EUROMAR

EUROMAR

Prólogo:
Año 2020: Europa se veía incapaz de acabar con la delincuencia y en vez de disminuir, cada vez iba aumentando más.
Años atrás las fronteras entre los países que formaban la unión habían desaparecido y esto, aunque había sido bueno para la comunidad, en lo político y en lo económico, también lo había sido para el crimen organizado.
Los estados de la unión se estaban viendo cada vez más superados por las bandas mafiosas y sus quehaceres en los ámbitos políticos se estaban viendo cada vez más mermados.
Viendo este panorama tan crítico y desolador, todos los gobernantes europeos se habían reunido, para intentar solucionar el dramático problema.
—Si no hacemos algo, y tiene que ser algo efectivo y muy urgente, pronto seremos gobernantes de paja, controlados por esas grandes mafias que todos sabemos y que están en todas partes.
La política, que es la herramienta para la gobernabilidad de los estados, dejará de tener el valor que hoy tiene, pasando a un segundo plano, siendo reemplazada por las mafias —exponía el gobernante español.
—Tenemos que endurecer las penas y que sus condenas se cumplan en su totalidad. La democracia es el mejor sistema para vivir en libertad, pero sus condenas son muy suaves y eso lo saben muy bien los delincuentes, que se aprovechan de la benevolencia de dichas leyes.
—Si queremos convivir en libertad y en este tan querido sistema democrático, debemos actuar contra el crimen organizado con todas las fuerzas que el estado de derecho nos permite, y si tenemos que cambiar leyes, cambien molas ahora que aún somos libres —decía el gobernante inglés, dando un fuerte puñetazo sobre la mesa.
Después de una larga reunión y con las mejores intenciones que pudieron, se marcharon los políticos para sus respectivos países.
Pasó un tiempo, y aunque las leyes se habían endurecido, el crimen organizado seguía operando a sus anchas, en toda la Unión Europea.
Cuando más incapaces se estaban viendo los gobiernos, por controlar a las mafias, hizo acto de presencia un personaje que cambiaría el rumbo de la historia de la unión. Alguien que sin ánimo de lucro, puso su vida al servicio de la humanidad.

