ERASMO : EL SABIO “LOCO” DE ROTTERDAM
por : ALFREDO LEMON
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Estando en Amsterdam quise llegar hasta Rotterdam no sólo para conocer el famoso puerto sino también para visitar la casa de Erasmo. Con mapa en mano, en la esquina de una mansión de estilo tradicional, pregunté a unos vecinos si esa era la vivienda del ilustre pensador; a lo que alguien con humor, en francés, me respondió: “sí, esta es la casa del señor Erasmo, pero no sé si lo va poder atender porque creo que ha salido a tomar un café.” ¡Pero si Erasmo está muerto!… le respondí, e ingresé por el amplio parque debajo de árboles que recién anochecían. La anécdota sirve no sólo para recordar la circunstancia, sino también para ilustrar acerca del poco conocimiento que en general se tiene -aun en su ciudad natal – de este excelso humanista, uno de los más notables al finalizar la Edad Media en Europa.
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Apuntes de vida
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Nació en 1466 (¿1467, 1469 ?). Fue el segundo hijo de la unión ilegal entre un clérigo de Gouda y una joven de clase burguesa. Asistió a las escuelas latinas de Deventer y Hertogensbosch. Ingresó a la orden de los canónigos regulares del monasterio agustino de Steyn, haciendo votos en 1488. Viajó por diversos países, Inglaterra, Francia, Suiza, Holanda; estuvo al servicio del obispo de Cambrai y Carlos V le nombró su consejero. Estudió teología y griego en las universidades de París y Cambridge y enseñó en Lovaina. Después de la “Reforma” residió en Friburgo y murió en Basilea en 1536.
Erasmo representa ante todo, una actitud ante la vida y ante la cultura, palabra esta última, de formidable significación a comienzos del siglo XVI. Fue un ejemplo del saber antiguo con un profundo amor a las letras y al arte del buen decir, al pensamiento claro y a la fina ironía.
Escrutando la antropología de la Escritura y de los Padres de la Iglesia , no perdió de vista lo que hoy llamaríamos una teoría integral del ser del hombre; y en vez de hacer una propuesta acerca del alma, determinada por intereses teológicos, consideró la totalidad del ser humano -tenso entre la carne y el espíritu- con posibilidad de optar entre dos mundos o de quedar en una peculiar posición intermedia.
Escribió muchas obras sobre el Antiguo y Nuevo Testamento y polemizó con Lutero sobre el tema del libre albedrío. Puntualmente en “De libero arbitrio”, sostenía la tesis de la existencia y potencia de la libertad (dentro del marco de religación del hombre y Dios) frente a la dependencia divina esgrimida por Lutero en “De servo arbitrio” (1525).
Entre otros títulos suyos figuran: “Colloquia”; “Enchiridion militis christiani”; “Versa e patribus graecis”; consignándose además que habría publicado algún conjunto de poemas.
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Perfiles
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Agudo escritor del renacimiento, precursor del liberalismo y del espíritu moderno; Erasmo ridiculizó la estupidez, el egoísmo y la vanidad; afirmando que la felicidad se encontraba en la armonía de una vida cristiana y en la dedicación al saber. Siempre creyente, aun con sus sátiras y arranques, nunca desvió su mente de Dios. Criticó duramente a los gobernantes (incluido el Papa) a causa de las guerras inútiles y destructivas. Igualmente acicateó por sus vanas disputas a los escolásticos, el formalismo de la Iglesia de aquel tiempo, la opulencia y el poder temporal del clero. Sin embargo, confiaba en la reconstrucción de la institución, abogando por un acercamiento entre las posiciones romana y luterana, con una idea de cristianismo primitivo; no una doctrina de redención del pecado y de la muerte, pero sí una filosofía que señalase al hombre, vivir de acuerdo a los mandamientos del amor al prójimo, la misericordia, el dominio de sí mismo y la razón. Más intuitivo que discursivo, resaltó que no porque una idea sea vieja hay que admitirla, ni porque sea nueva, rechazarla; al contrario. La verdad, es siempre verdad, ya sea como “tradición” o “progreso”; se va haciendo, como nos vamos haciendo nosotros mismos con el mundo.
Con punzante humor, creía que la educación vencería finalmente a la necedad y a la ignorancia. Enemigo de todo fanatismo, dueño de una vasta erudición y amplitud de criterio, -pese a su carácter solitario y melancólico-, daba su opinión y persistía en su creencia sobre ríspidos asuntos, en un momento histórico en que la religión osciló entre agudas crisis.
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Del “Elogio de la Locura ”
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Este título tan mentado, fue escrito en Londres en casa de Tomás Moro, a quien está dedicada. Apareció en París y luego Holbein -el joven- realizó una serie de valiosos dibujos que ilustraron numerosas ediciones. Es una obra de marcado ingenio y astuta mordacidad. El libro es un extenso monólogo cuya protagonista es la “Locura”, que habla y reflexiona sobre distintas cuestiones. Debajo de la ironía está siempre presente una didáctica y a menudo, pese a su título, la lógica.
