LÁGRIMAS DE GUERRERO (Estrella de Tojil)
“Se le olvidó soñar, se le olvidó reír.
Se le olvidó cantar, se le olvidó sentir.
Se le olvidó fingir, pero ganó su libertad.
Una noche más le había hablado aquella dulce voz en su intranquilo despertar. Con los ojos abiertos, sin enfocar al infinito techo, intentaba recordar el tan repetido sueño, para comprobar que tampoco hoy le habían aportado nada nuevo. Triste lucha. Sabía que al contrario que el tiempo, que hace olvidar, con el transcurso del día, iría enlazando las difuminadas imágenes. ¿Quién era aquella mujer, de la cual sólo recordaba, aunque triste e interrogativa, su morena tez y dulce mirar?
Una imagen comenzó a tomar forma, una imagen ya familiar.
Allá, en el inmenso cielo no se conocían aún las estrellas fugaces, pero brillaban con la luz inimitable que sólo las estrellas tienen. A vista de águila, allí abajo, en la tierra, un extenso, verde y silvestre maizal, danzaba al unísono a ritmo de viento. El olor de las salvajes flores, tan palpables y reales como el sonido que se habría paso ante el aire. Siempre la misma melodía desde las lejanas colinas, de lo que creía atribuir a una flauta andina. Hoy la acompañaban las plegarias que ofrecía un joven lobo a su Reina plateada. Decenas de tipis que humeaba por su única abertura como antiguos hornos de pan. Desde allí, desde lo más alto, divisaba la sonrisa de un riachuelo. Un joven y bello guerrero de cabellos lacios y oscuros, de los que salían tonalidades plateadas por la mirada de La Luna, se acercaba a pie, junto a su corcel moteado de marrón y negro. Parecían tranquilos, sosegados por una larga jornada de caza. Dejó el arco a orillas del agua y se despojó del incómodo carca . Formando un cuenco con sus manos, bebió pausadamente y tras refrescarse en las cristalinas aguas descansaron bajo un blanco álamo.
Las pupilas fueron cambiando de tamaño hasta enfocar la bombilla del techo. Ahora quizá estuviera más inquieto que antes. ¿Qué quería decir todo aquello?
A veces eran sueños, pero ahora había estado completamente despierto, o quizá era una Ilusión por encontrarse aún desvelado.
Se sentó en la cama, encendió la lamparilla de la mesilla y un cigarro. Buscó en el cajón una libreta de apuntes y la pluma que su hermano una vez le regaló.
Comenzó a leer de nuevo, sus propios escritos, reflexionando y presionando su frente con la mano izquierda, hasta llegar a la barbilla, para retomar de nuevo dirección hacia sus ojos cansados, que sin cerrarlos se frotaba, ya que ahora no le servían para ver. Abrió por una página y leyó sabiendo que aquel fragmento se lo dijo una noche aquella fémina voz:
“CUENTAN, YA HACE MUCHO TIEMPO, DE UNA ESTRELLA DE TOJIL, PIEL COLOR DE MEDIA NOCHE, FECUNDADA DEL MAIZ ENVIADA DESDE EL CIELO, BELLEZA DE UNA MUJER. A SU PASO TODAS LAS FLORES ENVIDIAN SU PARECER. RAZ,4 HIJA DE BALAMB, SOLO UN FALLO COMETIO, TAN PERFECTA FUE LA OBRA, MS TENIA CORAZON. ”
¿Qué era aquella obra, quien Balamb y qué o quién Tojil?, Tan pesadamente repetidas, todas estas preguntas nunca se las hubiera hecho si hubiera sido sólo un sueño, si no le hubiera escuchado tan nítidamente, si no hubieran sido susurradas por aquella mujer. Se prometió aclarar todas aquellas incógnitas con el único medio que creía, el recuerdo y la escritura.
Habían pasado algunos minutos o quizá algunas horas y aún se encontraba sentado en la cama, como dicen en algunos países, con el incesable revoloteo de mariposas en su estómago. Era una sensación que hacía años no sentía y se le aceleraba aún más el pulso, rebosando su alma de nostalgia y añoranza como si alguna vez la hubiese tenido. Aquella voz con forma de mujer. Fue así en aquella habitación donde entendió algo. Aprendió a no interesarle lo que todos llamarían lo más importante, si no los detalles que lo forman.
Aunque se encontraba solo en la habitación, miró a los pies de la cama como si ella pudiera estar escuchando, allí sentada y le dijo:
- “Puede que no tenga las cosas claras, puede que de nuevo me exilie en mi cuarto. Puede que los golpecitos con mis dedos en la mesa, sea algo más que una espera y que Abril sea un mes especial, que hoy sea Viernes y que los llamados amigos ni ellos se lo crean. Entiendo por distancia la espera. Permíteme, ya que solo me encuentro, hoy, acompañarme de ti.”
En ese momento creyó que algo pasaba frente a él, dejando un claro olor a maíz verde. Hubo un momento de tranquilidad, volviendo su pulso a ser normal, miró a los pies de su cama. Donde antes quiso creer que podía haber estado sentada, había nueve granos de maíz. De un salto se puso de pie, los cogió y se dirigió a la ventana. Todo estaba inmóvil y oscuro allá afuera. Todo
Donde antes quiso creer que podía haber estado sentada, había nueve granos de maíz. De un salto se puso de pie, los cogió y se dirigió a la ventana. Todo estaba inmóvil y oscuro allá afuera. Todo excepto las silenciosas estrellas que hoy se dejaban ver. Una fugaz desapareció en el ancho cielo. Esa noche ni pudo, ni quiso reconciliar más el sueño.
Por la tarde se dirigió como de costumbre al local de ensayo. Llevaba unos años tocando la guitarra en un grupo de Pop-Rock. Se encontraba solo, afinando, cuando la persiana del garaje se abrió. La cara sonriente del percusionista se dejó ver. Mientras entraba dijo:
- Hey Arquero. ¿Cómo es que hoy has llegado antes?- Así lo llamaba Fran desde que le habló de sus sueños y de aquel guerrero indio que montaba en el corcel.
