Gogol

– ¡Vamos Bri! ¡Está allí! –me gritó emocionada tirando de mí.
–Un momento Ada. –le dije intentando entrar por la puerta con esos infernales tacones.
–Bri, así no puedes ir. Tienes que sentirte segura y de ese modo podrás comerte el mundo.
–Vale, lo que tú digas. –le dije apresurándome para entrar a su lado en esa ruidosa discoteca.

Ya estaba otra vez allí y de nuevo con Ada. No dejaba de insistir para venir siempre. Ella cree que tiene que comerse el mundo y yo también, pero yo más que nada voy de acompañante. Todas nuestras amigas ya se echaron novio y ella se dio cuenta de que se quedó sola. O al menos, eso es lo que cree. Nuestras amigas siempre insisten en que vayamos con ellas y sus novios, pero las ideas de Ada que siempre son tan superficiales, no le hacen ver algo tan normal como eso y cree que tiene que conseguir un novio a toda costa para poder ir con ellas.

– ¡Venga Bri o se va a ir! –me apremió sujetándome del brazo. La pasada noche vio a un chico y ya lo puso en su lista. Más bien, en la cabeza de su larga lista. Sólo hizo falta que se dejase deslumbrar por lo guapo que era. Y por eso, Ada me arrastraba hasta él casi empujando a la otra gente. Siempre se ponía a hablar con todos los chicos que le parecían hermosos, unos cuantos cada noche y yo estaba de “acompañante” para decirlo educadamente. Cuando el chico pasaba de ella, sus ojos buscaban pronto a otro que pasara a formar parte de su lista. Ayer por la noche vio a ese chico marcharse con sus amigos y ya se convirtió en otro elegido para hoy. Por esa razón, se pasó todo el día hablando de él sin parar. Muchas otras veces alguno le hacía caso y ella se iba con él, y obviamente, yo me quedaba allí sola. Alguna vez había venido alguno a por mí, pero rápidamente desaparecía antes de que llegase a dónde estaba yo. Ada no tardaba mucho en volver, ya que los que la hacía caso no eran lo que ella buscaba, y de nuevo a empezar. Estoy segura de que si encontrase un novio ya no se preocuparía por mi compañía y sería yo quien estaría realmente sola. Pero a mí me daría igual por qué iría con ellas de todos modos. O no. Nuestras amigas son igual que ella, todas estúpidas y con la cabeza llena de aire.

Hoy ha llegado el día en que ya me he cansado de todas ellas, en especial de Ada. Pronto se va con ese tipo del que lleva un día hablando. Él se interesa por ella y ella cree el cielo abierto, pero yo ya veo que, como todos, sólo busca una cosa. Es la ocasión y aprovecho tal oportunidad. Cuando Ada se va con el tipo, yo desaparezco y vuelvo a salir por la puerta. Ya estoy fuera y me siento mejor que nunca. Es hora de quitarme a esas pelmas de encima. ¿Qué quieren de mí? Quizá sentirse superiores con sus novios mientras tienen a una “amiga” solitaria y callada sobre la que sentirse alguien más. Creen que no tengo a nadie. Eso creen ellas. Hoy vuelvo a casa y me pongo mi cómoda ropa de siempre y voy con mi verdadero amigo.

Parece que llego a otra discoteca, pero es un lugar muy distinto. Los múltiples Cd’s de música que relucen bajo la luz de la luna le dan ese aspecto, pero yo camino sobre el maíz intentando llegar hasta el estrecho caminito que me lleva hacia él. La cosecha está alta y me envuelve alrededor, pero no dudo en llegar hasta mi destino. Por fin, llego a la otra punta del campo donde tengo que meterme un poco entre las altas plantas del maíz ya maduro. Una vez aparto los últimos tallos, lo veo. Está allí esperándome, como siempre. Parece inmovible, pero sé que me espera. Me acerco rápidamente y me fundo en un gran abrazo.

