Nuestro primer encuentro

27 de Marzo, 2008

Curiosidad, profundidad al primer contacto de nuestras historias,
ambiguo contexto asentado en el parque frecuentado esa tarde por
infantiles juegos tímidamente determinados a romper la delgada
capa de lo irreal.

El pálido rostro de la naturaleza urbana nos observaba a través de
sus verdes ojos, llenos de expectación y morbosidad a lo inesperado,
condicionando mi deseo de besar tus labios y olvidarme del vivo
recuerdo de tu tierna resistencia, en la que acariciabas las formalidades
con peligrosos movimientos de entrega hacia lo que pedía a susurros
tu cuerpo.
Ignorábamos que era el inicio del final de nuestras historias pasadas,
noches extrañando tu presencia, gritando tu desconocido nombre,
buscando tu rostro con desesperación y fallando en el intento solo
para comprender que realmente existías.
La violenta reflexión o presagio de perderte en la despedida, me
sumergió en melancolía, no podía jugar ahora, el control de la situación
solo estaba condicionado a ti, e inexplicablemente tu me llevaste
sutilmente a tus labios esa noche, y cediste el control para dejarte
llevar por aquel beso, dejando atrás temporalmente todo tipo de
cuestionamientos para concretar ese rebelde acto perdido en la oscuridad.
Fue presenciado de paso, por fríos e impávidos espectadores sin rostro,
pintados con tonos grises y negros que se mimetizaban voluntariamente
confabulados con la ciudad, para dejarnos a solas en la infinidad.

Artículos relacionados

Deje un comentario