Honduras: La divina comedia

La Divina Comedia

Fue en un día cualquiera, cuando la ignorancia me condujo hacia aquellos parajes, ahora imborrables en mi memoria, cuando me llevo por el desértico sendero donde se encuentra el camino a los peores tormentos. Viaje hasta la cima de la montaña, y puesto allí me encontré con aquella escalofriante inscripción en la entrada de la cueva:
“En mi reina la desesperación, en mi gobierna la anarquía, en mi se vive en zozobra ¡Ay de todo aquel que entre en mi territorio, pues quien se arriesgue a vivir en estas honduras deberá renunciar a la esperanza!”
Entre en aquella bestia indomable, y pude ver que se trataba de un camino sin retorno, sino fuera por un guía que la divina providencia me ha enviado, vano hubiera sido cualquier esfuerzo por salir de ese laberinto de terror eterno.
Y entonces, el enviado de los cielos me advirtió que cruzaría por los nueve círculos infernales, uno mucho peor que el otro. Con aprensión, pero también con determinación emprendí el recorrido por este tenebroso territorio.

Comencé por una institución consular, la cual es el primer círculo, pero el embajador no se encontraba en ese momento, casi nunca en realidad, y mi pasaporte me costaría el doble de lo esperado, por aquello de los nuevos costos del papel, el cual ni siquiera estaba disponible en esos instantes. Poca seria esa mi desgracia, pues se tardaron muchas semanas en atenderme, y cuando lo hicieron, un subalterno, sacado de no se donde, me lanzo una mirada tan despectiva cual si viera a un insecto. En fin, con el pasaporte en mano, pude cruzar con mi guía al siguiente círculo del infierno.

Otra vez me sumergí en un triste escenario, donde el caos reina en su totalidad, vi a muchos hombres y mujeres, lamentándose, quejándose por el dolor sin que nadie saliera a prestarles auxilio, me contaron entonces que había llegado a uno de los hospitales públicos, donde si me llegaba a enfermar tendría que esperar mi consulta por lo menos unos diez meses, salvo si fuera de emergencia y estuviera mas muerto que vivo. Me marche antes de caer convaleciente y se aumentaran mis desgracias, mi querido e ilustre guía me contó acerca de algo aterrador, pues si el escenario era dantesco, mucho mas seria cuando los doctores y las enfermeras se fueran a la huelga nuevamente, ya que siempre pasan negociando con el gobierno, y este casi nunca les cumple.

Entre al tercer círculo, y nada mas de recepción me quitaron el reloj, la esclava y el celular. – ¡En que agujero me metí esta vez! – dije con temor a que ese fuera el fin de mi travesía. Mi mentor me dijo que no me preocupara, que los ladrones no acabarían conmigo debido a que él se hallaba a mi lado. Le pedí que me acompañara a la posta más cercana a poner la denuncia, pero se rió de mí y con ello me basto para no insistir.
Curioso fue, que no encontré ningún oficial en el camino al cuarto circulo, aunque si me halle cientos de cadáveres, de gente asesinada, y una población atemorizada por la inestabilidad social. Mientras escuché un eco muy particular, alguien que grita desde lo más alto de aquel círculo, por cierto, un lugar donde ningún criminal puede llegar;
- ¡No hay delincuencia, es pura especulación de los diarios!
- ¿Quien es ese que predica la seguridad en semejante lugar?- pregunte inquieto, pero mi mentor me dijo que lo ignorara, que en esta tierra ya nadie le tomaba en serio.

Ocurrió algo inesperado en el cuarto nivel, descubrí a una mujer y enseguida me percate de su descuidada salud, creó yo, porque estaba bastante delgada, en fin, movía papeles e iba de un lado para otro diciendo que no hay dinero para esto, y que no hay para lo otro, que tenia mil reuniones pendientes. No me detuve a hablar con ella, estaba demasiada ocupada, hasta que salimos de ese misterioso lugar, fué que mi guía me advirtió de que esa era la oficina del ministerio de finanzas.
- No hay plata, no hay plata – escuche nuevamente tras de mi. “Pobre” pensé por un momento, hasta que le oí dar ordenes a un subalterno – Aquí están los viáticos para el jefe y su séquito de doscientos miembros para ir a Sudamérica, Asia y Europa, dile al jefazo que ya merito le mando la plata para los nuevos adornos del West Wing, y si alguien mas necesitado de billete te pregunta por mi, di que no hay ni un lempira partido por la mitad -
¡My God! – Exclame al final.

