La entropía o divagues de una juventud con ideales…

18 de Agosto, 2007

Con este escrito, trato de descargar mi bronca y mis emociones por lo ocurrido en Madrid, el día 11 de febrero de 2004. Espero ser comprendido y de no serlo, lo lamento, es lo que siento.

de Rafael Hernández

Física (Def.):
“La segunda ley de la termodinámica da una definición precisa de una propiedad llamada entropía. La entropía se puede considerar como una medida de lo próximo o no que se halla un sistema al equilibrio; también se puede considerar como una medida del desorden (espacial y térmico) del sistema. La segunda ley afirma que la entropía, o sea, el desorden, de un sistema aislado nunca puede decrecer. Por tanto, cuando un sistema aislado alcanza una configuración de máxima entropía, ya no puede experimentar cambios: ha alcanzado el equilibrio. La naturaleza parece pues “preferir” el desorden y el caos. Se puede demostrar que el segundo principio implica que, si no se realiza trabajo, es imposible transferir calor desde una región de temperatura más baja a una región de temperatura más alta.”

Cuando cursaba el primer año de la facultad, comencé a involucrarme en agrupaciones estudiantiles en la ciudad de La Plata.
El haber salido recientemente de una dictadura rapaz y cruel, despertaba en los jóvenes ansias de participación, de involucrarse con el nuevo rumbo que tomaría el País.

Al principio participé del Centro Universitario Marplatense (mi ciudad adoptiva). Éramos un grupo de jóvenes con una raíz común, nuestra ciudad y con el objetivo de brindarnos apoyo mutuamente, en una ciudad lejana a nuestros hogares.

Allí, además de idear eventos o servicios para atraer a otros marplatenses a nuestra sociedad, nos divertíamos con diversas actividades. Las discusiones políticas no eran muy habituales allí, ya que se trataba de una entidad apolítica, pero de vez en cuando reflexionábamos sobre nuestro pasado inmediato, del cual comenzaban a surgir los testimonios de tan aterradora época.
Muchos de ellos seguían incrédulos ante las atrocidades documentadas por los medios. Yo, en cambio era conciente de ellas, ya que mi padre había sido una de las tantas víctimas inocentes violentadas por la tortura innecesaria de la picana.

Al poco tiempo de estar participando en el C.U.M. (siglas de nuestra organización), comencé a vincularme con las actividades desarrolladas por el Centro de Estudiantes de Ingeniería y en especial, comencé a participar de las reuniones de la agrupación estudiantil que conducía mayoritariamente dicho Centro, el MEI (Movimiento Estudiantil Independiente). Agrupación muy criticada por las agrupaciones opositoras, ya que todas ellas respondían a diversos partidos políticos y no entendían (no les convenía) que una agrupación multipartidaria condujese a los estudiantes de ingeniería.

Nuestro Centro de Estudiantes era uno de los más importantes del País, ya que era el único que poseía un edificio propio, además tenía una gran editorial de libros y apuntes técnicos, un centro de fotocopiado, un bar y una tenaz representación gremial de los estudiantes frente a los docentes, que era su más importante razón de ser.

Al poco tiempo de estar allí, comencé a militar en dicha agrupación y como tal, iba a las reuniones que realizaban semanalmente. Se realizaban en la casa de algún compañero, en horario nocturno. Allí además de desarrollar la política a seguir ante los acontecimientos cotidianos, comencé a participar en verdaderos debates políticos, tanto sobre el pasado, el presente y el futuro del País.
Esa para mí fue una época maravillosa, donde aprendí a valorar las ideas de los demás y donde pude canalizar las mías propias.

Mi actividad inicial el dicho Centro fue la de Delegado de Curso y de apoyo en la Secretaría de Asuntos Académicos (gremial), donde luego sería Secretario.
Allí comienza mi etapa de humilde “escritor”, comenzando por la redacción de solicitudes por parte de los compañeros a fin de conseguir algún beneficio por problemas planteados en el transcurso de sus carreras.
Como a todo abogado, a veces me solicitaban cosas que serían inaceptables por las autoridades, pero como defensor debía ayudarlos. Dicen más tarde que mi vocación debió de ser letrado, pero la sola idea de tener que memorizar algo, me causa escalofríos.