- Pensé llegar antes que ustedes para ver si podía componer algo que ronda por mi cabeza. -¿Otra vez uno de tus sueño?- Dijo Fran sonriente, aunque perdiendo la mueca hasta quedar su rostro completamente inmóvil por la seriedad de Arquero.
- Así es Fran, pero hoy ha sido muy, muy diferente. ¿Te acuerdas cuando te hablé de los maizales, los campos, los tipis, todo a vista de pájaro, mientras oía el sonido de una flauta andina?
-¿No jodas que hoy al despertar has encontrado en tu mesilla de noche la armónica que perdí?
- Te estoy hablando en serio Fran, y no encontré ninguna armónica, pero sí un puñado de granos de maíz en mi cama. - Antes de que el percusionista dijera cualquier tontería más, prosiguió Arquero. - Entiendo que pongas esa cara y que me tomes por loco, pero es tan real como que los tengo aquí.- Diciendo esto, apoyó la guitarra en la pared y metió la mano en su bolsillo, sacando un puñado de semillas verdes. Fran quedó pensativo y habló.
-Tío también puedo decirte yo que he venido en una Harley y que la he aparcado en el bar.
-¿Te he mentido alguna vez Fran? ¿Crees que estoy bromeando? ¡Bah! De todas maneras. ¿Porque tenías que creerme?- Dijo Arquero guardando las semillas y volviéndose a sentar, dispuesto a coger la guitarra, cuando su amigo interrumpió.
-¡Hey!, Si estás en serio, que creo por tu cara que no bromeas demasiado, me estás empezando a preocupar. Realmente, eres un tío de pocas bromas y cierto es que nunca, al menos que yo sepa, me mentiste. De acuerdo, aún es temprano, cerremos y te invito a un café, ¿si quieres contarme todo con detalle?
En el bar se dirigieron a la mesa más apartada y arrinconada. Antes de que se sentaran.
-¿Cerveza o café?- Dijo Fran
- Cortado- Dijo Arquero sentándose en una de las sillas en las que el respaldar daba a la pared.(Nunca quedarse de espaldas a la puerta.)Apareció Fran trayendo un cortado y un café solo y sin azúcar.
- Me ha cobrado un euro y cincuenta céntimos. ¿Cuánto sería en pesetas? - No sé, doscientas y pico,.- Dijo sentado.
-¿… ? En fin, a lo que íbamos -. Dijo aún de pie, guardando los céntimos de vuelta en su vieja cartera de cuero marrón, y dejándola en la mesa, al igual que el móvil. Se sentó y dijo:
- Te invito al café como te dije, pero tú tendrás tabaco…
- Toma, que parece que el que no trabaja eres tú.- Y tiró un paquete de Chesterfield a la mesa.
Fran sonrió y empezó a oír lo que su amigo comenzaba a narrar. Le volvió a contar los repetidos sueños, las repetidas escenas, las palabras que escuchaba, los sonidos, los olores y la descarada experiencia de esa noche.
- Joder, parece todo una película del oeste mezclada con un libro de Stephen King.- Dijo Fran a la vez que volvía su cabeza hacía atrás al oír la voz de David, el componente que faltaba.
- Buenas tardes caballeros- Dijo éste.- Siento llegar tarde, cuando vi que el local estaba cerrado supuse que estabais aquí. Ahora acabo de salir de trabajar. ¡Qué asco! Estoy harto del jefe, de los pelotas y de “to” lo que se “menea”. ¿Queréis algo más? Yo voy a pedir un cortado.
- Yo una copita de Rioja.- Dijo Arquero.
- Una cerveza.- Comentó el percusión.
Llegó David con el pedido y siguió hablando.
- “Illo”, hoy por poco no cojo a uno por el cuello en mi trabajo. Me pide el taladro de aire y un macho helicoidal y se lo dejo.- Arquero y Fran se miraron como si les hubiera hablado en japonés, pero el otro prosiguió.- Viene el encargado y me dice que vaya con él con el taladro para el revestimiento del SLAT nº. 3. Le digo que lo tiene el “Canito” y cuando vamos a pedírsela, dice que no, que me lo dejó en la mesa. Empezamos a discutir y encima se me pone bravo. Menos mal que estaba el “encargao”, sino … ¡Que harto estoy!- Bebió un sorbo de café y siguió.- Hay que trabajar para vivir, dicen. Los humanos somos imbéciles. Dos días a la semana para descansar y un mes de doce para vacaciones. ¡Error! A ver si damos de una vez un no da la felicidad, dicen los adinerados. - Cogió un cigarro de la mesa y sin esperar respuesta preguntó- ¿De quién es esto? - Señalando el cigarro mientras lo encendía prosiguió. -”Illo” a mí me encanta Sevilla y Andalucía pero aquí los trabajadores sólo saben darse palmaditas en el pecho y luego bajarse los pantalones todas las veces que el jefe quiera. Estas cosas de Madrid “pa riba” no pasan, allí a la mínima sale el pueblo a la calle.- Mirando como Arquero daba una calada a su cigarro parsimoniosamente preguntó:
-¿Y tú, has vuelto a tener alguno de tus “sueños?”
-Sí, hoy se ha vuelto a repetir,- afirmó mirando como salía a golpe de aliento, el humo del tabaco en forma de círculos. David sacó del bolsillo trasero del pantalón, un papel doblado.
-Mira -dijo mientras lo abría dejándolo en la mesa- pensando un poco en todo lo que me contaste, he escrito un tema, aunque no hable nada de indios, pero bueno, se puede retocar. Lo he llamado Rosa Negra. Dice así:
“La Luna me pide paciencia, invocando la razón que puedas dar.
Siéntelo, las piedras en mis pies, sangran mis dedos.
Dejo mi hulla de sangre en la montaña, descanso.
Quiero ver como me sigues, descalza, sigue mi rastro en la arena sedienta.
En mi sangre de mi sangre, en mi sangre de mi sangre…
Esencia femenina, la mujer deseada, quiero ver que no besas a Judas.
En la copa de plata beber, los dos juntos, para siempre, para siempre.
Entres las manos la Rosa Negra, abandonarse al Aire, entregarse a la Tierra, hundirse en el Mar.
Ortodoxo yo, negligencia en mi garganta, mística tú y he vuelto a tener miedo, y hoy muero sin ti, despierto……….”
