El cáliz de la maldad
Cinco años atrás.
A Lira le hubiera gustado dejar muy bien arraigada esa idea en el noble y completamente inocente corazón del niño, y en parte lo logró, mas no como ella hubiese deseado. En el pequeño corazón de Daniel sólo había bondad y sentimientos buenos. Él no era capaz de odiar a alguien. No sabía ni el significado de la palabra orgullo, soberbia o humillación ni entendía por qué, pues, trataba alguien tan querido como su hermana mayor de inculcarle algo con lo que él no tenía que ver. Por su mente de repente pasaban travesuras típicas de cualquier niño, pero nunca con la intención de hacerle mal a alguien.
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Era una mañana fría de otoño, hacía poco sol y soplaba un viento helado de ese conocido como el matacabras. Ese miércoles el descanso para tomar el lonche no resultaba del todo agradable para quienes no tenían un rayito de sol alumbrándolos, pero para un joven de tercer año de secundaria el frío no es obstáculo para disfrutar el momento en que no se estudia.
Ahora bien, el suceso del lodazal quedó enterrado en el mismo lodo, y no volvió a pelear, así los siguientes años pasaron casi desapercibidos para Lira, quien se dedicó de toda gana a la escuela. Le fue bien, siempre había tenido notas sobresalientes y la señora Ma. Clara se sentía orgullosa de ella, tanto que, al entrar en la secundaria la colmó de lujos que creía tenía bien merecidos. Muy pronto consiguió algo más que sus amigos, era además la adoración de los maestros. Si alguien se la ganaba, bien podía ser la persona más agradable del mundo, un encanto de mujer. Pero desdichadamente el orgullo creció junto con ella, sobretodo porque a la edad de catorce años gozaba de lujos que no todas las chicas de su edad pueden tener, tales como: dinero par compara cuanto se le antojara, ropa costosa, joyas, teléfono celular a la vanguardia y hasta una motocicleta de las más cotizadas.
Tenía aparte de todo, numerosas cualidades físicas: tenía un cuerpo esbelto y hombros gráciles, medía aproximadamente 1.65 m, sus pechos estaban erguidos y pronunciados, su cintura estrecha y curveada, su cadera a la medida exacta para no verse gorda ni flaca, sus brazos y piernas eran largos y fuertes y sus muslos voluminosos. Su piel aperlada le sentaba muy bien al negro de su cabello, que le colgaba en abundantes bucles a la altura de la cadera. Bajo sus larguísimas pestañas asomaban unos grandes ojos azules envidiablemente expresivos, su nariz fina y respingada estaba salpicada junto con sus mejillas del número exacto de pecas, ni una más ni una menos, sus labios gruesos y levantados parecían un botón de rosa a medio abrir, lo cual le sumaba mucho atractivo a su cara.
No faltaba un grupo en toda la escuela que no tuviese por lo menos un chico soñando con ella. ¿La querrían sólo por su hermosa figura, o por sus ojos, o también su personalidad era tan atractiva? No lo sabía, pero lo cierto era que podía considerarse la chica más codiciada de toda la escuela. Ella no lo ignoraba, y se alegraba por ello, como es natural en toda mujer, sin embargo, esto fue pasándose de la raya hasta convertirse en su diversión favorita. Comenzó a serle dulce el sabor de la soberbia. Se divertía a raudales cuando veía a los chicos que la pretendían sin apenarse porque todos lo notaran.
No obstante, a pesar del sinnúmero de personas que la apreciaban, parecía que ella gustaba de sentir el odio de la gente, pues, a causa de su posición social y económica, el orgullo que su padre con tanto esfuerzo había logrado implantarle de manera que él consideraba equilibrada, la fue transformando poco a poco en una chica vanidosa, engreída y altanera. Ella entendía que ser alguien de éxito equivalía a ser la envidia de la gente. Razón por la cual el enterarse de que había alguien que no la soportaba era para ella un halago porque ya sabía que se trataba de envidia. Dos de sus cualidades más sobresalientes fueron siempre su ingenio e inteligencia, que lamentablemente se valía de esta última sólo para hacer su voluntad, la cual generalmente era mala. Le gustaba despertar la envidia de las muchachas más populares y disfrutaba coqueteando con uno de sus pretendientes mientras observaba que otro de ellos se moría de celos.
Era normal que por ese camino acumulara enemigas de a montones. Lira Villarreal podía considerarse la mejor rival de chicas a las que apenas conocía; y algunas ni eso. Pero, como toda muchacha normal, tenía su lado tierno. Myrna, su prima, quien desde la infancia fue su amiga inseparable, era una de las personas que la apreciaban y se había ganado su amistad. Estudiaban en la misma escuela y se trataban, más que como primas, como amigas. Lira nunca habló mal de ella a pesar de que era totalmente diferente, ni permitió nunca que alguien más lo hiciera. ¿Sería acaso por defender el apellido o de verdad apreciaba tanto a su prima?
Quienes la conocían se atrevían a afirmar que lo segundo es lo correcto, pues las divertidas muchachas se dejaban ver juntas a cuanto lugar se les antojase pisar. Myrna estaba segura que, dentro de ella, había una buena muchacha que emergía a menudo. ¿Tan segura? Bueno, tal vez no totalmente segura, pero nada le derrotaba sus esperanzas. Pobre ilusa, quien quiera que cambie, yo no, nadie obliga a nadie.
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Era una mañana fría de otoño, hacía poco sol y soplaba un viento helado de ese conocido como el matacabras. Ese miércoles el descanso para tomar el lonche no resultaba del todo agradable para quienes no tenían un rayito de sol alumbrándolos, pero para un joven de tercer año de secundaria el frío no es obstáculo para disfrutar el momento en que no se estudia. Ahí se encontraban cuatro de las muchachas en un patio grande, sentadas sobre la mesa y con los pies apoyados en los asientos de piedra, luchaban constantemente contra las corrientes de aire, que intentaban de algún modo volarles la escasa falda que llevaban, y complacer así a algunos chicos que rondaban por ahí en busca de alguna chica que se dignara a coquetearles un poco.