Artículo 1º La llegada de Euromar

— ¿Qué ha sido eso?—le preguntaba un matón a otro, cuando estaban a punto de ejecutar a la hija de un alto cargo del gobierno español, que no había querido cooperar con Don Bernardo.
Un rayo rojo tocó la pistola del matón, cuando estaba a punto de matar a la chica. Este, al ver cómo se le derretía la pistola sobre su mano, puso cara de encantado, dando unos segundos más tarde un fuerte grito de dolor, al percibir en su mano cómo el hierro líquido en el que se había convertido la pistola, le abrazaba.
—Decirle a vuestro jefe que vaya haciendo las maletas para el infierno, porque a ese sitio será donde lo enviaré.
Los dos matones se quedaron inmóviles, al ver cómo Euromar los mantenía sin tocarlos, a medio metro del suelo.
Estos cogieron el coche y cómo si hubieran visto al mismísimo diablo, salieron a toda pastilla de aquellos viejos almacenes.
Don Bernardo se estaba fumando un puro de gran tamaño, al lado de un fuego a tierra de su impresionante mansión, cuando entraron los dos matones. Este estaba acompañado por Gilberto, que era su mano derecha.
—Buenas noches, Don Bernardo —dijeron los dos matones, casi a dúo.
— ¿Qué os ha pasado, que traéis esas tan desagradables caras? —les preguntó Don Bernardo.
Contestación de los matones, casi a dúo.
—Cuando estábamos a punto de cumplir sus órdenes, se presentó, como por arte de magia y a la velocidad de un rayo, un enmascarado dorado con súper poderes, y no pudimos realizar el trabajo.
—Me estáis tomando el pelo, les recuerdo que estamos en la vida real y no en un cómic de Superman. Así que contarme con tranquilidad lo que ha sucedido, que me estáis poniendo nervioso y hoy no quería ponerme —le decía su jefe, que había abandonado el sillón y echando gran cantidad de humo de la chupada que le había dado al puro, miraba por la ventana del salón.
—La pistola de Ramírez se deshizo como si fuera de goma, al recibir un rayo que le salió de un artilugio que llevaba en la mano; luego nos mantuvo suspendidos a medio metro del suelo y no sé como, ni con qué, por que no nos tocó —decía el matón con voz temblorosa.
— ¿Y habló algo ese superhombre?
— ¡Sí! Dijo que usted se fuera haciendo las maletas.
— ¿Cómo que me fuera haciendo las maletas, quién se cree que es, ese enmascarado de capotilla?
—Sí, Jefe, dijo que se fuera haciendo las maletas para el infierno, que era donde pensaba enviarlo —le contestaba el primer matón que había hablado.
— ¿Y dicen ustedes, que llevaba una mascara puesta?
— ¡Sí! —contestaron los dos a la vez.
—Explíquenme qué tipo de mascara llevaba.
— Negra, Jefe.
—Sean un poco más explícitos en sus descripciones.
—Parecida a la del zorro, pero con un aire mas moderno y cubriendo toda su cara, menos la barbilla y ojos, que le quedaban al descubierto. En el pecho llevaba una E mayúscula color dorado, rodeada por un círculo de estrellas del mismo color, con el fondo azul.
— ¡Una E mayúscula!
—Sí, Jefe, una E. También se cubría las espaldas con una capa azul con el forro dorado y sus pantalones y jerséis eran también color dorado.
— ¿Y dices que apareció tan rápido, que no lo viste llegar?
—Sí, Jefe, muy rápido.
—Tranquila, Señorita, cálmese que ya ha pasado todo.
—Gracias por salvarme, Señor —le respondía la chica, que estaba con un shock nervioso, temblorosa y asustada.
— Ha sido un placer poderla ayudar.
— ¿Cómo debo llamar a la persona que siempre le estaré agradecida?—le decía la chica que con un pañuelo, se limpiaba el rime, que con las lágrimas se le había corrido por toda la cara.
Este, era la primera aparición pública que había hecho y todavía no tenía muy claro cómo se haría llamar, cuando llevara puesta la máscara.
—Euromar, Señorita —contestó, después de pensarlo unos segundos.
— Me gusta su nombre.
— ¿Y usted cómo se llama?
— ¡Ángeles!
—Es muy bonito su nombre.
—Dígame dónde vive, que la llevaré a su casa.
—Vivo en Barcelona, cerca del campo de fútbol del Español.
— ¡Caramba! Qué coche más bonito tiene.
— ¿Le gusta?
— ¡Sí!
—Le he puesto de nombre bala, por lo rápido que es.
— Es impresionante.
— ¿Te da miedo la velocidad?
—No, me encanta.
Euromar puso en marcha el vehículo y a la velocidad de un rayo, se elevó por encima de los árboles, como si de un avión se tratara.
—Qué guai, no pensaba que esto volara.
—Puede ir por carretera, aire o mar —le contestaba Euromar.
—Parece el tablero de un avión, con tantos botones.
— ¡Ahí está el campo de fútbol! Dígame dónde la dejo.
—Junto a esa plaza que se ve a la izquierda.
—Tenga este artilugio, y si algún día tiene problemas, no dude en presionar el botón verde.
Euromar bajó el vehículo al suelo y como si de un coche normal se tratara, llegó hasta la puerta donde vivía la chica.
—Gracias por todo —le dijo Ángeles y le dio un beso en los labios, bajando a continuación rápidamente del coche.
La casa era bastante grande, de construcción moderna. Ángeles tocó el contestador automático y haciéndole la comprobación el sensor ocular que había, se abrió la puerta.
Ángeles giró la cabeza para despedirse de Euromar y ya no estaba; se había marchado con la misma velocidad que había llegado.
El padre de Ángeles era un harto cargo de la administración catalana, que se había negado a cooperar con el crimen organizado, y por venganza, habían secuestrado a su hija, con intención de matarla y devolverle sólo la cabeza, en una caja de cartón.
Hacía varias horas que el padre de Ángeles se había enterado del secuestro, por una llamada que le habían hecho los secuestradores. Estos le habían comunicado que su hija estaba en sus manos y las intenciones que tenían. El padre de Ángeles, al verla entrar por la puerta, no se lo esperaba, y un poco más, le da un infarto.
Con lágrimas en los ojos, el padre se acercó a su hija, fundiéndose con ella en un afectivo abrazo.
Ángeles, contagiada por las lágrimas de su padre, no pudo contenerse y lloraba junto a él.