Mientras me dedicaba a mis estudios, a mis actividades en el C.U.M. y al Centro de Estudiantes, simultáneamente se desarrollaban en el País y en el mundo, hechos que alteraban la tranquilidad de mi vida de incipiente adulto y comencé a plasmar un bosquejo del por qué de las cosas.

Mi interés por la física, propio de los estudiantes de ingeniería, me llevaba a analizar la misma más allá de lo puramente académico, tratando de encontrar en ella todas las respuestas al pasado y futuro de la humanidad.
Si bien era conciente, en ese entonces, que era la filosofía la madre de todas las ciencias, creía que a través de la física se podían demostrar las hipótesis y tesis planteadas por los filósofos.
Buscaba encontrar el por qué de las grandes atrocidades de la historia, por qué ese sometimiento de los poderosos sobre los débiles. Los motivos económicos, religiosos, o de ambiciones de poder que provocaban, no solo las guerras, sino también las intervenciones a terceros países a través de golpes de estado, atentados terroristas, violaciones a los derechos humanos.
El por qué de la hipocresía de los políticos a todos los niveles, justificando sus aberrantes actitudes, desde la corrupción personal a la empatía de matar al prójimo solo por el hecho de pensar distinto.
No buscaba una verdad, ya que pensaba que la misma era fruto del analista que la esgrime de acuerdo a sus convicciones he intereses: “Hay tantas verdades como seres hay en la tierra”, me decía.
Buscaba una justificación a que tales hechos ocurriesen y a dónde nos conduciría nuestra actitud como seres humanos.
Ambas respuestas llegaron mientras cursaba el segundo semestre de Física I, en el tema de Termodinámica.
Primero estudié el Primer Principio de la Termodinámica, que habla de la conservación de la energía, la cual no se gana ni se pierde, solo se transforma. Luego continué con el Segundo Principio y es allí donde encontré la clave a mis preguntas: la entropía.
El hecho de que este concepto físico, relacionado al desorden de la materia, a la necesidad de que para que se produzca trabajo sean necesarios dos fuentes de calor a distinta temperatura y a que fuese siempre mayor que uno, es decir que al multiplicarla por algo, nunca decrece, me dio la idea que el desorden venía asociado a todos los hechos físicos y por extensión, al comportamiento humano, visto como un sistema.
Lo apliqué en principio a otros fenómenos físicos, como por ejemplo la combustión, la cual una vez iniciada no cesa naturalmente hasta que no se consume el combustible o el comburente (el oxígeno), siendo imposible que naturalmente los compuestos sólidos y gaseosos de la combustión, realicen el proceso inverso. Es decir, que si recogemos los gases y cenizas de la combustión y los mezclamos, no vuelven a su estado original. El proceso va entonces en un solo sentido, en el cual por cierto, aumenta la entropía.
Luego apliqué este concepto a las conductas humanas y observé idénticos resultados.
Siempre que existía la posibilidad de alcanzarse un equilibrio inestable en una determinada región, la misma se rompía con el consecuente aumento de entropía.
Analicé innumerables acontecimientos y en todos ellos, la causal de todo desarrollo provenía de un desequilibrio social previo. Un viaje a la Luna, provenía del desarrollo para mandar misiles contra el enemigo (las famosas V-1 y V-2 alemanas). Un gran desarrollo económico a causa del petróleo, provenía de la “guerra de los seis días” entre Israel y Egipto. Un desarrollo tecnológico, como son los navegadores satelitales, provienen de los posicionadores satelitales del Ejército de EE.UU.. Ni que hablar de las tan valoradas imágenes satelitales predecesoras de la fotografía aérea, ambas creadas con fines bélicos. Y así, incontables veces.
Esto me llevó a concluir que todo el desarrollo humano proviene de una fuente de energía que es el caos, o bien, que para que la humanidad “crezca” es necesario indefectiblemente un desorden que implica físicamente aumento de entropía.
El mal y el bien eran las dos fuentes de calor necesarias para que se produzca trabajo, siendo la consecuencia, un aumento de entropía.
Luego de este análisis, también concluí adonde nos conduciría dicha actitud. La misma estaba basada en una extensión del concepto de entropía a todo el Universo, el cual está resumido en el siguiente párrafo:
“Del segundo principio se deduce que, en un sistema aislado (en el que no existen interacciones con el entorno), las partes internas que se encuentran a temperaturas distintas siempre tienden a igualar sus temperaturas y alcanzar así el equilibrio. Este principio también puede aplicarse a otras propiedades internas inicialmente no uniformes. Por ejemplo, si se vierte leche en una taza de café, las dos sustancias se mezclan hasta hacerse inseparables e indiferenciables. Por lo tanto, un estado inicial ordenado, con componentes diferenciados, se convierte en un estado mezclado o desordenado. Estas ideas se pueden expresar a partir de una propiedad termodinámica denominada entropía (enunciada por primera vez por Clausius), que mide lo cerca que está un sistema del equilibrio, es decir, del desorden interno perfecto. La entropía de un sistema aislado, y del Universo en su conjunto, sólo puede aumentar, y cuando se alcanza finalmente el equilibrio ya no son posibles cambios internos de ningún tipo. Cuando se aplica al conjunto del Universo, este principio sugiere que la temperatura de todo el cosmos acabará siendo uniforme, con lo que se producirá la llamada muerte térmica del Universo.”
Llevando este concepto a la humanidad, lo resumí de la siguiente forma. La especie humana, analizada en un contexto aislado, llegará a un punto de equilibrio debido a la destrucción y el caos, que le será imposible recuperarse y por ende habrá llegado a su fin.

