INVESTIGANDO EL ARTE HUMANISTA
Por : Fernando Valdés
Desde la perspectiva historiológica el movimiento cultural humano se desarrolla en enormes estadios de tiempo. Estos, pertenecen a la evolución del lenguaje, una estructura mental que nombra a la realidad .
Todo lenguaje, incluyendo el arte, posee un ritmo, un tono y un contenido. El contenido es lo que se nombra. El tono es cómo se nombra o cómo se dice, o sea, el estado de ánimo o clima y el ritmo es de dónde se dice. Es decir, el punto de vista y nivel de conciencia con que opera este lenguaje.
Antes de la globalización cultura actual, existieron civilizaciones que cumplieron con el desarrollo de tres estadios. Pasaron por distintos cambios de ritmos en su lenguaje, es decir, por distintos encajes con la existencia, con el cambio de nivel de conciencia y con el consecuente sistema de estructuración de ideas. Utilizando un método universal podríamos identificar al primer estadio como la era alquímica. Un mundo biológico en donde el trabajo físico, lo institucional y lo grupal se caracterizan. Allí, la identificación del ser está predominantemente en el cuerpo, la posesión de cosas y personas. A nivel social se le puede reconocer como el hombre masa, ellos buscan resolver sus necesidades a través de la institución. Para esto, ordenan sus conductas a través de complejas constituciones. Es un modo escolar de ver el mundo.
El segundo estadio evolutivo de una determinada cultura es la era psíquica o mental. Cuando las instituciones comienzan a fracasar en la resolución de necesidades de la masa, es que surgen los individuos Estos, además de tener una posición crítica o contestaría respecto del sistema, comienzan a considerar nuevas respuestas frente a la existencia. Como por ejemplo, intentan superar el miedo y la culpa personal. Estos atributos cumplen con la función de estructurar la era alquímica o sistema. El individuo, en cierto modo despierta de la mecanicidad valórica de la masa y junto con ingresar a la soledad, aprende a resolver sus necesidades, casi por si mismo. El no se identifica tanto por su cuerpo como por su mente o sistema valórico. Al aprender a saltar por sobre el miedo logra bajar su nivel de ansiedad. Del mismo modo, si salta por sobre la culpa o “deber ser” impuesto por la masa alquímica, logra salir del achanchamiento (depresión) desarrollando el desenfado personal. Con esto, se comprende que este individuo ha cambiado el ritmo de su lenguaje. Es evidente que una sociedad de individuos posee un lenguaje que habla de cosas muy distintas que el humano de una era más concreta.
Nuestra civilización global ha entrado de lleno a la era psíquica y tendremos algún considerable tiempo para que el último trabajador se libere de su patrón.- Vayamos entretanto, considerando estos elementos para enredarlos con el arte.
Entiendo que el humanismo cava trincheras en todos los estadios culturales y que a su vez su lucha por la liberación del ser humano, más que un afianzamiento reivindicacionísta de su propia condición, busca que éste salte a un nuevo encaje para resolver sus necesidades. Si el humanismo es histórico, entonces, se le comprende en proceso y actúa a su vez en un hombre en movimiento y en aceleración creciente. El individuo, al menos, ha de comprender, que su incoherencia es producto de la inestabilidad del propio ritmo que aún está contaminado por la creencia anterior. Es como tener un pie en el muelle y el otro en el bote. No se puede vivir en dos ritmos a la vez, sin caerse al agua. La terapia tradicional intenta que se suba al muelle y que se deje de errores de juventud. Por que cree falsamente, que la inestabilidad del psiquísmo está producida por el solo hecho de salirse de la “realidad oficial”.
Al liberarse el individuo de las ataduras del “que dirán “, aumenta necesariamente su gozo. Sin embargo, no por esto disminuye necesariamente su confusión, al punto de llevarlo a la psicosis.
Aquí es donde el humanismo plantea una decidida orientación. Un principio en donde el individuo, con su aplicación, pueda desarrollar el respeto por si mismo, la comprensión de que la liberación es factible y que por sobre todo respete a los demás en su diversidad.
