PERFECTO

CAPÍTULO UNO

Viernes 12 de noviembre en un lugar céntrico de Barcelona

Son las siete menos cinco de la mañana. Una luz tenue entra por la ventana y atraviesa un vaso de agua situado en la mesita, la habitación, pequeña y extremadamente ordenada, se encuentra en silencio, es blanca y con poco mobiliario, una cama junto a la mesita, un armario y un escritorio. Un segundo antes de las siete, una mano sale de entre las sábanas y apaga el despertador sin dejar que este suene.
-Te he vuelto a ganar- murmura una voz ronca.
El día ha comenzado para Carlos.

El chico se levanta y, como siempre, apoya el pie derecho en el suelo antes de que el izquierdo lo pise, a continuación, sentado en la cama, hace crujir todos sus dedos sin excepción como cada mañana. Carlos se pone sus zapatillas y avanza medio dormido hasta el cuarto de baño, exactamente en diecisiete pasos, toma una meticulosa ducha rápida y se examina en el espejo.

El joven analiza su figura, es un chico alto y en buena forma.
Tiene el pelo de color castaño cobrizo y muchas veces, cuando le da el sol, muestra un toque dorado, pero eso a él no le gusta. El verde intenso de sus ojos contrasta con su piel morena, se detiene, observa sus largas pestañas, lo que a mucha gente le parece un rasgo muy bonito a él le parecía que hacía su rostro un tanto femenino.
Después analiza su nariz, es recta y no demasiado grande, una nariz que no llama la atención, le gusta mucho.
Continúa bajando la mirada y se topa con su boca, no le agrada para nada, una boca con los labios semigruesos que le parece cuanto menos fuera de lugar en su seria cara.
Abre la boca y examina sus dientes, colocados en perfecto orden tras tres años de ortodoncia en el instituto, es hora de cepillarlos, coge su cepillo, lo humedece y lo golpea contra el lavabo dos veces, a continuación, lo introduce en su boca.


Mientras se cepilla, pasa la mano por la piel de su rostro, esta suave, no se tiene que afeitar, cuando termina enjuaga su boca con veinticuatro mililitros de colutorio, ni uno más, ni uno menos.
Carlos lleva la mano a su pelo, demasiado largo, debería cortarlo, acto seguido coge un peine de púas finas, lo moja y lo desliza por su pelo peinándolo hacia atrás, después coge un poco de gomina, exactamente el tamaño de una cereza y fija de su pelo de manera que quede liso y uniforme.
Vuelve a su pequeña habitación. Se dirige hacia el armario y tras mirarlo escoge un traje compuesto de una camisa blanca y unos pantalones y corbata negros, tras vestirse, se dirige al cajón de los calcetines, ordenados por colores, y escoge unos negros que se pone con sus mocasines favoritos sentado en la cama. Se incorpora y, en veinte pasos, llega a la cocina.
El chico se sirve una taza de café con un terrón de azúcar y dos tostadas, tras el desayuno, coge las llaves, situadas justo encima del frigorífico al lado de un bote de caramelos que siempre está vacío, y se marcha cerrando la puerta sin hacer ruido.
El proceso de cada mañana le lleva unos tres cuartos de hora y emplea el cuarto de hora restante hasta las ocho para llegar andando a su trabajo.
La oficina se encuentra a 1 kilómetro de su casa y, de camino hacia ella, Carlos siempre saluda al simpático florista del barrio, Jacobo, un hombre anciano, de rostro arrugado, que nunca pierde la sonrisa.
Como de costumbre, el chico va sumando las cifras de las matrículas de los coches que va viendo, lo hace desde que era pequeño y ,volviendo a casa del colegio, su madre señalaba con el dedo matrículas al azar para que las sumara, Carlos reconoce que nunca le había gustado este juego pero ahora no puede evitar hacerlo.