- Mira, allá está.- le dijo Melisa a su mejor amiga con entusiasmo.- Y parece que se dirige hacia el chico que está detrás de nosotras.
Un chico bajito de estatura y de complexión un poco más que mediana se dirigía con la vista fija en la mesa que se situaba detrás de ellas.
Parecía un chico sencillo y humilde, su mirada era oscura, tranquila y amigable. Caminaba a pasos lentos, con las manos metidas en los bolsillos, mientras su rebelde cabello rubio oscuro se sacudía obedeciendo al aire más que a su dueño.
- No vayas a decir ninguna tontería si se acerca.- dijo Melisa temblando de nervios.
- No vayas a decir ninguna tontería si se acerca.- dijo Melisa temblando de nervios.
- Y ¿si no se acerca?- preguntó Ariana.
- ¿Te gusta el tonto de Jasiel?- preguntó Lira, dejando pendiente la conversación con Myrna para meterse en ésta.
- No es tonto.- se defendió Melisa.- Está guapísimo. Pero nunca me pela.
- Es una lástima.- dijo Lira mirándolo con poco interés.
- Pero no me pienso dar por vencida.- dijo Melisa irguiéndose orgullosa mientras volteaba a ver al chico con la esperanza de que éste le devolviera la mirada.- Perro terco se lleva el hueso. Pero ¿por qué no voltea? Si lo estoy viendo fijamente.
- ¿Y?- preguntó Lira.
- Pues yo leí en una revista que un tip para que el chico voltee a verte es mirarlo fijamente y llamarlo en silencio.
- No siempre funciona.- dijo Lira presumiendo sin querer.- A veces yo quiero mirar disimuladamente a un chico y voltea aunque yo no quiera.
- Es que tienes la vista muy pesada.- respondió Ariana.- Y tú no, Meli.
Melisa, derrotada torció la boca. En ese instante, Jasiel se volvió y la miró por unos instantes. Ella bajó la mirada inmediatamente y algo nerviosa se apresuró a marcharse de ahí.
- Pobre.- le susurró Lira a Myrna cuando la joven ya no podía escucharlas.- Cree que todo es tan fácil cuando sólo lo es para quienes tenemos el don de conquistar chicos.
- Ajá.- se burló Myrna aunque para sus adentros sabía que su prima tenía razón.
Miró un poco a Melisa, quien ya se encontraba lejos y sus piernas ahora sí realmente parecían dos hebritas colgando de la falda, y tratando de darle por su lado a la desafortunada le dijo a su prima:
- Melisa no es fea
- No, sólo se equivocó de planeta.
Myrna no pudo evitar una agudísima carcajada. Los que se encontraban en el patio voltearon a verlas, Lira les sonrió:
- Chiste local.- les dijo algo abochornada mientras Myrna todavía ahogada por la risa la empujaba cariñosamente del hombro.
Era tan gracioso lo que presenciaban que Myrna podía difícilmente contener la risa, mientras Lira se deshacía en carcajadas que ahogaba tapándose la boca con la mano. La ingenua joven enamorada comenzó a caminar, moviendo sus hombros y su cadera esqueléticos al pasar frente al salón al que había entrado el chico por el que suspiraba. Pero la pobre nunca había intentado algo semejante y su “coqueto caminar” se parecía más a un baile, lo cual resultaba cómico y tan llamativo que Jasiel volteó a verla involuntariamente.
- Esa niñita necesita unas pequeñas lecciones de ligue, que yo le daré con todo gusto.- pensó Lira forjando en su mente un plan maquiavélico.
Tan pronto como sonó el timbre que anunciaba que las clases terminaban, Lira se levantó de un salto y se llevó en la mano los libros que quedaban afuera y su lapicera con su personaje favorito. Salió precipitadamente del salón y no se fue con Myrna como de costumbre, sino que se apresuró al salón en el que sabía encontraría al príncipe de su compañera. No le fue difícil llegar a él, pues el salón se encontraba frente al suyo. Esperó pacientemente fuera de su vista hasta que el maestro dio la orden de salir. Como manada de caballos salieron los chicos ansiosos por terminar la jornada obligatoria. Ahí estaba, a no más de tres metros de ella. Caminaba como siempre, con las manos metidas en los bolsillos como si quisiera esconderlas y con la cabeza gacha. Parecía no importarle ser el blanco de burlas por ser diferente a los demás, aunque parecía hacerlo adrede. Ningún chico salvo él se peinaba con el apartado por en medio y tan chueco, ni caminaba tan despacio, y menos se colgaba la mochila de un solo lado como lo hacían las chicas. Sin embargo él lo hacía sin importarle que algunos pensaran que bateaba del otro bando, otro pensaban que estaba acomplejado y nadie se compadecía de él y lo ayudaba a vestirse bien, pues ni su mochila anaranjada, toda raída y cubierta de pegamento, con algunas de las calcomanías de sus anteriores dueños todavía pegadas aunque fuese de un extremo, ni los zapatos tan pasados de moda iban con los gustos de las chicas, excepto por una.
Pobre, ¿qué le habría visto Melisa salvo sus bonitos ojos oscuros y su espalda ancha? Tal vez el corazón porque cierto era que el carácter del chico era tan transparente que no se necesitaban más de tres días para conocerlo a plenitud.