Esta era mental considera que lo común ahora, es ser diferente; que lo cuerdo es romper con la antigua lógica y que lo diverso es lo cotidiano. La era mental considera a la “realidad oficial” como un hecho superado y que no cumple con las necesidades de evolución integral del individuo. Sólo es un estadio de tiempo necesario en la evolución. El individuo requiere ahora vivir inserto en una “realidad extraordinaria” y que si no comprende esta realidad, en toda su dimensión, sufrirá de inadaptabilidad. Entrar a ella supone haber superado el miedo que produce ansiedad y la culpa que produce depresión. Lógicamente dos sintamos masivos de la era alquímica y que desde nuestro punto de vista, los consideramos como sagrados síntomas, por que son las claves para dar el salto. Estos hablan de saturación y si no nos movemos de allí, perecemos. Son los avisos de la época.
Cuando el número crítico de individuos se hace presente se produce una explosión cultural, donde el resto de hombres masas se transforman. Estos individuos de la era psíquica son capaces de sobrevivir en un tejido social desarmado, aunque se integran a un tipo de moral no manifiesta. De hecho, su falta de fe en la estructura del sistema no los deja ahí botados en la depresión. Son capaces de moverse a gran velocidad y acelerar su proceso de comprensión, no sólo frente a la situación de caos en que sobreviven, si no que imbuidos en la construcción de su propio ser, es que construyen al individuo, que piensa por si mismo. Sin embargo, esta era habrá de saturarse por que después de todo, la suerte del conjunto es la suerte de uno. Hasta que nuevamente una era se completa. De este modo se le da paso a un nuevo estadio. (Si no menciono la convulsión aparejada a los cambios, el arte sí lo hace ).
El tercer estadio, la era cósmica o era de la voluntad, da surgimiento al ser mítico. Los individuos adquieren un respeto por lo sagrado de la existencia y su conducta es tan revolucionaria como el salto anterior. Incluso, son capaces de posponer el sentido que pueda tener el derecho a réplica
Aquí, ellos dan cuenta de que en todo habita un plan. Este plan en definitiva es social. Sin duda, de que el nivel de conciencia corriente de esta era, sea bastante lúdico como la existencia lo es y que “la paradoja” como vocablo ingrese al recurso epistemológico. Me sería difícil consfigurar una sociedad de monjes en esta era mítica, pero sí, me encajaría bien una escenografía con “personajes “que intencionan sus roles con real intensidad.
En el oriente observé que sus culturas, desde algunas centurias, habían logrado la era mítica; del mismo modo como casi la totalidad de las culturas precolombinas. Luego de la era cósmica o mítica, las culturas trascienden a no se qué, dejando restos y despojos de algo que en su momento tuvo sentido. En todo caso, su especialidad era construir templos y no fábricas y que la muerte se parecía más un paso, que a un fin.
El arte, por tanto, se considere un lenguaje, hablará de lo que su ritmo, tono y contenidos le sugiera. Esto será según la era en que la producción artística se sitúe. En la era alquímica, los artistas expresan cosas concretas y con fórmulas relativamente estrictas, como el arte académico. Habitualmente se esculpían personajes, hechos heroicos y cosas por el estilo. De pronto, con la aparición del caballete alguien pintó una manzana y allí comenzó todo. Digamos de que el peor arte académico de la historia es el del siglo 19 y esto es así, por que la era comenzaba su agonía. Concomitantemente, en todos los campos del saber o experiencia humana en el ritmo tiritaba un cambio. Aceptado esto, cabría esperar, que el tono y el contenido habrían de hacer lo suyo.
En la era psíquica el artista plástico no pinta cosas concretas, si no que abstractas y estas emanadas de su mente o sistemas de representación más que del paisaje perceptivo. Se trataría de pintar la pena, más que una casita; el caos del orden interior, mas que arbolitos muy ordenados. En definitiva, el individuo es más interno que la masa, buscadora de exterioridades. El artista contemporáneo es definitivamente cenestésico. Este es el virus que el neoliberalismo podrá comercializar, pero no podrá eliminar hasta llegar a su tumba, para dar paso al arte mítico. Aquel que no dará cuenta de conflictos si no que de asuntos y cuestiones de tipo energético, por no decir espirituales. La era cósmica buscará el arte objetivo y los afiebrados conflictos se transformarán en meras metáforas.
En las últimas décadas he investigado en torno a la morfología y sistemas de símbolos como lenguaje. Del mismo modo, he desarrollado el arte zen como pintor. Comprendiendo a éste, como el arte del “no saber” y del “no hacer”. El arte zen surge del vacío, atendiendo a la idea de dar espacio a la energía. Interesantes meditaciones o encajes de conciencia, permiten entrever que en verdad, el arte es un real mensajero de los tiempos y rompehielos de la mente. Pues, detrás de un artista se esconde la revolución y no siempre un bienpensante decorador de la encantadora burguesía.
