Relato, Terror

La Ciudad de los Olvidados

Por , en 20 de febrero de 2010

Aldo Contreras se levanto esa tarde invernal con un fuerte dolor de cabeza. Su mirada enigmática e indescifrable y el aspecto famélico y miserable de la habitación hacían que su sordidez fuese ímproba. Aldo tenía la piel necrósica y apergaminada y un dolor en su alma que se había anidado para no partir jamás. Era como si no existiera, nadie se acordaba de él, todos lo habían dejado, todo había sido tan efímero, tan fugaz en su vida, que ni tiempo de elegir tuvo.Entonces, con un rictus de amargura y soledad acunado en su rostro, miró por la angosta ventana que daba a la babélica calle y con la mirada extraviada se acordó de Neruda: ”De las estrellas que admire, mojadas por ríos y rocíos diferentes, yo no escogí sino la que yo amaba, y desde entonces duermo con la noche.’’ ‘’Amar’ era una palabra olvidada; pensarla era algo doloroso, mencionarla le generaba angustia. Le dio una enorme calada al cigarrillo,’ Qué injusta y cruel puede ser la vida, cuándo se carece de pasiones, cuándo lo has vivido todo, y ya no te queda nada.

‘’Pensó. Aldo, sonrió torcidamente cómo burlándose de sí mismo. Se levanto de la sucia cama y con ademanes cansados encendió otro cigarrillo con el que acababa, se tomo el último sorbo de un licor barato y nauseabundo y estrello la vacía botella contra las desconchadas y grises paredes del cuartucho. Al fin se decidió y se miro en el roto y cansado espejo, cómo si le doliera mirar lo que ahí se reflejaba de su estropeada humanidad, se sintió desgarrado y anquilosado, solo una imagen volátil y fantasmagórica fue lo que vio. Caminó tambaleándose hacia la puerta del baño, con un gesto resignado y meditabundo se dio media vuelta y su mente con vestigios de una maquiavélica lucidez, pario un angustioso pensamiento: ‘’Solo soy un despojo, nada importa ya, que miserable y despiadada trampa me ha tendido el destino, que me ha hundido inmisericorde en las profundidades abisales de una sórdida existencia’’.Y era que para Aldo siempre hubo un mas alla,un mas de esto, un mas de aquello, y todo no había sido suficiente en la vida, había vivido esclavizado por sus pasiones, sus fracasos y frustraciones sentimentales, por sus angustias, por sus insatisfacciones espirituales, sin contar la perplejidad de no vivir en un mundo real, de ser irrelevante, de ya no pertenecer a él, de vivir intrínsecamente desdichado, de saborear constantemente el profundo vacío existencial en el que se había sumergido su vida, una vida desequilibrada, una vida ahogada en las oscuras entrañas del desconcierto, viviendo encadenado a un pasado que le había carcomido su alma por mucho tiempo. Aldo, bajo acompasadamente las crujientes y envejecidas escaleras del mísero hotelucho, salió a la atestada avenida y lo sobrecogió un temblor, se sintió ansioso y apesarado, invadido por una inacabable melancolía. Necesitaba una copa para calmar su soledad y los olvidos, que como vermes del averno le corroían las entrañas incesantes y sin piedad. Aldo, inició su eterno deambular por el centro de la bulliciosa y trasnochadora ciudad portuaria, caminando en medio de toda aquella fauna de la vida noctambula y bohemia, y una vez más se sintió tembloroso y sin fuerzas, irremisiblemente solo, ya los anhelos imperiosos y las metas no tenían cabida en sórdida existencia, no existían, el vivía la muerte primera, la vacía, la despiadada, la inmisericorde, la laberíntica y oscura, la muerte del alma y sus pasiones. Y esa muerte, era la muerte que él vivía y padecía con un dolor inenarrable hacían muchos años; la segunda muerte, esa es más benévola y rápida, la muerte’’ física’’. Necesitaba una copa de licor, y era urgente, ‘’sólo eso’’, podría aliviar los dolores de