No era mucho lo que pedía, pero se dirigió a él, procurando cuidadosamente de que su juego no fuese descubierto, se acercó a él con mucho cuidado de no mirarlo directamente, pues sabía que su mirada podría delatarla. Cada paso que daba estaba finamente calculado, cualquier movimiento en falso la haría perder la concentración y tendría que buscar otro momento. Cuando estuvo lo bastante cerca, lo rebasó sin darle tiempo de detenerse y se detuvo en seco provocando que él tropezase con ella.
- ¡O, maldición!- exclamó al fingir que su libros habían caído a consecuencia del percance.
- Lo… lo siento mucho.- dijo Jasiel muy apenado.- Yo… no esperaba que…
Lira se giró hacia él y sus ojos fulminaron por completo al chico, a quien le brotó una pequeña sonrisa instintivamente.
- ¡O, no! ¿Por qué tengo que regarla precisamente con las chicas más bonitas?- pensó.
- No te apures, fue culpa de ese tonto que viene arrollando gente. No se fija por dónde camina.- respondió Lira embistiendo con sus pestañas al parpadear.
La expresión de su rostro se fue transformando del enojo fingido a una sonrisa que le hizo destellar los ojos.
- Te ayudaré.- dijo Jasiel sin permitir que ella se inclinara a recoger los libros.
- ¡Ah, gracias! No tienes por qué molestarte.
- Para nada, por mí, encantado. Es mucho peso para ti, yo los llevaré, ¿vives cerca?
- Eres muy amable, pero traigo mi moto.
- Entonces te acompaño hasta ella, si no te molesta.
- Me sorprendes, ¿cómo te llamas?
- Jasiel Puentes, ¿y tú?
- Soy Lira Villarreal.
Nunca había escuchado ese nombre pero de antemano sabía que era el más hermoso.
- Yo…- dijo Jasiel torpemente, se le podía escapar una buena oportunidad de charlar con ella.- Recuerdo que ya te había visto antes, pero no te conocía. Estás en tercero “C”, ¿verdad?
- Exacto, ¿cómo lo sabes?
- Nuestros salones están uno frente al otro.
- Muy observador.
- La verdad soy muy distraído, pero tratándose de ti, a cualquiera le llamas la atención.
¡Qué tonto! La defequé, como siempre, pensaba. ¿Por qué nunca podía refrenar su lengua cuando era más preciso? Pero la chica no pareció molestarse y ni siquiera se turbó, por el contrario, su alegría se hizo más evidente y le dirigió una dulce mirada.
- Gracias. Hay pocos caballeros como tú.- le dijo.
- Favor que me haces.- respondió Jasiel impaciente por seguir hablando con ella.
- Bueno, me dio mucho gusto conocerte.
- ¡O, no! Todavía no te vayas.
- Quisiera corresponder a tu caballerosidad, ¿cómo puedo hacerlo?- preguntó Lira al ver que el chico se ruborizaba.
- Tal vez si me permites invitarte a tomar un refresco.
- Me parece muy bien, pero ahora no puedo. Tengo muchísima tarea.
- ¿Puede ser mañana?
- Mañana, pues.
- Yo invito.
- De acuerdo… trato hecho.- Lira le tendió la mano, y al despedirse, lo besó en la mejilla, entablando así de manera fácil una amistad.
- Yo… te veré mañana.- murmuró Jasiel con voz muy queda.
La chica iba lejos pero se volvió y agitó la mano suavemente.
Una mirada se hacía sentir notablemente. Jasiel no cesaba de voltear de cuando en cuando al salón que se hallaba frente al suyo, buscando encontrarse con la mirada de aquella chica bonita que conoció el día anterior, y con quien ahora tenía una cita. ¡O, qué bien! Mira hacia donde estoy yo, por favor. Melisa, quien no estaba enterada de lo que ocurrió el día anterior, comenzó a pensar que su coqueteo había dado resultado.
- Mira, Ariana.- le dijo a su amiga.- Jasiel no deja de voltear para acá.
- Ya me di cuenta.- contestó Ariana. Su tono parecía más realista e irónico que el de Melisa.
- No me mira directamente a mí. ¿No crees que disimula muy bien?
- De más.- se acomodó un poco su cabello castaño, tan rebelde que siempre parecía que se acababa de levantar, se miró las manos y torció la boca un poco molesta por tener que ser tan franca. ¿Por qué era tan ingenua su amiga? Tal vez ella estaba destinada a cuidarla. Carraspeó disimuladamente y luego sacudió la cabeza.- Mira, Meli, lamento decepcionarte, pero si ves a quien está detrás de ti, te darás cuenta de que ese chico mira a alguien más.
Melisa arrugó la frente esperando una explicación más satisfactoria, y se volvió incrédula hacia atrás para comprobar lo que su amiga le decía. Jasiel miraba a Lira sin despistar y no apartó su vista de ella hasta que ésta volteó a verlo. Por fin, le había costado mucho trabajo llamar su atención. No veía el momento en que las clases terminaran y por momentos se sentía con ganas de contar los segundos y los minutos que faltaban para la salida. Él le saludó agitando la mano efusivamente y los ojos de ella soltaron un brillo de triunfo. Entonces le respondió con una amplia y coqueta sonrisa que le marcaba un pequeño hoyuelo al lado de la boca, y un ligero ademán que le contestaba tan cordial saludo. ¿Qué les parecía a aquellas muchachas a las que no les hacía gracia alguna? Ese par de ridículas que se sentaban cerca de ella. La mustia naca, pelos de estropajo sucio y la mantis religiosa de su amiga que creía caminar como toda una modelo profesional. Las miraba por el rabillo del ojo mientras tomaba nota de la clase de biología, y agradeció en ese momento que las orejas humanas no se movieran al aguzar el oído, tal como las de los gatos, para escuchar pláticas ajenas.
- Ayer lo llama tonto y hoy lo saluda como si fueran amigos de hace años.- dijo Ariana sin reparar en el grado de decepción que tenía su amiga.
