Muchas veces las palabras nos sirven para acercarnos, para sentirnos, para conocernos… las mias son para agradecerle a mi trepaventana al cual quiero cada dia mas…
Para Gustavo, mi trepaventana.…
Existe un hombre que tiene la costumbre de treparse a mi ventana por las noches.
Algunas veces tira una piedrita, para ver si me roba una sonrisa, otras en cambio, entra sin permiso tarareando aquella canción que desafina si pudores.
Este hombre, es un hombre como cualquier hombre; pero cada día me es más sencillo reconocerlo a pensar de la penumbra que suele cubrirnos.
Nunca pregunto más que lo que quiere contar. Simplemente camino descalza a su lado, como si en sus palabras descubriera respuesta a mis indecibles preguntas.
Sé que algunas noches pasa por debajo de mi ventana y no se anima a golpear.
Es difícil, a veces, entrar sin sentir ganas de quedarse o de huir para siempre.
Lo veo pasar y mirar de reojos la cortina encendida mientras la mueve lentamente esta brisa de lejanía.
Puedo ver sus miedos y soledades por el vidrio empañado, su sonrisa encarcelada y sus sueños en banca rota. Y mientras lo miro, me pregunto una y otra vez si puede verme así.
Sé que algún día se irá a buscar lo que le pertenece.
Quizás me salude desde la vereda de enfrente, quizás se dé vueltas para mirar mi ventana mientras se aleja recordándome por última vez.
Seguramente lo espíe, escondida detrás de la cortina; nunca me gustaron las despedidas, aunque él no lo sepa.
Y lo veré perderse, encontrándose.
Y sonreiré feliz.
Andrea
– Julio 2006, Buenos Aires -

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