-¿Os gusta?- Dijo con una ceja levantada, mientras doblaba de nuevo el papel. - No está mal, algo rarita.-Afirmó Fran.
-Bueno, no es que hable exactamente de mis sueños, pero no suena mal, algo podremos hacer-Dijo Arquero después de dar un sorbo a la copa de vino.
-La verdad es que si queremos hacer algo en la música hay que ser más comercial. ¿No crees? Más estribillos. Esta por ejemplo no tiene ninguno. A veces pienso que deberíamos decir algo así como: ¡Nena mueve tu cintura me vuelves loco cuando bailas! ¡Hey mira mi ritmo latino!-Dijo Fran mirando de reojo a todo el bar por si lo había dicho más fuerte de lo que quería.
-Paso tío de eso-Afirmó David.
-Ya tío y yo, pero es lo que vende.-Interrumpió el percusión.
-Quizá tengas razón en lo de los estribillos, pero de ahí, a vendernos tanto con ¡mueve tu culo mi morena!,¡ Vamos a bailar! Y con canciones de verano,… Supongo que lo nuestro es una manera diferente-Dijo Arquero.
-Yo escribiré temas así cuando me lo pida el cuerpo, pero no por venderme. Las canciones son arte, una manera de expresarse, decir lo que quieres.-Dijo David, añadiendo.- En fin cuéntame que te ha pasado esta noche.
Arquero contó todo lo sucedido detalladamente. David, mirando a Fran con una leve sonrisa dijo:
-Cara agresiva, pensamientos impuros y noble de corazón. Algo falta amigo.- El narrador callaba y Fran mirando a uno y luego a otro, comentó.
-Juraría que dice la verdad. ¿Para qué se iba a inventar todo esto? Realmente es muy difícil de creer, sobre todo que haya aparecido el maíz, así, sin más. Aunque cosas más raras se han contado.
Arquero seguía pensativo con los codos sobre la mesa y apoyando la barbilla sobre los dos puños entrelazados.
- Oye, ahora que recuerdo- interrumpió David al ángel que pasaba- dices que los indios de tu 44sueño” son de rasgos sudamericanos. Una vez leí que eran ellos quienes cultivaban el maíz, que le tenían un aprecio especial e incluso que algunas de las tribus lo idolatraban.
- Ya.- Dijo Arquero, como si le hubiera solucionado algo, Mientras apagaba el cigarro continuó hablando, a la vez que salía el blanco humo por el aliento de sus palabras.
-¿Pero quién me ha podido dejar las semillas y que significa realmente? ¿ Sabes que es pensar que hay alguien sentado en tu cama, sentir su presencia y cuando vuelves a mirar, encontrar los granos de maíz?
- La verdad- dijo Fran mientras se erguía en la silla- ha de ser terrorífico.
- -No!- exclamó Arquero.- Eso es otro de los misterios. No me da miedo, sólo me inquieta, pero no me da miedo. Es más, me pongo nervioso por el “cosquilleo” que siento en la boca del estómago. Como cuando te empieza a gustar una chica y ves como empiezas a ser respondido con miradas y sonrisas. Cuando pasa por tu vera notas que casi no puede andar porque se siente observada. ¿Me entiendes? Es algo así. Te conforta ver como eres respondido y que a la vez que los nervios te da una tranquilidad inquietante.
Los dos miraban pensativos a Arquero, ya sin sonreír.
-Vamos a ensayar, no creo que solucionemos mucho aquí.-Dijo David a la vez que se levantaba.
Mientras abrían la persiana del local dijo el vocalista a Arquero.
-He pensado que cantes tú los temas. A mí se me da mejor la guitarra y creo que si te cuidas algo la voz, aunque no tienes un gran registro, pueden sonar mejor las canciones. Se sube un poco más tu micro y ya está.
-De acuerdo-dijo el otro mientras se colgaba la guitarra-de todas maneras la canción “Mil veces” quería cantarla yo. Me siento identificado con ella, es más, habla de mí y mis pensamientos.
-No se hable más señores, es tarde y viene lloviendo.-Dijo Fran empezando con un ritmo base a tocar las congas a ritmo de aquella canción, dando paso a la guitarra de David, que con una melodía compuesta por cuatriadas daba paso a Arquero enlazando la letra que decía así:
“Un café cortado, antaño solo, mañana avergonzado y quizá acompasado.
Un sueño despierto, un grito dormido olvidado.
Canté mil canciones y aún me avergüenzo, jamás me libré.
Te hice mil canciones y aún no te conozco, o quizá sí y no lo sé.
Mil veces salté al vacío y otras tantas lo pensé.
Mil litros de cerveza bebí y dos mil de ellos vomité.
Mil veces me arrepentí y mil cigarros ayer fumé.
Mil veces estudié y hoy me pregunto para qué.
Mil consejos de las dos personas más queridas no escuché.
Mil drogas rechacé, mil kilos de marihuana fumé.
Mil veces reí y dos veces lloré.
Mil veces no bailé, mil veces observé.
Mil canciones compuse, mil veces me pregunté, ¿Cuántos de ustedes sentirlas podréis?
Mil veces escupí ……….
Mil veces cosas que no quise tuve que hacer.
Mil veces aclamé que empezara a llover.”
De vuelta en casa, sentado en su escritorio, escuchaba música. Hoy era Manu Chao. Las gotas de lluvia acariciaban la ventana, uniéndose entre sí, se deslizaban a mayor velocidad. Con los codos en la mesa y mordiéndose suavemente la uña del dedo pulgar comenzó a pensar.
-”Lo ajeno sigue como estaba. He de irme a otro país o morir, así quizás hablen de mis canciones. Es insoportable ver los cambios de la vida y saber que además son necesarios. No me gusta el tiempo de aprendizaje, no me gusta ser tan serio. No me gusta el dinero y no me gusta no tenerlo”.
Aquella noche deseaba gritar como corazón herido. Se había tomado media botella de vino y comenzaba a hacer efecto en su escrito. Resopló mirando a la puerta. ¿Le hablaría esa noche? Aún no tenía sueño, era tarde, pero pensó ir a la calle para sólo oír sus pasos, purificarse con el agua que emanaba del cielo y escuchar su respiración que se tornaría blanca al contacto con la negra noche. Pero allí no podía tampoco gritar.
