La leyenda de Aldamar

La leyenda de Aldamar

Una antigua leyenda cuenta, que en un lugar llamado Aldamar vivía un hechicero, que ansiaba el poder sobre todas las cosas. Durante años, buscó la forma de hacerse más poderoso, robándoles sus poderes a magos, brujas y otros hechiceros. Pero nunca le bastó y siguió buscando hasta que un día, fue descubierto por el mago más poderoso de Aldamar y éste, con un conjuro, lo confino en un cristal mágico a pasar la eternidad.
El cristal paso de generación en generación durante largos años, hasta que, el ultimo de sus herederos, pese a la advertencia escrita en la tapa de la caja que lo guardaba, en la que decía que “jamás nadie osara mirarlo, pues si lo hacía, el hechicero quedaría liberado” abrió dicha caja y miro el cristal y de pronto, vio el reflejo del hechicero y asustado lo dejo caer. Cuando ante su asombro, todo comenzó a temblar a su alrededor y tras un fuerte estallido, apareció de entre las brumas el hechicero maldito.
En un acto de cobardía y temor, el heredero dijo.
-No me mates, pues yo he sido quien te ha liberado de tu prisión.
El hechicero miro fijamente al tembloroso heredero y dijo.
-Y dime ¿Cuánto tiempo he estado en ese maldito cristal?
-Cre…creo que mi familia lleva guardándolo desde hace 700 años.
-¡Que!-exclamo el hechicero. –Eso significa que el maldito mago que me encerró ya está muerto.
Entonces miro a su alrededor y observo que el lugar le resultaba familiar y dijo.
-¿Tú tienes poderes?
-No.-contesto muy decidido el heredero.


Entonces el hechicero, decidió perdonar la vida al heredero a cambio de que le diera todos los libros de magia que encontrara en la casa y se fue de allí. Pero como su ansia de poder no quedo satisfecha, estudio cada uno de aquellos libros y comenzó a experimentar con magia muy poderosa y antigua. Pasaron quince años y el heredero vivió sin ser consciente de lo que había desatado, hasta que, un buen día, el hechicero regreso a Aldamar y esta vez, su poder no conocía limites, pues las gentes de aquel lugar, fueron esclavizadas y obligadas a cumplir su voluntad.
El rey, conocedor de la historia del hechicero del cristal, corrió a una sala secreta del castillo, donde yacía un libro muy antiguo, en el que el mago de aquella época dejo escritas instrucciones concretas, sobre lo que podría ocurrir si fuera liberado.
“Si el hechicero lograra hacerse con el poder de la magia antigua y doblegara a una bruja descendiente de los Mieva, conseguiría el poder absoluto y se haría inmortal”
El rey, temiendo que esta profecía se pudiera cumplir, se dirigió a prisa a los aposentos de su joven hija y recito unas palabras, que su esposa le enseño antes de fallecer y que al decirlas, la joven, quedaría sumida en un profundo sueño y protegida por un poderoso conjuro, que ninguna magia, podía romper.
El hechicero, cuando hubo esclavizado a todos y cada y no de los aldeanos, se dirigió al castillo, pues sabía que allí, encontraría a una descendiente de los Mieva. Pero cuando entro en los aposentos de la joven, descubrió al rey tendido en el suelo, pues se acababa de clavar un puñal en el corazón y este con su último aliento dijo.
-Jamás tendrás a mi hija hechicero.
Este, al ver a la joven que yacía tumbada sobre su lecho muy quieta y con los ojos cerrados, temió que estuviera muerta también y cuando se acerco para comprobarlo, una fuerza mágica, lo lanzo a varios metros del lecho donde descansaba la joven y no pudo tocarla. Entonces enfurecido, se dirigió al rey moribundo y dijo.
-Levanta el hechizo o te condenare a vagar en este lugar para toda la eternidad.
Al ver que el rey no cedía ante su amenaza y quedándole pocos latidos de corazón para morir definitivamente, le maldijo y su espíritu quedaría atrapado en el castillo para siempre.
