Fantasía, Relato

Intermedio

Por , en 23 de marzo de 2011

INTERMEDIO

En las profundidades de este enmarañado Universo, se agitan miles de entes que esperan algo y esto es… MARCHARSE.
Son largos y estrechos laberintos en los cuales pueden verse pequeños seres, apoyados en las cóncavas murallas, y los más, de un aquí para allá a lo largo de los numerosos corredores. Las paredes despiden una tenue y mortecina claridad, barrunto de inseguridad ante lo desconocido.
La algarabía a ratos acrecentada, pone febriles miradas en algunos que sólo callan. Aislados, no dejan escapar ninguna de sus emociones asfixiantes. Se contemplan ansiosos de encontrar al que ganará la carrera, sin ocurrírsele que pueda ser él mismo.
Es necesario salir en un éxodo que traerá la gloria o el fin. Se deja atrás a los no preparados para encontrar ese algo que está más allá de su simple existencia…, conciencia de ser, luz, vida, nada, amor, la muerte…quizás todo junto.
La calma necesaria para orientarse en el sentido correcto, mezclada con la agilidad y la astucia (¿SUERTE?=mv2), son los requisitos básicos para cruzar el umbral que les depara una nueva existencia. Es necesario conocer la verdad en esta única oportunidad de ser.
No tienen nombre, no pueden tenerlo, y eso rae sus almas dragándoles la poca seguridad que todavía conservan. Sólo se identifican por las vibraciones de sus cuerpos, efluvios de olores simples y propios.
En esta larga espera, todos se unifican sintiéndose como hermanos. No importan las diferencias corporales: Cojos, débiles, sin ojos, deformes, con abultamientos monstruosos; es una cáfila representativa del abandono, de la soledad la rareza. Lo importantes es estar juntos tratándose de calmar, arrullar, aún cuando sea momentáneo; luego, cada uno luchará para sí.


