Misterio, Relato

Melodias

Por , en 12 de septiembre de 2009

Melodías

Apenas se escucho el silencio, el público no pudo evitar ponerse de pie y comenzar a aplaudir a la dueña de tan hermosa melodía, realmente se encontraban asombrados, aquella joven había superado las expectativas de todos los que la rodeaban, era increíble pensar que a su edad era considerada una artista de tal categoría. Decidida dejo su asiento, justo en frente de aquel enorme piano color negro y camino orgullosa hacia el centro del escenario, a pocos centímetros del borde. Lo que sentía dentro de si tras ver la reacción del público era algo que honestamente no podía describir, pero sin duda sabía que gracias a ello, tantos años de esfuerzo valían la pena. Con una sonrisa en los labios tomo la difícil decisión de despedirse, pero no sin antes observar por ultima vez a aquel publico tan maravilloso, en ese momento la calida sonrisa se borro de su rostro, una extraña mirada sobresalía del resto, la sentía tan penetrante que no pudo evitar sentirse nerviosa, un inolvidable e intenso escalofrío recorrió su cuerpo, rápidamente volvió en si, tomo la falda de su blanco vestido, el cual hacia resaltar su tez morena y se inclino intentando así recibir toda la energía que emanaban los aplausos de los espectadores, vuelve a levantarse y por instinto busca aquella penetrante mirada que causaba en ella tanta curiosidad, pero fue inútil. El telón comenzó a moverse lentamente, era el momento de irse, así que tras susurrar las palabras “gracias”, que mas que para el publico fueron para ella misma, se dio la vuelta y camino hacia la realidad, donde después de sentirse tan única, tan aclamada y tan poderosa, volvía a ser una típica joven, con un gran talento…

Agotada y alegre por lo logrado, Rossana entra a su cómodo camerino. Por muy bien que se sintieran ya estaba hartándose de tantos elogios, se recuesta unos minutos en el sofá intentado asimilar lo que acababa de vivir, pero el molesto sonido de unos tacones acercándose, y posteriormente el golpeteo de la puerta, la saca de sus pensamientos, intenta hacerse la sorda para ver si aquella persona se cansaba de tocar y se iba, pero ella sabia muy bien que no la podía engañar – Ana, ábreme – Fastidiada, la joven se levanta – ¿Que quieres Diana?- pregunta la pianista mientras tras abrir la puerta, ve a una mujer de tez muy blanca, alta y esbelta, 1.80 debía medir aproximadamente, claro, eso con ayuda de sus característicos tacones de aguja, su liso cabello castaño caía hasta rozar sus hombros, definitivamente la envidia de cualquier mujer, Ana aun no podía entender como a sus 24 años, aun era soltera – Que te apures, nos tenemos que ir y tu aun ni te has cambiado- Dijo Diana rápidamente sin siquiera entrar a la habitación, su voz era fuerte, así hablara con cariño siempre parecía que estuviese de mal humor, aunque bueno, en realidad casi siempre lo estaba, Ana al escucharla volteo los ojos y bostezo – De acuerdo, de acuerdo… ya ni dejan descansar a los artistas- dice alejándose de la puerta, Diana suelta una pequeña burla -Te pones insoportable después de un concierto… Vamos apúrate, te espero abajo- Cierra fuertemente la puerta del camerino y se aleja, Rossana toma su muda de ropa mientras escucha como el sonido de sus tacones se aleja cada vez mas hasta volverse prácticamente imperceptible.

Ya estaba lista, aunque honestamente se había tardado bastante, bueno, ella nunca había sido muy veloz a la hora de vestirse y arreglarse, eso era algo por lo cual discutía tanto con su tutora. Toma sus cosas y se marcha trancando la puerta de un golpe, tenia que correr si es que quería evitar el sermón de Diana durante todo el camino.

