La chica del mar.

La conocí una mañana soleada del mes de Agosto. El color de sus cabellos y la luz del sol me deslumbraban por completo. Junto a ella pasaba muy rápido el tiempo. Demasiado rápido.
No podía olvidar fácilmente el brillo de sus ojos, su intensa mirada reflejada en el mar, sus labios de caramelo. Ni tampoco podía olvidar su habla tímida, sus gestos, su risa. Esa risa que pintaba de alegría las tardes de verano.
Ella, de mirada esmeralda y cabello caoba, de modestia implacable y sencillez destacada. Ella. Era ella la que me había cautivado por completo.
No sabía muy bien como explicar lo que sentía en aquellos momentos. Era indescriptible. Aún recuerdo como se enfrentaba ella sola a la soledad. Lo poco que le importaban los murmullos, las gentes que a ninguno de los dos nos interesaban. Esa forma de mostrar indiferencia que tanto le caracterizaba. Esa simpatía disfrazada de todo lo contrario. Su sutileza. Lo directa que era.
Quizás fue de eso de lo que me enamoré. De su voz muda. De sus risas. De sus llantos.

Cuando las olas llegaban a la orilla, ella reía. Cuando contemplábamos juntos el atardecer, cuando la tenía a mi lado, la amé.
Lo hubiese dado todo en aquel entonces para que esos momentos fuesen eternos. Por tenerla más tiempo entre mis brazos. Por coger su delicada mano y correr juntos por la playa, otra vez.

Me acuerdo cuando ella deseaba que todo fuera peculiar. A nuestra manera. Porque éramos dos extraños, que por casualidades de la vida, nos habíamos encontrado esa mañana de Agosto en aquella playa. Porque éramos dos almas solitarias, con un destino en común, con dos caminos que se cruzaron en el mar cristalino.

Aquellos momentos fueron de los más especiales que había vivido. Sin embargo, sólo me queda recordarlos, pues ya no la tengo entre mis brazos, ni tampoco tengo su mirada esmeralda reflejada en el mar, ni sus risas, ni sus llantos.
Hace mucho que todo pasó, y que volvimos a tomar caminos diferentes en los que ya no estábamos los dos. Caminos en los que nos acompañaban otros. Caminos que un día se cruzaron en la orilla del viejo mar, y que espero que algún día se puedan volver a reencontrar.