Al comenzar dice: “El vulgo dirá de mí lo que quiera; pero lo cierto es que no soy tan insensata como se cree, puesto que nadie posee como yo el secreto de divertir a los dioses y a los hombres.”
Sobre “los teólogos”, refiere: “Quizá fuera más conveniente pasar en silencio a los teólogos y no remover esa ciénaga, ni tocar esa planta fétida, no sea que tal gente, severa e irascible en el más alto grado, caiga sobre mí en corporación con mil conclusiones, para obligarme a cantar la palinodia, y en caso de negarme, pongan inmediatamente el grito en el cielo llamándome hereje, que no de otra suerte suelen confundir con sus rayos a quienes les son poco propicios.”
En lo atinente a “los filósofos”, escribe: “…venerables por su barba y por su manto, que dicen ser los únicos que saben; el resto de los mortales son hombres que revolotean. ¡Oh, cuán dulcemente deliran cuando forjan mundos infinitos a su antojo; cuando miden como con el pulgar, como con un hilo, el Sol, la Luna , las estrellas y los orbes celestes; cuando sin vacilar un punto explican las causas del rayo, del viento, de los eclipses y de todos los demás fenómenos inexplicables! Y lo hacen como si fueran los secretarios del arquitecto del mundo, o como si acabaran de llegar del Consejo de los dioses. En tanto, la Naturaleza se ríe lindamente de ellos y de sus hipótesis, porque no conocen nada con certeza, como lo demuestran palmariamente las interminables disputas que mantienen entre sí acerca de cualquier cosa.”
Perspicazmente, en relación a “los escritores”, apunta: “En cambio, el escritor que me es adicto, es más feliz cuanto es más extravagante, porque sin ningún esfuerzo, y sin pensarlo siquiera, lanza inmediatamente por escrito todo lo que se le viene a las mientes, todo lo que afluye a su pluma y todo cuanto sueña, costándole sólo un poco de papel, sabiendo muy bien que cuantas más tonterías escriba, más gustado será por la multitud; es decir, por todos los necios ignorantes. ¿Qué le importa, pues, que le desprecien tres o cuatro sabios, caso de que le lean? ¿Qué significa el voto de tan pocos sabios ante la muchedumbre que lo aclama?. Pero son mucho más listos los que publican bajo su nombre las obras ajenas y se apropian de una gloria que a otros ha costado inmensos trabajos, con copiar descansadamente, pues aunque saben que un plagio ha de descubrirse algún día, sin embargo, durante algún tiempo, ellos se enriquecen con el interés del préstamo.”
Acerca de que “ la Fortuna favorece a los necios”, alude que: “… la Fortuna , que siembra felicidad entre los humanos, comparte mis sentimientos de tal modo que siempre ha sido la enemiga implacable de los sabios, mientras que ha colmado de toda clase de beneficios a los necios, hasta en sueños. La Fortuna gusta de las personas poco sensatas, de las más atrevidas y de las devotas de aquella frase “la suerte está echada”. La sabiduría, en cambio, hace a los hombres extremadamente tímidos, y por esto vemos que la generalidad de los sabios están pobres, hambrientos y consumidos, y viven en el olvido, en la oscuridad y sin gloria, en tanto que los necios rebosan de escudos, participan en la gobernación del Estado y, en una palabra, gozan de todas las ventajas posibles.”
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Epílogo
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Por último, interesante resulta señalar su creencia respecto a que “la suprema felicidad es una especie de locura, el misticismo”, al decir: “…El espíritu será después absorbido en la inteligencia soberana, que le es infinitamente superior, y así, el hombre totalmente despojado de lo material, será feliz por la sencilla razón de que, puesto fuera de sí mismo, se gozará de modo inefable en el Sumo Bien que atrae hacia sí todas las cosas.”
Concluyendo esta aproximación, tras su lectura se comprueba que a través de sus páginas y por vía a veces del absurdo, el trabajo contiene una riqueza moral, lúcidamente escéptica.
En el caso de Erasmo, como alude Huizinga, “la locura es sabiduría y la sabiduría locura”. Recordarlo en los umbrales de este siglo XXI cargado de incertezas, no parece estéril, porque siempre enriquecen los espíritus que señalan lo que liga entre sí a los hombres más allá de lo que los separa. Y que renuevan en el corazón, la idea de una edad futura de más elevado sentimiento. En ese sentido cabe reflexionar finalmente, que el ideal intelectual de autonomía moral que formuló el renacimiento y la ciencia de la ilustración, se ha vuelto hoy una ilusión fugaz. Apostar por nuevos senderos significa reformulaciones teóricas seguidas de actitudes condescendientes. Apostar por una nueva reforma del entendimiento a partir del propio impulso sobre el vacío cultural que experimentamos en este tiempo de crisis; a mantener el espíritu de la utopía como pensamiento marginal y disidente frente al establishment de la barbarie.
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