Esta teoría, por ser negativa de la condición humana, nunca (hasta la fecha), la hice pública.

Por último, la terminé descartando cuando dos años más tarde cursé Química General. Allí descubrí que el concepto de entropía era valido para sistemas macroscópicos pero no así, para los microscópicos. Aparecía entonces otro concepto: el de energía libre.
¿Si dejamos, en condiciones normales de presión y temperatura, un recipiente con hielo y agua líquida, hacia dónde tenderá el sistema, ha derretirse el hielo (aumento de entropía) o a congelarse el agua? Bueno, la respuesta está en la diferencia entre la entropía y la energía libre del sistema a esas condiciones. La que prevalezca determinará el sentido de la reacción química.
Ello abrió una esperanza en mi teoría pesimista de la humanidad, dado que podía aplicar mi modelo microscópico a la sociedad y encontrar que además del desarrollo a través del mal, también había habido un considerable desarrollo a través del bien. Sin intereses mezquinos de por medio.
Nada más que con mencionar estos nombres: Ghandi, Cristo, Siddartha, Lao Tsé, Mahoma, Confucio y millones de seres anónimos que han llevado esperanza a un mundo carcomido por el mal. Ello me hizo pensar que la humanidad tenía esperanza. Y que parte de esa esperanza, aunque sea mínima, estaba en mí.

—o—

Hoy trato de explicarme la tragedia de ayer y no puedo. Se que muchos son los factores que pudieron desencadenar tan brutal atentado, o tal ves uno. Uno resumido en una sola palabra y que representa para mí, el mal que nos domina, que lleva al hombre a cometer esas locuras, que al resto nos desequilibra y nos da de lleno en nuestros corazones, que nos estrangula la garganta y nos ahoga el grito de dolor. Una palabra… entropía.

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2 comentarios sobre “La entropía o divagues de una juventud con ideales…”

  1. Néstor Marinelli Says:

    Rafael, me gustó mucho tu análisis y sobretodo aquel hermoso recuerdo del MEI de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata.
    Un abrazo para todos.
    Néstor Marinelli ( el Colo)

  2. Natalia Says:

    Hola Rafael soy una actual becada del Centro Universitario Marplatense CUM, me sorprendió encontrar un ex miembro del mismo en la Web , y la verdad me gustaría contactarte porque me interesa reconstruir la historia del Centro .. Nosotros no contamos con la documentación de los años transcurridos durante la dictadura militar ni de los subsiguientes hasta 1985.No sabemos porque se perdió la casa que se encuentra en 53 N 518 ..actualmente con grandes esfuerzos alquilamos 2 casas, pero estamos en permanente lucha para conseguir una propia.
    Desde ya muchas gracias, y realmente me alegra que mantengas en tu memoria al CUM , que ha permitido que muchos estudiantes realicen sus carreras ,y mas aun , que se formen como personas de bien .
    El mail deL Centro es cumlp@yahoo.com.
    El tel :4271130
    http://cumlp.blogspot.com/

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