Si había algo por lo que Rossana se caracterizaba, era por su torpeza al caminar, y sin duda lo demostró cuando sin siquiera haber salido del pasillo, ya se hallaba en suelo con todas sus cosas al rededor, suspiro mientras se levantaba, ya estaba acostumbrada, se acomodo la blusa y se dispuso a recoger aquel reguero, pero cuando se agacho para tomar su bolso soltó un grito ahogado, sintió que el alma se le fue del cuerpo cuando descubrió que no estaba sola, justo frente a ella se hallaba un joven de unos veintitantos años, alto, blanco, de cabello muy negro, la estaba ayudando a recoger sus cosas, pero, ¿como diablos había llegado hasta ahí sin que ella se diese cuenta? la joven intento calmarse, ya había pasado suficiente vergüenza frente a aquel joven con su caída, mejor era no alterarse -gracias- dice apenas murmurando mientras toma el bolso que ya el chico tenia en su poder, juntos tomaron el resto de las pertenencias de Rossana, incluyendo su celular que ya estaba separado en tres partes. Había mucha tensión en el aire, algo que ella no se explicaba. Aquel joven no paraba de mirarla, y eso la estaba asustando, mira su cuerpo para ver si tenia algún defecto, algo que causara alguna curiosidad especial en el chico, y fuese motivo de su intensa mirada, pero todo parecía estar bien, luego de armar su celular lo guardo en el bolso, y con una voz un poco mas clara repitió -Gracias- pero el chico no respondía y la seguía observando, ella inquieta decide ignorarlo y seguir su camino pero una voz la detiene -Por fin te encontré- El joven intento hablar para si, pero Ana no pudo evitar escucharlo -Disculpa ¿te conozco?- pregunto mientras volteaba nuevamente, el chico ahora la miraba confundido, como si algo no encajara, al ver que no recibía respuesta repitió su pregunta, pero en un tono mayor-¿Te conozco?- El chico aun confundido busco salir de su ensimismamiento -Disculpa, creí que eras… olvídalo, me equivoque- La chica toma aliento al ver que aquel joven no era una clase de acosador, un zombi o algo por el estilo – No te preocupes, gracias por todo- Dice con una sonrisa de cortesía en su rostro mientras se va, pero se paraliza al sentir que una mano helada la sujeta y la detiene en el acto, rápidamente voltea, el chico ahora si la estaba asustando, de un tiron se separo mientras veía como el introducía su mano en el bolsillo de su chaleco, el miedo se notaba en su rostro, y el joven se dio cuenta – No te asustes, solo quería agradecerte por el concierto de hoy, me sorprendiste- Dijo mientras sacaba una pequeña rosa roja del bolsillo, su voz era varonil, seria, fría, el chico realmente era apuesto, eso no se podía negar, el miedo de Ross se transformo en vergüenza, había notado lo apuesto que era su acompañante, y eso la ponía nerviosa -Gracias- Dice suavemente mientras con una mano toma la rosa y con la otra, sin poder evitarlo comienza a acariciar su largo y lacio cabello, era costumbre hacerlo cada vez que hablaba con un chico que la ponía nerviosa, era una especie de coqueteo indeseado, el cual siempre la delataba, el joven no dejaba de verla a los ojos, eso la intimidaba, pero sinceramente, le empezaba a gustar, ve con ánimos como luego de unos segundos de silencio el toma aire para pronunciar alguna palabra, pero justo en ese momento escucha unos pasos aproximarse, era claro quien era, decepcionada se despide, pero el confundido intenta detenerla, ella lo ignora y tras una ultima mirada acompañada de una sonrisa, sale corriendo hacia donde estaba su tutora, que seguramente ya estaba armada con un sermón que duraría hasta llegar a su casa. Confundido y con un dejo de asombro y enojo en su mirada observa como Rossana se aleja con Diana, sus ojos grises parecían llevar a un mundo alterno al nuestro, su profundidad era increíble, y su nombre aun un misterio, con tanto apuro no se pudieron ni presentar, aunque parecía que el la conocía de toda la vida.

Las mujeres se habían perdido ante su vista, el había fallado, o quizás aun no era tiempo, introduce su mano en el bolsillo, justo donde estaba la rosa y saca una pequeña navaja abierta, acompañada de un rojo pétalo que ignorado cayo lentamente al suelo, con delicadeza cierra la navaja y la guarda nuevamente, no se podía haber equivocado, solo tenia que esperar.

This post was submitted by Maria Jose .

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