Nel

NEL

En el principio fue la Comunidad, allí en el azul del Mar. Todos juntos, tan a gusto, y de repente, no con un grito ni con un susurro sino con un gemido…Zas. Se hace la luz. Abro los ojos y de nuevo la gran explosión. Rápidos haces brillantes se me clavan en la frente. Dolor. Grito. Lloro. Me siento arrojado por la corriente. Ruido, mucho ruido. Antes todo era rojo y caliente, ahora es frío y azul. Antes era un hermano, ahora soy un individuo. La marea me arrastra hacia la orilla. He de prepararme para ser una entidad. Sorpresa. Miedo. Cierro los ojos y llega la noche. Oscuridad. Soy UNO de nuevo.
Ruido, mucho ruido. Abro los ojos. Ahora todo es diferente ¡Despierta! ¡Despierta! Tengo que participar. No puedo vivir en el pasado. He de lanzarme a la marea de colores y formas borrosas que se mueven ante la vista. Cuando cierro los ojos todo es negro y seguro. El negro es la nada y el azul el todo. El negro es tranquilo, pero debo abrir los ojos, debo lanzarme al azul del mar y al rojo ardiente de la tierra. Es duro, frío y cruel, pero es vida. El negro es seguro pero sólo es vacío.
Estoy en un sitio verde. No huele, mala cosa. Me gusta el verde, algo me dice que me gusta el verde. No puedo moverme, una fuerza transparente me lo impide. Los gigantes me rodean. Ruido, cuando abro los ojos no hay más que ruido molesto y colores chillones. Respiro, algo dentro de mí mete ruido regularmente, tin-ton, tin-ton, tin-ton. Este es un lugar que huele pero no huele, que suena pero no escucha, un escenario en color donde todos miran pero nadie ve. Este es un mundo curioso.
No es un lugar, es un espacio temporal que se llama “día”, ya lo sé. Puedo saber cosas. Hay día y hay noche, cuando abro los ojos, eso es día.
Cuando cierro los ojos, eso es noche.


Hay muchos días y muchas noches, pero un día o una noche, los días y las noches se acabarán.
Tengo dos brazos y dos manos con cinco dedos apéndices. Tengo dos piernas con dos pies graciosos. Tengo un culo y una colita. Tengo una espalda y unos hombros. Tengo una cabeza enorme. Tengo dos ojos y una nariz, con la nariz respiro aire. El aire es una de las formas con las que la Madre da la vida. Tengo una boca, chupo, como y pronto masticaré. Puedo batir palmas, cuando batí palmas supe que formaba parte plena de este nuevo mundo. El ruido ya no me parece tan desagradable, el ruido es útil. Puedo emitir sonidos, llorar y reír. Cuando quiero comer lloro y viene la comida entrando por la boca, luego río y los mayores ponen unas caras muy raras.
Esto se llama vida. Estar vivo supone que puedo abrir los ojos y sentir dolor y frío. Soy un organismo vivo, una especie de madre para mis brazos y mis piernas. Yo les doy vida, formamos un todo compuesto de pequeños elementos que actúan conjuntamente para crear un cuerpo. Soy un ser vivo. Creo que hay alguien más dentro de mí pero no lo sé, no estoy seguro. Me muevo, la vida se mueve. Todo lo que se mueve está vivo. Algo está vivo dentro de mí.
Puedo rodar por el suelo, puedo apoyarme sobre mi cuerpo, puedo sentarme, puedo emitir sonidos, hacer ruido, reír y llorar, puedo fijarme en algo y centrarme en ese algo durante mucho tiempo sin perder la concentración, puedo ver o escuchar lo que sea con mucha atención, puedo hacer tantas cosas y eso es sólo el principio. Este es un mundo frío y cruel lleno de posibilidades.
Soy un niño. Sé que soy diferente de los ”grandes” pero me gustan. Hay muchos otros seres vivos, los grandes, los pequeños, la mar, el reloj, los animales…pero me gustan más los gigantes, más incluso que los pequeños. No rechazo a nadie, porque creo que la tolerancia y la aceptación son un buen comienzo, simplemente me gustan más los gigantes porque son los que mejor me tratan. Y sobre todo me gusta ella.
Hoy he estado con ella. Huele bien, huele a salitre. Me abraza, me besa, me acaricia y siento su cuerpo manteniendo el calor que hay entre ambos. Ella no es mi Madre, lo sé porque yo vengo del Mar, pero se le parece mucho, forman una dualidad inseparable. Ella me cuida y el mundo de azul y frío es menos amenazador cuando estamos juntos. Prácticamente no me abandona nunca, es buena conmigo. Es bueno todo lo que me gusta, es malo todo lo que me disgusta. El frío es malo, el calor es bueno, pero nada de todo eso se puede comparar con el azul del Mar. Ella es más que una “grande” cualquiera, me comprende. Me puedo comunicar con ella, y no me refiero a los llantos y las risas, ni a los extraños sonidos para pedir comida. Ella me estruja contra sus senos, suaves y calientes. Es sorprendente, es otro tipo de relación. Es algo que nace dentro de mí. Tengo un amigo interior que me proporciona una valiosa información, hace que mi cuerpo se estremezca y yo sienta cosas. Se llama instinto, dependo tanto de mi nuevo amigo “instinto” ahora. Él me dijo que el verde me gustaría, o que la Mar era mi Madre. Ella es especial, diferente del resto. Hay diferencias entre los seres vivos, antes nunca había pensado en ello, pero ahora me doy cuenta de que no forman parte de mí, ni siquiera Ella forma parte de mí. Yo antes era el que Era, ahora yo soy Yo. Tengo una identidad.