-”¡Qué gesto tan natural como difícil de hacer en una ciudad!”
Hoy era otro de esos días en los que volvía a pensar en dejarlo todo. Casa, familia, amigos, el grupo… pero sin mudarse de la ciudad. Necesitaba calma, sin paréntesis, sin tachones. Quería refugiarse en los anales de su mente, quería volar aterrizando en algún bar donde pudiera pasar desapercibido. Entonces, era cuando pluma en mano, como arquero que agarra con decisión su arco… ánimas y arqueros.
-Quizá alguien que se hubiera sumergido en lo que llamamos locura, hubiera empezado por no poder gritar cuando lo deseaba, por no poder hacer las cosas porque sí, sin más.
Entre pensamientos y charlas consigo mismo, fue cerrando los ojos. Así estuvo unos segundos hasta que empezó a sentir un lejano y leve zumbido en los oídos. Quedó paralizado aún más de lo que estaba, ya que eso sólo tenía un significado, además de él, había una presencia humana en el cuarto. No quiso abrir los ojos, pero sentía que quien fuera, se encontraba de pie, junto a la ventana. Tapó sus oídos con los dedos corazón y fue cuando la escuchó. Era la muchacha de siempre. Más que gritar, gemía transmitiendo rabia e impotencia. “Llohraba” con una “h” intercalada, muda, que no hablaba, no ofrecía y que ahí estaba. Pensó en el vino que había tomado pero más que en la bebida en sí, pensó en el “alcool” que contenía, robándole la “h” como si así pudiera vengarse y arrancar lo que dentro de sí sentía.
De pronto paró todo sonido, Abrió los ojos y decidido miró hacia la ventana. No había nadie, sólo unas marcas de respiración que empañaban el cristal y que poco a poco se iban borrando. De un salto se levantó y hablando con la nada dijo: -”Lo que hiciste estaba bien ¿para quién? El vaho no se produce desde fuera.-Pero no obtuvo señal alguna. Prosiguió-Está bien, quieres decirme algo, quieres hablar. Lo haremos a tu manera.”- Diciendo esto se dirigió hacia la cama y quitándose los zapatos se echó en ella. Así pasó varias horas, ojos cerrados, en silencio, sin pensar. Interrumpió la silenciosa estancia el susurro de sus propias palabras.
-”Imbécil” de mí.
Se levantó, cogió de la mesilla de noche el tabaco y se dirigió a la ventana. La abrió y miró hacia el cielo. Transcurrieron algunos segundos hasta que su mente pudo ordenar lo que estaba ocurriendo. Observó sobrecogido y con el cigarro aún sin encender en los labios, que ya no estaban aquellos absurdos edificios, como diría Fran, casas de cemento apiladas unas encima de otras. En su lugar había una verde y extensa meseta. Siguió mirando paralizado tan misterioso y bello paisaje. Unas inmensas montañas ocupaban la lejanía, o así quiso creer por la magistral silueta que se dibujaba a los lejos en aquel “cuadro”. Algunos árboles que jamás había visto, se dispersaban aquí y allá. En la distancia algo se movía. Concentrando la vista, distinguió una oscura figura que con cansancio y vagabundos pasos, se dirigía hacia él. Siguió observando. Poco a poco la silueta fue tomando forma. Aún no era nítida. Por los largos cabellos que suavemente ondeaban, creyó que se trataba de la presencia femenina que lo había visitado hacía escasas horas. Cada vez estaba más cerca, comenzó a ver su rostro. Para su desengañada curiosidad, empezó a distinguir que la persona que asiduamente se acercaba no era ninguna mujer. Era un hombre semidesnudo. Aquel joven guerrero. Hoy venía a pie, sin su elegante caballo. A una distancia donde podían mirarse a los ojos con claridad y ver sus finos cabellos pegados al rostro, se paró. Fina lluvia. Traidoras lágrimas del cielo hoy y sinceras en sus ojos. Cada vez más empapado, aquel hombre de esculpido cuerpo comenzó a hablar en una lengua, que sin conocer creyó que era quechua. Jamás había escuchado algo similar, pero entendía todo lo que aquel ser le decía:
“La vida es una frase, empieza en mayúscula y termina punto final.
Las comas, interrogantes y exclamaciones los escribes tú.
Cada uno vive, siente y asimila, como piensa, sabe o cree que es verdad.
El pasado persigue, el presente vívelo y el futuro míralo de reojo. Conquistar una ilusión es otra ilusión.
Si crees tenerlo claro y quieres dañar la soledad, véngate de ella por las veces que te hizo acompañarla.
Si en el sonido al que llaman palabras, le salen alas cuando te hablan, respeta su vuelo aunque te dé miedo volar.
Cuando el joven águila salta hacia el cielo, admiras su fuerza, envidias su vuelo. ¿Te paraste a pensar en su primer intento? Ni el hombre más sabio jamás sabrá el nivel de su vértigo. Pero a de hacerlo, nació para surcar los cielos.
Aprende de tus amigos, más aún de los enemigos.
Si las lágrimas saladas son, ¿por qué escuecen menos en los Ojos que en el corazón? Hubo otoños que duraron más de tres meses.
Recuerda esto. En la primavera, al igual que el águila, nace el halcón.
Vuela y vuelve joven halcón, en tu vuelo existe la vida, en tus alas refleja el Sol. Vuela y vuelve joven halcón, cuando tu duermes, en la noche, el búho es el señor.”
El joven indio miró hacia arriba, llorando más intensamente. Sacó una flecha del carcaj y cargó el arco. Temblándole los brazos apuntó hacia lo más alto y con todas sus fuerzas, disparó como si allí estuviera su diana. La flecha desapareció dejando un silbido tras de sí. El guerrero cayó cabizbajo en el suelo embarrado. Enérgico levantó la mirada y sus brazos al cielo, dejando escapar un grito de lamento. En ese momento explosionó el infinito en un cegador relámpago que deslumbró al asustado y perplejo fumador de cigarro ya mojado. Poco antes de que sus ojos pudieran de nuevo enfocar al piel roja, oyó tras de sí, la dulce voz de su particular narradora:
“Hubo un buen hombre guerrero, que cazaba en la pradera,
a tan mágica mirada, todo su amor entrega,
ella negaba a su padre tal sentimiento de pasión,
pues a poco bien sabía, ¡fue su única condición!
