Para Ariadna
Las dos estaban tumbadas, mirando el cielo…
- ¡Es bonito!
- Creo que hay algo mejor que asignarle. Bello es más acertado. Pero para mí la palabra correcta es ¡hermoso!
- Y es grande
- Grande no. Inmenso, profundo…
- Y es de color azul.
- Aparte del azul, veo el rosa, el morado y todos los colores del arco iris, incluso el oro y plata.
- Las estrellas tiemblan.
- Resulta más poético decir que titilan.
- ¡Mira una estrella fugaz!
- La he sentido.
La niña se incorporó.
- ¡Es imposible! Tienes los ojos cerrados.
- No me hacen falta los ojos para ver lo que veo. Tú, simplemente miras, yo sin mirar veo, y siento lo que veo. Lo importante es sentirlo dentro de ti. Tú podrás mirar una rosa y sabrás su color; podrás tocarla y saber que el roce de sus pétalos es suave. Al mirarla comprobarás que su tallo es espinoso, al olerla comprobaras su olor. Pero si al hacer todo esto cierras los ojos, empezarás a sentirla. Sentirás su belleza sin importarte su color, sentirás su suavidad y tu respiración se agitara, bajaras por su tallo, te pincharas y sentirás dolor, la olerás y sentirás como su aroma inunda tu alma. Te sentirás unida a ella. Al abrir los ojos ya no veras una simple rosa, sino algo maravilloso que por unos instantes formo parte de ti.
- Mamá, te quiero mucho. Yo también quiero formar parte de ti.
- Cariño, yo también te quiero. Y tú eres como la rosa. Antes de que nacieras, sin haberte mirado un instante, ya te sentía, te veía. No sabia como eras, ni tu pelo, ni tu cara, ni tus manos, pero cerraba los ojos y te veía, te quería, te amaba. Físicamente has formado parte de mí cuando estabas en mi tripita, y ahora formas parte de mi vida, de mi alma.
Escucha, si te miro la carita con los ojos abiertos, admiro tu belleza, tus hoyuelos, tus ojos negros, pero si cierro los ojos, además veo tu belleza interior, siento lo mucho que te quiero, y mi respiración se hace más intensa. Si te huelo con los ojos abiertos, unos días hueles a goma de borrar, otros a chicle de fresa, pero si cierro los ojos hueles a infancia, inocente y bella infancia. Si te toco con los ojos abiertos comprobaré tus heridas de parque, moretones, chichones, y si se te pelan las manos, pero si cierro los ojos, además te sentiré mía, parte de mí, tus heridas serán también mías y las sufriré contigo. Incluso estoy convencida que si te doy un chupetón en la mejilla con los ojos abiertos me sabrás a piruleta o chuchería, y si cierro los ojos sentiré que has sido feliz mientras las comías.
La niña rió.
- ¡Lástima no haber tenido los ojos cerrados en este momento!
- ¿Porqué mami?
- Porque si con los ojos abiertos tu risa me pareció lo más maravilloso del mundo, imagina con los ojos cerrados.
- Si quieres, me río otra vez -dijo la pequeña-.
- ¡Vale!, pero esta vez las dos cerraremos los ojos.
Y la noche se inundó de risas, de sentimientos, y de amor.
Te quiero.

