hoy

26 de Noviembre, 2007

Hoy

4:30 de la mañana, el despertador no deja ese sonido intermitente y tan, tan monótono y atosigante. Después de pensar en el mejor pretexto para no acudir a un día rutinario de trabajo y darme cuenta que ya pasaron cinco minutos desde que tome el despertador y lo arroje a unos metros de mi confortable cama, que funciona además como el mejor y seguro banco (aunque este no de ninguna comisión, pero tampoco te cobra ninguna transacción, en fin), tuve que dar un salto precipitado al notar el pequeño retrazo y solo para notar que el primero de mis pies que toco el piso fue mi izquierdo ,ese gran, gran amigo de cada mañana.
-Puta madre- pienso,-otro día igual, ya ni la chingo. No, no, no, no debí empezar mal- digo,-tal vez sea un gran día, espero-.

Y abro la ventana para cerciorarme que en verdad podría serlo, o tal vez me alentaría salir a trabajar cuando saliera el astro rey, para no tener que cargar con esta gran chamarra verde, que de veras que estorba, pero como ayuda a contener los fríos de octubre por la madrugada.

El bañarme y vestirme no me toma mas de veinte minutos, demasiado rápido no, aunque comparado con rapidez con la que se alista un bombero para salir a una emergencia es comparable con una eternidad. Salgo lo demasiadamente agitado y con una mente bloqueada, que solo piensa en que una vez mas estará atorada durante cientos de minutos, y miles de segundos en una interminable fila de autos, que supongo que una vez mas olvide dejarle de comer a mi pequeña perra french ,Janis, que no se por que pero cada vez la veo mas flaca y con unos ojos tristes como si supiera que el mundo esta convulsionando o conociera la verdad sobre su origen, ya que no es de una raza cien por ciento original como yo se lo hago creer.

Difícil parece la vida de perro, a la espera de que el cabrón olvidadizo de su dueño le de comida por lo menos una vez al día y llene su balde con agua para disipar su sed. Aunque no se compara con tener que recorrer media ciudad, para llegar al lugar donde mi energía y juventud comienza a huir y mi cuerpo después de ocho o más horas de ardua labor comienza a pedir tregua. Y eso si que da mucha hueva. O tal vez esa flojera sea causada por hacer de mi vida una constante y cansada película, como esas viejísimas de Chaplin sin sonido real, solo como fondo una tonada vana, aburrida y pocos argumentos y que solo son admiradas por personas con mucho sentido de la desorientación y claro poco común. O tan predecible como cada uno de los capítulos del Chavo del Ocho. O tan monótono como el himno nacional a las seis de la mañana. O tan repetida como ver una y otra vez el retrato falaz de una cotidiana vida en familia, constatada en la serie Los Simpsons.

Continuará

Autor: diego armando romero

Artículos relacionados

  • No hay articulos relacionados

Deje un comentario