El último enviado de Dios

Capítulo 1: La duda del creyente

Eran las seis de la tarde del 12 de marzo del 2012, Emilio Strife caminaba bajo la lluvia. Era un joven de 22 años, alto, delgado de cabello corto y negro. Andaba vestido con un polo blanco algo sucio, pantalones Jean y zapatillas. Por su mente solo surcaba un pensamiento en ese momento “¿Existe realmente Dios?”, hacia poco había ido a una misa católica con su madre, en el sermón hablaron de temas como que si pedimos a Dios cosas con fe el nos escuchará o que si vivimos nuestras vidas siguiendo sus enseñanzas y guardando sus mandamientos al morir recibiremos una gran recompensa en el cielo. Pero, ¿de verdad Dios escuchaba a todo aquel que le pide algo con fe? Existen miles de cristianos en todo el mundo padeciendo dolorosas enfermedades, viviendo en pobreza, con dificultades familiares, etc. Por que no simplemente ¿rezan para que Dios los ayude? y si ya lo han hecho ¿Por qué Dios no les ha respondido a sus ruegos? Desde pequeño el había sido instruido en los dogmas católicos y había recibido los sacramentos de bautismo, comunión y confirmación. Nunca había dudado de estar en lo correcto, no hasta ahora. Alguna vez escucho algunos pensamientos ateos pero no les prestó importancia, pero ahora pensó ¿y si estaban en lo correcto? ¿Y si de verdad no hay Dios? ¿Y si lo que he creído toda mi vida es una mentira?

Emilio llegó a la puerta de su casa, estaba mojado por la lluvia. Vivía en una pequeña casa de dos pisos, situada en un barrio de clase medía en Perú. Entró rápidamente y encendió las luces de la sala, se sacó el abrigo que tenia encima y se fue a la cocina a prepararse una café caliente para el frío. Mientras lo preparaba las dudas que lo acompañaron todo el camino a su casa seguían en su cabeza, no se las podía sacar de encima. Una vez preparado el café se dirigió a la sala se sentó en su sillón favorito y encendió la radio para escuchar las noticias del día. Era una costumbre suya relajarse de esa manera y además tenia la esperanza de que las noticias lo distrajeran un poco de sus dudas existenciales.

Lastimosamente no fue así, las noticias hablaron de desastres naturales, inundaciones, tornados y terremotos en diferentes partes del mundo. “Es seguro que allí ha habido, cristianos, musulmanes y judíos afectados” pensó.

Tomó su tasa y se levantó de su sofá, apagó la radio ya no necesitaba oír más de las desgracias que aquejaban a los humanos por todos lados, ya que la lluvia había parado se dirigió al jardín que había en el interior de su casa. Era un espacio rectangular pequeño en el cual podía ver las pocas estrellas en el cielo que las luces de la ciudad le dejaban ver. Al fondo del jardín había una mesa con 4 sillas donde muchas veces se había reunido con sus amigos en ocasiones pasadas para jugar cartas y tomar unas cervezas. Se sentó en ella y bebió un sorbo de café. Dejó la taza sobre la mesa y mirando al cielo dijo para si:

-¿De verdad todo esto fue creado por obra de la casualidad o realmente existió alguna entidad inteligente que creo y diseño todo este universo?

Se sentía solo y abandonado. Juntó las manos y en su mente dijo “Señor, si de verdad estas ahí por favor envíame una señal”. Luego de hacer esto miró a ambos lados con la esperanza de que algo sucediera, había oído testimonios de religiosos que dijeron que Dios se les manifestó mediante el viento o algún aparato eléctrico que se encendió o apagó solo. Pero no paso nada, solo hubo silencio, ni siquiera un perro ladró. Se comenzó a sentir estúpido y pensó que era una fortuna que nadie lo estuviera viendo.

Siguió bebiendo su café hasta terminarlo, antes de levantarse decidió hacer un nuevo intento de comunicarse con Dios, ya que a fin de cuentas no perdía nada. Tomó aire, junto las manos de nuevo, cerró los ojos y dijo en voz baja:

-Señor, tú que eres bueno, te pido por favor que alivies mi corazón que anda muy necesitado de algo de esperanza en la cual creer. Se que tu tienes un plan para todos, pero si al menos me dieras una señal de que tu de verdad esta ahí, escuchándome y observándome prometo aceptar tu voluntad en el plan que me has preparado cualquiera que este sea.

Dicho esto abrió los ojos y observo a su alrededor nuevamente, con la esperanza de ver la mínima señal de que de verdad había sido escuchado esta vez. Pero nuevamente no vio absolutamente nada que pudiera interpretarse como una señal divina. Desilusionado, se levantó de su silla y tomó su taza vacía. Comenzó a caminar de nuevo hacia el interior de su casa cuando se detuvo en seco. Una extraña luz había aparecido repentinamente a un metro de el, esta cada vez se volvió mas grande al punto que Emilio tubo que taparse los ojos con la mano por el deslumbre. Unos segundos después al percibir que la luz ya había desaparecido, abrió los ojos.

La taza que Emilio portaba en la mano se cayó y se rompió. Trató de gestionar alguna palabra pero la voz no le salía, estaba tan impresionado por lo que veía que solo atinó a balbucear. En frente de el había una hombre de aproximadamente un metro setenta y cinco de alto, de ojos azules y cabello rubio, vestía un terno muy elegante y con una sonrisa le dijo:

-Hola Emilio, soy Salvador y soy el último enviado de Dios.