- Yo no sé qué tanto puede verle Jasiel a ella.- respondió Melisa contrariada por el comentario de su amiga. Pensó un poco y luego cambió su expresión por otra más relajada, aunque todavía molesta.- No, no creo que sean novios, y no tengo nada que envidiarle.
- Yo no he dicho nada, pero me late que si no te pones alerta sí te lo quita.
- Ya no me fastidies, Ari. Mejor ayúdame, ¿no? Con esos ánimos Jasiel va a andar con ella para mañana.
- Pues…
- Tú no tienes nada de qué preocuparte, a Lira no le gusta Luis Mario. De hecho no creo que tengas competencia.
¿Qué quiso decir con eso? Claro, lo llamó feo.
- Déjalo en paz.- lo defendió Ariana, sin soportar que hablen así de su galán.- Yo no critico a Jasiel y no es la octava maravilla.
- Pero por algo Lira le hace caso a él.- dijo Melisa algo orgullosa de sus gustos.
- Claro, para fastidiarte.
- Pues si se le pone fastidiarte a ti, y se entera de que Luis Mario te gusta, se pondrá a coquetear con él, y ese con la que le mueva el tapete va.
- Que se atreva a ponerle los ojos encima y me va a conocer enojada.
Ariana mostró los dedos arqueados con las uñas de las que tan orgullosa se sentía por llevar una semana entera sin mordérselas.
- Sí, claro. Eso decía yo y ya ves.- respondió Melisa algo derrotada.
Toda la clase se encontraba excepcionalmente platicadora. Había un ambiente difícil de soportar, algunos de los muchachos transpiraban después de regresar de una aventura que habían tenido unos momentos antes al escapar de la clase anterior, y regresar corriendo para esta clase, que tenía en particular algo de interesante. La mayoría de las chicas comenzaron a dar aire con carpetas y una de ellas sacó un perfume y roció un poco al aire tratando de atenuar el olor a sudor que asfixiaba el salón. Una calma invadió el aula de pronto, y el barullo que se armaba en el salón se vio interrumpido por la llegada de la maestra, cuyos tacones se dejaron oír por el pasillo.
La maestra de historia era una mujer chaparrita, regordeta, usaba el cabello corto y teñido de rubio. Saludando con una graciosa reverencia que acostumbraba hacer con la cabeza, entró al salón y dio comienzo a su clase. Llegó al escritorio, y después de ordenar que se prendiera el aire acondicionado, tomó su lugar en la silla, luego la pluma, pasó asistencia con toda calma y por fin el momento que todos esperaban con ansias. Sacó de su maletín un montón de hojas.
- Bien, chicos, voy a darles los resultados del examen. ¿Recuerdan el premio para quienes salieran bien?
Su voz era algo chillona pero muy cariñosa. Los muchachos rieron en sus narices, recordaban perfectamente que el grupo de tercero “E” había sido premiado por haber sacado el primer lugar en el concurso del periódico mural de toda la escuela, y se le llevaría al Centro Cultural Alfa, sin embargo, era el salón que menos alumnado tenía, y debido a que sobraban veinte lugares, se decidió que veinte alumnos de tercero “C”, que habían obtenido el segundo lugar, irían al paseo.
- Pues les tengo una buena noticia y a la vez mala. Me da gusto decir que todos salieron muy bien en el examen, no hubo reprobados, pero lo que no me da gusto es que, como sólo hay lugar para veinte personas, salir bien no será suficiente, irán a los que les fue excelente.
- ¿Quién sacó la más baja calificación de los que van a ir?- se escuchó al fondo del aula.
- No voy a decir quién, muchachos.- dijo la maestra disfrutando de ver la intriga en los rostros de los muchachos.- Pero les diré que sacó 91.
¡Qué bien! Ya estuvo que la empalagosa de Lira quedó entre los premiados y va a ser estorbo, sobretodo si lo que acabo de ver es lo que pienso. Fue el pensamiento de Melisa, que su mejor amiga compartía. La maldita tiene una suerte de Pánfilo Ganso, siempre le va bien y cuando hay examen nos dice que no estudió. Sabrá Dios cómo le hace, tal vez sabe copiar muy bien, aunque no hay lugar para dudar que coqueteando con los maestros logre algo. Sería bueno que las repuestas se le hayan corrido y que le baje el resultado. Melisa no retiraba la vista de la maestra. Quería captar cada una de sus palabras con la mayor rapidez posible. No estaba totalmente segura de sus respuestas pero sí de haber aprobado el examen. Esa era su oportunidad, si ella quedaba entre los que no tendrían clases al día siguiente para ir al Alfa, tendría una buenísima oportunidad de granjearse a Jasiel. Era un chico muy vulnerable y le molestaba admitirlo pero algo tonto, era más que fácil hacer amistad con él, sería presa fácil. Se sonrojaba pero emocionaba cada vez que una chica se le acercaba y trataba de hacerle plática, por muy fea que estuviese, ¿tendría ella la suerte de gustarle más que las anteriores? Quién sabe, apenas probar, ¿y más que Lira? Claro, la belleza está en el corazón solamente, al menos eso creía. Por favor, maestra, mencione ya mi nombre y diga que saqué al menos 91. Cada vez que se pronunciaba el nombre y la calificación de alguno de los alumnos, temblaba de pies a cabeza y se le helaba la sangre mientras se moría de la impaciencia por escuchar su nombre y nota.