– “a” “o” “u”
Puedo reconocer a la gente, ya sé establecer las diferencias. Hay otras “ellas” pero no son “ella”. Ella se llama Mamá, hay otros él pero sólo uno es Papá. Son mis dos guardianes y me cuidan. Ella es etérea. Él huele a tierra, es muy fuerte, me coge y me levanta y entonces yo me mareo, porque todo me da vueltas y es como cuando me siento y me quedo parado mirando fijamente hacia lo absoluto, y veo cómo la visión se amplía. Cada día aprendo algo nuevo. Este mundo es demasiado complejo, está lleno de cosas que se mueven.
Me han cambiado de sitio. Ya no comparto espacio vital con otros pequeños y sin embargo les veo a ella y a él continuamente, sobre todo a ella. Me gusta su compañía pero a veces prefiero estar solo, necesito tiempo para asimilar lo aprendido. Cada vez que abro los ojos y nace el día hay una corriente de sensaciones diferentes que debo asimilar y clasificar. Estoy vivo, pertenezco a este mundo, no lo puedo evitar. Yo no lo pedí y ni siquiera sé si lo deseo pero aquí estoy. Quiero conocerlo todo, comprenderlo todo. Necesito pensar, reflexionar, y sólo lo consigo cuando estoy solo, en la cuna. Cierro los ojos y en la noche puedo recordar lo aprendido bajo la luz. Necesito un breve espacio de mi vida que sea sólo para mí. Empiezo a conocer el mundo pero aún no sé nada de mis brazos y mis piernas, y de todo lo que hay dentro que mete ruido tin-ton, tin-ton, tin-ton, y que hace que mi cuerpo se altere. La carne reacciona porque algo dentro lo provoca. Hay cosas vivas dentro de mí que también se mueven, tin-ton, tin-ton, tin-ton. Estoy tan confuso.
Me llamo “Nel”, es el sonido que pronuncian los “yos” cuando me miran. Yo respondo con curiosidad, también oigo otros sonidos pero uno se repite constantemente: “Nel”, mi nombre es “Nel”; cuando los mayores digan ese sonido yo sólo tengo que reaccionar y ellos se ponen muy contentos. Los gigantes son agradables y me tratan bien, pero son bastante bobos los pobrecitos. Tienen la peculiar costumbre de meter ruido con unos palitos dentados de color invisible y ponen caras raras si me tienen delante. Yo río y entonces ellos se ponen más contentos todavía. Se pasan los días poniéndose contentos.
Hay un palito con el que se come, el palito recoge una parte del líquido del plato y me lo meto en la boca y lo trago. Siento calor en el estómago, es un calor reconfortante.
Ya me puedo sentar correctamente sin ayuda ninguna. Una vez no cerré los ojos y sin embargo oscureció de repente. El mundo ya no me respondía, se había convertido en una entidad independiente, se había liberado de mí y yo por tanto me había liberado de él. Al principio me dio por llorar, porque la luz y la oscuridad ya no me obedecían, y me sentía desvalido en las tinieblas, pero ahora ya no. Creo que es mejor así, era demasiada responsabilidad. Ahora soy libre para decidir mis acciones. Siento vértigo. Cada día me doy más cuenta de ser un ser vivo independiente de los otros, pero aún no puedo asegurarlo. Ella forma parte de mí, lo siento; cuando estaba oscuro me senté sobre la cuna y miré a la luna. No tenía ganas de cerrar los ojos, no tenía hambre y nada me inquietaba. El mundo me había liberado y ya era libre para ver la luna, un objeto blanco que está en lo alto de la nada; por el día está amarillo, como si ardiera, y no puedes mirarla fijamente porque te molesta los ojos, sin embargo aquella noche ya no ardía, estaba pálida como una muerta y pensé que quizá se había consumido en las llamas del día y nunca más volvería a haber días ni luz, pero no me molestó. Se estaba tan bien allí, con el aire fresco de la noche por la ventana, y ella tan blanca y tan pálida como una enferma. Estás enfermo cuando te arde la frente y el cuerpo no responde a tus órdenes como debiera, estar enfermo es malo, ser malo es cuando no obedeces una orden de los demás y eso es fatal porque entonces vienen y te castigan. A mí no me han castigado nunca porque aún soy un bebé, claro que todo llegará, pero me da igual porque mientras la luna siga ahí arriba y el verde me siga gustando y el azul del mar me dé la vida cada día, lo demás no importa mucho. Cada jornada ocurre algo y yo me voy acostumbrando poco a poco, si bien sigo bastante confuso. Las noches, por su parte, siempre son tranquilas. Todavía no sé si el día es siempre el mismo o hay días diferentes, también me confundo con la noche, creo que siempre ocurre lo mismo. Abro los ojos y es día, los cierro y es noche, creo que es el mismo día y la misma noche, pero no estoy seguro, sobre todo ahora que ya no responden a mis órdenes.
