El Depredador (Cuento Infantil)
El Depredador (cuento)
Amanece en el monte, era una mañana húmeda como todas las de invierno, pero en estas latitudes el invierno es solo de nombre, porque al rato el sol calienta y queda como para rajar piedras.
Pero a estas horas de la mañana hay frío y el viento es tan helado que sientes que te cala los huesos.
En las hojas de los árboles -que no son muy grandes, pues es monte- y en las hierbas se advierte el rocío de la mañana, ese rocío que los pequeños animales del monte adoran pues aparte de comer aprovechan y toman un poco de agua a la vez.
De pronto se escucha un ruido de hojas secas y de ramas que se quiebran:
-Crash, crash… -los conejos, que a esta hora se alimentan y juegan, huyen despavoridos y esa veloz huida alerta a los pájaros que se alimentan en el suelo de los pequeños insectos que encuentran.
Y emprenden el vuelo hacia los árboles cercanos donde se cobijan entre las ramas.
Ellos ya saben que el ruido y la veloz huida de los conejos sólo significa el peligro de encontrarse con lo desconocido, que nada bueno puede
Traerles, y que cada vez se acerca más y más…
-Crash, crash… Y entre los matorrales aparece el enemigo, que no es un animal que habita en este monte.
Lo que los pequeños emplumados divisan es un animal muy extraño, sienten el peligro aunque no logran identificarlo… no es nada conocido, nada parecido a lo que están acostumbrados a ver.
No es un jaguar, no son jabalís que en manadas resultan un peligro para todo lo que se cruza en su camino.
No, este es un animal que mata por el placer de matar y no para alimentarse como lo harían los animales conocidos por ellos.
Se quedan quietos en el refugio de ramas y hojas de los pequeños árboles, y tampoco trinan pues su canto los podría delatar y serían descubiertos por este mortal enemigo.
Sus padres les han contado que se encontraron con este depredador pero muchos no vivieron para contarlo pues es implacable, le gusta segar la vida de toda criatura viviente, dicen que por deporte, ya que cuando mata deja a sus víctimas tiradas.
Los carroñeros son los que disponen de sus frágiles cuerpecitos.
Este es el enemigo común de las aves y de los pequeños mamíferos como los conejos, pero no parece ser tan peligroso.
A juicio del pájaro mayor es un aprendiz de asesino pues no trae el palo del trueno, un arma que usan estos asesinos -después de escuchar el trueno muchos caen y no vuelven a volar- dice el pájaro mayor.
No, éste animal es de dos patas, camina erguido y es de baja estatura, mientras él esté cerca ellos no podrán alimentarse.
De pronto se escucha una especie de rugido que los sobresalta, es la voz de un animal mucho más grande pero de la misma especie que el pequeño que está debajo de ellos.
Sólo escuchan algo que no entienden pero parece que lo llama pues el animalito de dos patas se retira, este rugido suena a algo parecido como esto:
-¡Hijoooo, ven, ya terminé de cortar la leña, vámonos por que tu mamá nos espera para desayunar!.
Y el animalito contesta con una especie de aullido:
-Ya vooooy papiiiii. Ya vooy, es que no encuentro mi tirahule.
- Vamos ya te haré otro.
Y la calma regresa al monte, los pajaritos bajan para seguir aprovechando la frescura de la mañana y a seguir buscando los insectos que les llenarán el buche para seguir con vida.
Siempre y cuando no los descubra el terrible depredador de baja estatura con su arma.
Por suerte esta vez estaba desarmado pues perdió el tirahule, si no, otro habría sido el destino de estos indefensos pajaritos.