Lira, por su parte, sentada con las piernas cruzadas y el cabello descansando en manos de Myrna, quien se entretenía jugando con él, se limaba las uñas con tal despreocupación que parecía lo hacía para desafiar al hecho de cometer errores en el examen. Se veía tan segura de que ese paseo estaba prácticamente en su bolsillo. Alguien tan inteligente como ella no tenía por qué gastar angustias en un examencillo como ese, por el contrario, sabía que tenía el premio bien merecido. No, no era como todos pensaban: que se la pasaba media tarde en el baño y frente al espejo y media tarde paseando con sus amigas, y a la hora del examen no tenía más que sonreírle al profesor o apoyarse en el escritorio, dejando que sus pechos comprimidos asomasen por el escote de la blusa uno o dos botones desabrochados, y él sabría lo que tenía que hacer para que ella se dejara cachondear por él después, y si era maestra no tenía más que barbearla durante los cinco días anteriores al examen y fingir que había estudiado mucho para su clase en especial. No. No era verdad, eran sólo rumores que inventaban quienes le tenían envidia. Su padre le había enseñado técnicas muy eficientes para estudiar, además, las ganas eran todo lo que necesitaba para obtener sus calificaciones. Si su esfuerzo había sido suficiente y el examen le había dado risa en lugar de nervios no tenía por qué preocuparse. El paseo era algo adicional a sus pensamientos.
- Ariana Vázquez.- dijo la maestra y la llamada acudió por su examen.- 91, ¡yes, soy yo!
- Karina Ashley.- 83.
- María Fernanda Vineza.- 93.
- Lira Villarreal, felicidades, 100.- Lira se levantó de su asiento como si nada fuera de lo común hubiera pasado y sólo sonrió a Myrna y le guiñó un ojo.
- Myrna Villarreal, felicidades, 100 también.
Myrna, contraria a Lira se acercó con la maestra con las mejillas rojas y al mirar a su prima ésta le levantó el pulgar en señal de buen trabajo.
-Tadeo Medina.- 94.
-César Elizondo.- 87. Con mirar el rostro de cada chico era suficiente para saber si iría o no. Sólo de Lira y Myrna se sabía aún antes de tomar el examen que irían.
-Melisa Mireles.
-¡89! ¡Maldición, por dos puntos! ¡Sabía que tenía mal esa pregunta!- se quejó Melisa con su amiga totalmente derrotada. Ahí podía ver que iba la oportunidad que ya hacía suya sin poder hacer algo para alcanzarla.
-Espera a que te dé revisión.- la tranquilizó Ariana.
¡Sí! ¡Eso era! Ahí estaba de nuevo su oportunidad. Una respuesta de la que estaba segura de su acierto se la habían tachado, valía dos puntos la pregunta, justo lo necesario para empatar con Ariana y conseguir a fuerzas un lugar. Esperó porque no le quedaba de otra para que la maestra expusiera su clase y después diera la llamada para revisión. ¡Cinco minutos, no podía más! Sentía que el asiento le quemaba el trasero y que los dientes le partirían en dos la lengua de tanto temblar. Por fin “quienes quieran revisión” había comenzado a decir la maestra y Melisa ya estaba a un lado de su escritorio.
- ¡Qué raro!- dijo la maestra.- Juraría que tenías la pregunta en blanco. ¿Me prometes que no la acabas de contestar?
- Se lo juro, maestra, no he hecho trampa.-se defendió Melisa asustadísima.
-Está bien, lo tomaré en cuenta.- a la joven le dieron ganas de abrazarla.- Pero mira que tu respuesta está incompleta aún. Voy a regresarte la mitad de tus puntos.
-¿Noventa? ¿Entonces no me alcanza el puntaje para ir al Alfa?
-Y aunque lo alcanzaras, tendríamos que hacer un sorteo entre las tres que sacaron 91. El camión irá lleno.
Ahí iba ahora su segunda oportunidad, casi la veía salir por la puerta, sacándole la lengua y riendo a carcajadas. ¿Por qué le tenía que suceder eso precisamente a ella? Se aburriría al día siguiente como ostra, pues Ariana había estado entre los afortunados. Cuídamelo bien, Ari. Eres mi única esperanza de que ese hipopótamo encorsetado no vaya a terminar como su novia en ese viaje. El hipopótamo encorsetado miraba su examen con esa sonrisa tan profesional que parecía nunca desaparecería de su boca. Ni modo, tendría que esperar el próximo año y echarle muchas ganas en el periódico mural. La verdad era que no sólo le emocionaba ir con Jasiel. Nunca había visitado el Alfa con sus compañeros de la escuela. Tenía tantas ganas de subir al aparatito ese que te para los pelos. Los chicos que trabajaban ahí estaban guapísimos.
Al sonar el timbre, el patio de la escuela se vio invadido por una estampida de muchachos ansiosos por salir, que provenían de las aulas. Un chico en especial tenía mucha prisa hoy por abandonar su aula e ir al patio de la escuela. Cuando Lira salió tranquilamente de su salón ya le traía una buena noticia, y bueno, ella estaba esperándolo con otra sorpresa más interesante.
- ¿Recuerdas que el grupo que ganara por el periódico mural lo iban a premiar?- le preguntó el chico emocionado y añadió para sus adentros.- Sería magnífico que pudieras ir. Sólo eso le falta al paseo para que sea totalmente divertido.
- Sí, y recuerdo que ganó tu grupo.- contestó Lira fingiendo envidia.
- Pues resulta que nos van a llevar al planetario Alfa.
- ¿Me estás presumiendo, o me estás invitando?- preguntó Lira insinuante.
- Me encantaría invitarte si pudiera.
Lira lo miró con expresión de aburrimiento que se fue transformando en aquella sonrisa picarona que Jasiel no soportó mucho tiempo.
- Algo pasa, ¿qué significa esa sonrisa tan bonita?- preguntó todo turbado.