una angustia implacable y universal. Aldo, escarbó apurado en su roído y descolorido gabán, y se dio cuenta que no tenía un centavo, ya sus escritos no le daban últimamente ni para comer. Iría al bar de Rino, ahí siempre encontraría una copa, y con quien rumiar sus penas, caminó apresurado por la avenida veinte de julio larga y ruidosa como siempre, doblo por la calle Obando y pasó raudo por un antiguo y famoso prostíbulo. Dos putas pintoreteadas y olvidadas, estaban recostadas en la puerta del lupanar mostrándose impúdicas y oferentes, haciéndoles señas a los fantasmales transeúntes que por ahí pasaban. Una suave brisa con olor a salitre despertó intempestivamente recuerdos que yacían dormidos en lo más recóndito de la mente de Aldo; recuerdos inmutables que dolían y que tendría que volverlos a dormir bajo los efectos sedantes del licor. Al final de la populosa calle doblo por la avenida progreso, ahí se encontraba el bar de Rino. Entro al macilento bar, un cierzo lóbrego y misterioso se podía palpar en el ambiente. Aldo, sintió que un frio mortal y agudo se abrazo a él, y era igual o peor que el frio glacial que se había instalado por siempre en su Corazón. Aldo, llego hasta la desgastada barra del tenebroso bar y Rino el dueño del antro lo observo con Mirada ratonil. El viejo y decrepito cantinero, hizo una despectiva mueca habitual en él y le coloco ceremoniosamente una copa de ron. Aldo, apuró la copa con tristeza, solo era eso, una triste copa, en un triste bar, frecuentado por personas tristes y olvidadas. Mientras le servían la segunda copa, empezó a pasear cansadamente la mirada y vio en un Rincón queriendo pasar desapercibido, a Rafael Gonzales, un pianista fracasado y alcohólico; este le hizo un saludo con la mano, un gesto lacónico. La esposa del taciturno pianista se había suicidado hacían meses, en medio de una depresión y estando borracha, decían las malas y largas lenguas que se había cortado las venas, y Rafael, a su lado, durmiendo una borrachera ni cuenta se dio del trágico final. La culpa y la soledad lo estaban matando, muy pronto se iría de este mundo olvidado y borracho en un Rincón del mustio bar. Al otro extremo de la barra, se encuentra Mariana Montero; su Mirada es pérdida y desolada, su cuerpo es un amasijo cuneiforme que miente sobre su edad. Está destruida. El alcohol y la prostitución hicieron su ignominioso trabajo en aquel cuerpo que fue hermoso y excitante en otros tiempos. La joven vieja se rasca el sobaco, debe tener pulgas y piojos, y quien sabe cuántas alimañas más. Ya no hay hombres que la miren, sus gelatinosas tetas cuelgan pesarosas añorando épocas mejores, y su cara cundida de polvos y carmín le dan la forma grotesca de un payaso triste, es una olvidada. Más al fondo, abrazado por las penumbras al lado del orinal está sentado Anselmo Díaz, un marinero alto y que en tiempos olvidados solía tener una risa estentórea y hermosa, un hombre que todo lo había visto y que cuentan le había dado la vuelta al mundo incontables veces. Para Anselmo no hubo puertos ni fronteras, cómo tampoco supo amar ni ser amado, no echo raíces, ni tuvo hijos, ni perros ni gatos, ni nada. Al viejo marinero, solo le queda una mirada cansada e indefinible, que le confiere un aire universal; en su cara mundana y llena de cicatrices se refleja todo, al igual que si fuera un espejo, ahí se pueden ver todos los tiempos, todos los mundos, todas las guerras, todas las miserias, todos los vicios, todas las vidas, y también todas las muertes primeras, es una cara maleable y a la vez impenetrable. Anselmo es atemporal, está como nosotros, en ningún tiempo, ni en este mundo ni en el otro. Su mundo ahora, es ese rincón hediondo a orín y alcohol, y la puta sueca y llorona que lo acompaña como huella