Sumando y restando los números de las matrículas avanza por la ciudad y llega a un paso de peatones, se detiene, mira a la izquierda, luego a la derecha y después a la izquierda de nuevo, a continuación avanza con su pie derecho y termina de cruzar con el pie izquierdo, como siempre.
Ha llegado a su empresa, son las ocho menos cinco, un nuevo récord. Observa el edificio, es alto y sus paredes están cubiertas por cristaleras. Una jaula para muchos de sus trabajadores, sin embargo, es el lugar en el que Carlos se siente a gusto.
Entra por la puerta principal y saluda a Berta, una señora bajita y regordeta que siempre lleva un moño despeinado que el chico detesta, no puede creer que alguien sea capaz de salir de su casa sin detenerse a mirar un aspecto tan desarreglado. Esta, como siempre, le analiza de arriba abajo y esboza una sonrisa que deja entrever la atracción que ella y la mayoría de mujeres sienten por el joven Carlos Pineda, el arquitecto más destacado de la empresa.
Él lo sabe, se dio cuenta hace mucho tiempo de que muchas mujeres pierden la cabeza por él, sin embargo, aunque es un poco cruel por su parte, les deja que se hagan ilusiones y les sonríe afectuosamente, Carlos sabe perfectamente que ninguna mujer es lo suficientemente… perfecta, para merecer su atención.

Recorre el enorme hall de la empresa y entra en el ascensor, en él se topa con Álvaro Medina, otro importante arquitecto de su empresa aunque, como ambos saben, no es el mejor.

Álvaro lo saluda con desdén, gesto al cual Carlos responde con un movimiento de cabeza, le detesta, no quiere que el inútil de Medina le quite el puesto de favorito del jefe, que tanto le ha costado ganarse.

En el trayecto de subida del ascensor Carlos recuerda su adolescencia, una etapa bastante dura de su vida. Él nunca se había visto como el resto de chicos de su instituto, el se veía un ser… imperfecto frente a la sociedad que le rodeaba. Llevaba gafas y ortodoncia y cuando hablaba con alguien lo hacia con cierta dificultad pero sin llegar a ser tartamudo. Solía pensar que nadie quería hablar con él, lo cual hacia que fuera un chico solitario que no tenía amigos y pasaba el tiempo estudiando, mientras Álvaro Medina, el chico más popular de la clase y ahora su actual compañero de trabajo, se reía de él por no hablar con los demás. Ahora los dos competían por la aceptación de su jefe y Carlos iba ganando.

Vuelve a la realidad, observa a su compañero que le está dando la espalda, un hilo cuelga de su camisa, Carlos lo mira y sonríe:
-¿No se habrá dado cuenta de ese desperfecto en su vestimenta? Es ridículo- Piensa, pero no tiene intención de avisarle de su “problema”
Carlos siempre ha sido muy vengativo y para él, los errores por mínimos que sean, son algo muy grave.
El ascensor para y emite un pitido para indicar que han llegado al piso, la puerta tarda cuatro segundos en abrirse, como siempre.
Un hombre anciano y con aspecto serio les saluda con una amplia sonrisa.
-Buenos días señores-
-Buenos días Señor Mendizábal- Responden al unísono con un tono de respeto y admiración hacia su jefe.
Carlos sonríe a su ayudante, Olga, una chica muy atractiva que siempre suele insinuársele, muchas veces Carlos le sigue el juego, solo para reírse de sus intenciones.
Después le guiña un ojo, hoy mismo empieza a buscarle un sustituto, está cansado de ella.
Entra a su despacho y cuelga la chaqueta en el segundo gancho del perchero, como siempre.
Está a punto de sentarse cuando, de repente llaman a su puerta.
-Adelante- Dice terminando de sentarse
-Hola de nuevo Carlos, verás, no suelo pedirte muchos favores pero…- Empieza a decir el señor Mendizábal – He oído que vas a cambiar de ayudante y, quisiera sugerirte que no buscaras el empleado perfecto como sueles hacer ya que no tienes el tiempo necesario para andar entrevistando a todos los licenciados de Barcelona, recuerda que tienes que darme una idea para Enero- Continúa en tono muy serio.
– Está bien, procurare no ser tan selecto al elegir a la persona que va a ayudarme a diseñar los edificios más importantes de Barcelona si es lo que quiere- Contesta Carlos en un tono un poco prepotente.
-Mira Carlos, nos conocemos de hace tiempo y sabes que esa actitud no te va a servir de nada- Agustín Mendizábal se levanta y abandona el despacho del Señor Pineda.
Carlos tiene concertadas varias entrevistas a lo largo del día, la primera chica, Laura, entra en su despacho.