- Pues que te tengo una noticia.- contestó Lira sin dejar de sonreír.- Como tu grupo es pequeño sobraban veinte lugares, así que la directora decidió que los veinte mejores de mi grupo los acompañen a ustedes. Pues bien, mi profesora de planta es la de Historia, y ayer tuvimos un examen, y la profe dijo que irían con ustedes los veinte que salieran más altos del grupo. ¿Cómo la ves?
¡Sí! ¡Eso era todo lo que el chico necesitaba oír para terminarse de alegrar el día! Pero ¿estaba ella entre esos veinte? Bueno, apretó la boca hasta que se le escapó la risa y dijo:
- Genial, ¿y tú vas a ir?
- Por favor. A mí los exámenes me hacen los mandados.
- ¡Doblemente genial!- exclamó Jasiel sin poder controlar su alegría.- ¡Ahora sé que se cumplen los deseos si los deseas realmente!
Lira estiró sus largos brazos hacia arriba y luego hacia atrás, bostezó discretamente y dijo con la voz un poco ronca:
- Será mejor que me vaya a descansar a mi casa. Me dormí a las doce de la noche haciendo una tarea y mañana voy a caminar mucho.
- Pe… pero tenemos una cita. ¿Lo olvidastes?- dijo Jasiel decepcionado.
- ¡O, Dios mío, qué tonta!- dijo Lira muy apenada.
- Tienes que darte un descanso de vez en cuando.
- Ya me lo daré mañana.
- Es sólo un refresco.- imploró Jasiel.
- Bueno, un refresco no me vendría nada mal.
Jasiel sonrió radiante y tomando su mano en un gesto infantil la llevó a la refresquería de la vuelta, donde pidió una malteada de vainilla para él y un aguanieve de toronja para su hermosa acompañante. Chocó sus manos emocionado y las frotó nerviosamente mientras les traían su pedido. ¿Qué pasa? No puede ser, entonces es cierto lo que Ariana decía ayer. Alguien estaba junto a la barra a siete sillas de ellos y los observaba con el estómago cociéndose. No soportaba ver la facilidad con que esa muchacha de preciosos ojos azules y cabello rizado azabache lograba que los chicos la siguieran, y menos aún el ver que le diese resultado con un chico al que ella ambicionaba. No sabía si podría seguir soportando esa sonrisa de satisfacción que deseaba tanto se extinguiera. ¿Por qué no podía ella ser tan atrevida como Lira? Todos sus esfuerzos se iban por el caño, ¿por qué?, ¿por qué no se había dado cuenta antes que Jasiel se inclinaba por Lira? De haberlo sabido, un instante habría sido una pérdida de tiempo para ella, eso le hubiera dado valor suficiente para lanzársele ella primero. De hecho ese día se había propuesto no perderlo y había salido con prisa de su salón para interceptarlo en el patio e invitarlo precisamente a tomar algo en la refresquería en que se encontraban ahora. Pero por lo visto alguien se le había adelantado mucho antes.
Los observaba ahora, tomando su refresco cada quien y riendo de lo lindo, mientras Jasiel le contaba anécdotas de su niñez y Lira las reía de buen humor. De cuando en cuando a Jasiel le quedaba un pequeño bigote de malteada y ella se ofrecía a limpiárselo con la servilleta. Parecía una vil zorra, con la falda casi diez dedos arriba de la rodilla y la muy mojigata se la sostenía en cuanto venía un ventarrón. Pero bueno, pensó por un instante, ahora ya es demasiado tarde. No, se negaba, ¿por qué se lo iba a dejar? No estaba dispuesta a perder al chico que le gustaba así como perdía sus lapiceros, pero ¿qué podía hacer? Hubiese deseado que esa diva reprobara el examen, pero eso era casi imposible. Estaba enfrentándose con una de las alumnas más sobresalientes de la escuela y eso era de cuidado, pues sabía que ella era capaz de poner en su contra a cualquier persona, fuera alumno o maestro. Además, ¿qué armas podría utilizar contra una chica a la que todos tenían por bonita y con dinero?
La autoestima se le vino abajo, pero algo muy dentro le dijo que aún así, debería estar dispuesta a luchar hasta morir.
Por lo pronto su instinto le dijo que tenía que alejarse de ahí para poder sobrellevar el hecho de que uno de los bucles de la codiciada chica había caído sobre la mesa, mientras su dueña se agachaba para sacar una pluma de su mochila, y Jasiel sin poder contenerse lo acariciaba sin que ella se diese cuenta. Ahora qué hacía, ¿Jasiel tomaba la mano de Lira y le apuntaba algo en ella que no podía ser otra cosa que su teléfono? Esto era ya demasiado, tenía que alejarse de ahí, o vería demasiado.
Caminaba solitaria por la acera de enfrente cuando escuchó de nuevo aquella risa que tanto la irritaba, y al voltear divisó al par de adolescentes que caminaban muy cerca el uno del otro sin que Jasiel se atreviera de nuevo a tocarla. Se dirigían a la motocicleta de Lira, que había quedado estacionada en el jardín de la escuela, y Lira se aplicaba un poco de acondicionador de labios indeleble de los más caros que había, con olor a cereza.
- La verdad ese aguanieve me vino mucho mejor de lo que esperaba, amigo, de verdad te lo agradezco.- dijo Lira.
- Tal vez deberíamos ir más seguido.- dijo Jasiel tratando de parecer seductor. A Lira le provocó mucha risa su intención, pero asintió con la cabeza de una manera tan graciosa que Jasiel no la podía dejar ir.
- ¿Estás segura de que no puedes llegar un poco tarde a tu casa? Voy a casa de un amigo que vive cerca de aquí, me encantaría que me acompañes. Su papá compró ayer una mesa de billar y de hockey y vamos a jugar un rato. Te enseñaré a jugarlo.
-Eres muy amable, pero ya tuve muchas emociones para hoy.