indeleble de una vida marcada por el olvido. Se sentía un vacio insoportable en el bar, Aldo se bebió su quinta copa, mientras el viejo Rino se rascaba la cabeza llena de piojos, él cantinero bosteza tapándose su enorme boca, como temiendo contagiarse con tantas penas. El alcohol, había comenzado a surtir efecto en Aldo y una sensación apacible y nostálgica se fue apoderando de él, todos los miedos y las angustias de unos momentos antes se iban alejando y le daban paso a una falsa y temeraria seguridad. Un tipo de aspecto esmirriado y cadavérico, con cara de insepulto, al que solo conocían como Segismundo Flórez empieza a vociferar enloquecido; ’’ ¡la vida es una mierda!’’Grita exacerbado. Él dipsómano, mascando su rabia y su copa, se corta los famélicos labios y sus ojos iridiscentes y llenos de odio hacen juego con la sangre que corre por su barba; vuelve a gritar enardecido.—‘’El mundo y su gente son el infierno, odio al mundo y todo lo que contiene, incluyéndome a mí’’—Los señala a todos, y con dedo acusador como anunciando la llegada del apocalipsis, vuelve a gritar:—‘’No se dan cuenta borrachos imbéciles que todos estamos muertos, que se fueron las esperanzas, que ya no queda nada de nosotros en este mundo, qué están borrando inclemente nuestros recuerdos, qué nos dejaron, que estamos olvidados’’— Termina diciendo y se ahoga hipando con un amargo sollozo. Él febril y desquiciado sujeto, con manos temblorosas agarra su botella de ron barato, y se la bebe de un solo trago, cayendo como en un letargo. Se desliza alcohol y soledad por su pecho hundido. Empieza a dar tumbos, se sume en un desquiciado delirio, y llora una vez más inconsolablemente hasta hundirse en las profundidades de un sueno doloroso e intranquilo. Se hace en el bar un silencio sepulcral, sólo se escucha el aleteo de una mosca que se ahoga en el charco de una vieja y oxidada mesa. Aldo, apura su decima copa y se siente borracho y relajado pero le da un irreprimible deseo de llorar, la tétrica escena y los gritos de Segismundo, le produjeron una terrible depresión. Caía la negra noche y el bar se estaba atestando de seres desahuciados y fantasmales, Aldo sintió un dolor lacerante en el pecho, como un gris presagio de que todo en su vida estaba llegando a su fin, que moriría solo y perdido en la siniestra tragicomedia, que moriría olvidado. Salió del bar, la noche estaba fría y oscura como boca de lobo, encendió un cigarro y empezó a caminar sin rumbo fijo y de golpe se acordó de su viejo amigo Roque, le habían contado que se estaba muriendo al igual que él, lo iría a visitar por última vez. Se deslizo por un Viejo callejón adoquinado que era habitado por seres desesperanzados, alcohólicos, drogadictos, gatos hambrientos, raponeros, pordioseros, putas, maricas y proxenetas. ‘’Cuanta vida infausta. Mi vida es difusa e inherente a la de ellos, no soy mejor que ellos’’ pensó Aldo mientras caminaba. Al final del callejón vio como unas ratas se disputaban glotonas la basura del día con un mendigo tembloroso y desdentado.’ Terminaran comiéndose entre ellos. ’’ Penso.Atraveso el parque de san jose, y doblo por la avenida de los estudiantes. Las calles estaban atiborradas de seres sin posibilidades, seres desposeídos. Aldo sintió que una enorme grieta se abría en su alma, todo era impreciso, impersonal, que su soledad y su olímpica amargura eran indescriptibles. Al final de la avenida, en el cruce con la calle san Juan, en un Viejo y ruinoso edificio de estilo republicano, vivía su olvidado y Viejo amigo Roque. Ahí en un cuartucho mal oliente y decrepito, estaba terminando sus días este gran filosofo y bohemio. Aldo, entro al tétrico edificio abrazado por una inconsolable sensación de abandono y caminó apático por el hediondo corredor