-…además me voy a chivar a mis padres-Dije amenazante y su mirada me petrificó.
-Ni se te ocurra, Mario…-Ya no sabía que decirle, siempre me dominaba. Las lágrimas afloraron en mis ojos, pero me contuve.
-Eres demasiado joven, Teresa, para cometer tal salvajada. ¿No te das cuenta?-Entonces, ahora sí, lloré- ¡Mira!- Giró el cuello con soberbia, luego lo volvió, y lanzó un suspiró de abatimiento.
-Cuando crezcas, lo comprenderás, enano- Me besó, con su maldita dulzura, mientras su mano recorría mi mejilla, y allí, me abandonó.
No debía perder tiempo, tenía que eliminar pruebas, para la inmediata inspección policial.
This post was submitted by José Manuel Sánchez.

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