-Tienes razón, yo también quiero terminar la tarea para no tener trabajo mañana. ¿Mañana pues?
-Mañana me reuniré con mis amigas en mi casa después de ir al Alfa.
-Pasado mañana, eso sí no creo que tengas excusa.
-No.- admitió Lira inclinando un poco la cabeza hacia un lado de tal manera que a Jasiel le dieron ganas de besarla.- No la tengo. Pasado mañana, entonces. No olvides recordármelo.
-Y… ¿no me… das tu teléfono?- respondió él nervioso.
Lira meneó ligeramente la cabeza y respondió:
-Mejor yo te llamo.
No debía pensarlo dos veces, si no se iba ahora no se iría y le dolería mucho verla partir y observarla hasta desaparecer tras la esquina en su motocicleta.- Adiós.
Y sin olvidar el beso se despidió de su coqueta amiga.
¿Qué le pasaba?, ¿por qué caminaba justo en la dirección contraria de la que vivía su amigo? Se sintió ridículo al darse la media vuelta para volver a su camino. Pero es que nunca había sentido lo mismo por otra muchacha, es más, jamás se imaginó que existiera una chica tan bonita como Lira, y menos que le correspondiera. Haría su voluntad, lo que ella le pidiera, era tan bella que sentía necesidad de verla, tenerla cerca todo el día, pero ya habría oportunidad al día siguiente. ¿Aceptaría ser su novia? ¡Error! Se estaba apresurando demasiado. ¡Es que se le hacía tarde para ello! Ni hablar, tendría que esperarse si de verdad quería lograr lo que se proponía. Bueno, estaba caminando por el parque con las manos en los bolsillos y para cuando acordó ya estaba frente a la puerta de la casa de Luis Mario.
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Con el corazón en la garganta Melisa se acercó a donde Lira y sus amigas solían ir a engullir sus lonches. Trataba de engañarse a sí misma pensando en que su rival podría mostrar escrúpulos si se hablaba con ella por las buenas, pero no sabía cómo hacerle comprender que lo que estaba haciendo era muy cruel sin que se burlara de ella. Lo tomaría como un juego. ¡Ah, qué considerada es esa niña!, pensaría Lira, de seguro es tan leal que va a dejar que el chico se quede con la que él quiere y sacrificará el amor de su vida con tal de verlo feliz. Y como yo soy la elegida lo dejará ser feliz conmigo. Eso es amor verdadero. Sí, eso pensarían de ella todos, y sabía que lo haría. ¡Un momento!, ¿por qué habría de hablarle de buenas maneras a esa tipa pedante y malvada?, ¿acaso lo hacía ella? No, era tan sarcástica como nadie. No merecía que se le hablara como a una persona razonable. Había cambiado de opinión, si nadie se había atrevido a decirle sus verdades en su cara ella lo haría. Sabía de sobra que estaba a punto de sufrir una humillación y que conseguiría nada. Pero con esos pensamientos llegó hasta donde aquella dichosa chica platicaba alegremente con sus amigas. Era detestable para ella ver cómo el cabello le caía en rizos sobre las mejillas cuando agachaba la cabeza y reía, era vulgar esa carcajada un tanto ahogada que dejaba oír ante los chistes de la payasita del grupo. Pero más que nada, detestaba esas enormes uñas que maestros y alumnos le chuleaban a pesar de estar prohibidas por el reglamento. Pintadas a veces de rojo, a veces de dorado, de negro o hasta de puro barniz transparente. “Como sea se ven geniales”, le solían decir cuando se daban cuenta de que era lo primero que se apreciaba cuando hacía algún ademán, pero ella misma opinaba que se veían horrendas, sobretodo cuando las traía pintadas de negro, parecía haber rascado el lodo.
Sintió rabia al ver que daba un grito escandaloso cuando un chico del salón que se sabía loco por ella se le acercaba por la espalda intentando meterle un hielo por el escote de la nuca. Eso la armó de valor y olvidó en ese instante la apacible conversación en buena onda que tenía preparada para ella, y trató de disimular su enojo y verse algo sarcástica para evitar que su adversaria se divirtiera con ella. Se acercó al grupito de chicas que se ponían de acuerdo para el paseo que estaba próximo y trató de meterse en la conversación. Las palabras de las chicas iban y venían, silbando por los oídos de la joven pero ninguna de las que ella dejaba oír tenían respuesta. Esto era peor que la burla. Nadie la escuchaba siquiera, parecía no existir. Comenzó a inquietarse e hizo un esfuerzo por permanecer ahí.
- Ni al caso.- escuchó que murmuraba una de las muchachas con tono sangrón.- ¿Qué quiere Melisa con nosotras si ella ni siquiera va a ir al Alfa?
Te escuché, sangroncita, quiso decirle Melisa, pero se aguantó, no es contigo con quien vengo.
Lira, por otro lado, se limitó a mirarla con una sonrisa forzada mientras todavía trataba de adivinar de qué platicaría con Jasiel en el paseo. La mirada de la chica que se le acercaba era de pocos amigos y Lira lo notó después de un rato.
- ¿Se te ofrece algo, Meli?- preguntó en el tono más cordial que su hipocresía le permitió.
- Nada.- atinó a responder Melisa.
Lira cerró un poco más sus labios y siguió con la plática.
- Ya te vi, Lirita.- dijo Sonia.- Tienes al Jasiel cacheteando el pavimento.
- ¡O, no!- exclamó Lira agarrándose las mejillas parodiando a una niña tímida.
Todas le rieron la gracia menos Melisa.
- ¿Qué tanto te decía hace rato?- preguntó Raquel.
- Que él se encargaría de darme una gira personal por el Alfa, que lo conoce como la palma de su mano.- por primera vez se le veía algo de entusiasmo.
Todas soltaron un aullido pícaro.