sorteando ánimas en pena que lo acosaban sin cesar por aquel zaguán infernal. Empezó a tocar apurado la desvencijada y crujiente puerta, no fue necesario que le abrieran, la decrepita puerta estaba entreabierta, entro sigilosamente, y su olfato fue herido por un olor a sopa rancia y a neftalina, una nausea vehemente se apodero de él. Pasó por la vieja cocina y vio a Roque acuclillado, haciéndose las abluciones en una descascarada bacinilla de peltre. Aldo se encontró con los ojos grises y apagados de Roque, vio que sus labios estaban hinchados y resecos. El viejo, lo saludo con un mortal desgano: —Mi querido Aldo cuanto tiempo.—Le dijo. El Viejo filósofo se levanto y se sintió un traquear de huesos, se limpio el culo y se subió su remendado pijama, tratando de mantenerse en pie. El alcoholismo, su interminable insomnio, el hambre, sus rebeldías, su sarcástica intelectualidad, su incurable irreverencia y su irreligiosidad, lo desfasaron y hundieron hasta sumirlo en una total desesperanza. Aldo, lo ayudo a sentarse en un raquítico camastro y lo mira melancólicamente. El viejo Roque con voz aguardentosa y desmayada le dice: —ya ves Aldo, estoy cayéndome a pedazos, tenía una semana sin poder cagar, tampoco duermo, me duelen los huesos, me duele mi soledad, me duele la puta vida.—El viejo, con un largo suspiro cierra sus ojos y cae en una dolorosa inopia. Aldo, sintió un fúnebre pesar por él, cuánta intelectualidad perdida, cuánto saber, y de eso ya no queda nada, porqué hasta la dignidad se pierde. Aldo, recordó cuantas noches de bohemias y tiempos mejores vivieron juntos y que nunca más volverían. Ahora Roque estaba solo y enfermo, frustrado, resentido con la vida y sus conceptos; viviendo en constante desiderata, él, que había sido un hombre que se espantaba de su sombra, estaba viviendo su propio infierno, vivíendo en un mundo infrahumano. Roque, saliendo de su doloroso y prolongado letargo lo mira y le sonríe Aldo solo ve un agujero negro en su boca. ‘’Necesito un trago, lo necesito para llenar este vacío inclemente’’ Dijo. Las palabras de Roque cayeron como indolentes latigazos que castigaron sin compasión el alma de Aldo.’ Qué impúdica y miserable puede ser la soledad en un ser humano, que arrastra su vida con una impulsividad destructiva a los vicios y el desenfreno’’ pensó Aldo. El humo del cigarrillo le enrojeció los ojos y unas débiles lágrimas afloraron en sus demacrados ojos. Aldo se acerco a la prehistórica y carcomida mesa y destapo una botella de aguardiente, le sirvió un vaso a la mitad y Roque se lo bebió con sed desquiciada, lanzó un largo eructo y le dio una mirada agradecida con ojos vidriosos. ’’— ¿Sabias que Mary se murió fue de tristeza?’’—Dijo Roque. María Montiel, ese había sido el nombre de su esposa una hermosa y famosa soprano en otros tiempos, a la que el alcoholismo y los desenfrenos la condujeron a una temprana muerte. Roque jamás se recupero de esa perdida, de eso hacían años; nunca volvió a mirar a otra mujer, la melancolía y el alcohol han sido hasta hoy sus fieles verdugos y acompañantes, nunca más su sonrisa fue la misma, sus deseos de vivir fueron sepultados junto con ella. ’’—Nuestras vidas están impregnadas por el dolor de querer aferrarnos y vivir de un pasado mejor’’Dijo Roque.