CAPÍTULO 2

Unas horas después en un barrio humilde de Barcelona.

Son las nueve y media de la mañana, la luz entra por la enorme ventana y alumbra una habitación bastante grande aunque completamente destartalada, la ropa y los objetos sin ningún tipo de orden se esparcen por el suelo.
Suena el despertador y una mano emerge de la cama tanteando la mesita de noche hasta encontrarlo y golpearlo, deja de sonar.
Han pasado veinte minutos y el despertador vuelve a sonar, esta vez lo que surge de la cama no es sólo una mano, lo que parece ser una chica asoma su cabeza con el pelo enmarañado entre los cojines y mira el despertador.
-¡No puede ser! ¡Que tarde es!-
Un nuevo día ha comenzado para Anoé.

La chica se levanta deprisa, se recoge el pelo y corre hacia el cuarto de baño, murmurando:
-Mierda, mierda, mierda.
No le va a dar tiempo a ducharse, se lava la cara y los dientes y se echa desodorante por todo el cuerpo.
Abre los cajones en busca de su cepillo para el cabello, tras un forcejeo con el último cajón, lo encuentra y comienza a alisar la nube de pelo rubio enredado de su cabeza, suerte que no es demasiado largo
Una vez aseada, Anoé vuelve a su cuarto y abre el armario.
-¡Que desastre!

Entre el montón de ropa, encuentra sus vaqueros favoritos y un suéter corto y de color amarillo que deja ver su ombligo.
Después de vestirse, se calza sus únicos zapatos de tacón y se mira en el espejo, no está nada mal, es una chica con el pelo corto y rubio bastante delgada y no demasiado alta, sus ojos azules hacen que su mirada sea muy limpia y sus labios gruesos le dan un toque infantil a su cara,
Luego observa sus zapatos, los odia, no le gustan los tacones, pero si todo sale bien a partir de hoy tendrá que comprarse más tacones y ropa más seria.
Anoé mira su reloj de colores, las diez menos cinco.
-¿Desayuno?, no me da tiempo.
La chica coge su gabardina, las llaves y el móvil y abandona la casa.
En el autobús Anoé por fin se relaja, rebusca en sus bolsillos y encuentra un caramelo de café.
-Algo es algo- Lo abre y se lo come.
Mientras disfruta de su improvisado desayuno, mira por la ventana, el autobús le lleva hacia el centro de la ciudad, el cielo esta azul, algo muy extraño en noviembre.
Son las diez y cuarto y Anoé baja en la parada del autobús, llega tarde.
Comienza a caminar deprisa por el centro de Barcelona y a las diez y veinte llega al edificio, donde le recibe una simpática señora. Se fija en su pelo.
-Que recogido más extraño, me gusta- Piensa la chica mientras sube en un lujoso ascensor hasta el quinto piso.

CAPITULO 3

En ese mismo momento en la oficina de Carlos Pineda.

Ha estado viendo a numerosos ayudantes pero ninguno es perfecto, como él esperaba.
Sólo han venido cuatro chicas y todas eran bastante atractivas, incluso una de ellas intentó besarle pero ninguna tenía lo que Carlos buscaba, ahora espera a la siguiente candidata, se está retrasando, menuda impresentable.
Suena la puerta.
-Adelante- Dice Carlos con desgana, ya ha llegado, pero es una impuntual, no tiene futuro.
-Buenos días, ¿Carlos Pineda?- Una chica muy diferente a las anteriores entra por la puerta.
-Sí, yo soy Carlos, usted es…- Carlos se ha quedado perplejo, no sabía como entonar el nombre de la chica.
– Anoé Valverde, encantada- Dice ella sonriendo, mucha gente duda como pronunciar su nombre, por si es inglés, pero a este chico parece que le resulta muy vergonzoso no saber pronunciarlo.
-Anoé…- Murmura Carlos para si mismo- Está bien, tengo aquí su currículum y dice que maneja varios idiomas y tiene un cursillo de informática, a parte de la carrera de bellas artes y un master en delineado de fincas- Es un currículum ejemplar pero es una chica impuntual, no lo va a olvidar fácilmente.
-Sí, exacto y además soy muy sociable, y tengo mucha imaginación, con mi ayuda diseñará unos edificios preciosos- Anoé no es el tipo de persona seria que Carlos esperaba.
-Bueno- Carlos sonríe- Pero en esta empresa la impuntualidad esta muy mal vista señorita Valverde.
-Lo sé, no volverá a suceder, mi despertador se rompió y…
-Está bien- Comenta Carlos sin dejarle acabar- Ya le llamaremos
-No, no lo harán, y no comprobará usted mis habilidades a la hora de diseñar, es una pena- Anoé se levanta un tanto indignada.