– ¡Estás aquí mi amor! ¡Hoy he llegado más pronto que nunca! Ya no podía estar más tiempo con ella. No, ¡ya no puedo estar con mis amigas! ¡No, no son mis amigas! Son unas falsas y solo me quieren para reírse de mí y ser alguien. Siento no habértelo dicho antes. Pero es lo que pasa. Yo me quedé sola cuando yo sólo sobreviví a aquel accidente que tuve con mis antiguas amigas y creí que junto a ellas encontraría otras amigas, ¡pero me equivocaba! Me siento tan sola… pero prefiero estar así que con ellas. Además, te tengo a ti. –dije sin poder dejar de abrazarlo y besarlo. Él me comprende y se compadece de mí. Me quiere tanto como yo a él.

Al día siguiente, Ada se presenta en mi casa. Me recrimina el haberla dejado de lado y va fardando de que consiguió salir con aquel tipo. Pero yo sé que es mentira, claro que lo es. Seguramente esta noche volverá desesperada a la discoteca, porque no sabe pensar en otra cosa, pero a mí no me volverá a arrastrar allí. Sin embargo, dice que me perdona y que vuelva a acompañarla. Yo me niego y ella insiste. Finalmente intenta sacarme a rastras y yo me resisto. ¿Qué se ha creído? Pero entonces pienso en que si la acompaño de buenas, luego podré volverme a escapar para verlo a él. Sí, definitivamente es lo que hago y me voy con ella.

Cuando llego allí, ella no tarda en encontrar al primero y yo en salir de allí, pero cuando salgo, me espera una desagradable sorpresa. Todas mis amigas están allí y me rodean. Les pregunto qué quieren y Ada aparece por detrás.

–Ya te tenemos. – me dice. –Eres una falsa y una mala amiga. Ya no eres nuestra amiga. Querías volverte a escapar, ¿no? Pues ahora no lo vas a hacer.
– ¡Dejadme en paz! –les grito, pero ellas hacen caso omiso y me fuerzan para que entre en un coche.
– ¿¡Qué narices hacéis!? ¿¡Que queréis!? –pero ellas no contestan y se ríen. De esas malvadas puedo esperar cualquier cosa. Sus novios no están, lo que me hace pensar que eso es cosa de ellas. ¡Si ellos supiesen con quien están saliendo! Con la rabia que se va acumulando en mi interior les pego unas cuantas patadas y logro escaparme, pero enseguida me vuelven a coger. Sin embargo, en el instante que he estado libre, veo algo en la lejanía. Ahora, dejo de forcejear, para fijarme bien en lo que me había parecido ver. Sí, él está ahí. Ellas miran burlonas hacia donde yo y se quedan pasmadas. Yo puedo volver a soltarme y corro hacía él que ya estaba allí cerca. Ellas me miran todavía patidifusas y se echan a reír. Cuando llego, lo abrazo con todas mis fuerzas y le explico lo que pasa mientras empiezo a llorar. Ellas vuelven a aproximarse hacia mí y yo estoy muerta de miedo. Él parece mirarlas fijamente, pero en su expresión no hay nada. Nunca lo ha habido. Tampoco dice nada. Nunca lo ha dicho. Y tampoco se mueve. Nunca lo ha hecho, excepto hoy. Ada se acerca y me mira como si yo fuera tonta.

– ¡Bri! ¿A caso crees que somos pajaritos para que traigas eso? No nos vas a asustar. –Una de mis amigas coge un mechero y se acerca con él a mi novio, pero antes de que ella pueda hacer algo, todas ellas caen desvanecidas al suelo para no volverse a levantar nunca más.

Al día siguiente, estoy en casa de mi abuela ayudándola a recoger el maíz maduro del campo. No podría sentirme mejor. Estoy en mi lugar preferido y ya no tengo problemas que me persigan. A mi abuela también le encanta. Desde que se vino de Albania, se ha dedicado a cultivar ese campo con todo su cariño. Cuando llegamos al extremo del campo, él está allí. Mi abuela sonríe y yo le digo:

–Sin él, nada sería lo mismo.
–No, no tendríamos está gran cosecha si no fuera por este espantapájaros.