Cerca de la gran puerta, en una de las enormes bóvedas, se encuentra un ser en etapa de disgregamiento. Enquistado en la pared siente a los demás que pasan junto a él, y capta el sonido sordo de los pequeños orificios que se abren a intervalos regulares para dar paso a otro ser, que a su debido tiempo también participará en el GRAN JUEGO.
El “Enquistado”, ya a burlado dos veces la tempestuosa enviada hacia lo intuido; pasivo espera el fin sin interponer ningún asomo de rebeldía; imposible volver atrás en la curiosa línea horizontal del devenir. Lucubra imágenes huecas que posiblemente se hubieran transformado en pensamiento real. De pronto percibió suaves ondulaciones y un fuerte olor a miedo, pensó que debía ser uno de los “Participantes”.
-Acércate, ven… Quienquiera que seas, – llamó el “Viejo”. El otro se acercó hasta tocarle.-¿cómo te sientes?
-Mal… Muy mal- Respondió trémulamente el “Joven”.
Es difícil, yo no pude hacerlo; sólo sueños e imágenes
inexplicables, pero no era esto lo verdadero…, hay algo más- Se disculpó el “Decrépito”.
- Quizás tengas razón…, algo hace que no me sienta completo, me
falta algo- Acotó el “Reciente”, sintiendo que se relajaba y animaba un poco más.
Debe haber un mundo distinto a éste-, prosiguió el “Viejo”-una
meta, un vacío a llenar, no serás más como eres ahora… Tu parte consciente morirá pero vivirás al integrarte a alguien o algo para ser un todo…
¿Ambos? ¿Morir para vivir?, separarme de mí mismo y no existir
para existir…, es difícil de entender.- Se abandonaba en la contemplación de su futura destrucción.
Yo pensaba que podría vivir feliz viéndoles partir, orgulloso de
no haber dejado paso a la naturaleza…, sin haberlo intentado, con un deseo enorme de hacerlo ahora…, ahora que mi cuerpo se deshace en su prístina materia. Debes encontrar o por lo menos rozar la respuesta, puedes ser el elegido… – El “Anciano” emanaba sensaciones placenteras en forma de impulsos, que le iban infundiendo al “Nuevo” el deseo de arrostrar el peligro.
Algo en la tensa marejada de seres que se agitan frenéticos, indica que queda poco tiempo, que el abismo a lo desconocido está pronto a ser salvado o en el camino encontrar el fin de esa efímera existencia.
- Creo que falta poco, algo me va incitando a salir- Dijo el “Osado”.
Ha empezado ya. El sacrificio vale más que la
incertidumbre…, ¡Adiós!, ¡Que seas tú el triunfador!-, se despidió el “Anciano” mientras el otro devolvía imágenes de separación.
Había empezado el murmullo del adiós y un pequeño movimiento de las paredes del túnel se pronunciaba.
Sin prisa se aleja hacia donde están los demás. Algo le impulsa a descubrir lo ignoto.
El torbellino de seres que se pelean los primeros puestos le empujan. El hacinamiento es infernal y desorientador. Un suave temblor les lleva hacia la gran puerta que empieza a abrirse. Muchos ya pasan por pequeñas hendiduras.
Los movimientos convulsos, tempestuosos ahora, les impulsan por corredores sin fin, enormes y calientes que se ensanchan al paso de la turba, que sube y baja por abruptos parajes que les llevan a insospechados rumbos.
El “Nuevo”, siente el peso de los demás que le aplastan y dejan de lado, apurando aún más la vertiginosa caída. Atrás…, muy atrás se siente el lamento desgarrador del adiós, subido del infinito que calla a medida que se alejan.
Mientras caen, el “Nuevo”, se deja llevar sin oponer resistencia ni aumentar la velocidad en este portentoso alud. Sólo piensa en dilucidar el misterio a que le conduce todo esto.
Innumerables cuerpos se agitan a su alrededor en la caída con rumbo incierto. Las paredes, mudos testigos de aquella caravana silenciosa, se inflan contrayéndose algo después.
Tanta la confusión y la bajada tan larga, que el pánico va envolviendo al “Nuevo” en su helada mortaja; querría escapar de esta incertidumbre. De pronto nada le aprieta y cae libremente en una enorme caverna plagada de enormes lomas y ásperos levantamientos que le cierran el paso. Ningún indicio que le señale el camino a seguir. Se siente divagante y va hacia cualquier lado al igual que los otros, que intentan encontrar la pista.
Algunos tratan de subir escarpados cerros lejanos, otros son llevados por una pendiente suave que se oculta a lo lejos, entre las rugosas paredes de un túnel que colinda con desconocidos caminos. Empieza la búsqueda de lo que no se sabe qué es.
El “Nuevo”, implora ayuda a ese algo que le ha creado, para seguir en la dirección correcta. Luego de algún tiempo, desde muy arriba percibe un aroma exquisito que le llena de divagación pura, envolvente. Es transportado por su imaginación a un mundo desconocido. Imágenes rapidísimas fusionan su mente sin saber que representan. Sin divagar más, se lanza en pos de ese olor saboreado maravilloso, que ínstale a avanzar con rapidez increíble.
A su vera van quedando muchos de los que tratan de ganarle la partida. Puede sentir desde el otro extremo de la gran bóveda, el llamado del Universo, de la Vida, impregnada en cada partícula rozante de su piel. Es una carrera sin tregua en contra del tiempo y de los demás.
Más atrás, han aparecido una transparentes formas que apresan a los más débiles y cansados en un abrazo de cobijo para tanta angustia. Tentáculos amorfos y alargados, se desprenden de esos cuerpos informes y abultados para engullir a muchos de los que le siguen.
Terrenos resbaladizos y altas paredes son dejados atrás por el “Luchador”, en su ilusión de encontrar la fuente. El instinto, varita mágica que le asegura seguir la sutil fragancia, le guía. Sólo le acompaña el rumor del silencio en su impotencia ante la soledad de este submundo de calma.
Avanza frenético, sin pensar, hacia delante le guían sus sentidos. En un recodo del camino, cada vez más estrecho, ve innumerables varas alargadas que se pierden hacia el interior de un extenso túnel meciéndose en cadencias monótonas y uniformes. Pisa y hace a un lado a estos guardianes que intentan impedirle el paso; ya sus fuerzas le abandonan, pero ese olor; ese olor más y más definido y envolvente… Ha aparecido el óvalo radiante y el “Asombrado” siente arrullos que escapan de las sombras; la etérea y maravillosa ilusión de la vida y la muerte se hace tangible. El sublime encuentro se va realizando.
Poco a poco se aproxima. Su alma vibra y su cuerpo cae en desfallecida agonía. El grupo seguidor le siente penetrar y unirse a lo tan ansiado. Es el abrazo que une la vida y la muerte en la estrechez de un suspiro.
Los otros despiden silenciosos al ganador. Es el fin para muchos y el principio del milagro que toma la divina chispa de la vida, para embarcarse en la fatigosa marea de la existencia: EMPÌEZA A FORMARSE UNA PEQUEÑA CRIATURA POR VIRTUD DE DIOS.

This post was submitted by Mario Valenzuela Rojas.

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