El lenguaje no intenta describir la realidad, si no que la construye. Todo lo que uno ve está armado en la propia mente. Desde un nivel ordinario de conciencia, todo lo que uno nombra es una ilusión. Si nos saliéramos de “la realidad” caeríamos en “lo real” y este es innombrable. Por esto, allí la mente se ve en aprietos en el intento de definir para tener coherencia y realidad. Entendamos que la mente construye sus formas en el transcurrir y la temporalidad es la plataforma que la da existencia, aunque esta sea ilusoria. Pero, como la mente no está para verdades, no nos importa que la ilusión no sea verdadera, al fin y al cabo podemos jugar con ella, como los seres míticos suelen hacerlo.
A estas alturas, como después de todo, seguimos con un cuerpo, es que debemos volver a reencajar con alguna realidad, aunque esta sea inventada por uno mismo, con lenguaje y todo. Podríamos tal vez, acogernos a una realidad ya existente y si somos verdaderamente coherentes pintaríamos un paisaje en donde el miedo y la culpa no tengan lugar. Para qué escoger un paisaje mental que no coincida con nuestras pretensiones de evolución y libertad. Para qué pintar cuadros en donde el color negro sea el trasfondo. Por qué no ofrecer un futuro a la humanidad en donde el arte catapulte nuestra era psíquica en todo su esplendor y dejemos el Apocalipsis para aquellos que no saben soñar. Así, nosotros podremos acercarnos a aquel que nos sueña a nosotros mismos y sorprendentemente sentiremos esa nostalgia de un paraíso perdido que en todo caso dejó, desde un comienzo, a la mente abierta al futuro, como un diseño inacabado y que nada podrá detener. Por otra parte, la era alquímica no tiene solución y las formas sociales de respuestas a los cambios serán desde lo inédito y desde acciones enteramente intencionadas, no reactivas.
El arte humanista habrá de comprender el asunto de los ritmos, pues, de otro modo tendrá dificultades para intencionar una comprensión y desde allí interpretar a los tiempos. Pero, el arte humanista al tener pretensiones históricas no se satisface con sólo interpretar tiempos, como un simple historiador. La verdadera intención del arte humanista es crear los nuevos tiempos construyendo un lenguaje, estableciendo ritmos y creando realidades.
Si de crear realidades se trata, podemos pintar esos muros de los barrios con la gente del lugar. Sin previos diseños aparecerán enormes murales donde estarán los reflejos de esas personas que creían que el arte era cosa de los artistas como la religión de sólo los curas. El arte, entonces no es cosa exclusiva de los artistas, es de los individuos, Así, cuando el individuo se considera a si mismo, aparece la base del respeto por los demás y es sólo cuando el individuo despierta de la masa con su propia distinción es que tiene la opción de ser creativo.
Lo único que identifica al individuo, más allá del color de su pelo, número de carnet, coeficientes psicológicos o casa natal, es definitivamente su intensidad. Intensidad surgida del protoplasma mismo de sus células, toda vez que se desintoxique del miedo y culpa, tan minuciosamente aprendidos en los programas familiares y escolares en donde el premio y el castigo entornaban el éxito y el fracaso, materias primas para esculpir las mentes de las masas asustadas. Pero esto llegó a su fin.
En la era psíquica la diversidad se enseñorea en el paisaje y no hay sociólogo que dé cuenta metodológica del acontecer social; como no hay psicólogo que comprenda el tremendo sentido de este sin-sentido. La paradoja es la coherencia y el absurdo es el orden. Pues, si nos mantenemos en nuestros juicios respecto del presente y del futuro con nuestro lenguaje aprendido del ritmo alquímico, entonces se nos vendrá el futuro encima como una plancha de acero. Pero, si comprendemos la historia desde el despertar de la humanidad con un ritmo global en donde cada uno actúa desde el sí mismo, sin considerar la opinión del sistema, entonces nos situaremos en el momento histórico mas fascinante acaecido. Si pretendemos orientar la historia habremos de considerar al individuo y a este, como un mundo completo , que así y solo así, podrá intercambiar con los demás para intencionar realidades. De otro modo, volverán los jefes para dirigir rebaños en donde la traición y la corrupción son las formas. Pero, en ellos ya nadie cree, como nadie cree en nadie. Pues, ya no es necesario. Ya no se trata de creer, si no que de crear.