Un silencio se hizo dueño del momento y sólo se sentía el latir de sus corazones.
—Me temía lo peor, esos asesinos me habían dicho que me arrepentiría por no haber querido colaborar con ellos.
Hace varias horas me llamaron por teléfono, diciendo que estabas en sus manos y que me acordaría siempre el no haber querido colaborar con ellos.
Desde ese momento, la angustia no me ha dejado vivir y no he parado de hacer gestiones de todo tipo, intentando encontrarte.
Por eso cuando te he visto entrar por la puerta, no me lo creía y le he dado las gracias a dios, por poderte volver a ver con vida. Llamaré a la policía, para decirle que estás en casa.
—Me ha salvado un hombre enmascarado color dorado, que se hace llamar Euromar y tiene súper poderes —le decía Ángeles a su padre, con tono de encantada, como si estuviera subida en una nube, acordándose de su apuesto salvador.
— ¿Qué me dices, hija?
—Sí, papá, me ha traído en un coche que vuela como un avión.
— ¿Y dices que se llama Euromar?
— Sí, papá ¡y es muy apuesto!
— Papá, dime qué está pasando y porqué me han querido matar esos hombres—le preguntaba Ángeles a su padre, un tanto angustiada.
—Lo siento hija, que hayan ido en tu busca, en vez de haberlo hecho conmigo.
—No digas eso, padre, sólo quiero saber el porqué de todo esto.
—Siéntate, hija.
—Hace un tiempo que Don Bernardo…
— ¿Quién es ese Don Bernardo, papá?
— Es uno de los mayores mafiosos del país. Hace tiempo obtuvo de mala manera unos terrenos que estaban en zona verde y quería que yo, como responsable de urbanismo, se los recalificase para viviendas.
En la primera reunión que tuve con un representante suyo, me ofreció una gran cantidad de dinero, a cambio de que le hiciera aquella sucia operación. Le dije que no podía hacerlo, que cuando obtuvo el señor Bernardo el terreno, ya se sabía que la gran mayoría estaban destinados para zona verde. Luego le dije que no me vendía y lo eché de mi despacho.
— ¿Y porqué dices que fueron adquiridos por Don Bernardo, de mala manera?
—Los terrenos a los que nos estamos refiriendo, eran de don Pedro Rojas. Este era un viejo del pueblo, adinerado, que siempre había dicho que al no tener familia alguna, cuando muriera quería dejarle todo sus bienes al ayuntamiento. Pero con la condición de que hicieran un parque en su terreno, que llevara su nombre, una plaza y el resto para viviendas protegidas. El ayuntamiento había tenido varías reuniones con él, y todo lo que había dicho que le dejaría al ayuntamiento siempre fue de palabra, porque nunca firmó compromiso alguno. Se había construido alrededor de la enorme finca, pensando que cuando se muriera don Pedro, se haría una gran plaza, para uso de todo el barrio y un parque. Con la edad que tenía don Pedro, que eran ochenta y cinco años, pensábamos que lo mejor sería dejarlo tranquilo en su finca y no forzarlo a firmar nada, porque era un tanto quisquilloso con eso de las firmas y como verbalmente siempre había dicho que su finca sería para zona verde, pensábamos que todo sería cuestión de unos años, por lo de la edad. Un día nos llevamos la mayor sorpresa del mundo, al enterarnos que todo había sido vendido a Don Bernardo, a cambio de meterlo en la mejor residencia de ancianos del país. No sé qué medios utilizó para convencerlo el muy sinvergüenza, pero antes la ley todo estaba en regla y bien atado. Don Pedro murió a los seis meses en la residencia, de un infarto, y hacía una semana que le habían hecho todo tipo de pruebas, saliendo todas satisfactorias. Según dijeron los médicos, de lo único que nunca pensaron que moriría, era de un ataque al corazón, porque según las pruebas que le habían hecho, tenía el corazón como un toro.
—Papá, me siento orgullosa de ser tu hija —le dijo Ángeles, y levantándose del sillón, se abrazó a su padre.
—Mamá si te está viendo, estará muy orgullosa de ti —le decía su hija y los dos con lágrimas en los ojos, se mantuvieron unos segundos abrazados.
Aquel silencio apacible, fue roto por el ruido de cristales que caían sobre el suelo haciéndose añicos.
Con cara de susto por el ruido que habían producido los cristales, dirigieron la vista hacía la ventana rota.
—Es una bomba incendiaria —dijo el padre con semblante asustadizo, empujando a su hija hacía el suelo.
La fuerte explosión rompió todos los cristales de la casa y una fuerte llamarada, incendio todo el salón.
Ángeles, junto a su padre, habían caído tras el sofá y no habían recibido ningún trozo de metralla, Ángeles, en ese momento, se acordó de su amigo enmascarado y sacando el artilugio que le había dado, presionó el botón verde que le había dicho.
—Salgamos de aquí, antes que las llamas lo impidan —decía el padre y salían los dos del salón, con la boca tapada por un pañuelo.
— Si salimos a la calle, puede estar esa gente esperándonos— decía el padre, que había cogido una chaqueta para protegerse de las llamas—. Bajemos al sótano.
—Sí, será lo mejor, papá.
Los hombres de Don Bernardo, apuntaban con sus armas automáticas hacia la puerta de la casa, esperando que salieran por el efecto del humo.
Viendo que no salían por la puerta, entraron en su busca tres hombres bien armados y con mascaras antigás.
El hombre que entró primero en la casa, era uno de los que tuvieron problemas con Euromar con lo del secuestro y se llevó el susto de su vida, al verlo salir de entre el humo, con los brazos cruzados.
Como si hubiera visto al mismo diablo, dio media vuelta, y al querer correr para salir de allí, tropezó con los compañeros que le seguían, dejando caer a los dos.
Con el humo que había y las llamas que no cesaban, los que se habían caído al suelo salieron ardiendo. Euromar, al verlos ardiendo, los cogió y a la velocidad del rayo, los echó a una piscina que había en la parte trasera de la casa.
El que lo había visto salir de entre el humo, cogió la calle abajo y todavía estará corriendo.
Euromar bajó al sótano y con la rapidez del rayo, los sacó sanos y salvos a Ángeles y a su padre.