—‘’De un pasado que jamás volverá, mi querido Aldo’’— Se sirvieron otra ronda de licor. Aldo supo en ese instante qué una interminable conversación acompañada de una borrachera estaba por comenzar, los dos sabían que estaban olvidados, y que nunca saldrían de ese mundo dantesco, que estaban muertos en vida. El viejo Roque, se veía agotado y su mirada anhelaba la segunda muerte y ya acosado por una cruel febrilidad Le dio inicio a un divagar por erráticas ideas y a un tétrico desfile de imágenes del pasado que, incesantes, atormentaban su etílica mente. Un implacable estremecimiento recorrió la humanidad de Aldo, sabía que Roque y el hablarían por muchas horas. Hablaron de la vida, de las metas que ya no existían, de los hijos que nunca tuvieron. Hablaron de los curas, de las monjas, de la teología, del secularismo, del metodismo, de la mitología; de la sociedad corrompida. Hablaron de las frustraciones del no ser, de las esposas que no aman, de los matrimonios aburridos, de la infidelidad, de la estupidez, de la inmadurez. Hablaron de la bisexualidad, de los maricas, de las putas de un rato, de las putas de día, de las putas de noche, de las putas de por vida. Hablaron de burdeles, de lupanares, de prostíbulos famosos, de celestinas y alcahuetas, de los choferes de las alcahuetas, de la masonería, de los rosacruces, de los templarios, y los templones, de los suicidas, de las guerras, de los vendedores de soledad, de la libertad, de la hipocresía, de las angustias, de las Iglesias recolectoras de dinero. Hablaron del aborto, del incesto, del desamor, de la desidia, de la insidia, de la envidia. Hablaron de las técnicas para hacer crecer el pelo, para tumbarlo, del condonismo, de la fecundación in vitro, de los probetas, de la vileza, de la oxidación, de los escapes, del raciocinio, de los ladrones. Hablaron de los sentimientos, de las pasiones, de las emociones, del desconcierto, de los perros que no cuidan la casa y comen mejor que el niño. Hablaron de las mentiras, de la codicia, de las enfermedades venéreas, del coitus interruptus, de los cheques sin fondo. Hablaron del sexo sin amor, del con amor que ya no existe, del sexo oral, del sexo seco, del ménage a trois, de la menarquía, de lo inmoral de la monarquía, de la ética. Hablaron de la moral, de lo amoral, de la felatio, del cunnilingus, de las pastillas para las erecciones, de las de dormir, de los laxantes, de los barbitúricos, de las anfetaminas. Hablaron de todas las drogas, del alcoholismo, de Emil Cioran, de Sartre, de Camus, de la sicoterapia, de la siquiatría, del destino, de los sino, del murmullo inconsciente, del desamparo aprendido. Hablaron de dianetica, de genética, de lo ecuménico, hablaron de la iconoclastia, de la idolatría, de la escolástica, de la simonía, del arte abstracto, de los pintores, de los escultores. Hablaron del sicoanálisis, de Freud, de Jung, de las emociones, de la locura, de la dipsomanía, de la depresión. Hablaron de la comida chatarra, de la televisión chatarra, del lesbianismo, del cubismo, del neoclasicismo, del esnobismo. Hablaron de los cementerios con hoteles para muertos, de las rezanderas, de los pastores, del catolicismo, del calvinismo, del luteranismo, de averroes, de zaratustra,, de la demencia de la religión. Hablaron de la eutanasia, de los anarquistas, de la generación del yo, de la del tu, de Arango y su nada de nada. Hablaron de los imbéciles, de los pendejos, de los noticieros que no sirven, de la estupidez humana, de la moda, de las mujeres feas, de las mujeres bellas, de las que no lo son y se lo creen, del adulterio, de los polinomios, de los binomios, de la bigamia, de la poligamia. Hablaron del dinero que no hay, del que hay y no se ve, de los vendedores callejeros, de los recolectores de basura, de la musica,de los escritores, del expresionismo, de la generación perdida, de la encontrada, del boom latinoamericano, de la generación del noventa y ocho, de la policia,del estado, de todos los santos, de los beatos, del hambre, de la escoliosis, de la halitosis, de la sicosis, de la neurosis. Hablaron de las falsas promesas, de los defectos de caracter, de la chismoseria, de la bulimia, de la gula. Hablaron de la rabia, de la angustia, de la soledad, del ya no ser, de la