La Segunda Oportunidad (con dos es bastante)

30 de Julio, 2007

La Segunda Oportunidad (con dos es bastante)
Autor: Jorge Herrera

Esta historia que les voy a relatar se desarrolla en algún lugar de México.

Era el mes de diciembre de 1968; en esta época ya hacía frío por lo que era imprescindible la chamarra de mezclilla y el pantalón vaquero de la misma tela, azules desde luego, con el descolorido natural de tantas y tantas lavadas a mano en la batea.

Los pantalones eran ajustados, con bajos acampanados y se complementaban con botas tipo minero, de las que sirven para trabajar, si podías conseguirte unas como las que se usan en el ejercito, eran mejores.

Veníamos mi compañero de trabajo que le decían“El iguano” y yo en una motocicleta marca “Yamaha” negra con cromos, no muy grande pues no habían muchas motos grandes.



Eran difíciles de conseguir aquí en la provincia, ésta nos la proporcionaba la empresa donde trabajábamos, creo que era un motorcito de 250 cc, nos trasladábamos de las afueras de la ciudad hacia el centro de la misma.

“El iguano” manejaba porque él era el encargado del vehículo, yo iba en la parte posterior disfrutando el aire que levantaba la greña, larga, como se usaba en esa época.

Me sentía el rey del mundo, era lo máximo, me bebía al mundo de un solo trago.

Que equivocado estaba pues unos segundos después comprobé la fragilidad del ser humano en carne propia -y por partida doble-.

Venía ensimismado en mis pensamientos, cavilando, de pronto sentí un enfrenón.

La moto derrapó en el piso con el aceite que tiran los vehículos que por allí circulan, por instinto me agarre del “iguano” y vi como nos dirigíamos derrapando sin control hacia un camión de volteo; estaba doblando hacia una calle perpendicular a la que nosotros traíamos, el chofer del camión volteó al oír el derrapón.

La moto se estrelló con la llanta delantera del camión.

Yo salí disparado unos minutos antes del choque pero quedé entre las llantas delanteras y las traseras, esas de doble rodaje que usan los volquetes.

El camión aun no paraba del todo, en eso sentí que me pasaba sobre los pies.
Al intentar retirarlos de la zona de peligro las llantas pasaron sobre mis botines y solo por su suela tan gruesa mi pie izquierdo no sufrió daño alguno.

La suela en posición de canto aguantó el peso y solo explotó la bota, pero no llegó al pie. ¡ Benditas botas ¡ .

El pie derecho no corrió con la misma suerte; el doble rodaje pasó sobre la bota pero también abarcó mi pierna y solo escuché un ruido como de ramas que se quiebran.

El conductor, alertado por los gritos del “iguano”, frenó dejando el vehículo sobre mi pie, al darse cuenta que estaba encima enseguida metió reversa,- no se con que intención-, pero me volvió a moler la pierna que estaba atrapada bajo las ruedas.

Al bajar el camión retiré la pierna sin sentir dolor alguno, me imagino que por la adrenalina que corría por mi cuerpo en ese momento; pero mi pie estaba balanceándose sin fuerza después de donde terminaba mi bota.

Mi pie estaba inerte, muerto, sin obedecer ninguna orden del cerebro, solo el vaivén rítmico, de un lado al otro como un péndulo. Esto era porque se sostenía con solo el pellejo pues los huesos estaban rotos, completamente fracturados entre la rodilla y mi pie.

En ese momento empezaron a caer unas gotas de un rojo intenso, una, dos, tres y otra mas, hasta juntarse en un charquito, es cuando dije: ¡ya me llevó la %&#*#$%!.

Siempre es traumático un accidente de transito y mas todavía cuando te pasa por primera vez.

Mis pensamientos se sucedían unos a otros con una rapidez pasmosa, ¿podré caminar bien después de esto?, ¿me va a quedar corta una pierna?, y mi familia, ¿como lo tomará?.

-Se va a asustar mi mamá-.

-Mi papá me va a regañar-.

-Mi hermano me dirá un montón de cosas-.

Y así, se pasaban por mi mente muchas cosas.

El iguano estaba bien pues rebotó con todo y moto con el neumático delantero y solo sufrió unos raspones en los brazos y un “chuchuluco” en la cabeza.

A mí me llevaron a una casa situada enfrente del lugar del accidente.

La dueña del predio ya había solicitado por teléfono una ambulancia y amablemente cedió la sala de su casa como improvisado hospital.

Me levantaron el pantalón para observar mi pierna y descubrieron que tenia un orificio donde salía sangre, los huesos fuera de su lugar que se sentían rotos al tacto indicaban una fractura, además de raspones en los brazos.

Los paramédicos me dijeron que fue una fractura con suerte, sin exposición de hueso al exterior pues cuando hay hueso expuesto son mas difíciles de tratar.- ¡ vaya suerte!, pensé–

Al fin después de media hora de espera en donde yo me mareaba por la pérdida de sangre llegó la ambulancia.

Ulular de sirena, voces y gritos de desesperación de los paramédicos. Carreras por aquí, gritos por allá.

-Disculpen pero el transito nos impidió llegar antes-. Fue la respuesta a la interrogante de por que de su tardanza.
Rápidamente me llevaron a un hospital de primeros auxilios; al llegar me valoró un medico y dijo que mejor me trasladen a otro hospital pues requería un tratamiento mas especializado que el que allí me podrían brindar,- o tal vez por falta de insumos-.

Sin bajar de la ambulancia salimos hacia el hospital, habíamos avanzado unas calles y el chofer encendió la sirena de la ambulancia para que le abrieran paso mientras que su ayudante, en la parte de atrás, me sostenía el pie y la pierna; con cada sacudida yo gritaba de dolor, ahora ya sentía dolor e iba en aumento.

De pronto sentí que un golpe nos hacía detener, di una voltereta y caí de la camilla al suelo de la ambulancia.

Al levantar la vista vi mi sangre que salpicó todo el techo y las paredes de la ambulancia; el ayudante que me detenía el pié estaba incorporándose también del suelo lanzando toda una letanía de improperios. ¡ chin…. ya nos chocaron !, estas ciego hijo de …., por que no te fijas, ¿acaso no escuchas la sirena?, -le gritaba el ayudante al conductor del otro vehículo-

Te volaste el alto y no cediste el paso a un vehículo de emergencia,- le espetaba mientras se sobaba la cabeza por el golpe que se dio al caer al piso-.

Afortunadamente el ayudante estaba atrás conmigo, por que si no él hubiera quedado aplastado.

El lado donde usualmente viaja estaba completamente destrozado; el chofer solo se llevó un susto pues se asió fuertemente del volante y no sufrió ningún rasguño.

Desde luego la ambulancia no pudo continuar pues el motor resultó seriamente afectado.

Una camioneta de redilas, llena de mercancía para una tienda de abarrotes, se ofreció a llevarme al hospital.

Nadie resultó lastimado en este segundo accidente, a excepción mía, que ya venia herido y aquí fue donde se terminaron de agravar mis fracturas. ¿llegaré al hospital?.

Después se comprobó con una radiografía que los dos huesos de la pierna, la tibia y el peroné, estaban rotos.

Y entre sacos de cebollas, papas, harina, maíz etc… llegue al hospital. Al menos llegué vivo.

Allí me enyesaron y así estuve durante cuatro meses.

Dios me dio otra oportunidad; dicen que la tercera es la vencida, pero yo con dos ya tengo bastante.

Esa experiencia doble me marcó, por eso ahora disfruto mas la vida.

¿Como que fue mucho para un solo día, ¿ o no? ¿Tu que piensas?.

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