Carlos vuelve a sonreír, es una chica un tanto extraña y parece ser más joven que él aunque ronda los 26 años como Carlos.
-Ha sido un placer- Le dice Carlos extendiendo su mano, pero antes de que Anoé se la estreche, en ella aparece una araña, Carlos odia a las arañas, les tiene miedo, se pone blanco y se la quita de la mano en un aspaviento, se pega a la pared intentando guardar la compostura y chilla:
-¡Mátala!
Anoé ríe y tira la araña por la ventana, después pone los ojos en blanco y mira a Carlos, ya no está blanco sino rojo, le da mucha rabia y vergüenza que ella haya visto esa escena, Carlos nunca pierde los papeles excepto cuando ve una araña, no puede evitarlo, cuando era pequeño su hermano Arturo tenía un terrario y una noche, una de sus arañas se escapó y subió hasta su nariz, Carlos se despertó chillando y su padre le castigó a limpiar el terrario durante las próximas semanas por haberlo despertado. En casa de Carlos eran muy estrictos respecto a la educación, desde entonces les cogió un miedo terrible a las arañas y no puede evitar gritar.
-No pasa nada, a mí no me gustan los caracoles, es algo normal- Comenta Anoé viendo que aquel hombre tan estricto está al borde de un ataque de ansiedad- Toma, respira aquí dentro, te relajarás- le ofreció la bolsa que ella usaba para guardar su almuerzo, que hoy estaba vacía.
Carlos la acepta y minutos mas tarde ya se encuentra de mejor humor.
– Tendrás que darme el puesto, te he evitado un ataque de ansiedad- Anoé sonreía, es una situación muy incómoda para aquel hombre.
– Siento mucho este vergonzoso contratiempo, que pase usted una buena tarde señorita Valverde- Se esfuerza en decir el chico, que ha recuperado el color de su cara, empujando a Anoé hacia la puerta.
La chica sale del despacho y Carlos toma asiento, no puede creer lo que acaba de hacer, un hombre tan meticuloso como él no puede permitirse esa perdida de control.

Sale de su despacho, bebe un poco de agua y vuelve para analizar las cinco candidatas que han solicitado el puesto.
Cinco chicas, todas iguales, bueno, ¿todas?
Carlos sabe que no, hay una diferente, esa impuntual, tiene muy buen currículum pero desde luego su personalidad no encaja para nada con el perfil que él esta buscando, además es irritante, es la persona mas extraña que Carlos ha visto en su vida.
No llega a una conclusión y se hace tarde, así que decide volver a casa, esta noche lo consultará con su almohada.

CAPÍTULO 4

Sábado 13 de noviembre en un supermercado de Barcelona.

Carlos avanza con su carrito por los amplios pasillos del centro, le gustan mucho los supermercados, le encanta observar el orden en el que están colocados los productos y analiza la forma en la que los han colocado por cuestiones de marketing.
En su carrito, la compra se encuentra perfectamente ordenada, Carlos procura que todo lleve un orden para que luego al pagarlos, la cajera los coloque como el quiere.
En la sección de cereales siempre se detiene, cada sábado piensa que es momento de cambiar sus copos de avena por otro tipo de cereal, pero tras una dura batalla con sus pensamientos, vuelve a coger los mismos.
Carlos está cogiendo manzanas en la sección de verduras cuando, de repente ve a lo lejos una figura que le resulta familiar.
Una chica delgada y rubia con vaqueros y un jersey a rayas se esfuerza por llegar a un estante, como ve que no puede, decide subirse a su carrito que resbala provocando su caída encima del papel higiénico tirándolo por los suelos, un dependiente le ayuda a levantarse y lo coloca todo en su sitio.
-Como se puede ser tan inconsciente de subir a un carrito con ruedas- El chico continúa con su compra.
Anoé lo ve y camina hacia él, es un chico bastante guapo, pero le falla la forma de ser.
-¡Hola jefe!
-¿Jefe?- Carlos se gira para ver quien le ha saludado
-Bueno, dado que te salvé la vida supongo que tendrás que darme el puesto- Anoé sonríe
-Eh, repito que siento el incidente de ayer señorita Valverde
-No pasa nada, es algo normal y llámame Anoé por favor
-Anoé…-Le resulta difícil entender ese nombre
-Sí, es un nombre extraño, mi madre dice que cuando me lo puso ya existía pero yo no he encontrado a nadie con ese nombre es posible que se lo inventara.
-Yo, yo tampoco – Ha vuelto a ponerse nervioso, no le pasaba desde el instituto.
-Bueno Carlos, ha sido un placer verte, ya pasaré por la oficina- Anoé le guiña un ojo y se va con su carrito.
El chico no logra comprender el comportamiento de esa chica, es tan… imperfecta.

