El fin

Ya me he cansado. No puedo más. Tienes que saber lo que siento. No puedo seguir como hasta ahora. Quizá sea por el intenso calor. Pero estoy agotado de espiarte, de seguirte a dónde quiera que vayas. Hace tiempo que me fijé en ti. En realidad, fue un flechado. Lo que se llama amor a primera vista. Cuando te vi, mi corazón se desbocó. Me entraron unos irresistibles impulsos de ir a abrazarte, de besarte, de amarte. Pero hasta ahora, por más que intento acercarme a ti, te evito. Todo lo que quiero hacer, fracasa. Si me acerco, acabo alejándome. Si quiero hablarte, te espío a través de las ventanas de tu casa. Yo vivía en otro lugar, con otra gente. Sin embargo, el destino me ha atraído hasta tu hogar. He abandonado todo. Mi familia, mis amigos e incluso una mujer a la que en realidad no amaba. Desde el primer día que te vi, te sigo. Me invento miles de palabras con las que podría dirigirme a ti. Con las que podría entablar una conversación contigo, pero no puede ser. Nunca ha podido ser. Mi familia vino a buscarme. Dicen que estoy loco, que me he perdido en mí mismo. Quizá tengan razón. Ahora lo único que sé, es que mi objetivo me parece imposible, inalcanzable. Un día estuve a punto de lograr dedicarte mis primeras palabras, pero algo ocurrió. Tu madre te llamó y yo tuve que esconderme. Ya hacía tiempo que empecé a colarme en tu casa. Sí, en tu casa. Pero todavía no había dado la cara. Ese día estaba en tu habitación. El día que tuve que esconderme más de lo que ya estaba, cuando tu madre interrumpió mis propósitos. Si no pude hacerlo aquel día, nunca podré hacerlo ya, pues ya estoy agotado. Ese aspecto cambió y también mi visión respecto a ti. Esto no es amor, esto es algo que me quita la vida. Tú, me quitas la vida. Me llevaron al loquero, decían que estaba loco, pero yo me escapé. Sí, esta misma mañana me he escapado. He andado la mayor parte del tiempo y al final he logrado llegar a tu casa. No me lo pienso dos veces y vuelvo a colarme, esta vez con propósitos bien distintos. Estoy decidido a encontrarte, pero algo de nuevo vuelve a fallar. Tú, no estás. Te has marchado, pero para mí alivio, oigo que cuando anochezca volverás. Suelto una risotada. Es cierto, tú eras estudiante. Lo sé por qué me he enterado de todo sobre tu vida, en mis frecuentes escondidas entre los muros de tu hogar. Por esa razón, no me extraña el oír que has tenido que marchar para buscar unas notas. Sí, pues ya terminaste el curso y seguro que con buenas notas, pues tú eras buena estudiante. A pesar de todo, sé que cuando tú llegues, no me atreveré a salir, de verte cara a cara. Sólo podré atacarte por la espalda. Sí, por la espalda. Pues tú me has destrozado la vida, has hecho que abandone a mi familia y a mis amigos y a una mujer a la que me di cuenta que realmente amaba y que ahora está con otro hombre. Has hecho que pierda la cabeza, me he vuelto loco. Así que en cuanto acabes de leer este relato, también seré un asesino.