Para bajar desde el cielo nunca pudo dar amor.
Por siempre ahora él recorre hasta donde abarca el Sol.
¿Por qué una sonrisa pudo, esconder tan dulce magia?
Lágrimas de guerrero, lamentos en alabanza. ”
Rápidamente se volvió hacia atrás para poder ver el rostro de quien le hablaba. No hubo contestación visual. No hasta que otro estruendo se abrió paso en el pequeño cuarto y en las milésimas de segundo que dura la eterna cegadora luz de un relámpago, pudo ver quien había hablado. En la puerta estaba. Sumergido todo en tal silencio, que podía escuchar su acelerado pulso. Todo cayó… pero al fin estaba ella. Tenía una fina cinta en su frente. Los cabellos largos, finos y espectacularmente negros. Dos plumas azul y blanca colgaban bocabajo posándose en su hombro izquierdo. Al igual que sus majestuosos ojos de color de la noche. Como estrellas, un particular brillo envolvía su mirada. Su tez tenía tonos que recordaban el alba. ¿Qué decir de la piel de sus brazos, de su cuello… un dulce aroma, tierna, limpia, esponjosa, suave… sensaciones con sólo mirarla. Ni el mejor escritor, pintor, escultor, músico, incluso fotógrafo, hubieran podido jamás reflejar tal belleza. Un vestido marrón pálido, de quien sabe que afortunado animal, se ceñía delicadamente hasta los pies. En forma de collares, brazaletes y pulseras, pequeñas caracoles y conchas de colores crepusculares, repartidas por la joven, daban si era posible, más mágica belleza a tan alucinante visión. En sus finas y delicadas manos, portaba une verde rama de mazorca, con estrechas y dobladas hojas.
Arquero no salía de su asombro, continuaba perplejo, como cualquier estatua, inmóvil y observador. Se armó de valentía y todavía boquiabierto, comenzó a mover su mano dirección a la muchacha, quizá para poder tocarla. Dudó. De los curvados labios de la chica, se dibujaron una sonrisa tan dulce y bonita, como nostálgico e impotente.
La oscura soledad se adueñó de nuevo del cuarto, dejando a Arquero de pie, ensimismado, mirando la nada. Se deslizaron sus párpados por sus húmedos ojos, hasta cerrarse completamente. Se sentó en la cama.
-”¿Para qué has venido, quién eres realmente? A veces pienso que somos figuras que han puesto en un panel, en un tablero de mesa. Quizá seamos un divertido juego para quien nos mueva. Un juego de dados:
Cuando llaman a la puerta y sabes quien es,
cuando entra sigilosa en silencio otra vez.
Fantasías pausadas que sólo tu puedes ver,
fantasías descolgadas que pueden descender.
Una cerveza otro adiós, otra tirada una canción.
Arrepiéntete, hablan las voces que no quieren saber. Arrepiéntete, miran los ojos que no pueden ver. Arrepiéntete, mueven los mudos jugando al ajedrez. Arrepiéntete, dicen los sordos que oír pudieron ayer. Cuando te llaman sincero, conocerte dicen bien, un silencio siempre guardas, nadie puede comprender. Cuando acosan tu presencia, con preguntas otra vez, Cuándo, dónde, con quién y por qué.
Cuando luchas doble espada, sobrevives al panel, cuando das vueltas, cinco, cuatro, seis, uno o tres. Te preguntas, ¿de dar vueltas cuando pararé?
Cuando un dado dice a otro:
-”Me toca a mi otra vez”.
Esa misma tarde seguía perplejo e “hipnotizado”. Pensó que la mejor manera de recapacitar y averiguar algo de lo sucedido, sería escribiendo a vuelapluma. Faltaba todavía tiempo para reunirse con sus amigos, así que se dirigió al bar de siempre, para tomar lo de siempre.
Aquella tarde el Dios de los Cuatro Vientos, acometía enfurecido por algún motivo desde el Este. Unos grandes ventanales dejaban ver entre huellas y churretes de jóvenes manos, la danza de los naranjos en la calle. Prometía la tarde ser tranquila. Encendía un cigarro tras otro desde el rincón deshabitado del bar. Pequeños tragos al amargo y oscuro café. Se sentía mal, un repetido malestar en el pecho. Pensaba en ella. Se creía tan imbécil que ni a sí mismo se comprendía. ¿Cómo podía añorarla si nunca la había tenido, si jamás la conoció? Una pareja entró, se sentaron a unos metros y como si solos estuvieran, hablaban sin prejuicios. Él era moreno, de muy buen parecer. Bien vestido, con blusa descocada de pequeños lunares. Un gran cordón de oro rodeaba su cuello, descansando un medallón de algún Cristo en su pecho. Su futura cónyuge, realmente bonita y de marcados ojos cordobeses, algo despeinada, llamativos pendientes, falda ceñida y larga que dejaba ver bajo un viejo y descosido delantal.
Su café comenzaba a estar frío. De nuevo desconcertaban su escrito el canto hispano, aquel hombre de raíces lejanas.- “Algo aburrido”- se dijo cuando escuchó que hablaban de él. Aquel señor que había jugado con su garganta hacía escasos momentos, se acercó y le pidió un cigarro. Asintió con la cabeza y se lo dio. Se retiró agradecido y pidiéndole el cobro de su consumo al camarero, se largaron. Le dio un leve sorbo a la taza y saboreó tan frío contenido. Empezaba a ser algo tarde, había quedado para ensayar, pero aún no tenía ganas de presentarse en el local. Sólo quería escribir, cigarro y pluma en mano, licor y papel en blanco. Es bonito ver como se crean las letras de oscura tinta en tan blanco plano. Se decía una y otra vez que quería olvidarla, pero una y otra vez, en su escrito ella hacía presencia. Como ahora. Impotentes preguntas le obligaban a mentirse y quería creer que la había tenido y quería creer que la había dejado. Así escribió lo que quizá sería un nuevo tema para la banda. Lo llamó “Nómada Disfrazada”.
