Nueve de cada diez personas sentirían algún remordimiento al interrumpir el sermón de un cura con una ruidosa canción de un grupo de rock, cuya letra era, como mínimo, inapropiada para la ocasión. Y eso sería aún más cierto si el evento que acabara de entorpecer de manera tan insensible fuese un funeral.
Sin embargo, Ramsey sólo sintió una ola de felicidad cuando el sacerdote levantó la vista de su Biblia y todos los asistentes giraron sus cabezas para atravesarle con una mirada de indignación. Ramsey metió la mano en el bolsillo de su americana y sacó el móvil tan rápido como pudo, al tiempo que murmuraba una disculpa y se alejaba a toda prisa por los jardines del cementerio.
Cuando uno sólo puede hablar una vez al mes con su mujer, porque se halla casi incomunicada en la otra parte del mundo, colgar la llamada es la última cosa que pasa por la cabeza. Aún así, Ramsey tomó nota mental de cambiar el tono de su moderno teléfono móvil.
―Hola, cielo ―saludó mientras seguía caminando entre los árboles―. Te he echado de menos. ¿Cómo va todo por la Antártida?
―Yo también a ti, cariño ―contestó la voz de su mujer―. Por aquí todo marcha según lo previsto, la visita del congresista Collins y sus burócratas nos ha retrasado un poco pero logramos que dieran su apoyo económico ante el Congreso. ¿Qué tal todo por casa? ―preguntó sin disimular su nostalgia.
Ramsey prefirió omitir el reciente incidente en la iglesia, no le pareció a la altura del congresista Collins ni de presupuestos millonarios para misiones científicas. En lugar de eso, le resumió los mejores momentos que había vivido desde que hablaron el mes pasado, que por desgracia no eran tantos como le hubiese gustado. Los negocios no iban precisamente viento en popa. Pero no quería ensombrecer su conversación mensual con noticias desagradables. Su mujer, por su parte, le relató los avances en la investigación del proyecto científico que lideraban en el polo sur. Jane utilizaba la clase de jerga científica que a Ramsey, directivo de una tabacalera, le resultaba casi incomprensible. Pero Jane le hablaba con tanta pasión, que nunca había sentido la necesidad de cortarla. Sería porque llevaban poco tiempo casados, pensó cínicamente. Al menos había contraído matrimonio en una ceremonia en la que por fortuna los invitados tuvieron más tacto que él y apagaron sus móviles.
―Entonces, ¿cuánto falta para que concluya el trabajo y regreses a casa? ―preguntó Ramsey.
―Si todo continúa así, en dos meses habremos terminado ―dijo ella con una nota de alegría. A Ramsey no le pareció tan buena noticia como a su mujer. Aunque el plazo no se alargaba, él había albergado la esperanza de que estuviese de vuelta antes, pero se abstuvo de decir nada.
―¡Oh cariño! ―la voz de su mujer sonó emocionada al otro lado de la línea―. ¡Es increíble, estoy viendo la aurora austral! Es un espectáculo de luces increíble. Ojalá pudieses estar aquí ahora para verlo conmigo.
Ramsey imaginó a su mujer con el teléfono pegado a la oreja y mirando hacia el cielo del Polo Sur. Sin darse cuenta, se dejó llevar por la ilusión de estar a su lado y alzó la vista como si ella le estuviese señalando a dónde mirar. Lo que contempló le dejó boquiabierto.
―Cariño, ¿sigues ahí? ―preguntó su esposa―. No te oigo. ¿Me escuchas?
―Sí, te oigo, perdona es que… juraría… que yo también la veo.
―¿Qué es lo que ves? ―preguntó ella sin entenderle.
―La aurora. Veo las luces en el cielo formando una especie de estela de colores ―balbuceó Ramsey.
―Vamos, cariño ―dijo ella en tono de reproche―. No empieces con tus bromas.
―Te lo juro. Estoy viendo una aurora ahí arriba ―insistió―. Es como la que vimos en Alaska el año pasado. ¿La que ves allí es verde con trazos morados?
―Sí ―respondió ella con un claro cambio en su voz―. Pero eso no puede ser. Tendrías que estar mucho más al norte para poder ver una aurora boreal. Y no podría ser la misma que veo yo. Escúchame bien, si es otra broma pesada te juro que me quedaré aquí un año…
―¡No es una broma! ―cortó él―. La estoy viendo con mis propios ojos. Voy a hacer una foto con el móvil y te la mando, así podrás comprobar que no miento.
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This post was submitted by Nando.