Capítulo 2º El escondite y Sebastián

—Os llevaré a mi refugio, pero os tendréis que poner estas máscaras.
Padre e hija, sin decir nada se colocaron una especie de burbuja color plata en la cabeza. En pocos minutos de camino, habían llegado al escondite del hombre enmascarado.
—Ya os podéis quitar la máscara, que hemos llegado. Mientras Don Bernardo no esté entre rejas, será mejor que os quedéis aquí.
—Muchas gracias por ayudarnos de nuevo.
—Ha sido un placer el poder hacerlo, Señorita.
—Si lo creéis conveniente, os podéis comunicar con el exterior; la señal está trucada y es imposible que nos puedan localizar.
—Gracias por todo —le decía el padre de Ángeles.
—Ahora me tengo que marchar, vendré dentro de un par de horas.
El refugió era un búnker ultimo modelo, con todos los adelantos que uno se puede imaginar. También se comunicaba con su casa por un túnel, el cual estaba preparado para ir a su casa a alta velocidad. Para ello había hecho una vía de un solo carril, al cual se adaptaba al coche. De su casa al refugio había cuarenta kilómetros, los cuales recorría en unos minutos.
Marcelo, que era el nombre de pila del hombre enmascarado, vivía en una gran mansión, en la parte alta de Barcelona.
Era el único hijo de un rico empresario, que cinco años atrás, cruelmente había sido asesinado junto a su esposa.
Cuando Marcelo recibió la terrible noticia, estaba fuera de su país estudiando.
Este, al recibir la ingrata noticia, cogió el primer avión y fue junto a sus padres. Con lágrimas en los ojos, juró ante ellos que su vida la dedicaría a la justicia, pero no como un simple abogado; él quería algo más.
Con las ideas claras de lo que quería hacer, estudió y aprendió todo lo que pensaba le haría falta en el futuro y mientras estudiaba, con la ayuda de su amigo Sebastián fue construyendo el refugio y el túnel.
El único que conocía su verdadera identidad, era Sebastián. Este era un jorobado de unos cuarenta años de edad, que desde que tenía diez años, siempre había estado con los padres de Marcelo. Era hijo de un viejo amigo de sus padres, que les tenía alquilada una finca en el campo.
Cuando Sebastián tenía unos diez años de edad, un día sus padres fueron de visita a la mansión de los padres de Euromar y lo llevaron con ellos.
En la mansión había un jardín muy grande y a Sebastián le encantaban todas clases de plantas.
A la madre de Marcelo, que se llamaba Leonor, le gustaban mucho las plantas y al ser el jardín tan grande, no las tenía lo bien cuidadas que a ella le gustaría.
Al ver a Sebastián tan contento viendo las flores, y con el cariño que las tocaba, le dijo si quería quedarse con ellos, para cuidarlas.
Sebastián era muy tímido y al oír lo que le proponía la señora Leonor, se quedó cortado y enrojecido.
Con la voz entrecortada, que apenas podía articular las palabras, como pudo le respondió a la señora Leonor.
—Me, me gustaría señora, por, por, por que me, me encantan las, las plantas. Se, se lo preguntaré a mis padres.
Sebastián no es que fuese tartamudo; es que al ser tan tímido, se ponía nervioso y no le salían las palabras.
Los padres de Sebastián eran bastante humildes y aunque tenían tres hijos más, a Sebastián le tenían un cariño especial. Sebastián físicamente no era muy agraciado, pero si muy cariñoso con todo el mundo y poseía un corazón muy grande. La madre lo vio tan contento, cuando le contaba lo que le había dicho la señora Leonor, que sintiéndolo mucho no pudo negarle aquella ilusión y le dijo que sí, que podía quedarse con los señores Quesada.
Sebastián era muy trabajador y haciendo el trabajo que tanto le gustaba, en pocas semanas el jardín dio un enorme cambio.
La madre de Marcelo, al ver lo trabajador que era y lo bonito que se estaba poniendo el jardín, le dijo si quería aprender a leer, este le dijo que sí, que le encantaría aprender todo lo que ignoraba.
Lo inscribió en un colegió público, que había cerca de donde vivían ellos, pero no dio resultado. Al no ser nada agraciado físicamente, los compañeros le gastaban bromas y lo tuvo que dejar.
La madre de Marcelo viendo el problema que tenía Sebastián, contrató a un profesor particular para que viniera a darle clases. Sebastián era súper inteligente y en poco tiempo sabía tanto como el profesor, de cualquier tema.
A los dos años, la señora Leonor viendo el potencial intelectual de Sebastián, lo matriculó en la universidad, sacándose posteriormente la carrera de química con el número uno de su promoción.

Marcelo llegó al refugió y como si de una sombra se tratara, se encontró con el padre de Ángeles, que salía del baño. Este, al verlo tan cerca y no haber percibido ruido alguno, se llevó un gran susto.
—Perdone, no era mi intención asustarle.
—Es que al no sentirlo llegar, me he asustado al verlo.
— ¿Se encuentran cómodos?
—Sí, sí, no se preocupe por eso.
—Si echan en falta algo, no duden en decírmelo. Es que cuando construimos este refugio, no pensábamos tener invitados.
Ángeles estaba en la habitación del lado y salió, cuando pensaba que su padre había terminado de ducharse.
Esta se llevó una agradable sorpresa, al encontrarse a Euromar, que en el salón hablaba animadamente con su padre.