“Huella en tus venas de nobles viajeros, hazaña de manos tu cuerpo recorrieron. Nunca lamentas nada que hiciste, caricias y abrazos siempre pediste.
Y hoy estás libre, te mientes y niegas, en aquellas Lunas de amor me envolviste.
Pronto olvidaste, caricias promesas y aún me pregunto si fueron sinceras.
Nómada Disfrazada.
La huida del mal sabor se centra en lamer mi lengua, para limpiar el néctar que me creas. Nunca olvidé aquellas palabras, de tus labios y sentir tan afiladas, cuánto daño me pudiste hacer y si así no quisieras pregúntale bien, ¿Por qué al que odias le sigues los pies y al que te amó no sientes tu perdón?
Nómada Disfrazada.
Sólo entonces comprenderás, que el silencio no es estar dormido, para escuchar hay que callar y el silencio me ha hecho recordar. Sólo entonces comprenderás que el silencio no es estar dormido, para escuchar hay que callar y el silencio me ha hecho despertar.”
Leyó el escrito, comprobando qué puede hacer escribir una musa.
Pero así se quiso sentir- “Cruel enfermedad- se dijo- el mal de amores.
-¿Pero qué estoy diciendo?”- Suspiró. Recordó su imagen. Le dejó una eterna incógnita. Una sonrisa impregnada con tristeza. Estaba cansado, hacía días que no dormía bien. Escupía disimuladamente bajo la mesa. Miró el contenido de su bebida, fondo negro, cremosa nubosidad, que parecía querer decirle algo. Sabía que había personas que leían el futuro en los posos del café y no quiso ser una de ellas, entre las formas del espeso líquido un cráneo humano miraba al frente. Sonó en el bar una canción, de esas que todo el mundo tararea sin saber el nombre del autor. Aunque no sabía el título reconoció la guitarra de Eric Clapton, o era Bob Dylan. Soñaba que algún día pudiera ser un famoso músico o escritor, aunque lo primero le obligaba a escribir, pues gran parte de los temas del grupo los compuso él. Añoraba aquellas luces de diferentes tonos y colores en sus ojos, el confortable a la vez que agobiante calor de los focos. Cómo entre ellos se animaban cuando el público les iba ganando terreno. Las manos frías antes de subir al escenario. Según la importancia del concierto, un día antes iría varias veces al servicio. La vez que tocó con fiebre y no se lo dijo a los compañeros. Hasta hoy nunca tomaron drogas para mantenerse despiertos, no les hizo falta, tampoco fueron galas seguidas. Una semana sí, dos no… Allí arriba, en escena, alguna vez llegó a sentirse alguien. Por desgracia o no, no tenía un apellido famoso y su padre sólo sabía hacer mezcla y varear olivos, que aunque se sentía orgulloso de ello, no le era de gran ayuda para seguir en los escenarios.-” ¿Cuántos músicos habrían terminado su carrera en la carretera? ¿Cuántas canciones de artistas verdaderos nunca escucharemos?” Sonrió, también estaba el recuerdo del cansancio de los innumerables kilómetros en una vieja furgoneta. Cuántas risas… Malditos recuerdos.
Dio una pequeña calada a su cigarro, suspiró y mientras expulsaba el humo, escribía su propio acto. ¿Cuántas sensaciones y pensamientos en tan simple gesto? Su mano temblaba al coger la taza, miraba por los cristales el fuerte viento y personas con prisa hacia algún destino. Cuatro francesas pasaron por su lado. Al ver los sensuales labios de una de ellas, se imaginó poder besarlos. Supuso que los besos de los enamorados buscaban como en la sexualidad, fluidos húmedos y calientes. ¿Para qué juntar las lenguas, si la boca es una de las partes más sucias del cuerpo? Francesas. Hablaban el idioma que alguna vez estudió entre tantas asignaturas y que hoy no entendía ni la lengua, bonita dicen,, ni para qué pasó tantas horas estudiando lo que hasta hoy de bien poco le había servido. Una de las chicas llevaba un carrito de bebé. Miró el crío y se hizo una pregunta:
- “¿Para qué queremos ser tan pronto adultos, si todos imitamos cualquier mueca o sonido que un niño empiece a hacer? Quizá no deberíamos llamar las cosas por su nombre, si no por el sonido que hacen, bruum, bruum, o guau, guau.”
Pasó un señor por la acera, pero sin prisas. De alguna manera le hizo gracia la relación entre el crío y el anciano que agarraba su boina, para que el viento no le hiciera una travesura. -”Cuando estamos en la recta final de nuestras vidas volvemos al principio. Poca coordinación de movimientos, no vocalizamos, encogemos y además de aclararse el pelo lo perdemos -miraba al respetable señor con los brazos apoyados en la fría mesa de mármol blanco. -Además-añadió a algunos de ellos han de volverlos a cambiar y limpiarlos”.
Desde que allí estaba se santiguó docena de veces disimuladamente, curioso acto, ya que no creía en el Dios que le intentaron inculcar. A veces sentía que debía ser alguien “especial,” alguna cualidad no palpable ni visible sentía tener. -”Sí, algo he de tener-afirmó Arquero para sí-Sólo hay que pensar en la primera prueba que disputé. Entre miles o quizá millones de espermatozoides y tuve que ser yo el primero en llegar y fecundar el óvulo. Interesante, ahora que pienso, casi todos los animales machos se disputan las hembras y de todos es sabido que el hombre no es menos, con demasiada violencia a veces. Pero va más allá el asunto. Hasta cuando somos esperma luchamos por el óvulo. Inevitable Madre Naturaleza. Seguramente esa fue la prueba más importante que me impuso la vida y la superé con creces.” Se le olvidaban algunas frases que quería escribir, ya que a veces podían ser demasiado “violentas” y al querer transformarlas quedaban borrosas en su mente y se iban, lentamente, una tras otra, como las mujeres con las que estuvo, una tras otra se fueron, algunas dejaron recuerdos y otras sin más desaparecieron.