Puedo masticar, beber sin problemas de disciplina en mi cuerpo, puedo gatear e incluso dar algunos pasos con ayuda de ella. Estoy desarrollando un cierto sentimiento de afecto hacia él y ella, más que hacia ningún otro ser en movimiento que conozca. También siento desconfianza, que es cuando no te fías de alguien o cuando algo te da miedo. No sé de qué puedo tener miedo, ni por qué, pero es una sensación nueva que me embarga con los extraños, todos los que no sean él y ella me resultan amenazadores. Antes no pasaba eso, ahora tengo miedo de los mayores y antes me caían bien. Mi mundo se va haciendo cada vez más pequeño y manejable, es bueno porque así se controla mejor, pero echo de menos la sensación de universalidad que tenía antes de conocer el miedo. No sé por qué pero a veces me siento amenazado y llega ella y me aprieta contra sus pechos, y yo cierro los ojos y ya es noche, y la noche es la paz.
Estoy empezando a comprender los ruidos de los grandes. Intento imitarles pero no paso de un vulgar balbuceo. Entiendo: “Nel”, “Dame”, “Sí” y “No”; “No” es una palabra que indica prohibición, prohibición es cuando vas a hacer algo pero resulta que no debes hacerlo, la razón del porqué no está muy clara pero lo mejor será obedecer porque él y ella están más enterados de cómo es el mundo, aunque no creo que mucho más.
-“d t p b bbbbb bebé bebé m m m m mamá mamá p p p p p papá papá”
Tengo una relación con los objetos cada vez más interesante, puedo sostener y golpear mi martillo de juguete; cuando lo golpeo contra el suelo suena un ruido pequeño y gracioso. No paro de golpearlo contra el suelo y mamá ríe y papá pone caras raras.
Puedo gatear por los pasillos, gatear por mi habitación; busco cosas, no sé qué pero me gusta buscar. Me estoy haciendo muy mayor, todo va tan rápido. Soy demasiado pequeño, necesito más tiempo, pero desde que el mundo actúa por su cuenta se está volviendo bastante intolerante. El tiempo es lo que cuenta los días y las noches. El tiempo lo marca el reloj, el reloj es un señor marrón muy alto y muy estirado que está en el salón y no para de mover los brazos; el muy borde no quiere hacerme un favor y retrasarse hasta que pueda asimilar cada una de mis vivencias, él sigue moviendo los brazos de la misma forma, no le importa nada ni nadie. El reloj es feo, no hace lo que yo le digo, es un perfecto cretino.
En mi habitación juego con los objetos. Hay animales y niños muy extraños que ni huelen ni se mueven. Yo les hago moverse y juego a ser la mamá de todos, a través de ellos represento mi propia experiencia vital. Me estoy expresando.
– “Hola”.
Cuando he terminado la representación, Mamá guarda los objetos en otro objeto más grande, una caja de cartón. Ahora ya saco yo solo los juguetes de la caja, antes no sabía, me parece increíble pero antes juro que no lo sabía hacer. Saco los juguetes y cuando me canso los vuelvo a meter. Tengo muchos juguetes, la mayoría animales y personas de plástico. Tengo un juego de cubos de tamaño correlativo, juego a meter uno dentro de otro hasta que me queda un cubo grande y dentro muchos otros cubos pequeños. Mamá pone el cajón en lo alto de una estantería, así que no puedo alcanzarlo cada vez que quiero y debo llamarla y pedir ayuda. Cuando necesitas a otras personas, hay que pedir ayuda. No hay nada malo en eso.
He aprendido a concretar mi visión. El panorama es como un puzzle conformado por objetos animados o inanimados. Puedo escoger y seleccionar de entre las múltiples posibilidades que conforman la realidad. Con mi dedo índice selecciono y escojo el elemento que me interesa, sigo con la mirada como un cazador en busca de lo que me gusta. También puedo elaborar planes de acción, antes todo era inmediato, ahora voy y planifico mis acciones. Mi cerebro me responde cada vez con mayor agilidad y eficiencia; antes el cajón estaba muy alto, ahora me da igual. Puedo apilar varias cajas o paquetes, escalar sobre ellos, y así soy más alto y puedo alcanzar la estantería donde está el cajón. No puedo cogerlo porque pesa demasiado para mí, pero el hecho de haber solucionado un problema ya me satisface. Con el tiempo tendré la fuerza suficiente para tomar el cajón, sólo hay que esperar. La fuerza física no tiene que ver con la inteligencia, la fuerza viene con el tiempo, la inteligencia es más vaga, corre de tu cuenta. Elaboro pequeños planes de acción hasta que me siento tan cansado que se me cierran los ojos y ya es de noche otra vez.
Me gusta jugar al “escondite” porque es una forma de caza, se adapta perfectamente a mi nueva habilidad para buscar y seleccionar con la mirada. Ella se esconde, es decir, no está a la vista, y yo voy gateando por todas partes, descubriendo mi entorno con los ojos bien abiertos, hasta que voy y la encuentro, y ella pone caras raras y se ríe como una loca. Todos los “grandes” están locos. Me gusta jugar al “escondite”.