Capítulo 3º La captura del barco

Don Bernardo se puso en contacto con los hermanos muerte. Se trataba de dos hermanos sin rostros, que eran conocidos en el mundo del crimen organizado, como los mayores ejecutores a sueldo de todos los tiempos.
Nadie había visto nunca sus caras, y sus contactos con sus clientes siempre eran a través del teléfono. Fueron contratados por Don Bernardo para que eliminara al hombre enmascarado.
—Tengan cien mil euros ahora y el resto cuando me traigan la cabeza de ese enmascarado de capotillas.
—De acuerdo, ingrese esa cantidad en el número que le voy a facilitad, pero que nadie se entere que estamos trabajando para usted. Nosotros sólo tenemos contacto con quien nos paga y la víctima. Si nos enteramos que usted ha dicho algo sobre nosotros, la víctima será usted, ¿queda claro?
—Sí, tráiganme su cabeza y no se enterara nadie.
Don Bernardo se había tomado en serio lo que le había dicho Euromar a sus hombres y aparte de la contratación de los hermanos muerte, había contratado más pistoleros. Aunque estaba un tanto preocupado, no dejó de lado el negocio que tenía. Sus negocios abarcaban todas las ramas delictivas conocidas, que produjeran beneficios.
Eran las diez de la noche y los hombres de Don Bernardo terminaban de cargar un barco de armas automáticas; las habían camuflado entre los alimentos que llevaban como ayuda humanitaria, a un país africano donde un dictador se había hecho con el poder.
Sebastián, que trabajaba en la parte informativa del equipo que habían creado, alertó a Marcelo sobre el envío de armas que se iba a efectuar, a la dictadura africana.
— Llama a la policía, que yo me adelantaré al barco.
Euromar, con su coche bala, en unos minutos se estaba posando sobre la cubierta del barco.
Varios hombres de la banda de Don Bernardo, cuando vieron bajar al coche, como si de un helicóptero se tratara, se quedaron boquiabiertos.
Euromar, antes que despertaran de tan inesperada aparición, los tenía atados y con la boca amordazada; luego subió a la sala de mando, donde el capitán del barco, más dos oficiales, dirigían las maniobras para salir del puerto.
Los tres individuos, cuando se quisieron dar cuentas estaban amarrados y amordazados, como los de cubierta.
Dos lanchas de la guardia civil se estaban acercando al barco a toda marcha.
Cuando llegaron a las inmediaciones del barco, una voz salió de una de las lanchas.
—Somos de la guardia civil, paren máquinas inmediatamente —dijo el oficial, con un altavoz en la mano.
El barco paró máquinas y un destello de luz blanca se produjo, como si de un relámpago se tratara.
Euromar había conseguido detener a todos los componentes del barco y paró los motores; luego, como si de un rayo se tratara, abandonó el barco dejando tras él un destello de luz.
Varios agentes de la guardia civil, con dos oficiales al mando, irrumpieron en el barco. Se llevaron una gran sorpresa al encontrarse a todos los componentes del barco, amarrados y amordazados.
No tardaron mucho tiempo en encontrar el arsenal de armas automáticas y munición.
Están las bodegas repletas de armas y hay cantidad de munición para dichas armas —le dijo un guardia civil al capitán Naranjo, que era como se llamaba el oficial que iba al mando.
El Capitán Naranjo ordenó esposar a todos los detenidos y los trasladó a una de las lanchas, luego varios agentes de la guardia civil, pusieron el barco en marcha, llevándolo hasta los muelles del puerto, donde varios guardias civiles custodiaban la zona.

Don Bernardo dormía plácidamente en su cama, pensando que todo había salido bien, cuando sonó el teléfono.
—Don Bernardo, soy Mateo.
—Mateo, espero que lo que me vas a contar, sea lo suficiente importante como para despertarme.
—Han capturado el barco y a toda la tripulación.
Don Bernardo, que estaba tumbado en la cama hablando por teléfono, al oír lo del barco hizo un brusco movimiento, quedando sentado en la cama, asustando a la menor que le acompañaba.
—No te acerques al barco y espera que yo llegue —le dijo Don Bernardo, dando un golpe de impotencia y rabia sobre la mesita de noche.
Este, acompañado por varios de sus hombres, se acercó al barco donde la policía descargaba las armas y las trasladaban a unos camiones.
—Alguien ha debido dar el chivatazo —les dijo Don Bernardo a sus hombres, que contemplaban en silencio cómo la guardia civil iban descargando las armas, que horas antes habían cargado ellos.
La policía estuvo interrogando a todos los componentes de la tripulación por separado y todos coincidieron en lo rápido que actuaba el hombre enmascarado.
— ¿Dice usted que un hombre enmascarado, les amarró y amordazó?
—Sí, ese enmascarado es rápido como el rayo.
—Cuando lo vi llegar, fue tan rápido, que antes que reaccionara estaba amarrado y amordazado —dijo uno de los hombres de don Bernardo a la policía que lo estaba interrogando.
—Quién demonio será ese enmascarado, o mejor dicho que ángel será ese enmascarado, porque si se corre la voz de que un hombre enmascarado con grandes poderes está capturando a los mafiosos de la ciudad, nos quedamos sin faena en cuatro días.
—Pues a mí no me importaría que nos fuera allanando el camino tan espinoso, que hoy en día como policías tenemos que andar cada día.
—No, si yo estoy contigo; con los mafiosos que hoy en día tenemos en la ciudad, tendrá trabajo para largo, no creo que tengamos que cerrar el chiringuito por falta de clientes.
—Don Bernardo, según me ha dicho mi informador secreto de la policía, la captura del barco ha sido obra de un enmascarado dorado.
Don Bernardo regresaba del muelle y estaba con un humor de mil demonios por la perdida de tanto dinero, cuando recibió la noticia de que había sido el hombre enmascarado el que había hecho todo el trabajo para capturar al barco. Entonces hizo parar el coche en el que viajaba y fumándose un cigarrillo para intentar calmarse, hablaba con los hermanos muerte sobre el asunto del barco.
—No se preocupe, don Bernardo, ese enmascarado es difícil capturarlo, porque sólo aparece de tarde en tarde y en sitios muy dispares. Estamos trabajando en ello y si usted nos deja tranquilos y tiene una poca de paciencia, muy pronto verá resultados.
—He perdido una fortuna con las armas que se han llevado la policía y si no lo capturáis pronto, tendré que buscar otra solución, antes que me desmonte otro negocio.
—Usted esté tranquilo, que ya tiene la mejor solución posible a su problema.
—Les doy cuarenta y ocho horas de plazo, si en ese tiempo no hay resultados, haré lo que les digo y lo digo en serio.
— ¿Qué se sabe de Don Bernardo? —le preguntaba Marcelo a Sebastián.
— —Creo que ha contratado a dos hermanos, para que acaben contigo.
— ¿Los conoces?
—Bueno, sé quienes son y a lo que se dedican, pero nunca nadie ha visto sus caras, al menos nadie lo ha podido contar nunca. Son conocidos como los hermanos muerte, los mayores asesinos del mundo.
Según alardean en su currículo, todos sus trabajos se han cumplido siempre al cien por cien. Así que no los sobreestimes y ve con mucho cuidado —le aconsejaba Sebastián, que había conseguido toda la información posible sobre Don Bernardo y sus movimientos.
—Le tenderemos una trampa para que den la cara, y así sabremos con quién nos enfrentamos.
—Esa gente es muy lista; será muy difícil tenderle una trampa y que dé resultado.
—Si sabemos los movimientos de Don Bernardo, podemos jugar con esa ventaja, para tenderles una trampa.
—Hay que tener cuidado, que también puede pensar él que tenemos pinchado su teléfono y nos tienda la trampa a nosotros.

