 DE 2010

Para Lo Tarso, afectuosamente

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Que Raul me pegue al culo con su manaza

Por , en 10 de mayo de 2011

Hace muchos años que busco lo mismo, que, un hombre, joven, cachas, de pecho muy velludo, manos grandes, me pegue al culo con la mano.
Hace algunos añoslp pedí a los bomberos de la puerta de Toledo de Madrid, cuando fuí a verlos, uno de ellos, decía, encima cachondeo, encima cachondeo.
Ahora creo que Raul, un vigilante de seguridad, está dispuesto a hacerlo, desde que me conoció, siempre me grita: Confiesa que eres gay.
El otro día, me envolvió el brazo con papel higiénico, mientras Diego lo grababa con su móvil, si pensaban, que iba a gritar, se les quito la alegría.
Al día siguiente, otro vigilante, me decía: Era una broma, no ibamos a dejar, que, te quemaras a lo “Bonzo”.
Si Raul me pega al culo, tiene que ser con un “Rituak Mágico”.
Me coge de la mano, me baja el pantalón y el slp.
Ma acerca a una silla.
Sin soltarme, se sienta, pone su mano derecha sobre mi tipa, y, me coloca sobresus rodillas.
Su brazo izquierdo, me inmoviliza.
Sube su mano derecha, y, de repente, la deja caer con todaS SUS FUERZAS, CON GANAS DE QUE DUELA CADA PALMADA.
mIENTRAS, ME “CALIENTA, ME DICE: tR VOY APONER EL CULO COMO UN TOMATE.
El resto lo dejo a su fantasía

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La leyenda de Aldamar

Por Mª Dolores López Macías, en 10 de mayo de 2011

La leyenda de Aldamar

Una antigua leyenda cuenta, que en un lugar llamado Aldamar vivía un hechicero, que ansiaba el poder sobre todas las cosas. Durante años, buscó la forma de hacerse más poderoso, robándoles sus poderes a magos, brujas y otros hechiceros. Pero nunca le bastó y siguió buscando hasta que un día, fue descubierto por el mago más poderoso de Aldamar y éste, con un conjuro, lo confino en un cristal mágico a pasar la eternidad.
El cristal paso de generación en generación durante largos años, hasta que, el ultimo de sus herederos, pese a la advertencia escrita en la tapa de la caja que lo guardaba, en la que decía que “jamás nadie osara mirarlo, pues si lo hacía, el hechicero quedaría liberado” abrió dicha caja y miro el cristal y de pronto, vio el reflejo del hechicero y asustado lo dejo caer. Cuando ante su asombro, todo comenzó a temblar a su alrededor y tras un fuerte estallido, apareció de entre las brumas el hechicero maldito.
En un acto de cobardía y temor, el heredero dijo.
-No me mates, pues yo he sido quien te ha liberado de tu prisión.
El hechicero miro fijamente al tembloroso heredero y dijo.
-Y dime ¿Cuánto tiempo he estado en ese maldito cristal?
-Cre…creo que mi familia lleva guardándolo desde hace 700 años.
-¡Que!-exclamo el hechicero. –Eso significa que el maldito mago que me encerró ya está muerto.
Entonces miro a su alrededor y observo que el lugar le resultaba familiar y dijo.
-¿Tú tienes poderes?
-No.-contesto muy decidido el heredero.

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Noche Sin Luna

Por , en 1 de mayo de 2011

Caminaba decepcionado por los comentarios absurdos, de gente abstraída en la mediocridad de su existencia irreal. Del creer solo en lo que los doctorados en carreras con títulos influyentes dicen. Esa suerte de privilegio que le da a ciertas personas el don de la verdad. Aunque el mas mediocre de los pensadores sepa que lo que dicen son meras incongruencias abstractas y sin sentidos reales. Pero si, lo dijo tal persona doctorado en no se que carrera que se dicta solamente en ciertos ámbitos aristocráticos. Si ellos les dijeran que la tierra es cuadrada, lo creerían. Pero si!! La tierra es cuadrada!!, lo dijo el licenciado en todo, doctorado con honorificaciones en la pelotudez y la idiotez. Dictada en la academia selecta de la ignorancia y abalada por la universidad de los obsecuentes y crédulos de la mentira.
Miraba la luna, la cual la noche anterior no estaba, pero bueno, según los no videntes de la realidad era una ilusión y una fantasía de una mente desquiciada. Esa misma noche los habituales ovnis de las 6: 30 PM debían pasar, pensé en trasnochar y fotografiarlos para mostrárselos a esos eunucos seudos estudiantes de astronomía. Que con su tanta expectativa de encontrar vida en otros planetas, solo tenían que ver un poco mas allá de su mente de libros arcaicos y tecnología sofisticada. Solamente ver el firmamento y ver un poco más allá de las estrellas. Sin ayuda de sofisticados telescopios que viesen a través de las distancias años luz de los infinitos universos. Pero, para qué, me dije. De todos modos, me dirían “esa foto es trucada, cualquiera con un programa de edición de fotos la haría aparentar verídica”. Seguí caminando viendo las auras descoloridas de los transeúntes, de vez en cuando alguna relucía y parecía que encontraría a alguien con quien hablar. Pero no, todas titilaban y parecían difuminarse y atenuarse lentamente, condenándose a la nada. Sin fe, sin creencias. Miradas que antes me eran indiferentes, pero que ahora me dejaban un dejo de pena. Condenadas a la extinción, al no ser, al ser solo un dejo de instantaneidad en este mundo. El cual les era circunscripto en sus mediocres realidades materialistas.

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Fantasía, Relato

El poto de la hormiga

Por , en 27 de abril de 2011

Recoger los granos de azúcar, seguir la huella, tocar las antenas con las que vienen y mirar el poto de la hormiga antecesora, poto que a su vez es guiado por el bamboleante y seductor poto anterior. Todas ligadas a la fila como eslabones de una zigzagueante cadena, fusión que perdura mientras se acata, porque en todo sistema movible y precario siempre surgirá una de miles que se aísla y despierta. La hormiga despabilada ve el camino más allá del azucarero, respira y se interna por un sendero desconocido del jardín. Apura el tranco, corre, por primera vez ríe y cuando está a buena distancia salta, baila y canta. Imita al viento, se arroja en la hierba y rueda para sentir aquello prohibido: realizar lo improductivo, mirar las nubes pasar, cantar una melodía otoñal, girar y disfrutar con sus antenas del sol y la brisa tibia del atardecer.

Más tranquila, sentada y aún jadeante, piensa. Por un instante le abruman el compromiso abandonado y la responsabilidad esclavizante, pero al disfrutar de la hierba los sentidos le otorgan la razón, sus ojos miran donde quieren y el tiempo por primera vez es suyo. Se ríe, ya no hay potos que seguir. Cierra sus ojos y se duerme bajo los faroles que poéticamente bautiza con el nombre de estrellas.

Así pasa los días con letargo y descubre el ocio saludable, hasta que una mañana el hambre le habla desde el estómago y decide cultivar la tierra. Busca un terreno y en el valle planta lo que más le gusta: un viñedo y un trigal. Lo cuida, trabaja, come y antes que llegue el invierno construye su hogar. Sobre una loma diseña una cabaña con madera de roble. La construye con viga a la vista, ventanales grandes, chimenea de piedra y sobre el tejado instala una veleta negra con la forma de una bruja montada en su escoba.

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