-”Mal escritor si no pones lo que piensas”- Se dijo. Mordió la más pequeñita uña de la mano con la que sostenía la pluma y soltó el aire. Se abrió la puerta. Tres chicos, de los que uno de ellos había sido una vez una gran amistad, entraron en el bar y tímidamente se saludaron con una simple sonrisa. Ya era hora de ir a ensayar, no antes de encender otro cigarro y leer lo escrito.
Cuando llegó al local ya estaban allí David y Fran. El vocal, ahora con la guitarra, calentaba los dedos con la quinta figura pentatónica de alguna nota menor y Fran abría con un mechero de su extensa colección, un litro de cerveza.
-¿”Illo” qué?- Dijo dándole un beso a Arquero en cada mejilla y ofreciéndole el primer trago, algo que no gustó al recién llegado, ya que sólo se saludaban con un beso cuando hacía tiempo que no se veían, pero aquello tuvo más color de compasión, sólo hacía un día que no lo hacían.
-Siento llegar tarde, ¿habéis hecho algo nuevo, o ensayado alguna canción?-Dijo Arquero mirando a uno y luego a otro.
-No, acabamos de llegar.- Dijo David- He tenido que recoger a éste a su casa, después de que ya estaba aquí.
-Se me ha parado otra vez la moto-dijo Fran sonriendo-no sé lo que le pasa, mañana la llevaré al mecánico.
-Y tú ¿por qué has llegado a esta hora?- Dijo el vocalista mientras pedía con el brazo extendido la botella.
-He estado escribiendo en el bar y se me ha pasado el tiempo.-Contestó Arquero cerrando la persiana de la entrada y antes de que prosiguiera, interrumpió Fran.
-Señores antes de empezar, he estado pensando en algo y quiero comentároslo. Creo que es algo más que genial.-David miró al guitarrista levantando una ceja. El percusión siguió. Siempre hablamos de que nos gustaría viajar algún día y pasar algún tiempo en otra ciudad. No sé, Asturias, o los Pirineos, o la costa…
-¿Por qué no ha Cuba?-Dijo entre dientes el vocal. Hubo un pequeño silencio y alguna que otra sonrisa cómplice.
-¿Por qué no?-dijo Fran.
-¿Por la economía?-preguntó Arquero irónico mientras encendía un cigarro que le había ofrecido David. Fran siguió.
-¿Quién ha dicho que vayamos ahora? Podemos ponernos una fecha y hacer lo imposible para ahorrar. Imaginad. Vestidos con un traje de chaqueta blanco, un cubata de ron con un paragüitas de papel dentro del vaso…
-Ja, j a, j a, j a, j a, j a… -rieron los otros dos por la cara de situación que ponía el narrador de tan paradisíaco viaje.
-La verdad es que Cuba es una tierra impresionante-añadió David-una pequeña “mancha” en el mapa y es conocido su tabaco, ron, bonitas mujeres, espectaculares hombres,-se miraron el percusión y el otro-y sobre todo la música, espontáneos grupos en cualquier tasca, o rincón de la Habana. Siempre quise añadir mi firma a un bar donde es famoso por esto y por la visita de conocidas personas. Además, Cuba es más barato que otros destinos.
-La verdad es que no es mala idea.- Dijo Arquero- Pongamos de plazo dos o tres años, pero debemos ir, solamente los tres, sin compañía.-Fue entonces cuando una verdadera y traviesa complicidad se dibujó en los tres rostros y casi al unísono se escuchó.
-¡Azúcar!
Ese ensayo, quizá por la ilusión de lo hablado fue uno de los que nunca olvidarían, entre risas, amistosos gestos y por qué no, por la fuerza con que sonaron los temas.
-Pobres infelices muchos de los que tienen dinero y no lo aprovechan- Dijo David a Arquero- Seguramente seamos nosotros más felices con sólo la ilusión, del viaje, que ellos haciéndolo.
Después de ensayar se dirigieron al bar para recrearse en lo hablado e imaginar lo inimaginable. Se empezaron a acabar las monedas. Se comentó de seguir la ilusionada charla en casa de Arquero y así poder beber más tranquilos.
Estuvieron hablando largo y tendido durante varias horas. Arquero escribía el pequeño “contrato” firmado por los tres sobre el viaje, Fran tenía un leve brillo en los ojos y David se encontraba recostado en el sofá sonriendo, mirando al techo y pensando sólo él sabría qué, aunque los demás lo imaginaban. Arquero aún no les había hablado a ninguno sobre lo que le ocurrió la anterior noche y aunque dudó en contarlo al final lo hizo. Sus amigos, entre la cerveza bebida y la narración que escucharon quedaron sin habla, mirándose los rostros que dejaba ver la humareda del tabaco que había en el salón. Fran rompió el silencio.
-Me hubiera encantado poder ver la chica india.
-Ha sido impresionante. Jamás, en mi vida, ni mi mente ni mis ojos había visto tal increíble belleza.
David se incorporó en el sofá. Apoyó el brazo en la rodilla del percusión que ahora se encontraba sentado junto a él.
-¿-,Por qué no le hablaste?- Dijo mirando al narrador.
-Me fue imposible. No sabía como reaccionar, que decir, no pude tan siquiera moverme. -Dijo el otro.
-Me encantaría quedarme esta noche, para poder ver si vuelve a pasar. Aunque quizá me aterrorizara pero…
-No, os vuelvo a decir que puedo tener cualquier sensación pero hasta hoy, cuando la he escuchado y esta última vez, ver, nunca me transmitió miedo.
Así estuvieron largo rato intentando sacar algo en claro.
- Realmente en una situación así, ¿quién podría sacar alguna conclusión?- Dijo Fran, quien levantándose añadió.-Señores, me encantaría estar aquí toda la noche, pero mañana he de trabajar y como dices que tampoco te causa temor, me voy más tranquilo. ¿ Me llevas David?
-Venga vámonos, -dijo- no pasa nada si nos vamos ¿ no?
-No. No preocuparse, id tranquilos, que más o menos me estoy empezando a acostumbrar, y hoy tengo una sensación desde que entramos en casa, de que va a ocurrir algo muy especial.-Dijo Arquero recogiendo las botellas de la mesa.
-Bueno entonces. Nos veremos mañana y cuídate.- Dijo Fran.