Capítulo 4º El secuestro de diputados

—Pondré la tele, que veremos las noticias, a ver si hablan del barco. Cuando pusieron la tele estaban dando la noticia, que unos cincuenta terroristas habían secuestrado a todos los diputados del país cuando estaban debatiendo sobre los presupuestos del estado.
—Tendré que salir de inmediato, tenme informado de todos los movimientos de Don Bernardo –le dijo Euromar a Sebastián.
En poco tiempo estaba en la parte superior del edificio.
Había llegado con su coche bala y como si de un helicóptero se tratara, había aparcado en la terraza del inmueble.
Los terroristas se habían hecho fuertes en el hemiciclo, donde estaban todos los diputados en sus asientos, más veintitantos periodistas y unos cincuenta invitados. Todos estos, junto a los periodistas estaban en el centro del hemiciclo sentados en el suelo.
El jefe de los terroristas, desde la tribuna de oradores, hacía serias advertencias a todas las autoridades, con un teléfono.
—Tenemos tomado todo el edificio y estamos colocando bombas en las partes más sensibles del mismo. Queremos negocia con la Unión Europea, sobre la libertad de nuestros hermanos que han sido detenidos cuando luchaban por el Islam y por Alá. Queremos hablar directamente con el presidente de la Unión Europea sobre este asunto, y si no se escucha nuestra petición, volaremos el edificio con todos dentro, ustedes y nosotros. Queremos que sepáis que todos los componentes de esta religiosa acción, estamos dispuestos a morir por Alá.
El presidente de la Unión Europea fue informado sobre el secuestro del parlamento español y lo que pedían los secuestradores.
Los alrededores del edificio, poco a poco se iban llenando de policías y periodistas buscando exclusivas.
El presidente de la Unión Europea se puso en contacto con los terroristas, a través de un video teléfono.
—No sé si ya ha sido informado de nuestras intenciones y si aún no lo ha sido, le informo yo ahora. Queremos la libertad de todos nuestros hermanos, que están recluidos en la cárcel internacional de Ilarca. Tómense en serio nuestras peticiones, porque estamos dispuestos llegar hasta el final, y cuando le digo esto, me estoy refiriendo a hacer volar el edificio con todos dentro, incluido nosotros. Les doy veinticuatro horas para que salgan nuestros hermanos de la cárcel, son las diez de la noche; mañana a esta hora se cumplirá el plazo, y si una vez llegada esa hora no tenemos noticias por parte de nuestros hermanos informadores, de que los presos están saliendo de Ilarca, volaremos el edificio.
El presidente de la Unión Europea, una vez oído lo que el terrorista tenía que decirle, reunió a todos los euro ministros para tratar el tema.
Los terroristas estaban conectados entre ellos por un circuito informático, una especie de entornos de red.
El jefe que era el que tenía la base, iba marcando a voleo las claves de cada uno, para ver si todos estaban en sus puestos.
Euromar había conseguido penetrar en el edificio y estaba estudiando con mucho cuidado el terreno.
Se había dado cuentas que estaban conectados entre ellos por un sofisticado sistema informático, y que tenía que actuar con mucho cuidado, si no quería fallar en su intento de detener a los terroristas.
—Llamaré a Sebastián, para que me asesore sobre el sistema informático.
Con un video teléfono, que funcionaba con la voz, se puso en contacto con su amigo Sebastián.
—Dime, Marcelo —le contestaba Sebastián a su llamada.
—Quería que me dieras toda la información posible, sobre un sistema informático muy avanzado, que llevan conectados entre sí los terroristas.
—Dime sus características.
—Llevan un sensor personal incorporado, además de estar conectados entre ellos.
— ¿Has podido sacar alguna foto del modelo?
—No, no me he querido acercar a los terroristas, hasta que me dijeras como desconectarlo.
—Por lo que me dices, debe ser el xnx. Es bastante difícil inutilizarlo por su complejidad, te explicaré un poco cómo funciona y cómo se puede neutralizar. Si uno de los terroristas dejara de estar conectado a la red, avisaría de inmediato a la base, la cual debe tener su jefe. Este sabe en todo momento si sus hombres están en activo o no. También al tener el sensor personal, no lo puedes suplantar porque también saltaría la alarma. Sólo hay una posibilidad, neutralizar la base de forma que no se dé cuentas el jefe.
— ¿Y cómo lo hacemos?
—Mira de encontrar uno que esté solo, y con tus poderes, lo paralizas.
Euromar, a la velocidad del rayo, en unos segundos había localizado uno de los terroristas, que estaba vigilando los accesos al edificio.
Lo había paralizado, y con la ayuda de Sebastián, entraron en la base que tenía el jefe, a través del terminal del terrorista.
—Le he quitado el sensor personal y la imagen, ahora solo están conectados entre ellos como si fuera un teléfono. Todos los terminales tienen una clave y un número. Te facilitare las claves y el terminal que corresponde a cada una. Cuando vayas eliminando terroristas, tendrás que llevarte su terminal, y cuando el jefe consulte alguno, tendrás que contestar y decirle la clave.
Euromar, una vez desactivado el sistema informático, fue eliminando terroristas, y en poco tiempo, había eliminado unos veinticinco y sólo quedaban los que estaban dentro del hemiciclo.
Euromar buscó la fuente de energía del edificio, con la idea de eliminar a los terroristas que había en el hemiciclo, con la luz apagada. La luz fue cortada por Euromar y un desconcierto y griterío se produjo en el hemiciclo; algunos terroristas disparaban hacia el techo, sin saber qué hacer con tanto alboroto.
La luz tardó unos minutos en volver, el tiempo suficiente para que Euromar eliminara a todos los terroristas. Cuando volvió la luz, estaban todos fuera de combate y con las manos fuertemente amarradas. La gente que había dentro del hemiciclo, no daban crédito a lo que sus ojos estaban viendo.
El presidente de la cámara avisó a la policía que estaban acordonando el edificio, explicándole la situación en la cual se encontraban todos los que estaban dentro.
La policía, al enterarse que los secuestradores estaban fuera de combate, fue entrando en el hemiciclo, con toda la cautela del mundo.
—Esto es imposible de creerlo, si uno no lo ve —decía el jefe de policías, cuando vio a los secuestradores amarrados.
— ¿Quién, o qué, habrá podido hacer tan magnifica hazaña?—decía uno de los diputados, que estaba junto al jefe de policías.