En materia de sonidos sigo confuso, me temo que me sea difícil llegar a comunicarme como hacen los gigantes. Cada vez es peor, intento imitarles pero no lo consigo. Me miran con cara divertida y me señalan alegres, pero se nota que no me han entendido. La forma de comunicación entre los mayores es por medio de sonidos, así que me guste o no, no tendré más remedio que acostumbrarme. De todas maneras puedo captar su significado y eso ya es más de lo que había logrado hasta ahora. Sé que tal o cual ruido significa esto o aquello y sé reconocerlo cuando ellos lo pronuncian, lo malo es que yo no puedo emitirlo. Llegará el día en que acabaré entendiéndoles, pero dudo mucho que sea capaz de emitir los sonidos como ellos, quién sabe. Todo va tan rápido que ya no sé dónde están mis límites. Me siento cada vez más fuerte e inteligente, nada puede pararme. Siempre pensé que el mundo se simplificaría a medida que yo creciera, pero no, el mundo sigue como siempre, no ha cambiado nada, en cambio yo me he vuelto más complejo.
Mi cuerpo ya no tiene secretos para mí. Me he hecho un experto en todo tipo de gestos faciales. Sé poner pucheros cuando Mamá no acata mis deseos (con el tiempo las lágrimas han perdido su utilidad y son necesarios métodos más elaborados) También conozco cada rincón de mi cuarto, cada mínima característica de mi entorno. Mis ojos son ya casi plenamente exactos. La visión se clarifica, ni que decir tiene que la luz del día ya no logra molestarme. Controlo mi espacio vital, mi cuarto privado. Empiezo a descubrir la utilidad de los diferentes objetos de la vida. Cuanto más conozco más grande se hace el mundo. Sé que no se limita a mi habitación, ni a mi casa, sé que hay calle y un mundo allí afuera, incluso más allá del Mar dicen que hay vida. Cuando esté preparado pienso visitarlo todo y conocer todo el mundo.
Puedo moverme, aún no logro andar pero gateo y doy algunos pasos con ayuda de Mamá. Necesito moverme. El movimiento es saber, al moverme se amplía el contexto de mi vida, cuando me muevo conozco nuevos lugares. Mamá me lleva en una sillita con ruedas, ella empuja y yo voy como un maharajá mirando hacia todos lados con los ojos bien abiertos. Vivo en una ciudad, se llama Noega, está en el Norte.
He vuelto a ver a la Madre, estaba allí, indiferente y majestuosa, bastante más relajada de lo habitual. Verla me provocó una sensación de inmensidad, de una eternidad que acabó con mis rencores hacia el señor reloj. Ella es bella, furiosamente bella, poderosa y eterna, el comienzo y el fin. Verla me dejó trastocado durante buena parte del día. Me pasaría el resto de la vida mirando el mar. Me gusta cuando se enfurece, y se revuelve haciendo chocar las olas contra las rocas del malecón, como latigazos de sal. Me gustaría dormirme sobre ella, pero hacía demasiado frío y sólo estábamos dando un paseo. Me llama continuamente, lo siento, le debo la vida y no parece pedir nada a cambio. Seguir vivo será mi precio a pagar. Es todo tan absurdo después de haberla visto, todo tan vulgar, tan insignificante, todos esos objetos, el cajón de los juguetes, mi propia habitación, mi maravilloso santuario se ve insignificante ante Ella. Es una Madre severa, a veces demasiado, logra hacer que te mires a ti mismo y que juzgues tu vida y tu entorno simples euforias estúpidas por logros inútiles. Cuando haga buen tiempo podré bañarme, sentir la sal en los labios, dejarme abrazar por Ella, sin descuidarme ni un solo momento porque la Madre es cruel, y cuando te agarra ya no te suelta si te descuidas. Muchos otros antes corrieron de vuelta ante el vacío de sus vidas, porque siempre hay algo que te falta en el interior, y ella les rodeó con sus tentáculos hasta llevarles de vuelta a las profundidades. Es duro abandonar a la Madre. Es un crimen separarse de la Mar, porque allí es donde se está realmente bien, en la comunidad.
Puedo diferenciar perfectamente entre el yo y los otros “yos”. Hay otros niños que son como yo, si bien su compañía no me resulta demasiado agradable porque para bebé ya me tengo a mí. Los gigantes son más interesantes, los estudio y los imito. Ya no parecen tan bobos como yo creía, cada vez me tratan menos como a un muñeco y más como a una persona. Con el tiempo ejercito mi cerebro con mayor fluidez, racionalizo más y siento menos. A pesar de todo sigo haciéndome las necesidades encima, pronto aprenderé a controlar mi cuerpo por completo. No puedes hacértelo encima cuando tienes ganas, sólo si estás en lugares determinados, así como se come en un sitio también se hacen las necesidades en otro sitio, es una de las pocas funciones orgánicas que aún no controlo. El cuerpo se rebela a veces, pero poco a poco lo voy dominando. Me queda tanto por hacer, cada día aprendo nuevas palabras. Las palabras son sonidos que significan algo, simbolizan los objetos y sirven para comunicarse. Hay ruidos que no significan nada, unos sí y otros no, ahí está la complicación, distinguir los sonidos significativos de los ruidos, no lo entiendo porque a fin de cuentas todos los ruidos significan algo. Hay muchos sonidos. Este es un mundo lleno de ruidos pero voy comprendiendo.