Lunes 15 de noviembre en la oficina de Carlos Pineda.

– ¿Aún no has elegido a una ayudante para los proyectos?
-Lo siento señor Mendizábal, me resulta muy difícil encontrar a la candidata idónea- Dice Carlos a su jefe en tono de disculpa, en realidad hay una con el currículum perfecto, pero es insoportable,
-Pues esto lo arreglamos en un momento, dame los curriculums.
El chico saca las hojas de una carpeta roja.
Tras examinar los cinco, Agustín Mendizábal se detiene mirando uno, es perfecto.
-Ya tienes compañera, Amoné Valverde
-Se pronuncia Anoé señor
-Bueno pues Anoé, quiero que la llames inmediatamente y empecéis con el proyecto, sé que eres muy bueno y preciso Carlos, pero sabes que en imaginación necesitas ayuda.
-Está bien señor Mendizábal la llamaré de inmediato.
El anciano hombre se levanta y sale por la puerta, “a este chico le hace falta una novia”, piensa Agustín.

Un minuto más tarde en un barrio humilde de Barcelona.

Ya ha pasado el fin de semana y no la han llamado, sin duda su comportamiento no le gustó a Carlos Pineda, sin embargo hay algo especial en él, desde luego su personalidad es completamente opuesta a la de ella pero su comportamiento le resulta divertido.
Su canción favorita suena a todo volumen, le están llamando.
-¿Sí?
-¿Señorita Valverde?
Anoé reconoce esa voz seria, es Carlos.
-Sí soy yo
-Soy Carlos Pineda, le llamaba para informarle de que está usted contratada.
-¿Sí? ¿En serio? ¡Muchísimas gracias, No les defraudaré!
-Eso espero, empieza mañana, a las ocho, no llegue tarde
-No lo haré, muchas…-Han colgado
Menudo impresentable, esa no es forma de despedirse, pero da igual, Anoé por fin tiene trabajo y está contenta.
Mañana no llegará tarde y por la tarde tendrá que comprar ropa nueva más formal para su nuevo empleo, no quiere parecer poco profesional ante los más de sesenta empleados de su sección y mucho menos ante el remilgado de su jefe, que parece estar siempre sobreactuando para que nadie le juzgue.
Va a ser un empleo divertido.

CAPITULO 5

Dos meses después en la oficina de Agustín Mendizábal

Ha sido un trabajo duro pero por fin lo tienen, tras dos meses agónicos de discusiones y algún que otro grito Anoé Valverde y Carlos Pineda han terminado su proyecto:
Un edificio de treinta y dos pisos que acaba en una bóveda de cristal desde la que se puede ver el cielo, una idea de Anoé.
-Está bien chicos, veamos que tenéis
Tras la excelente exposición del equipo de los dos jóvenes, los quince miembros de la junta de directivos aplauden incluso alguno se levanta.