El arte, por tanto, no está en el creer si no que en el crear y es probable, por esto mismo, que estemos en un cambio estructural en el pensamiento del homo sapiens. Es probable que muchas cosas que consideramos revoluciones sociológicas o psicológicas sean nada menos, que obras de arte como lo sería, tal vez, el feminismo. Es cosa de ver que a esta manifestación se les atribuye un rechazo a lo masculino, Sin duda, que lo que buscan es salir de la condición biológica a la que estaban sometidas en la era alquímica y quieran identificarse como individuos en esta era mental o psíquica. Si este cambio trae aparejado la ruptura de la estructura familiar, pues que lo traiga, aunque esto nos lleve a hacer polvo el tejido social y a aventurarnos en lo desconocido. Este hecho, es en verdad una obra de arte pues, aquí hay harto mas de creativo y de audaz que de creencias.
El arte rompe el formato y la partitura se sintetiza en breves pautas. En la era mental los códigos se simplifican y simples símbolos estructuran gigantescos edificios de pensamiento como en un disco duro. Tanto es así, que el arte puede ser considerado un lenguaje, un negocio, una terapia, un invento, una locura, una maestría o ninguna de ellas. El hecho es que el arte rompe el formato para transformar al individuo en una verdadera obra de arte.
Reducir el arte a un taller y luego a una sala de exposición es como envasar a la selva libre en un zoológico. “Lo que el alma hace por el cuerpo el artista lo hace por su pueblo”. Esto lo dijo Gabriela, mi difunta vecina. El artista pinta para el público y no para sus amigos o gente del sistema, que valorizan su obra según una crítica competitiva, ganancial y esnob.
Si hoy los científicos se hacen religiosos, los religiosos se hacen artistas y es que el arte más que una ciencia, una filosofía o una religión es “un estilo” y con este lenguaje sintético que no utiliza lógica formal, el ser humano puede encontrar el trance del lenguaje universal. Con esto decimos que el arte no es solo belleza.
Hoy estamos preocupados por la terapia cuántica o de masas. Esta se rige también por un estilo más que por un exacto método, aunque a la base haya una lógica universal. Esta terapia no busca resolver los conflictos emanados de contenidos internos, si no que por el ámbito que ofrece, las ideas fuerza que imprime y los tonos sintéticos de amabilidad, aparejados a estructuras estéticas y expansivas, es que produce la liberación. En verdad, más que un taller, es una escenografía con personajes y guión, artísticamente concebidos. Es lo que intentamos desde hace 12 años en el Valle de Elqui, Con logros sorprendentes aunque, inevaluables. No hemos construido un paraíso artificial, por que la vida, con sus porfiados hechos, nos hace cocer habas frecuentemente. Pero si, tenemos un claro concepto de lo virtual de nuestra experiencia terapéutica.(Como la palabra terapia no calza, la denominamos en nuestro léxico, como desarrollo mental ). Como humanistas luchamos contra el ambiente crepuscular, propio del lugar, considerando que la superstición como práctica es ineficaz, no por que sea necesariamente falsa, si no que por que tiene que dar una amplia vuelta para encontrarse con lo lúdico. Es excesivamente creyente y poco liberadora aunque se desconecte de la realidad oficial y la lógica formal. Cosa, desde ya, interesante.
Si consideramos a la física cuántica como un desarrollo metodológico en donde no interesa tanto la verdad del resultado, como la belleza y armonía de la estructura de fórmulas, es que estaríamos entrando en tema. Y en función de esa belleza es que podría tener validez el resultado. Aquí es donde la acción de forma tiene gran validez, más que la acción de contenidos y resultados lógicos. Por que sería fácil y aceptable decir que 2 + 2= 4. Esto, en la lógica formal. Pero, en nuestra mirada, dos más dos no son cuatro, por que dos más dos son números que están en tensión y quieren unirse y sumarse. Aún no logran su unidad. Cuatro, en cambio es un número completo y descansado y que habla por si mismo. Es como si me pidieras un cigarrillo y yo te diera dos mitades. Al punto, me replicarías que esto es infumable y yo te respondería que dos mitades son lo mismo que un cigarrillo entero. En física cuántica, dos más dos se asemejan más a dos menos dos, que a cuatro.
Ordenando las ideas básicas, decimos que hay tres eras : La alquímica, la psíquica o mental y la cósmica o mítica. En la primera, la identificación es con lo físico. En la segunda es con la imagen o idea y en la tercera, con la energía o espíritu. Tres mundos paralelos que pueden cohabitar, aunque uno de ellos predomine en el paisaje.