—No sé, pero el, o los que lo hayan hecho, en tan solo unos minutos, deben ser gente muy bien preparada, alguien fuera de lo común —le respondía el jefe de policías, que no daba crédito a lo que sus ojos estaban viendo.
Todos los diputados fueron liberados y los terroristas encarcelados.
Al día siguiente toda la prensa mundial y sobre todo la europea, daban un amplio resumen de lo ocurrido en el parlamento español.
Los terroristas fueron interrogados y una de las preguntas que le hacían, era si habían visto algo sobre quién o quiénes le habían amarrado.
Varios dijeron haber visto a un hombre enmascarado color dorado, pero que fue todo tan rápido, que sólo se acordaban de haber visto su silueta.
—Según tengo entendido, la liberación de los diputados ha sido obra de un enmascarado color dorado —le consultaba una periodista al jefe de policías en una rueda de prensa que estaba dando sobre el secuestro.
—Señorita, está usted mejor informada que nosotros, o al menos eso parece. La verdad es que no sabemos si ha sido obra de un enmascarado, o de cinco; lo que sí es cierto, es que cuando la policía entró en el edificio, se encontraron a los cincuenta terroristas fuertemente amarrados y muchos de ellos amordazados. Quien o quienes han sido, no lo sabemos a ciencia cierta; sólo tenemos el testimonio de varios terroristas, que coinciden en haber visto a un hombre enmascarado color dorado. Pero tengo que decir que ningún policía ha visto nada, por lo que no puedo confirmar nada sobre ese hombre enmascarado. Solo puedo decir que los terroristas están en su totalidad detenidos y que los secuestrados se encuentran con sus familias, sanos y salvos, disfrutando de la libertad.
—Por lo que usted dice, no desmiente el que haya sido obra del hombre enmascarado, más bien lo confirma.
— Perdone, Señorita, yo no confirmo nada de eso, sólo parece que así ha sido, si es verdad el testimonio de esos terroristas.
— ¿Podemos entrevistar a esos terroristas, que dicen haber visto a ese hombre enmascarado?
—De momento no se pueden entrevistar, hasta que sean interrogados a fondo por nosotros.
— ¿Y eso para cuándo podrá ser?
—Dentro de dos o tres días podréis hacer las preguntas que ustedes quieran.
Ángeles y su padre estaban viendo las noticias, cuando escucharon lo siguiente:
—El país y el mundo se tienen que felicitar, por la liberación de los diputados españoles; han sido todos liberados y no ha sufrido daño nadie, ni diputados ni terroristas. Los cuerpos de seguridad del estado deben de estar satisfechos por tan brillante actuación —decía el periodista, por una de las cadenas, de ámbito estatal.
—Cambia de canal, papá, que esta misma noticia, seguro que la dicen de forma diferente en otra.
—El país y todo el mundo, se tienen que felicitar, por la liberación de los disputados españoles. Según fuentes bien informadas, la liberación de los rehenes ha sido obra de una sola persona. Aún no sabemos su nombre, sólo que es un enmascarado color dorado y según la información que tenemos, cuando la policía entró en el hemiciclo, todos los terroristas ya estaban amarrados. Hubo un apagón de luz de unos minutos y parece fue producido por el enmascarado, por que cuando vino la luz, se encontraron con la gran sorpresa, de ver a todos los secuestradores amarrados.
— ¿Señor Hurtado, durante el secuestro temió usted por su vida?
—Si, cuando entraron tantos terroristas en el hemiciclo, armados hasta los dientes, y su cabecilla dijo que estaban dispuesto a morir por Alá, temí seriamente por mi vida, como supongo debieron temer todos mis compañeros y demás gente que había dentro del edificio.
— ¿Y qué opina usted sobre ese hombre enmascarado, del que se está hablando tanto?
—Para nosotros fue un ángel salvador, porque como antes le he dicho, todos los terroristas estaban fuertemente armados y con explosivos suficientes para hacer volar el parlamento. Hubo un apagón de unos minutos, que se hicieron infinitos; durante dicho apagón, hubo varias ráfagas de ametralladora en el hemiciclo y al sentirla, pensamos que estaban disparando a la gente. Hubo un momento de desconcierto y de mucho griterío, luego nos vino una relajación, que nadie se movió de su sitio. Digo nos vino, porque lo he consultado con varios compañeros y a todos le entró lo mismo que a mí.
—Quiere eso decir, que ese hombre misterioso pensó que si se apagaba la luz, podría haber una avalancha de gente y morir aplastado no se sabe cuántos.
— Pienso que esa persona debe ser alguien muy especial, y si acabó en unos minutos con tantos terroristas, seguro que pensó en lo de la luz.
— Por lo que parece estamos antes un súper hombre.
—Sí, pienso que estamos antes un ser benigno, muy especial.
—Señor Hurtado, muchas gracias.
—A ustedes.
—Papá, eso ha sido obra de Euromar, qué grande y fuerte es.
—Por lo que han dicho, parece que sí.
Serían las diez de la noche, cuando Euromar se personó donde estaban Ángeles y su padre.
— ¡Buenas noches!
Ángeles y su padre, al oír la voz de Euromar, se sobresaltaron y se pusieron de pies.
—Perdonar que os haya asustado, pero es la costumbre de llegar así de silencioso.
—No se preocupe, Euromar, es que nos has cogido por sorpresa y nos hemos sobresaltado.
—Hemos estado viendo las noticias y por lo que han dicho, parece que haya sido obra suya, la detención de esos terroristas.
—No se crean todo lo que digan por la tele; muchas veces lo que dicen, no coincide con la verdad.
—Ya, pero esta vez por lo que han dicho y conociendo sus poderes, no creo que nos hayamos equivocado.
—Por esta vez, no se han equivocado, pero suelen hacerlo muchas veces. Estáis en lo cierto, he sido yo el que ha detenido a esos terroristas y solo os puedo decir, que mi vida la he puesto al servicio de la humanidad. Y lucharé contra el mal, allí donde se encuentre. No me importa el país donde se produzca el mal, me considero ciudadano del mundo, aunque muy español. Hablo ocho idiomas aparte del español y varios dialectos, también tengo varias carreras universitarias y domino todas las artes marciales conocidas.
Ángeles lo estaba escuchando y cada vez se estaba enamorando más de él.
—Creo que dentro de un par de días, os podréis marchar a vuestra casa.
Os dejo, que estaréis cansados y tendréis sueño.
—No se preocupe por eso, de cansados nada —le decía Ángeles toda ilusionada, escuchando lo que decía Euromar.
Euromar, estuvo un rato hablando con ellos y se marchó a su casa por el túnel, con su rápido coche.