Antes de cerrar la puerta se volvieran mirando seriamente a Arquero. Cuando empezó a cerrarse la puerta se abrió de golpe, y sacando las dos cabezas por la abertura dijeron.
-¡Azúcar!- Y se largaron entre risas y fuertes pisadas que se escuchaban desde la escalera. Arquero rió y miró la mesa llena de botellas y ceniza dentro y fuera de los ceniceros. -”Mañana lo recogeré.”- Se sentó en el sofá, encendió dos velas y apoyó sus cruzadas piernas en la mesa. Allí estaba, mirando la luz parpadeante que desprendían. Pensaba en cuantas cosas habían vivido y compartido sus dos amigos y él. ¿Cuánto tiempo les quedaría por vivir juntos y que les quedaba por hacer, aparte de¡ viaje? A veces pensaba en ellos como posibles hermanos. En todos los años que se conocían habían tenido disputas y algunos enfrentamientos que les obligó a separase temporalmente hasta que se enfriaran las cosas, porque si algo tenían en común, era la cabezonería. Y pensaba en ellos como hermanos porque en alguna de sus peleas, de meses incluso sin llamarse, jamás ninguno de ellos, contó secretos a otros. No había maldad eterna y si la hubiera habido, nunca llegó a ese punto. -”Gracias, por lo que vivimos y por lo que viviremos.”
Cansado se levantó para dirigirse al servicio. Una vez escuchó en una obra de teatro, que la cerveza no se compraba, se alquilaba.
Cuando volvió al salón se sentó en el suelo y se respaldó en el sofá. Una de las llamas comenzó a agitarse agresivamente mientras la otra se estiraba sin apenas movimiento. Un escalofrío recorrió su espalda, miró hacia el oscuro pasillo…
Una inmóvil sombra se encontraba allí. Comenzó a caminar, lentamente hacía él. La figura estaba cada vez más cerca, la luz del salón palpitaba por el insaciable movimiento de las puntiagudas llamas. La cera no se derretía y la claridad hizo más presencia. La imagen quedó frente a él. Era ella. Arquero era incapaz de enlazar ninguna palabra para poder preguntarle. El fuego de las velas quedó de nuevo inmóvil y por fin pudo hablar.
-¿Quién eres misteriosa mujer?
Lentamente se sentó junto a él, y habló.
-Soy a quien le negaron el amor, soy de quien la tristeza se apoderó. Soy quien salta desde el cielo.
Arquero no salía de su asombro, estaba ahí. con él y hablando, hablando en castellano y no en quechua como lo hiciera el guerrero.
-¿Porqué te me apareces? ¿Porqué me hablas en sueños? ¿Por qué veo un joven indio guerrero que llora mirando al cielo?
Una inmóvil sombra se encontraba allí. Comenzó a caminar, lentamente hacía él. La figura estaba cada vez más cerca, la luz del salón palpitaba por el insaciable movimiento de las puntiagudas llamas. La cera no se derretía y la claridad hizo más presencia. La imagen quedó frente a él. Era ella. Arquero era incapaz de enlazar ninguna palabra para poder preguntarle. El fuego de las velas quedó de nuevo inmóvil y por fin pudo hablar.
-¿Quién eres misteriosa mujer?
Lentamente se sentó junto a él, y habló.
-Soy a quien le negaron el amor, soy de quien la tristeza se apoderó. Soy quien salta desde el cielo.
Arquero no salía de su asombro, estaba ahí, con él y hablando, hablando en castellano y no en quechua como lo hiciera el guerrero.
-¿Porqué te me apareces? ¿Porqué me hablas en sueños? ¿Por qué veo un joven indio guerrero que llora mirando al cielo?
En los ojos de la mujer, empezaron a crearse lágrimas, que abriéndose camino desembocaban por su rostro.
-¿He dicho algo que te molestó?.- Dijo él titubeante.
La chica lo miró fijamente, y sonrió tan tristemente, que encogió el corazón de Arquero. Eterno silencio, mientras observaba su inocente cara. Suave rostro jamás imaginado, grandes ojos jamás mirados, perfilados labios jamás tocados.
Al fin habló.
-Deseo y te ruego que cuentes mi historia. Atentamente porfavor escucha.
Aunque las velas seguían encendidas, todo quedó en penumbras. Comenzó a narrar la dulce voz…
“Cuentan hace mucho tiempo, de una Estrella de Tojil.
Piel color de media noche, fecundaba del maíz.
Enviada desde el cielo, belleza de una mujer
a su paso todas las flores, envidian su parecer
Raza hija de Balamb, sólo un fallo cometió
tan perfecta fue la obra, le otorgaron corazón.
Hubo un buen hombre guerrero, que cazaba en la pradera.
A tan mágica mirada, todo su amor entrega.
Ella negaba a su padre, tal sentimiento de pasión,
pues a poco bien sabía … fue su única condición.
Para bajar desde el cielo nunca pudo dar amor.
Para siempre ahora él recorre hasta donde abarca el Sol.
¿ Por qué una sonrisa puede esconder tan dulce magia?
Lágrimas de guerrero, lamentos en alabanza.
Ella repetidas veces sólo dice:
Tristeza te apoderaste de mí, hace ya mucho tiempo,
e intento simularle, e intento suicidarme.
Tojil entristece cada intento de su hija
sabiendo que será capaz, los saltos desde el cielo.
Pero pocos saben la verdad de la historia…
Pocos saben la verdad, de toda Estrella Fugaz.
Arquero cogió las manos de la chica. Ahora comprendía. Ella se levantó y le entregó un puñado de semillas, con lentitud se dirigió al pasillo. Se volvió.
Fue la última imagen que tuvo de ella. Fueron sus últimas palabras.
- En las noches claras, me verás, saltar desde el cielo…
Y así desapareció en su caminar.
En quechua la voz del joven guerrero le susurró:
-”¿Dónde estás linda muchacha, hija de estrella y maíz? En castigo te enviaron a los cielos de Tojil”.
Arquero, con la ayuda de David, transformó lo narrado en una canción. Los que llegaron a oírla, nunca supieron el secreto del cielo jamás contado.
Dedicado a mis padres…
………José Manuel Rodríguez…
Autor: José Manuel Rodríguez

