JULIO EN MARZO

4 de Septiembre, 2007

Todo comenzó una tarde templada… mientras divagaba al observar la vida desde un punto equivocado.
Despejando mi tristeza en una persona a quien poco conocía, mas sin embargo su confianza me brindaba. Cuando sin más apareció, su llegada fue un poco incierta pero acertada. Involuntariamente, mi mirada desconectada de mi mente se mantenía fija y directa hacia él, y tras un suspiro volvió en sí. Al principio pensé que sólo podría haber sido a causa de la ansiedad que me invadía y decidí olvidarlo.
Tras unos minutos decidí partir y me limité a continuar con mi camino. Supongo que la persona que me acompañaba notó mi inquietud además de saber lo que la causaba, y con una sonrisa de admirarse se volvió hacia mi y dijo:
-Al menos podrías decirle adiós- esa frase logró mover todo lo que en un momento atrás me detuvo. Y lo hice. No esperaba una respuesta a mi acción, pero no pudo ser mejor. Con una sonrisa, su regalo más preciado, respondió sin palabras y con una alegría que pocas veces poseo. Continué.
Como agradecimiento a la persona, decidí esperar con ella y de nuevo lo visualicé, esta vez retirándose. Mientras yo permanecía recordando lo que había sucedido, la persona a la que acompañaba se dispuso a llamarle. Fue entonces cuando mi mente regresó en sí trayendo consigo infinidad de sensaciones que provocaron que mis cuestiones dirigidas hacia él se desvanecieran, y sin encontrar palabras me quedé con él. Fue un poco difícil el inicio y más porque tenía el tiempo limitado. Pero valoré mas su interés por saber al menos cierta parte de mi.
Al paso de las horas, que solían disfrazarse de minutos, recordé mis compromisos y aunque mis deseos de seguir a su lado sujetaban el tiempo, sabía que tenía que retirarme. Me entristecí por un momento, hasta que su voz, preguntándome “¿te acompaño?”, intensificó mis latidos y aunque mis asuntos me detenían a ofrecerle un sí llegó el momento en que lo hice. En el trayecto relacionamos cada palabra con un tema. Al llegar a mi destino y descubrir que mis asuntos extrañamente ya no existían, con un gozo interminable lo invité a seguir charlando, ya que lo que sí existía era conocer cada vez más de su vida, que inexplicablemente enriquecía la mía.

Ciertamente, no todo puede ser perfecto, de lo contrario no se pudiera dar el titulo de vida sino de sueños y hasta en ellos existen pesadillas. Y pareciera que yo penaba en una enorme, ya que sin saberlo tenía el peor de los defectos, carecer de hechos, lo que lo hacía dudar de mis sentimientos por él, ya que indirectamente podrían pasar desapercibidos. Y digo indirectamente por que en forma directa mis sentimientos desbordaban mi alma. No dormitaba estableciendo que llegaría un momento en el cual sus sentimientos dejarían de significar lo que hoy eran; y todo debido a mi forma tan nefasta de expresarme. Me sentía traicionada por mis propios actos, ya que no describían en lo mas mínimo todo aquello que él evocaba en mi. Su fuerza de voluntad y su entusiasmo lograban que él llegara de lleno en mi vida y cada palabra, aun fuera de lo más simple, por el solo hecho de que él la mencionara ya era más que especial.
Tiempo después, él partió aprovechando unas cortas vacaciones que para mi eran interminables. Mi sentimiento terminaba por asfixiarme y comenzaba a alimentar a la desesperación, la cual intensificaba mi dolor, pues no podía controlar esos deseos de tomar su mano, acariciar su rostro, reconfortarlo en un abrazo y desgajar mi corazón en un beso. Me consumía pero también sabía que su regreso sería como un suspiro, pues poco se dan pero cuando llegan cambian todo.

Autor: frooda

<--adsense-->

Artículos relacionados

Deje un comentario