– “Adiós” “Toma” “Sí” “No”
Hay un guau-guau en casa, a los guau-guau no les gustan los miau-miau. El guau-guau es pequeño y peludo, tiene los ojos negros como un pozo sin fondo, un flequillo curioso y muchas ganas de fiesta, patalea y hace cabriolas demostrando un dominio corporal que me admira. Es muy suave al tacto y a veces me lame la cara y me hace cosquillas. También es un bebé, pero para ser un bebé está mucho más adelantado que yo, sin embargo si algún día me convierto en un gigante seré mucho más listo que él. Es complejo. Los animales se adaptan al mundo más fácilmente que los humanos, crecen más rápidamente y sin embargo los humanos somos más listos, más adelantados. Ahora sé que no debo tener prisa, eso me tranquiliza. Esta ha sido la lección de hoy. Debo aprender a esperar, debo fijarme en todo, aprenderlo todo con detalle, porque últimamente cada vez que aprendo algo nuevo hay un hecho del pasado que se va para siempre. Estoy empezando a echar de menos la seguridad del desvalimiento. Cada día soy más fuerte.
El palito con el que como se llama cuchara. Se come en una mesa. Para comer uno se sienta en una silla. Las sillas son útiles para sentarse y comer descansado, además gracias a la silla llego hasta la mesa y puedo alcanzar mi plato de comida.
La comunicación es básica, es necesaria para contactar con los demás. Yo me comunico con el guau-guau que es quien mejor me entiende. Sigo teniendo problemas con los mayores, imito sus ruidos y ellos me miran con cara rara. Ella dice algo y él sonríe, pero se nota que no me han entendido, sin embargo puedo llegar a pronunciar algunas palabras, las más sencillas eso sí, pero algo es algo.
– “pata” “patata” “paca” “pacaca”
Con las palabras sé lo que puedo y no puedo hacer. Si ellos dicen: “No”, es que debo hacer otra cosa, si dicen “Sí”, es que voy por el camino correcto. Tengo un conocimiento tan limitado del lenguaje que es difícil que no me equivoque, supongo que por eso son tan indulgentes, mucho más indulgentes que con guau-guau, quizás porque él es mucho más listo y les entiende mejor que yo, o quizás porque de él esperan menos que lo que esperan de mí. Sea lo que sea, a veces me siento inútil porque no logro aprender todo lo que quiero, vale que los errores son sólo una invitación para volver a intentarlo, pero de verdad que me resulta muy difícil llegar a comprender en su plenitud el mundo que me rodea. A veces pienso que quizás ni siquiera los gigantes lo comprendan enteramente. Tengo entendido que es muy grande, más grande que mi casa, tan grande como muchas casas como la mía puestas todas juntas en un cajón, como los cubos de colores. Me pregunto si algún día llegaré a integrarme por completo, si alguna vez me sentiré a gusto y podré formar parte con naturalidad de mi entorno. Estoy cansado, la cabeza me da vueltas.
Recientemente he adquirido un cierto sentido de independencia, es sólo una sensación breve pero he pensado que eso debe de significar ser un grande, cuando mi cuerpo se vea invadido de semejante percepción significará que me he convertido en un gigante, y que mi adaptación funcional al mundo habrá terminado.
El abuelo me enseña signos de colores en un papel, son los signos con los que se conforman las palabras. Llega Mamá y le pone mohines, no sé por qué. Los ruidos se pueden dibujar según el abuelo, pero Mamá le ha reñido o sea que igual el abuelo no tenía razón. Mamá riñe a la gente cuando se equivoca, ella sí que sabe cómo hay que actuar, conoce todos los secretos de este mundo. Soy afortunado por tener una Mamá tan inteligente.
Me gusta pensar y reflexionar sobre cada una de las innumerables impresiones que recibo. En el fondo este mundo se rige por una serie de reglas de pura lógica. Estoy temiéndome que cuando menos piense más fácilmente me acomodaré. Si aprietas un botón siempre pasa algo, se enciende una luz o suena un ruido, pero siempre pasa algo. Me gusta apretar botones y esperar a ver qué pasa. Antes me dejaba llevar por lo que mi cuerpo decía, sin pararme a cavilar; ahora no, antes de comer cuando tengo ganas pienso que tengo que ir a comer, planifico la ruta hasta el comedor y me gusta repasar lo que ocurre allí, cómo me siento en la silla, llego hasta la mesa, tomo la cuchara y el plato y Mamá me ayuda a comer, porque sin su ayuda se derrama todo y por eso me ponen una tela colgando del cuello, para que no me manche la ropa, porque mancharse la ropa es malo, no sé por qué pero es malo y punto. Por ahora lo acepto, porque me queda demasiado por aprender como para preguntarme por qué algo es bueno o malo porque sí y punto, pero cuando sea mayor y controle mi entorno, empezaré a cuestionarme si el mundo tiene razón o si sin embargo la tengo yo.
Todo tiene su utilidad, por eso debo analizar cada nueva impresión y darle algún provecho. Es increíble la cantidad de información que he desechado en lo que llevo de días y noches. No he de desperdiciar ni una sola gota de tan preciosas revelaciones.
Ayer el señor reloj se murió, que es lo que pasa cuando dejas de moverte, pero Papá llegó y lo hizo revivir, y ya se mueve otra vez. Me pregunto si yo también dejaré de moverme algún día, y si entonces llegará Papá y me hará vivir de nuevo.