Tras aquel día, el hechicero gobernó en Aldamar sometiendo a todos a su voluntad durante años, pero el día en el que al fin murió, termino su dominio sobre aquellas gentes y fueron libres.
Y largos años después…
Un joven ladrón, cabalgaba veloz para escapar de sus capturadores. A lo lejos diviso un bosque muy frondoso y se dirigió hacia allí para intentar esconderse. Cuando al fin llego, busco un buen lugar en el que ocultarse y por suerte, encontró una antiguas ruinas. Así pues, desmonto de su caballo y lo ato a un árbol por detrás de unos enormes arbustos. A prisa, corrió a las ruinas y se escondió, esperando en silencio y observando atento el lugar. Cuando confiado, decidió salir de su escondite, escucho hablar a dos hombres muy cerca de él y nervioso, volvió a ocultarse. Tras unos minutos en silencio, observo como aquellos hombres abandonaban la búsqueda y se alejaban. Entonces, el muchacho camino unos metros y confirmo que se habían alejado lo suficiente.
Ya más relajado, camino por entre aquellas ruinas, cuando de pronto, tropezó y cayó al suelo. Cuando se puso en pie, miro y vio que se había tropezado con una piedra, pero al observarla atentamente, descubrió, que tenía unas cuantas letras talladas, así pues, se agacho y limpio la superficie de la piedra, que estaba llena de hojas y tierra y pudo leer “Alda”. En un intento por descubrir el resto de lo que ponía, se fijo en que un trozo de aquella piedra yacía enterrada, así pues la desenterró por completo y pudo ver al fin que la palabra completa era “Aldamar”
Por un instante recordó una vieja historia que le conto su padre, sobre una ciudad llamada así, donde gobernó un hechicero que esclavizo a todos sus habitantes, hasta el día de su muerte. Su padre la describió, como una ciudad maldita. El muchacho quedo pensativo un instante y se puso en pie. Como no sentía temor de aquella historia, decidió explorar las ruinas y comprobar si aquel lugar, de verdad estaba maldito. Caminando vio un hueco entre dos columnas derruidas y se entro por el. Miro a su izquierda y se adentro en lo que parecía, un pasillo. Cuando llego al final de este, solo encontró una enorme pared de piedra que no podía traspasar, así pues, se apoyo en ella para comerse una manzana que saco de su macuto y de pronto, sintió como una de las piedras donde apoyaba su espalda, se hundía y la pared comenzó a echársele encima. Se había abierto, como si de una gran puerta de piedra se tratara y el joven, aun algo temeroso, decidió entrar por el hueco que dejo y descubrir que había al otro lado, pero lo que vio a continuación, le dejo totalmente inmóvil. Pues se trataba de un lecho en el que alguien reposaba, cuando se acerco, pudo contemplar que era una muchacha muy hermosa, de cabellos oscuros y tez pálida. Seducido por su belleza, decidió averiguar si respiraba, cuando de pronto, una brisa gélida le recorrió el cuerpo y mirando a su alrededor, vio algo escrito cerca del lecho que decía así.
“Sobre este lecho descansa una autentica descendiente de los Mieva, que permanece bajo un poderoso hechizo. Aquel que ose despertarla, despertara con ella una terrible maldición”
Tras leer aquello, el joven se asusto y decidió marcharse de aquel lugar, pero cuando se volvió, la pared se cerraba y aunque corrió, al fin se vio atrapado. Desesperado, busco otra salida, pero aquel lugar estaba completamente sellado y en un intento por calmarse, regreso al lecho y miro a la joven, cuando de pronto, volvió a estremecerse de nuevo, sintiendo un gélido frio atravesándole y una voz extraña le sorprendió.
-Nada debes temer muchacho.
-¡Quien habla!-exclamo.
-Soy el señor de este castillo o lo que queda de él.
El joven muy asustado, miraba en todas direcciones, pero no lograba ver a nadie.
-Dejaos ver pues, si no he de temer nada.