En estos dos últimos meses Anoé y Carlos han estado muy unidos trabajando y discutiendo, toda la empresa piensa que están juntos, sin embargo, la opinión Carlos es muy diferente o al menos eso cree.
-Después de este éxito tenemos que celebrarlo, te invito a una cerveza en el bar de abajo- En estos dos meses Anoé no ha dejado de pensar en Carlos cuando volvía a casa, cada vez que le sonreía o hacía un gesto amable, pero cada vez que le proponía verse fuera del trabajo Carlos rechazaba la oferta con alguna excusa.
-N… No puedo T…Tengo que visitar a mi madre- Carlos se gira y huye de ella metiéndose en el ascensor.
Otra vez, le ha vuelto ha pasar, sabe que no le gusta Anoé, pero entonces, ¿Por qué siempre rechaza quedar con ella fuera del ámbito del trabajo?, no le gusta, es justo lo contrario a él pero, es muy divertida y consigue hacer que se ponga nervioso, bueno, puede que le guste, no, no puede ser, la tiene que olvidar.
Mientras Carlos vuelve a casa como todos los empleados, alguien se queda en la oficina.
Anoé no lo puede entender, ¿Por qué le rechaza?, se mira en el espejo, se siente mal pero pronto recobra el ánimo, ella no es así, y Carlos no se va a deshacer de ella tan fácilmente. Mañana será un nuevo día.

11 de Enero, en un lugar céntrico de Barcelona

Después de apagar el despertador antes de que suene como siempre, Carlos se levanta y camina hacia el cuarto de baño, hoy está triste, no ha dejado de pensar en ella en toda la noche, los catorce pasos se convierten en diecinueve.
Se esta lavando los dientes cuando suena el timbre, piensa en quien puede ser.
Se acerca hasta la puerta, y mira por la mirilla, no ve a nadie, abre la puerta y se asoma, de repente aparece ella, lleva churros y un termo y se cuela en su casa.
Anoé esta en la cocina sirviendo el desayuno.
-¿Qué haces aquí?
-Bueno, como nunca puedo invitarte a nada después del trabajo, he pensado en hacerlo antes- Anoé sonríe
-Pe…Pero yo…
-Venga, ¡date prisa!- Anoé acompaña al chico hasta su cuarto y abre su armario.
-¡Anoé no!- Lo está desordenando todo.
-Pero…
-Vete por favor
-Pero…
-¡Anoé vete!
La joven abandona la casa, ¿Qué ha hecho mal?, definitivamente Carlos no quiere saber nada de ella, Anoé está triste.

Está sentado en la cama, quizás se ha pasado, pero, ella lo ha complicado todo, ahora no va a llegar al trabajo, no ha hecho todo lo que tiene que hacer cada mañana, todo le va a salir mal.
Se viste, no se ha peinado pero llega tarde al trabajo, coge un taxi que le deja en la puerta a las ocho y cinco, sube corriendo, no saluda a Berta y al entrar en su planta todos le miran de manera extraña.
-Mierda, se han dado cuenta de que no voy peinado, ¿que pensarán?
Realmente lo que todos pensaban era que Carlos estaba hoy más atractivo que nunca.

Busca a Anoé y pregunta por ella pero nadie la ha visto así que entra en su despacho y se sirve una taza de café mientras piensa en la disculpa que tiene que darle a la chica.
Definitivamente le gusta Anoé y se siente fatal por lo que le ha dicho esta mañana, no entiende como puede gustarle esa persona, es la antítesis de sus principios.
Ella ha llegado y se ha colado en su vida y la ha puesto patas arriba, ha hecho cuestionarse a Carlos muchos de sus principios y aunque no es el prototipo de chica perfecta que Carlos había ideado en su mente, realmente le gusta.
Pero Carlos no puede permitirse ese error, no debe enamorarse de Anoé, sin embargo no puede dejar que las cosas entre ellos queden así reconoce que se ha pasado esta mañana con ella y en cuanto pueda hablará con ella y le pedirá disculpas por lo sucedido pero… ¿Donde está?