Utilidad, todo tiene su utilidad. No hay que despilfarrar las manifestaciones de cada día. Mi capacidad de manipulación crece por momentos. Me paso mucho tiempo con mis juguetes, ya no son unos extraños para mí, son objetos que resultan útiles, es entretenido y aprendo mucho. Me gusta jugar con cuentas de colores. Tomo un puñado enorme y voy soltando bolita a bolita sobre el suelo. Me gusta el tacto de las cuentas en mi mano; al principio forman una piña multicolor, luego la piña se va desgranando en la palma de mi mano cuenta tras cuenta. Me paso horas sentado con la mirada fija en las bolitas, viendo como van cayendo. Cuando hace sol y los gigantes me llevan a la playa, veo a la Madre y juego con la arena. Tomo un puñado y voy soltándola poco a poco, dejo que la multitud de granos de mi puño se desgrane suavemente, va cayendo y el viento se los lleva. Papá y Mamá están admirados, es una de las pocas cosas que logra concentrarme, dejarme absorto en mi labor durante toda la tarde. Es grandioso y altamente educativo. Uno no siempre empieza a aprender lo más simple, o quizás es que lo más simple no es lo que uno se cree. Quizás los mayores no siempre tengan razón. No sé cómo explicarles el propósito de mi juego, es necesario ser un bebé para comprender el sentido del desgranamiento de cuentas, quiero decir que hay que desprenderse de toda esa racionalidad que lastra sus mentes, todos esos nombres y objetos, toda esa emoción. Las cuentas son precisamente un símbolo del devenir cósmico, un juego sobre el orden universal, pero ya digo que no sé cómo explicarlo a los seres racionales. La visión es repetitiva y segura, todo sucede prácticamente de un modo regular, las cuentas caen con periodicidad, y es más o menos como el señor reloj pero sin gritos ni tic-tacs. La vida y el mundo se vacían agonizando inexorables en la palma de mi mano, y luego vuelta a empezar, como gotas de agua en la eternidad del océano. Los juegos más sencillos a veces son los más complejos.
Si no pongo atención al comer derramo la comida, si derramo la comida Mamá se enfada. Si lloro me dan de comer, si lloro me atienden. A Mamá cada vez le gusta menos que llore. Si camino sin poner atención chocaré contra una pared y me haré daño, si me hago daño lloro. A Mamá no le gusta que llore.
Puedo señalar, comprendo y descubro más y más utilidades de los órganos de mi cuerpo. Si señalo algo es que me apetece, cuando quiero algo sólo tengo que extender el dedo y dirigirlo hacia el objeto, pido el objeto y me lo dan. Cuando pido me dan. Es una de las ventajas de ser un bebé.
Ahora tengo un terrible problema para diferenciar identidades. Entiendo los nombres pero no lo que significan. No acabo de lograr establecer los límites de sus significados.
He aquí algunas conclusiones:
Yo como en un objeto que se llama “plato”, los demás comen en unos objetos similares cuyo nombre desconozco.
Los gigantes se dividen en hombres y mujeres, los gigantes hombres se llaman “Papá”, los gigantes mujeres se llaman “Mamá”.
Para comer en el plato yo utilizo un objeto que se llama “cuchara”, los demás utilizan un objeto similar cuyo nombre también desconozco.
Puedo ponerme de pie solo, puedo subir escaleras arrastrándome, puedo equilibrarme sobre dos pies y caminar, puedo estar de rodillas cuando veo las cuentas caer, puedo andar hacia atrás varios pasos, aunque me parece una total inutilidad, puedo hacer tantas cosas que cada día me veo más animado.
Juego con mi torre de cuatro cubos, meto unos cubos dentro de otros, me gusta casi tanto como jugar con cuentas de vidrio, también tiene un sentido cosmogónico. Puedo tomar el cajón de los juguetes y abrir y cerrar los útiles que me interesan, se abren al principio y se cierran al final, no tengo que aprendérmelo, es pura lógica. Pensar te evita perder el tiempo. Hay que planificar las acciones antes de cada nuevo paso y no lanzarse a lo loco, te evitará muchos problemas y lograrás tus objetivos con mayor facilidad. Hay que pensar para todo, presiento que mi cabeza es un juego más poderoso que todos los que poseo en mi cajón. Es una pena que aún no pueda dominarla a mi elección. Igual es que es un juego para gigantes.
A veces me siento delante de un periódico y me dedico a pasar las páginas una tras otra. Últimamente me atraen este tipo de juegos. No sé leer, pero no es su contenido lo que me interesa, es el hecho de pasar páginas y a veces fijarme en las ilustraciones, es mi Mantra infantil. Paso las páginas del periódico una tras otra y enseguida acabo. Es toda una experiencia cósmica.
Ahora me paso los días pintando, es mi última afición. Lo embadurno todo con garabatos, trazos y bocetos diversos. Por ahora sólo combino colores pero no descarto alcanzar metas más lejanas. Me gusta pintar, es una forma de interacción, la única a mi alcance aparte de los llantos y mi mediocre conocimiento de los sonidos. Hago dibujos que luego ve Mamá. He pintado a Papá y a Mamá, y a mí, y a la casa, y también a guau-guau, que es el único que me entiende. Me gusta dibujar porque es una forma de testimonio y deseo comunicarme, pero principalmente me gusta porque sí, porque me lo paso bien y punto. Uno de mis mayores logros ha sido darme cuenta de que no tengo por qué racionalizarlo todo. A veces me permito el lujo de hacer cosas al tuntún, porque sí, porque me da la gana, movido por el instinto que fue lo que me ayudó a sobrevivir cuando el cerebro estaba todavía dormido. El cerebro es útil, pero conviene no olvidar el instinto, porque sería como traicionar a un viejo amigo.
