La estrella desterrada

Dicen que allá, en el cielo, cada cierto tiempo nace una nueva estrella. Y dicen que el brillo de esas estrellas, su destellante y pura luz, es lo único que evita que el mundo sea pura maldad. Dicen que los humanos, al mirar a las estrellas, son capaces de soñar y ser felices. Al contemplar su aura se sienten en paz con sus vidas y hacen el bien. Dicen que la visión de esas estrellas es capaz de contagiar los corazones y llenarlos de luz, permitiendo que en el mundo haya felicidad.

Desde tiempos remotos, cuenta la leyenda que los hacedores son aquellos que crean y conservan esas luces allá arriba. Y se dice que hace tiempo, observaron que la maldad en el mundo estaba creciendo. Puras ya no eran las personas, el mal poblaba el mundo y habíase perdido la inocencia. Se cuenta que, en un intento por cambiar el rumbo de la historia, decidieron crear la estrella más brillante, pura, bella y radiante que pudiera existir. La sola visión de su luz debía traer la paz a los terrenales corazones.

Cumpliéronse sus deseos, y la estrella más bonita jamás vista habitó su nuevo lugar en el firmamento. El resto de estrellas, celosas de su belleza, no podían soportar que todas las miradas se centraran en la nueva luz, en alguien que no fuera ellas. Una noche de marzo, todas las estrellas del firmamento unieron sus fuerzas y expulsaron a su hermana de allá arriba, exiliándola a la Tierra. Le dieron un cuerpo humano, para que pudiera hacer su vida terrenal. Le dieron una familia, para que tuviera una vida plena y feliz. Borraron sus recuerdos, para que ella misma no supiera de dónde procedía. Solo ellas, sus hermanas, sabían que aunque pareciera una persona, ella era y seguiría siendo para siempre la estrella más bonita del firmamento.

Esa estrella nació y creció entre personas, siendo alguien que emanaba luz a su paso. Dice la historia que esa estrella desterrada poseía una belleza sin igual. Su cara parecía esculpida por los Dioses del Olimpo, el movimiento de su pelo evocaba el ondear de los siete vientos, su voz eran cantos de sirena y sus ojos poseían el brillo más mágico jamás visto. Aún así, pese a ser la persona más mágica y bella del mundo, la estrella desterrada triste se sentía. De alguna manera ella sabía que no estaba hecha para este mundo, sentía que debía haber nacido en otra época, en otro lugar, no sabía cuándo ni donde, pero no aquí.

Se cuenta que, cuando la estrella estaba triste, el cielo se nublaba y las estrellas no podían ser vistas, pues sus hermanas no soportaban sentir la culpa por desterrarla allá abajo. Se dice que, para no tener que observarla y sufrir, se ocultaban tras el manto de nubes que impedía a los humanos verlas llorar. Nuestra estrella desterrada sabía, en el fondo de su ser, que su destino no era caminar sobre la Tierra. De alguna manera su destino estaba allá arriba. Se pasaba horas mirando al cielo, y mientras lo observaba se sentía plena, feliz, se sentía en paz.

Estrella estrellita preciosa, angustiada sintióse con su vida ligada al suelo. Su destino quiso cambiar, y decidió dedicar su vida a surcar los cielos. Así hizo ella por cambiar su destino, y abandonó su trabajo terrenal para empezar una nueva vida volando. Se preparó para volar y fue la mejor entre todos los demás. No hubo nadie mejor que ella en lo suyo, y era porque estaba hecha para ello, ella había sido concebida para estar allá arriba, en los cielos. Cuando estuvo preparada, poco tiempo tardó en salir su oportunidad. Nuestra desterrada estrella pudo, por fin, volar. Y solo cuando estaba allá arriba, entre las nubes, estaba más cerca de su verdadero hogar. Solo cuando surcaba los aires en un avión podía sentir a sus hermanas con más intensidad que nunca. Solo cuando sus pies dejaban el suelo para atravesar el firmamento sentía que estaba donde ella quería. Y así fue como nuestra estrella, aunque nunca pudo volver al sitio de donde provenía, pasó su vida entera acercándose al cielo, intentando sin saberlo, volver a casa.