Es de noche y están ahí fuera

6 de Febrero, 2008

Es de noche y están ahí fuera. Los oigo, los siento. Me sienten, me huelen. Sin atreverme siquiera a mirar a través de mis ventanas, puedo imaginarlos moviéndose en la oscuridad, bultos deformes, vagando, sin prisa, sin rumbo, con un único y espantoso propósito: sobrevivir a costa de los que quedamos. ¿Quedamos muchos?, poco importa. El mundo ya no nos pertenece, nuestro tiempo pasó, ahora es de ellos, han venido a reclamarlo, y nosotros no somos quienes para negarles lo que por derecho les corresponde.
Mi mujer, mi hijo, mi trabajo, todo pertenece ya a un pasado que se desvanece en mi memoria de la misma manera que el agua se escurre entre los dedos. ¿Fue real?, ¿en algún momento de mi vida, fui esposo y padre?. Aquí, acurrucado en este oscuro rincón, en alguna de las habitaciones de la que una vez fue mi casa, me pregunto si estos recuerdos, no fueron sino delirios producidos por los anhelos de una mente deseosa de escapar de esta terrible pesadilla.
Los oigo, ¿están mas cerca?, no podría asegurarlo, ¿saben de mi paradero?, siempre me mantuve oculto, nunca me dejé ver.
Pero ahora son más, imposible esconderse, imposible esquivarlos. Hace tiempo que no salgo, apenas me queda comida, apenas me queda agua.
¿Cerré el portón tras mi última salida? No lo recuerdo. Espero que sí. Aunque en lo mas profundo de mi ser, aquella parte de mi yo cobarde y débil, hastiada ya de tanto correr, de tanto esconderse, ansía la posibilidad de que la puerta haya quedado abierta, para que puedan entrar, subir…, encontrarme.

Pero no, Dios Santo, lo que hacen a sus víctimas. Lo he visto, lo se. He oído sus gritos, he visto el terror mas absoluto y descarnado reflejado en sus rostros, su recuerdo invade mis solitarias y oscuras noches, atormentándome, nublando mi raciocinio y tentándome a cruzar esa estrecha senda, que separa la sensatez de la locura.
¿Qué hicimos?¿Qué pecado cometió la humanidad para merecer semejante horror? Mi mujer, mi hijo, una y otra vez intento recordarlos, como eran, sus caras, sus gestos… No lo consigo, sus facciones se difuminan en mi mente, como las imágenes de un sueño tras un brusco despertar.
Solo quedan los gemidos, sus gemidos, lamentos de criaturas sin alma, que llenan la oscuridad de la noche, en un mundo apocalíptico, donde cualquier vestigio de civilización pertenece ya a una realidad completamente olvidada y condenada a la extinción.
¿Cerré el portón tras mi última salida?, lo cierto es que ya no me importa, estoy cansado de correr, de esconderme,… de vivir. Oigo ruido, alguien sube. Los pasos son pesados, lentos, torpes. No tienen prisa, saben que estoy aquí, siempre lo han sabido. ¿Cerré el portón?, lo cierto es que ya no importa, los oigo entrar en casa, avanzan por el pasillo, gimen , aúllan, se relamen, arrastrando sus horribles cuerpos deformes y fétidos. Por Dios Santo, lo que hacen a sus víctimas. Siempre guardé una bala, para, llegado el momento, evitar esta muerte tan horrible. Han llegado al salón. Puedo distinguir sus espantosos cuerpos a través de la oscuridad. Apoyo el cañón de la pistola contra mi sien. Hijo mío, no pude hacer nada para salvaros a ti y a tu madre, pero pronto me reuniré con vosotros, ¿o no?. Me tiembla la mano, se abalanzan sobre mi. Aprieto el gatillo…

Autor: agustín

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