El encuentro
Se deslizó sigilosamente por su habitación, la contempló por un breve instante, que no llegó a ser un minuto, y enseguida comenzó a besarla por todo su blanco y delgado cuerpo, la acariciaba de pies a cabeza como tratando de sentir cada centímetro de su piel, pronto ella comenzó a hacerle lo mismo. Las caricias y los besos fueron cada vez más y más intensas violentas y salvajes.
Ella daba la impresión de que se lo quería comer vivo y esa misma noche, él por su parte parecía que estaba lamiendo y disfrutando del helado más grande y sabroso del mundo, así estaban los dos dejando salir toda la pasión y el deseo que se tiene cuando se es adolescente.
Hasta que de repente se escuchó un grito
¡ Pedrito párate de una buena vez!
¡Que vas a volver a llegar tarde al colegio!
Por Francisco Pérez Camacho.

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