El quinto circulo se presento de pronto, ¡Oh, este si da miedo!, miles de hombres y mujeres exigiendo y requiriendo, reclamando, rompiendo todos los inmuebles que encuentra a su paso, gritando por un aumento, regando en el suelo muchas semillas de la que emergen un igual numero de cizañas en lugar de hermosas flores.
- Padre, libérame de este tormento – grite asustado.
Pero mi guía con cruel insistencia me convenció en continuar mi paso, aunque por misericordia, dijo que podía correr en lugar de caminar a paso lento.
- ¿Quienes son estos engendros que promueven el egoísmo personal y la anarquía? – le inquirí totalmente azorado.
Mi maestro, compasivo como no hay otro, me explico que aquellos seres eran maestros de las escuelas y colegios del país.
- Esta bien que reclamen un sueldo, pero si observas con detenimiento, ellos siembran malas cosas en los corazones de los pequeños, no hay ejemplos que seguir, y para terminar de arruinarlos, la mayoría están capacitados para educar y orientar a los estudiantes… ¡De hace cincuenta años! -
- ¿Por qué no se actualizan? – pregunte inquieto.
- Por qué les gusta seguir así, no hay que esforzarse mucho, además tomar seminarios y actualizaciones cuesta tanto, ¡Y para que, si el gobierno igual te paga!, allá ellos si te quieren dar algún nuevo curso de pedagogía. –
Triste fue escuchar aquellas palabras, pero en gran parte tenia razón, pues pude notar como aquellos seres reclaman derechos pero no ofrecían nada a cambio, sólo mas de lo mismo.

- Un momento – me detuve en seco, pensé, si este es el quinto círculo del infierno, ¡Como serán los restantes!
Pero tarde me detuve a meditar, pues mi guía me llevo a fuerza hasta el sexto nivel del infierno en el que me hallaba envuelto.
Llegue a un nuevo sitio, este era pacifico, debo admitir, escuche una música suave, la cual me hizo creer que no existía ningún tormento en el sexto circulo del averno… Hasta que llegue a la entrada del séptimo. Un portero me advirtió que la única forma de cruzar era llamando por un teléfono al guardia del otro lado, y enseguida señalo el teléfono de una mesa, la cual se encontraba a su izquierda. No vi ningún inconveniente hasta que levante el auricular y me percate de que estaba sin línea.
- No se preocupe – me dijo el guardián del sexto círculo. – Ya llamamos a Hondutel para que nos vengan a arreglar el problema -
- Cuando fué eso – pregunte con temblorosa voz.
- El año pasado – dijo con una sonrisa que me dieron ganas de llorar. Y así, sin más ni mas, me quede dos años metido en aquel agujero, esperando al dichoso técnico de Hondutel para que llegara a reparar la línea.
Eso que también me advirtieron.
- ¡Cuidadito hablas de nosotros, porque te demandamos por diez y siete mil millones de lempiras por calumnias y falsos testimonios!

Entonces me largué como alma que lleva el diablo, hasta cruzar la puerta, y allí apareció de pronto la oscuridad. Alguien me saludo muy afectuosamente, era el guardián del séptimo circulo infernal, creo, no pude ver nada, todo estaba muy lóbrego y mi guía me tomo de la mano y me llevo hasta la entrada al octavo circulo. No se donde estuve, ni que paso, no pude ser participe de lo que acontecía en aquel extraño paraje, eso si, mi maestro se quejaba una y otra vez.
- La Enee ya nos corto la luz otra vez. – escuche al fondo, luego oí otra voz, un hombre grande e importante, no era necesario verlo, sólo de escucharlo se podía uno imaginar que era algún empresario o algo así. Entablaba conversación con un empleado de alto rango de la estatal, seguramente.
- Mire debo trece millones de lempiras en luz, pero no tengo plata ahora, la empresa anda mal, usted sabe, pero te pago los diez años de luz que te debo el próximo año –
- No hay falla jefe, es más, si usted paga los diez años antes del 31 de diciembre, le vamos hacer un descuento del 10% -

- ¡Oh, que amable es ese hombre! – dije maravillado, entonces mi mentor me detuvo, y espere unos instantes para proseguir, cuando de nuevo escuche al mismo empleado hablando con una mujer.
- ¡Pero señor, no tengo tanto pisto, además yo sólo tengo dos focos y un ventilador para mi casa, solo son cuatro paredes donde dormimos con mi esposo y nuestro seis hijos! ¿Como es posible qué me salgan 180,000 lempiras al mes de luz? ¿Cómo voy a pagar tanto, si soy tan pobre? –
- Mire doña, eso dice su contador, y en lo que respecta a lo de cómo pagar, a mi me vale p… de donde p… saca ese dinero, pero si en dos días no paga, le cortamos la luz, y va a tener que pagar quinientos pesos de reconexión, así que vaya ahora mismo a parir esa plata –
Bien dice el axioma – La justicia muerde a los descalzos –

