El orgullo de ser Villarreal: Episodio 2

30 de Noviembre, 2007

Tan pronto como sonó el timbre que anunciaba que las clases terminaban, Lira se levantó de un salto y se llevó en la mano los libros que quedaban afuera y su lapicera con su personaje favorito. Salió precipitadamente del salón y no se fue con Myrna como de costumbre, sino que se apresuró al salón en el que sabía encontraría al príncipe de su compañera. No le fue difícil llegar a él, pues el salón se encontraba frente al suyo. Esperó pacientemente fuera de su vista hasta que el maestro dio la orden de salir. Como manada de caballos salieron los chicos ansiosos por terminar la jornada obligatoria. Ahí estaba, a no más de tres metros de ella. Caminaba como siempre, con las manos metidas en los bolsillos como si quisiera esconderlas y con la cabeza gacha. Parecía no importarle ser el blanco de burlas por ser diferente a los demás, aunque parecía hacerlo adrede. Ningún chico salvo él se peinaba con el apartado por en medio y tan chueco, ni caminaba tan despacio, y menos se colgaba la mochila de un solo lado como lo hacían las chicas. Sin embargo él lo hacía sin importarle que algunos pensaran que bateaba del otro bando, otro pensaban que estaba acomplejado y nadie se compadecía de él y lo ayudaba a vestirse bien, pues ni su mochila anaranjada, toda raída y cubierta de pegamento, con algunas de las calcomanías de sus anteriores dueños todavía pegadas aunque fuese de un extremo, ni los zapatos tan pasados de moda iban con los gustos de las chicas, excepto por una. Pobre, ¿qué le habría visto Melisa salvo sus bonitos ojos oscuros y su espalda ancha? Tal vez el corazón porque cierto era que el carácter del chico era tan transparente que no se necesitaban más de tres días para conocerlo a plenitud.

No era mucho lo que pedía, pero se dirigió a él, procurando cuidadosamente de que su juego no fuese descubierto, se acercó a él con mucho cuidado de no mirarlo directamente, pues sabía que su mirada podría delatarla. Cada paso que daba estaba finamente calculado, cualquier movimiento en falso la haría perder la concentración y tendría que buscar otro momento. Cuando estuvo lo bastante cerca, lo rebasó sin darle tiempo de detenerse y se detuvo en seco provocando que él tropezase con ella.
- ¡O, maldición!- exclamó al fingir que su libros habían caído a consecuencia del percance.
- Lo… lo siento mucho.- dijo Jasiel muy apenado.- Yo… no esperaba que…
Lira se giró hacia él y sus ojos fulminaron por completo al chico, a quien le brotó una pequeña sonrisa instintivamente.
- ¡O, no! ¿Por qué tengo que regarla precisamente con las chicas más bonitas?- pensó.
- No te apures, fue culpa de ese tonto que viene arrollando gente. No se fija por dónde camina.- respondió Lira embistiendo con sus pestañas al parpadear.
La expresión de su rostro se fue transformando del enojo fingido a una sonrisa que le hizo destellar los ojos.
- Te ayudaré.- dijo Jasiel sin permitir que ella se inclinara a recoger los libros.
- ¡Ah, gracias! No tienes por qué molestarte.
- Para nada, por mí, encantado. Es mucho peso para ti, yo los llevaré, ¿vives cerca?
- Eres muy amable, pero traigo mi moto.
- Entonces te acompaño hasta ella, si no te molesta.
- Me sorprendes, ¿cómo te llamas?
- Jasiel Puentes, ¿y tú?
- Soy Lira Villarreal.

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