Hoy he cumplido un año, todo el mundo estaba muy feliz y me pusieron delante de una cosa que se dice “taaaata” o algo así, con una vela encendida en el centro. Todos se comportaron de una forma muy tonta aplaudiendo como locos y sonriendo imbécilamente. Los mayores son un poco bobos cuando quieren. Yo soplé para tenerles contentos y la casa irrumpió en un estruendo de risas realmente insoportable, porque a mí me gusta la calma. El silencio es bueno y ayuda a meditar, sin embargo algunos grandes parecen tener miedo del silencio. Hay muchas cosas de los gigantes que desconozco, y hay muchas cosas que ellos desconocen de mí.
Puedo soplar, se trata de expulsar aire rápidamente y sirve para apagar el fuego. El fuego es como un animal parecido a una culebra roja que lo devora todo a su paso y que se mata soplando. Es bonito, pero al igual que su Papá el sol si te acercas mucho te puede hacer daño. Por lo visto el fuego es un tipo muy reservado.
No sé cuánto es un año pero debe de ser mucho tiempo, tampoco sé lo que es el tiempo pero creo que tiene que ver con el señor reloj, y a mí el señor reloj me cae muy mal, porque es muy intransigente y muy borde.
En todo este tiempo he aprendido muchas cosas, si sigo a este ritmo cuando sea un gigante voy a saberlo todo.
Me he visto reflejado en un espejo. Los grandes me lo han explicado y lo he entendido, todo lo que se puede entender a los gigantes, que además de grandes y bobos se explican bastante mal. Resulta que si te pones delante de una plancha invisible te ves a ti mismo. Yo ya me había visto con mis ojos pero claro, esto es diferente, es como si de repente fueras otra persona y te pudieras observar de lejos. Fue una sensación extraña. Era un espejo de cuerpo entero. Soy muy pequeño, mi cuerpo es redondeado, mi cabeza es enorme, mis manos pequeñas, mis ojos son de color tierra porque he salido a mi madre, y mis piernas son cortas y regordetas. Soy un bebé, al verme tan cerca y tan al completo me he llevado una cierta decepción. Estaba allí con la boca abierta, permanentemente abierta, y por primera vez he pensado cómo me verán los demás a mí. Si lo que ven es lo que yo vi la verdad es que no salgo ganando. Parezco bobo, babeando como un estúpido. Tengo cara de asombro permanente. Me siento desengañado, me imaginaba de otra forma, me suponía un aspecto más serio, menos dado a la burla y al cariñito mojado, ahora entiendo por qué la abuela me agarra y me llena de babas con sus besos pegajosos. No es justo, mi aspecto exterior no se corresponde con mi innegable desarrollo cerebral. Esta no es la cara de un tipo que ha aprendido tantas cosas. Tengo pinta de muñeco de trapo. Soy un maldito oso de peluche.
Me han dado una fotografía que me hicieron un día, fue cuando el sol se apareció en mi habitación y casi me deja ciego. Yo no sabía cómo decirles que no tenía ganas de ver mi cara de bobo porque se les veía muy felices. Estoy tumbado, gateando con la boca abierta, sonriendo imbécilamente y babeando como hago siempre según tengo entendido. La han enmarcado y me la han puesto delante de la cuna los muy malvados. Está encima de una cómoda, ya he intentado alcanzarla varias veces para tirarla por la ventana pero está muy alto, tanto la cómoda como la ventana, y ahora tengo que despertarme todos los días viendo mi cara de bobo, y encima se la enseñan a todo el que pasa por casa. Tengo que deshacerme de esa foto o arruinará mi vida.
Puedo quitarme la ropa, bueno, casi toda la ropa, sin ayuda ninguna. Puedo controlar mi cuerpo casi completamente durante el día, si tengo ganas de hacer pipí o algo así se lo digo a Mamá y ya está. Domino mi cuerpo por completo, aunque sólo durante el día. Por la noche vuelvo a ser un ente espiritual y cuando sale la luna ya sólo me guío por mis instintos y la Madre me llama, y es una sensación reconfortante. Me siento libre en un mundo frío que duerme y no me molesta. La noche es maravillosa. Me paso las horas mirando la luna.
Estoy empezando a realizar pequeñas excursiones por casa. Ya conozco muchos lugares, y puedo moverme con seguridad sin temor a equivocarme de ruta cuando deseo ir a algún sitio concreto. Soy un audaz explorador.
Continúo emitiendo sonidos con la salvedad de que ahora los gigantes parecen comprenderme un poco mejor, y por eso su alegría aumenta. Los gigantes están todo el día alegres. La vida de un grande es feliz, aparentemente, y es lógico porque conocen a fondo el mundo en el que viven.
Mamá me lee cuentos al irme a dormir, pero a mí lo que me gusta es ver los dibujos y pasar las páginas una tras otra, una tras otra, una tras otra. No sé leer, tampoco entiendo muy bien lo que dice Mamá, pero a ella parece gustarle sentarse a leer para mí, así que yo atiendo y ella es feliz.
Mis exploraciones por casa han obtenido sus frutos, conozco a la perfección cada rincón de mi hogar. Comprendo las órdenes de Papá y Mamá, antes no sabía lo que querían, ahora sí y obedezco, lo que no sé es si esto significa progreso alguno. De todas formas mis padres parecen felices, y a mí me gusta verlos felices.