-Me temo que eso es imposible, pues yo, ya no pertenezco a este mundo.
-¡Que decís!-dijo enfurecido. ¿Acaso os estáis mofando de mí?
-Tranquilizaos y escuchar con atención, pues lo que os voy a contar, despejara cualquier duda y os ayudara a comprender muchacho.
Entonces, el rey, comenzó a contar la historia de lo que en aquel lugar había ocurrido años atrás y el muchacho comprendió al fin y dejo de temer. Cuando el rey finalizo, pregunto al muchacho.
-Y dime joven ¿Cómo te haces llamar?
-Mi nombre es Lorus y vos ¿Cómo os llamáis?
-Elvar muchacho, ese era mi nombre.-dijo con tristeza.
Y mientras Lorus se acercaba al lecho donde yacía la hermosa joven, pregunto.
-Dime Elvar ¿Cuál es su nombre?
-Violeta.
-¿Y seguirá así por siempre?
-Como te he contado Lorus, yo mismo la hechice y conozco las palabras que sacarían a Violeta de su letargo, pero no estoy seguro de que podría ocurrirla al despertar y no tienen efecto alguno, si las pronuncio yo.
-Pues en tal caso, enséñamelas y yo las pronunciare.-dijo Lorus con decisión.
-No sé, temo que tras tantos años en ese estado de letargo, no pueda despertar y muera.
-¿Acaso prefieres verla dormida para toda la eternidad?
Tras unos minutos en silencio, Elvar contesto.
-Está bien Lorus, escucha con atención, pues estas son las palabras que debes pronunciar. “Assalim, asram, lucemtum”
Entonces, el muchacho, pronuncio aquellas palabras mágicas y al instante, una luz cegadora, lo cubrió todo y cuando se disipo, miro a Violeta y la cogió la mano, esperando que esta despertara. Tras unos segundos, un sonido peculiar, interrumpió el silencio. Era un suspiro profundo que provenía del lecho, pues Violeta estaba despertando al fin de su letargo. Poco a poco, los latidos de su corazón eran más fuertes y se escuchaban con mayor claridad y enseguida, comenzó a abrir los ojos y Lorus, la miro, quedándose sumido en ellos. Pensó que eran los ojos más hermosos que había contemplado nunca y no era capaz de apartar la mirada.
Violeta, cuando al fin sus ojos podían ver con claridad, descubrió a un joven apuesto, de cabellos lacios y oscuros, que la miraba fijamente con sus ojos color miel y la cogía la mano con sus suaves y fuertes manos. Los dos jóvenes, quedaron absortos durante unos instantes y un impulso irrefrenable los llevó a querer besarse, pero de pronto, Violeta dijo.
-¿Quién sois?
-Disculpadme, mi nombre es Lorus.-dijo este sonriendo.
-¿Acaso os conozco y no puedo recordaros?
Entonces, Lorus, comenzó a relatar a Violeta lo ocurrido, con intención de tranquilizarla, pues la pobre joven, estaba muy confusa. Y cuando termino de contar los echos que allí acontecieron, Violeta dijo.
-¿Padre?
-Aquí estoy, mi querida hija.
-Lo siento padre, perdonadme os lo ruego.-dijo la muchacha muy apenada.
-Hija mía, no he de perdonarte nada, pues soy yo el culpable de que hayas estado largos años sumida en un profundo sueño. Pero era necesario, para detener al hechicero y no permitirle que te esclavizara a ti también.
-Gracias a tu valor estoy viva. Tú te sacrificaste por todos y ahora aun con pesar, yo soy la única que puede hacer que vallas al submundo, para reunirte con tus seres queridos y tu alma descanse al fin en paz.
Así pues, Violeta pronuncio unas palabras y el espíritu de su padre, Elvar, rey de Aldamar, al fin cruzo el umbral y su alma pudo descansar junto a su esposa. Y la leyenda de Aldamar, se convirtió en un lejano recuerdo que jamás seria olvidado.

Relato escrito por: Mª Dolores López Macías (Portadora de Sueños)
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