CAPITULO 6

Alguien llama a la puerta.
-Adelante- Carlos espera ver a Anoé sin embargo un chico de su edad entra por la puerta.
-Carlos, ¿puedo hablar contigo?
Álvaro Medina entra en el despacho con su expresión más amable.
-Claro, dime- Carlos está extrañado
-Tú y yo nunca nos hemos llevado demasiado bien y yo siempre he intentado superarte pero, desde que llegó esa chica me has superado con creces.
Carlos se queda asombrado, su enemigo acérrimo está admitiendo su derrota, eso le gusta. Pero Álvaro continúa hablando.
-Pero en este momento quiero hablar contigo de hombre a hombre- Álvaro también está extrañado de lo que acaba de decir.
-Esa chica y tú, ¿tenéis algo verdad?
-No Álvaro, toda tuya si es lo que insinúas- Es lo mejor si Carlos quiere olvidarla.
-Carlos no es eso, llevo contigo desde el instituto y aunque no lo parezca, te conozco bien y se que esa chica te gusta, te gusta mucho.
-Eso no es verdad- Carlos reacciona de una manera muy infantil y eso le delata.
-Carlos, por favor, que somos adultos,- A Álvaro no le molesta que le mienta, era de esperar de Carlos el maniático- Como decía esa chica te gusta y tu también le gustas a ella, no has tenido novia nunca y todo por tu miedo a que algo salga mal y tu vida no sea perfecta, es todo por culpa de tus padres, han influido en tu vida hasta tal punto que no puedes dar un paso sin controlar donde vas a poner el pie.

Se hace el silencio, Carlos sabe que tiene razón. Sus padres, Camino y Felipe, solían llevar un total control sobre la vida de Carlos y su hermano, no daban un paso sin que Camino les dejara y cuando cometían algún error Felipe estaba ahí para hacer que les pesara en la conciencia.
Pero no toda la culpa era suya, en el instituto el trato de los demás chicos y chicas influyó también en el comportamiento de Carlos y lo convirtió en la persona cerrada y controladora que es hoy.
-Vosotros también tenéis parte de culpa- Carlos mira al suelo, de repente se siente como si tuviera diecisiete años otra vez, está indefenso.
-Lo reconozco, pero ya lo sabes, todos los adolescentes son crueles- Álvaro sabe que en su momento influyó mucho en la vida de Carlos y eso le pesa.
-Tienes que ir a por ella, no puedes dejar pasar a alguien que puede hacerte tanto bien Carlos, escúchame ella es lo mejor que te puede pasar.
-Álvaro vete por favor.
-Con esas decisiones lo único que haces es autodestruirte- Álvaro Medina abandona el despacho.
No puede creer lo que ha hecho, nunca pensó que intentaría ayudar a Carlos Pineda, pero ahora se siente mejor consigo mismo, siente que ha hecho bien y sabe que sus palabras van a hacer que, por lo menos, Carlos lo piense un poco más.

Carlos está sentado, no sabe que hacer, sabe que Álvaro tiene razón pero, no puede, no puede dejar que Anoé forme parte de su vida, no es lo correcto.
Mañana cuando la vea le pedirá disculpas y cada uno continuará con su camino. Aunque para Carlos será difícil hacer que salga de su cabeza, él es un hombre serio y lo conseguirá.

Viernes 14 de Enero en la oficina.

Anoé no ha aparecido por allí en tres días, Carlos está preocupado, llama a su casa pero nadie le coge el teléfono.
¿Tanto le afectó lo sucedido el lunes?
No puede ser, ella no es así, no le habrá afectado tanto.
Álvaro ha preguntado por ella esta mañana pero nadie sabe donde está, Carlos disimula bastante bien su preocupación, pero no para alguien que, aunque distante, le conoce tan bien.
-¿Su ausencia tiene que ver contigo?- Últimamente Álvaro está sintiendo más aprecio por su compañero, sabe que es demasiado controlador y que su vida perfectamente ordenada se esta desmoronando.
-No lo sé. No creo- Carlos realmente está extrañado.
-Ven conmigo- Álvaro se asombra de lo que está haciendo y estira a Carlos de la chaqueta.
– ¿A dónde vamos?- El chico se ha dado cuenta de que estos días Álvaro ha estado intentando ayudarle y le aprecia por ello, es como si todo el rechazo que sentía hacia él fuera disminuyendo en un par de días y eso le descoloca completamente.
El señor Pineda y el señor Medina abandonan la empresa en horas de trabajo, pero Álvaro ya pensará una excusa, ahora, aunque no está muy seguro de lo que está haciendo, quiere ayudar a Carlos.