politica.Hablaron del existencialismo, del maniqueísmo, del estoicismo, del clasicismo. Hablaron de los beodos, de los drogos,de los abstemios, de lo indeleble, de lo indemostrable, de lo ambiguo, del anticlericalismo, de la boutade, de la burocracia, hablaron del cambalache, hablaron de cannabis, de la cartomancia, de lo defectible, hablaron de deísmo, de los egregios, de la enología, hablaron de la facundia, del foie-gras,de los godos, del gregarismo, del heliocentrismo, del humanismo, de hedonismo, de la iconolatría, de la ignorancia, del jacobinismo, de lo juglaresco, de los karmas, del krausismo, de “la creme de la creme”,de las lumias, de los madrigales, del microcosmos, de la narratología, del numen, hablaron de la oblación, de la oligofrenia, de paganismo, de lo platónico, de la plutocracia, de lo pudibundo, hablaron de quijotismo, de las quinielas, de las quimeras, hablaron de rameras, de republicanismo, de rococó, de sacramentos, de sacrilegios, de silogismo, de sofismas, de los tabues,de la tempora,de la traición, de la tragicomedia, de la tramoya, del tribalismo, de lo tudesco, de la ufanía, del unionismo, de lo univoco, de la usura, de la vaguedad, del vacile, del vedismo, del verbalismo, de la verborrea, del verticalismo, de lo vetusto, del voyeurismo,hablaron del whisky y sus marcas, del sistema warrant, de xenofobia, de xilografía, del ying y el yang, del yo, del zarismo, del zen, del zodiaco, hablaron mierda y mas mierda de los contra naturam,de la anorexia, de la dislexia, de la retorica, de lo falible, de las diasporas,de los miedos, de la androfobia, de la misoginia, de los gordos, de los flacos, de los adenomas, de la gente, del mundo, de la ludopatía, de lo lubrico, de los arpegios. Hablaron de lo estático, de lo estético, de conceptismo, de las brujas, de la nigromancia, de la astrología, de la vejez, de la futilidad, de lo indebido, de lo impune, de lo edipico, del radicalismo, de lo impúdico, de lo inane, de lo inasible, de lo etéreo, de lo incoercible, de la muerte, del olvido y así ‘’ad infinitum’’.Aldo, se levanto tambaleante necesitaba un poco de aire fresco, necesitaba huir de aquel carnaval aquelarrico e infernal que era la casa de Roque. Una intensa desazón lo envolvió sabía que no volvería a ver vivo a Roque, y también sabía que el tiempo se había terminado para los seres como ellos, los seres muertos en vida. Roque, con la mirada vacía, perdida, le dijo: —‘’Sabes Aldo, ayer en una borrachera perdí mi caja de dientes’’—Aldo comenzó alejarse de él. Ya estaba alcanzando la mísera y centenaria puerta, cuando sintiendo una terrible animadversión por todo lo que le rodeaba y sin haber disertado sobre todo lo que hablaron, le dijo: —‘’Para donde vamos no la necesitas. ‘’—Roque levanto su abotargado y arlequinesco rostro le dirigió una mirada vacía, una mirada apagada y moribunda. —-‘’Ya no hay ningún sitio a donde ir, mi viejo amigo, sólo nos queda la oscuridad’’—Dijo. Aldo Contreras le dirigió una última mirada con tristeza, de despedida.—‘’Somos sustancias muertas que pasaremos a integrarnos a la naturaleza. ‘’—Le dijo, mientras salobres lagrimas bañaban sus curtidas mejillas.—Recuerda Roque, estamos perdidos, desintegrados, estamos muertos, estamos olvidados y así será para siempre. Por: Aníbal Consuegra.

This post was submitted by Anibal consuegra..

Comentar | Trackback

Comentarios de “La Ciudad de los Olvidados”

Aun no se han realizado comentarios.

Deja tu comentario

 

 

 


 

Previsualización del Comentario

  

 

Secciones

Canales

Red de Blogs SmallSquid

Enlaces de Interés

© Copyright 2012, SmallSquid.com. Red de blogs, SEO y Webs 2.0

SmallSquid.com está gestionado con WordPress

Creative Commons - Some Rights Reserved
 
Un proyecto realizado por Blogestudio