Ciencia ficción, Relato

El rostro de Dios

Por , en 5 de febrero de 2010

El rostro de Dios

La conferencia de prensa estuvo a punto de ser un éxito, decenas de reporteros se arremolinaban buscando estar lo más cerca posible de la mesa principal para hacer las preguntas pertinentes, los micrófonos llenaban cualquier hueco posible al frente, al parecer, los medios de información de todo el planeta estaban pendientes, debido a que el aparato cuya creación se anunciaría, cambiaría la historia de la ciencia y la tecnología en la Tierra. Fue necesario acreditar a los presentes a fin de no tener un peligroso sobrecupo, cerca del final de la presentación una pequeña afirmación del jefe del proyecto ocasionó una oleada de protestas en la sala e intentos de sabotaje por todo el mundo.
- El aparato será tan poderoso, -afirmó Axa con pasión- que una vez terminado, nos permitirá ver el rostro de Dios al momento de la creación.
Los estruendosos aplausos de muchos científicos allí reunidos se vieron opacados por la rechifla de muchos reporteros enojados por la imposibilidad de obtener respuesta a sus preguntas, que tronaban contra el vacío, en la conferencia no hubo lugar para dudas.


El telescopio láser de alta resolución, estaba llamado a ser la punta de lanza del nuevo “Renacimiento” mundial, gracias al cual las ciencias y hasta las artes evolucionarían una vez más de forma vertiginosa, llevando al conocimiento a un lugar equiparable al de muchas creencias religiosas, incluso había pensadores de fama mundial, que se atrevían a señalar, que la ciencia en el mundo podría encontrar su antes y después gracias al artefacto aquél.
Los físicos y astrónomos del mundo apoyaron de inmediato el proyecto y propusieron soluciones a los interminables problemas de óptica e ingeniería, así como a las kilométricas e inteligibles ecuaciones que surgían a cada momento.
Matemáticos, filósofos y hasta humanistas se ofrecieron voluntariamente a convertirse en promotores de aquel sueño, llevando el mensaje de que la ciencia puede hacernos libres a Universidades y escuelas en todos lados; mientras tanto, los presupuestos gubernamentales y patrocinios privados se escondían temerosos bajo la amenaza de los líderes eclesiásticos que prometían una larga temporada en los infiernos a quién de forma decidida o hasta indirecta (de pensamiento, palabra, obra y omisión) apoyara el nacimiento de aquel gigantesco telescopio.
Sin embargo la necesidad humana por descubrir encontró la forma de hacerse de recursos solicitando coperachas, cabe aclarar, que la mala fe de quienes querían destruir aquel proyecto no tocó todos los corazones susceptibles y aunque se diga que traficantes y apostadores lavaron su dinero en nombre de la ciencia, no es sino un pecado menor, si lo comparamos con lo que gobiernos y pueblos enteros han hecho para lavar sus conciencias en el nombre de la religión.
Se hizo famoso el caso de un narcotraficante muy poderoso “Nacho González” quién desde niño soñó con ser astrónomo, pero su destino lo llevó por otros rumbos, sin embargo, su afamado “cártel del averno”, patrocino prácticamente la mitad de la construcción del aparato, con la única condición de que, el día de la inauguración lo dejaran cortar el listón y ver antes que nadie la primera imagen obtenida desde los confines del universo, cuando la vía láctea aún no existía.
Sin embargo ese día no llegó nunca para el señor González, que murió en una emboscada que le habían preparado sus rivales europeos, casualmente italianos, con los que nunca había tenido motivos de disgusto y hacia los cuales profesaba mucha consideración y respeto.
La UNESCO después de una pequeña charla con el representante del Vaticano, reasignó los recursos económicos antes comprometidos con el proyecto, para financiar ni más ni menos que un santuario para unos forajidos católicos elevados a los altares con el sello de “mártires de la fe”, en la inteligencia (decía un comunicado elaborado en París) de que la religión también es cultura, y su preservación contribuye al cuidado de la memoria colectiva y los bienes no materiales del mundo.
No faltaron en el planeta episodios de intolerancia científica, cuando las caravanas de profesionales eran literalmente expulsadas de países donde la idea aquella no causaba ninguna gracia.
América Latina y el Medio Oriente fueron las regiones más conflictivas para el paso de la ciencia, a pesar de la existencia de Universidades, Institutos especializados y Centros de investigación, sus gobiernos cerraban la frontera a cualquier extranjero con ideas encaminadas a patrocinar el proyecto, pero, esos gobernantes no podían hacer lo mismo con los científicos de casa, en quienes recayó la responsabilidad de difundir su mensaje, por cierto con tanto éxito, que muchos fueron despedidos pretextando recortes de personal o inasistencias no comprobables, nunca quedó claro como es que a la autoridad se le ocurrían tantos pretextos para quitarse de encima a las personas que piensan.
Hubo momentos de tensión, como aquellos en que un joven islámico asistente a una charla se hizo estallar al momento de las preguntas y respuestas, causando la muerte de los asistentes al evento, pero eso no le quitó el valor a los que prosiguieron con el trabajo, muy por el contrario, les dio nuevos bríos.
La construcción del aparato se llevó más de veinte años, en ese lapso la mayoría de los opositores más férreos al proyecto habían desaparecido del mundo por muerte natural, sin embargo de igual forma, los pocos valientes convertidos en mecenas, se habían ido también uno a uno rumbo a la tumba, no faltó quien en su testamento, dejara un suma considerable a favor de la ciencia, pero la mayoría, dejó olvidado a aquél proyecto de su última voluntad.
Los astrónomos y físicos al no ver concretado su sueño en un tiempo razonable, volvieron sus miradas a los cotidianos aparatos de casa. El proyecto fue perdiendo fuerza en tanto fue perdiendo opositores; sinceramente hacía falta la recriminación constante que desde los púlpitos y televisoras que hacían popular aquel sueño.
Al fin, después de tanto tiempo y problemas el Gran Telescopio estaba listo, pocas fueron las autoridades que le prestaron atención a su puesta en marcha, salvo algunos nostálgicos y científicos ya ancianos nadie le dio su anterior importancia al asunto.
Axa, ya con pelo cano y una pequeña calva coronando su cabeza, esbozó una sonrisa, con un leve temblor de emoción encendió las pantallas, ajustó ciertas válvulas y apretó un pequeño botón rojo, que puso en marcha los mecanismos más finos y precisos creados por la humanidad, después de unos segundos que parecían eternos, se fue formando una imagen, nadie daba crédito a lo que sus ojos veían, los pocos periodistas que se dieron cita no dejaban de tomar película.
Parece ser que un pequeño error en las colocación de un cristal en el tubo principal, ocasionó una pequeña desviación en el buscador de imagen, trayendo con sigo un efecto de curva en la búsqueda, aunado a la curvatura natural del espacio y el tiempo.
Lo que las pantallas mostraron fue precisamente el monte donde se encontraba ahora el poderoso telescopio, sólo que veinte años atrás, y podían verse a varios de los hoy ancianos científicos haciendo planes, de forma curiosa todos ellos, hacía dos décadas voltearon al mismo tiempo hacia el cielo, a la dirección en que el buscador de imágenes logro captar de forma precisa sus rostros, en ese momento, una falla eléctrica dejó fuera de funcionamiento el aparato.
En la búsqueda del rostro de Dios el hombre se encontró a sí mismo. El aparato nunca volvió a funcionar.

This post was submitted by Fernando Villaseñor Ulloa.

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