Álvaro ha rebuscado entre los archivos de la empresa y ha encontrado el currículum de Anoé, tiene toda su documentación.
Suben en un taxi y Álvaro indica una dirección que Carlos desconoce, está agobiado, quiere salir de allí, pero le faltan las fuerzas, está mareado por todo el descontrol que está sufriendo su vida en los últimos meses.
El taxi para, y Carlos y Álvaro bajan en una casa muy pintoresca.
-¿Dónde estamos?- Carlos se está descolocando por completo.
-Carlos ven, confía en mí.
Carlos avanza, no sabe por qué le hace caso a ese hombre que hasta hace unos días era un enemigo para él.
Suben hasta una puerta y Álvaro mira a Carlos.
-Ahora te toca a ti- Álvaro le da una palmadita en el hombro y se va por donde ha venido.
El chico está confundido, ¿Y ahora qué? Mira el nombre de la puerta: Anoé Valverde Viana.
Carlos necesita un vaso de agua, hace mucho calor y él debería estar en el trabajo, pero seguramente Álvaro está en la puerta aguardando para que no se vaya.
Recuerda una cosa que le contó Anoé en uno de sus días de trabajo, como ella es bastante torpe guarda una copia de su llave debajo de la placa que hay con su nombre en la puerta para que, si algún día se cae en la ducha y grita, sus vecinos puedan socorrerla

CAPITULO 7

Carlos tiene la llave en la mano, lo que va a hacer no está bien, pero tras todos los problemas de la semana, su sentido común está algo descolocado.
Entra.
-¿Anoé?
No hay respuesta.
Avanza por la casa, es justo como la imaginaba, hecha un desastre, la decoración es colorida y no se rige por ningún patrón, no queda tan mal como él pensaba.
Llega a la habitación de Anoé y pasa, allí no parece haber nadie, pero, en una esquina, está ella.
-Anoé- Carlos está preocupado y se acerca a ella, está acurrucada al lado de la cama, se sienta a su lado y permanece en silencio.
-Yo…- No puede terminar, Anoé levanta la cabeza.
Tiene la cara roja y los ojos hinchados, lleva muchos días llorando.
-Mis… Mis padres…- Anoé rompe a llorar de nuevo.
Carlos no sabe lo que está pasando pero quiere saberlo así que espera.
– El martes venían a verme desde Tarragona y en el coche, un camión…- Anoé abraza a Carlos, se siente fatal.
El chico ya sabe lo que pasa, la abraza, nunca había sentido tanta compasión hacia nadie, la ve indefensa tiene la necesidad de protegerla.
-Están muertos Carlos, por venir a verme.
-No es culpa tuya.
-Carlos…- Las lágrimas brotan otra vez de la cara de Anoé
Él nunca había sentido tantas ganas de ayudar a nadie, no puede evitarlo, le sostiene la cara y la besa tiernamente en los labios. Está enamorado.

EPÍLOGO

Tres meses después en una masía a las afueras de Barcelona

La primavera empieza a notarse y hoy hace mucho sol, no hace falta llevar chaqueta.
Han ido a comer con unos amigos, parece que Carlos se está integrando muy bien con ellos, estos dos últimos meses han sido muy significativos en su vida.
Tras charlar con Eva y con su novio Joaquín Anoé se acerca a donde están los demás y va en busca de su novio.
Carlos está jugando al ajedrez con José, hasta ahora nadie le había ganado nunca a ese juego pero su nuevo amigo está siendo un rival muy digno.
Hace dos meses la vida para Carlos era completamente diferente, nunca podrá agradecerle lo suficiente a Álvaro lo que hizo por él.
José ha vuelto ha ganar, Carlos se levanta indignado, ahora acepta un poco mejor perder, su novia se acerca y le despeina el pelo, para ella está mucho más guapo así.
José le estrecha la mano a su compañero de ajedrez y él también busca a su pareja, abraza a Álvaro y le besa suavemente, después los seis amigos entran a comer a la masía.
Joaquín está poniendo la mesa mientras José y Álvaro están charlando cariñosamente.
-Dejad de tontear y venid a ayudarme- Dice Joaquín divertido
El grupito se formó un fin de semana en el cual Joaquín y Eva, amigos de Anoé quedaron con ella y su novio para conocerlo.
Carlos estaba nervioso pero aceptó, y en el mismo bar encontraron a Álvaro que les saludó efusivamente, se había hecho muy amigo de Carlos en las últimas semanas, allí les presento a José, su novio y desde entonces los seis son inseparables.
Carlos se siente feliz por primera vez en su vida.