Entre en el octavo, pero no de guaro, no, mucho peor, entre al octavo círculo del infierno, el cual resulto el más curioso de todos.
Al principio imagine que se trataba de un lugar atacado por la mosca tse tse, propagadora de la enfermedad del sueño, pues encontré allí a más de un centenar de sujetos durmiendo, holgazaneando o simplemente viendo caminar el reloj.
Me di cuenta de algo peculiar cuando intente entablar una conversación.
- Buenos días caballeros – dije saludando a un par de hombres que estaban haraganeando descaradamente. Ambos me dirigieron una mirada algo pedante, uno de ellos me dijo sin miramientos:
- ¡Hey vos vago, sal de aquí! – Ante semejante acoso decidí salir del círculo con rapidez, pero antes pregunte al otro sujeto quien hasta el momento permanecía callado.
- Jefe, ¿Qué hacen en este lugar? –
En este sitio – me contesto – hacemos este… no perate… no, no era eso… – y luego volviéndose a su correligionario le inquirió – que hacemos aquí –
- Y yo que sé – le respondió el más pedante de los dos, con gran indiferencia.
Aquellos sujetos estaban más perdidos que el hijo de Limbert, y por eso caí en la cuenta que me encontraba en el Congreso Nacional de la Subpublica, digo de la República. Resulto obvio, allí todos los diputados andan en la Luna.
Salí, todavía no descubro como lo logre, pues en aquel lugar la pereza me estaba comenzando a dominar, y para peor de los males, cayo sobre mi, cual si fuera una pesada montaña de rocas, todas las leyes engavetadas por el actual congreso, y los otros seis anteriores. Pueden imaginarlo, sobreviví de milagro, soportar dos toneladas de papel encima no es nada fácil.

¡Dios, este noveno circulo si es horrible! La humanidad no debería ser castigada con algo así, es espantoso, execrable, lo peor, nunca imagine que existiera un castigo tan malo como este, mejor seria para los hondureños que nos llegaran las siete plagas de Egipto (o quizás la condensaron en una sola, qué es ésta).
Si amigo mió, usted a acertado, hemos llegado al noveno circulo, hemos llegado… al Registro Nacional de las Personas o RNP.
El desastre, el caos, la incompetencia y la burrocracia (no, no me equivoque al poner doble r) reinan, cual si fueran los cuatro jinetes del Apocalipsis, creando zozobra y sufrimiento a la población. Primero fue la fila para ingresar, lo cual es equivalente a ir al estadio para ver un partido de la decepción nacional (ya hablaremos después de ella, no se me desespere) contra la selección mexicana. Luego el calor, ¡Ufff! Ahí me recordaron que estaba en el noveno círculo infernal. ¿Qué hago yo allí, se preguntaran?, Bueno, la respuesta es sencilla, para llegar al purgatorio, hay que sacar ciertos papeles como la cedula de identidad, sin ella no ingresas. Después de solicitarla, me quede durante diez años en aquel lugar esperándola, los cuales permanecí en contra mi voluntad (Ese Salvador Moncada me convence que es inteligente, ya sé porque se nacionalizo ingles, allá en cuestión de días te dan los papeles)

Total, fueron tantos años lo sufridos en aquel paraje que mi mente no volvió a ser la misma, eso sí, los hondureños debemos estar orgullosos, tenemos mucha resistencia al dolor, e ir al infierno ya no representa un gran problema. Es más, según escuche, somos la nacionalidad más radiante de las casi doscientas del mundo que van a dar a aquel lugar de llanto o sufrimiento, y es porque ya estamos más que acostumbrados a esa tortura, e incluso son pocos los hondureños que viven allí, ya que la mayoría van a dar al cielo por el sufrimiento vivido en la Tierra.

Por cierto, después de los nueve círculos encontré una ruta para ir al purgatorio, esta se encuentra al lado de una puerta de acero, y lo que habita en ese lugar es lo más funesto del mismo infierno, es llamado, no de manera oficial claro, el décimo círculo.
No mis amados hermanitos catrachos, en la Divina Comedia de Dante Allighieri se encontraba a Satanás castigado en el último nivel, devorando a tres criaturas pecaminosas como él, pero mí caso, yo no pude ver quien estaba del otro lado de la puerta de acero, lo único que sé, fué lo que me señaló mi maestro.
- Esa, es la oficina del presidente – y luego volviéndose a mí, pregunto – quieres entrar en ella -
- No, gracias pero no – respondí a la velocidad de la luz – de ese tema Gloria se encarga muy bien, no creo que yo encuentre algo nuevo allí –

Y así, gracias a Dios, pude salir de esas honduras, digo del infierno. Ya en otra ocasión hablaremos del purgatorio y del cielo.

Autor: A.B.Burgos

Ya hay 2 comentarios. ¿Quieres dejar el tuyo?

  • ricardo adrian ramirez yebra
    25 nov 2010

    esta bien aburrido

  • martha
    25 nov 2010

    esta chido les recomiendo k lo lean

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