Es evidente, que no se tendrá la sensación de completo mientras no se comprendan los tres y que el tercero surge del método que saca al individuo “de la realidad” hacia “lo real”. Allí se comprende que todo habita en un plan, allí aparece la compasión por todo lo existente y el profundo respeto por el esfuerzo humano histórico por evolucionar, incluyendo los errores y fracasos. Se comprende la consideración hacia los demás y que todo acto es coherente mientras cumpla con una función social de desarrollo y liberación, en lo que hace a los tres ámbitos. Por esto, no todos los seres humanos pueden ser tratados desde el mismo punto de vista. Es necesario cotejar su sistema de creencias o al menos, el ritmo desde donde hacen sus vidas. Desde el humanismo, la terapia tradicional, si no tiene en claro esto último, puede ser hiatrogénica ( que culpa al paciente intentando reincorporarlo al sistema).
La era mítica ( mito = mentira), construye un Mito, el cual cumple con la función de conectar el concreto con el abstracto. Da cuenta de un mundo de ilusiones y le da coherencia con sistemas de valores virtuales ordenados en guiones o argumentos que pueden desplazarse en escenografías epocales. Actuados por personajes y dioses en arquetipos y leyendas que orientan al ser humano. Los morfólogos, esos hechiceros de tribus, dieron orden, equivocados o no, a complejos sistemas de creencias y formas sociales; todos estos dirigidos por la batuta del arte
Arte inventor de cuentos y leyendas; creencias y guiones mentales, trazaron conductas para dirigir a los pueblos. Recordamos al gran teatro de la historia. Teatro como un arte.
El ser mítico saturado de ser un individuo, se transforma en un misionero y aplica su Voluntad en amor a su Destino, Por esto, a la era mítica se le denomina la era de la voluntad.
El guión mental utilizable en la actualidad, puede ser despertar al individuo que se esconde en la masa. Y a la vez, dar un método coherente al individuo que aspira a una causa noble. Un método que supere la psicosis y cumpla con la función de centrar al individuo en su eje interno. Que le inspire la aceptación de si mismo y la acción social como coherencia personal.
El mito, por su parte, cumple con la función de traducir “la forma pura “en un armazón, que a su vez, intenta dar coherencia, sentido, explicación y lenguaje a la existencia. No importa si el mito en cuestión, sea verdadero; de hecho es una traducción de lo real. Lo que interesa es que le dé coherencia al sentido humano, lo libere de los fantasmas y despierte su conciencia para que aumente su gozo. El lenguaje ,en cualquier ritmo, es un instrumento de encaje a “lo real” a través de “una realidad” siempre creada, siempre creída. El arte en este sentido, cumple con todas las leyes del lenguaje. Un mito deberá ser artísticamente concebido para que a través de la acción de forma tenga sentido y encaje con la estructura psíquica.
Por todo lo anterior, el mito le da estructura a la conciencia y no hay civilización o individuo que sobreviva sin él. El consumismo como mito, es excesivamente externo, dejando al ser humano fuera del guión o utilizándolo simplemente. Además de ser extremadamente irracional, termina por destruir el entorno.
Por esto que , ni la institución ni la autoridad pueden tener control y menos explicación del acontecer en la mente humana y su consecuencia en lo social e histórico. Sólo le resta reprimir y este costo institucional destruye al estado. Esto nos recuerda la caída de varios imperios.
Según algunos fenomenólogos, las civilizaciones posteriores a las derrumbadas eran restablecidas por individuos y no por masas. Estos, críticos al sistema anterior, vislumbraban a la sazón, sociedades quiméricas y dirigieron los nuevos rumbos, sin que necesariamente vieran sus sueños hechos realidad. Tal vez, simplemente sembraron imágenes de apoyo que de algún modo germinaron cuando el sol volvió a salir.
He utilizado un modelo explicativo, en donde el arte como un lenguaje, nombrador de realidades, posee el poder transformador en la conciencia humana hasta cumplir con el destino cósmico de la especie. Un destino trazado en la mente de nuestro soñador y que basta con incorporarse a esa trascendental representación, para dar cuenta del sentido y plenitud del ser humano y sus tiempos.
Valle de Elqui, Febrero 1996
Fernando Valdés, es pintor humanista y coordinador de la Galería Y Escuela De Arte Zen, en el Valle de Elqui, Chile.