Capítulo 5º La captura de Don Bernardo

Don Bernardo había oído lo de los terroristas, y cuando dijeron que un hombre enmascarado había sido quien los había detenido a todos, los nervios hicieron acto de presencia en él.
—Ya no están contratados, me marcho a Hispanoamérica y no creo que ustedes acaben con ese superhombre.
—Nosotros no abandonamos nunca y si usted se marcha, cuando acabemos con ese súper fantoche, lo buscaremos para que nos pague.
—Si consiguen acabar con él, no me tendrán que buscar, vendré yo.
—Eso esperamos, que usted venga.
Don Bernardo, muy nervioso y acompañado por varios de sus hombres, se disponía a salir, cuando todos se encontraron con Euromar, que los estaba esperando.
—Parece que tiene mucha prisa —dijo Euromar, que estaba tras unos arbustos, en el jardín de Don Bernardo.
— ¿Quién eres tú?
—Soy el que te va poner a la sombra durante un largo periodo de tiempo.
—Disparar, disparar. Arranca —dijo Don Bernardo, metiéndose a continuación en el coche.
El coche se puso en movimiento y se fue alejando a toda marcha del lugar. Los hombres de Don Bernardo, que se habían quedado disparando, fueron reducidos por Euromar y después de amarrarlos a todos, cogió su coche bala y salió tras don Bernardo.
Minutos más tarde, alcanzaba al mafioso. Este se llevó una gran sorpresa, cuando desde el aire le hablaba Euromar y al oírlo, abrió la ventanilla para ver quien era el que le hablaba. Al comprobar que era Euromar, le dijo al chofer que acelerara.
—Pero Jefe, si vamos a tope.
—Tú acelera que aún podemos ir más rápidos.
Euromar, viendo que en vez de desminuir la velocidad, la estaban aumentando, les lanzó un rayo y el motor empezó a fallar hasta quedar parado. Entonces llamó a la policía, para que pasaran a recoger a Don Bernardo. A este lo había dejado junto al chofer, bien amarrados dentro del coche.
Don Bernardo llevaba muchos años en busca y captura y de esta manera ingresaba en la cárcel por un largo periodo de tiempo.

GJPavón