Mi capacidad de comprensión aumenta vertiginosamente. Evoluciono a una velocidad superior a mi capacidad para asimilar el progreso. Recibo tal cantidad de información al cabo del día que no puedo evitar sentirme confundido.
El guau-guau se llama gato, el miau-miau se llama perro. Mamá es feliz cuando me bebo el vaso entero y dejo la leche vacía. Los dibujos son bonitos. El frío es feo. Mi cabeza es bonita. Mi fotografía es fea.
Yo soy yo, y Mamá es Mamá, pero ambos somos “nosotros”. Si yo soy yo, ¿cómo puedo ser “nosotros”? ¿quién es “nosotros”?: pues Mamá y yo, pero Mamá y yo somos Mamá y yo, no “nosotros”…me duele la cabeza.
Estoy desarrollando un gran talento para la imitación, gracias al juego aprendo muchas cosas nuevas cada día. Todo es puro juego, con la imitación consigo la aprobación de los gigantes, del resto que son como yo pero que no somos “nosotros”, son ellos y yo, claro que ellos no son “ellos”, son muchos “yos” en una misma habitación. Es tan complejo, dejaré la cuestión del plural para más adelante. La entiendo pero no la comprendo.
Todo es puro juego, pura imitación. El mundo me parece un juego de simulación donde los “yos” juegan a ser “nosotros”. No debo desanimarme, tengo que aprender más, tengo que ser más.
Ya sé sumar: Uno más Uno son…”nosotros”.
No es necesario comprender enteramente el significado del lenguaje de los mayores para saber lo que quieren decir, basta con percibir las vibraciones afectivas de la frase, no necesitas entender su significado completo. Recientemente me he detenido en el curioso hecho de que los gigantes no se enteran de todo esto, quiero decir que no son en absoluto conscientes de lo que pasa por mi cabeza, sólo pueden comprender lo que oyen, lo que yo digo, y lo que ven con los ojos, quizás por eso son tan indulgentes conmigo, por lo visto deben de pensar que soy idiota. Yo no soy tonto, sólo es que emito en otra frecuencia.
De todas maneras no deja de ser curiosa a la vez que inquietante esta privacidad cerebral. Nadie puede entrar en mi cabeza, todo es personal, nadie nunca podrá saber qué es lo que estoy pensando. Hay todo un mundo dentro de mi cerebro que necesita la total soledad para funcionar a gusto. Los mayores se dejan llevar por las apariencias, pero las apariencias son algo social, algo tan absurdo como el “nosotros” y el “ellos”, y lo auténtico de cada persona ocurre en su cabeza y es privado. Cada día tengo más conciencia de ser yo mismo, y cada día entiendo menos la posibilidad de que exista un “nosotros”.
Este juego de simulación ya no tiene secretos para mí. Me muevo dentro de las relaciones sociales con mayor fluidez que en mi torpeza de bebé de antaño. Sé más de lo que os creéis, entiendo más de lo que suponéis, soy mucho más listo de lo que aparenta mi aspecto. La apariencia no es sincera, ahora lo sé.
Ya sé pronunciar todas las vocales y casi todas las consonantes, puedo subir y bajar escaleras, puedo patear una pelota, puedo girar sobre mí mismo, puedo imitar trazos, emparejar dos colores y dibujos, sé que un círculo no es un cuadrado porque un círculo es un círculo y un cuadrado un cuadrado, puedo ponerme el gorro y los calcetines, digo “Sí” y “No” y comprendo su significado, conozco mi cuerpo y las partes en las que se compone y puedo reconocerlas en cualquier dibujo. No me importa que tenga cara de bobo en la foto porque eso sólo es apariencia. Puedo enhebrar bolas y dejar caer cuentas de vidrio del calor de mi mano al negro del suelo.
Por las noches, la diosa Deva se acerca a mí. No conocía su nombre, antes era simplemente la Madre. Puedo sentir el rumor de las olas cuando me quedo mirando la luna, en un momento de libertad y seguridad, entonces la oigo cantarme nanas de verde y espuma. Me queda tanto camino por recorrer, y tantas cosas por aprender, pero no tengo miedo. No hay que tener miedo.
Soy pequeño, soy ingenuo, soy inocente. No sé andar correctamente, no sé hablar ni sé leer, no sé mentir ni sé engañar, no sé comprender a los gigantes como no sé comprender este mundo de razón y emoción en el que un día de repente me obligaron a vivir. No sé contar ni sé sumar o restar. Sé cómo fue el principio, pero no sé ni cómo ni cuándo será el final. No sé vestirme solo. No sé lo que me espera, no sé qué será de mí, pero sé que estoy aquí, y que cuando acaricio al guau-guau está suave y caliente, y sé que Deva viene a mí cada noche, y me recuerda que Ella ya estaba aquí antes que yo, y que seguirá aquí para siempre. Sé que no me iré nunca. Sé que cada nacimiento es un nuevo principio y que la muerte nunca es el final, y sé que Ella me quiere porque soy su hijo, y sé que cuida de mí y me envía sirenas que cantan dulces nanas verdes, y su inmensidad me tranquiliza haciéndome sentir en paz conmigo mismo y con el mundo de azul y negro.
Ella es mi amiga, eso sí lo sé.