- ¿Y te gusta?- preguntó Sonia, quien no perdía detalle de los chismes.
- Sony, esas preguntas no se hacen.- respondió Raquel mirando picarona a Lira.
- Es que a veces, y desgraciadamente.- admitió Sonia.- Los chicos que se te insinúan son los que no te gustan. Y el que te gusta le corresponde a otra.
- Pues sí, a veces eso sucede. Pero no conmigo.- suspiró Lira como si fuese de lo más normal.
- Entonces, ¿sí te gusta?- insistía Sonia.
- Terca, pues ¿no es obvio?- Lira no se aguantaba la risa.
- Pues a mí no me gusta Jasiel.- le reprochó Myrna, quien conocía su juego.
- ¿Por qué no? Está muy guapo.- se metió Melisa muy incómoda por la plática pero llena de curiosidad por escucharla.
- Sí, lo está.- admitió Myrna.- Pero es algo… tonto.
- ¡Tonto no es!- se apresuró a defenderlo Melisa y luego se trabó buscando las palabras apropiadas.- Sólo es… ingenuo.
- Quizá por eso sucumbió a tus encantos, Lira.- dijo Sonia sin saber lo que hacía.
- Sí, y es tan ingenuo que hasta se ve tierno.- agregó Myrna.- Ese tipo de chicos, cuando se enamora, se ilusiona de verdad.
- Lástima que a veces la muchacha sólo quiera jugar con ellos.- dijo Melisa mirando a Lira cual si fuese el acusado.
Lira se sordeó y trató de cambiar el tema.
- ¿Alguna de ustedes piensa ir el sábado al Pelícano?
- ¡No les había contado, chicas!- exclamó Raquel triunfante.- Pero hace unos días Tadeo me invitó a ir a bailar ahí. Yo pensé que nunca lo haría. Es increíble.
- ¡De verdad!- se entusiasmó Myrna.- Te ha de querer mucho para que vaya a un baile sólo por ti, ahora sí, enséñale a bailar. Tantos años de novios y nunca bailan.
- Me da envidia.- bromeó Sonia.- Se ve que te quiere mucho.
- Es chido cuando las parejas se corresponden.- dijo Melisa volviendo al tema.- No como cuando uno de los dos usa al otro para pasar el rato como alguien que conozco.
Volteó a ver de nuevo a Lira. Nadie rio, antes bien miraron a Lira con pena ajena y tragaron saliva a la vez.
- A mí no me miren.- se defendió ella.- Yo hago lo que puedo.
Todas rieron menos Melisa.
- Pero yo no sé por qué lo haces si todas sabemos que no te gusta.- le reprochó.
Lira comprendió lo que su compañera quería, y ya esperaba una reacción así. Es más, de antemano tenía pensada la respuesta que le daría, así que le contestó:
- Mira, yo no lo busco, él me busca a mí.- como si eso fuera una excusa suficiente.
Todas las presentes dejaron oír una expresión de pena, lo cual no pasó desapercibido a los oídos de Melisa, a quien ya nada le daba más miedo que perder a Jasiel.
- No, él no te sigue.- la contradijo.- Tú eres la coqueta con él y no lo niegues. Te encanta traer a los hombres atrás de ti, se te nota.
Lira comenzaba a molestarse. ¿Qué pretendía Melisa al acusarla?
- Mira, mija.- le dijo tratando de parecer mayor.- No sé cómo tienes la desfachatez de arrimarte aquí, con mis amigas, sin que nadie te haya invitado, y encima de todo venir a reclamarme algo que sólo es mi asunto.
- No sólo es tu asunto. Nadie te dice lo mala onda que eres con al gente.
- ¿Y eso a ti qué te importa? Yo le hablo al chico que se me pega la gana.- le respondió poniendo una cara semejante a la de alguien que tomó medicina muy amarga.- No te afecta en nada.
La risa algo sonora de las chicas irritó aún más a la quejumbrosa, quien no iba a consentir en que se burlasen de ella. Mucho había batallado para vencer su timidez y acercarse al grupo de esas fresitas.
- Es que no se vale, Lira.- le dijo.
- No se vale ¿qué cosa?
- Lo que estás haciendo con Jasiel. Él no te quiere realmente, está encaprichado contigo.
- Me parece que estás celosa.- respondió Lira con una tierna sonrisa.- Sí, eso debe ser, te gusta Jasiel y estás muy ardida porque no te hace caso.
- A mí me hará caso cuando yo quiera.- dijo Melisa roja como catarina.- Y ya te descubrí… sólo estás ligando con él para molestarme.
- Me cae bien el chico.- dijo Lira asintiendo.- Si Jasiel te gusta y me prefiere a mí, ni modo, perdiste. Él es quien decide a qué personas hablarle, pero eso no quiere decir que está todo perdido. Tú estás en tu derecho de ganártelo. Yo no voy a oponerme, adelante. Ni siquiera somos novios. Ya quiero ver que te haga caso.
- Pues lo verás.
- De acuerdo, lo tendré en cuenta ahorita que lo vea en el Alfa. Te platicaré todos los detalles, cuenta con ello.
- ¿Por qué eres tan sarcástica?
- Vámonos, chicas.- dijo Lira recogiendo su bolsa de mano.- Prefiero oír los sermones de la directora.
- Caes mal, Lira, ¿no te has dado cuenta?
- Yo no, ¿y ustedes?
Se dirigió al grupo de amigas, quienes se encogieron de hombros.
- Dime de una vez, Meli. ¿A qué viniste?, ¿a reclamarme que Jasiel y yo nos llevemos tan bien, o a advertirme que vas a luchar hasta lo último por él?
- No sé cómo te crees tanto porque un chico se te insinúe.
- Por uno no me creo mucho.- miró a sus amigas, guiñándoles un ojo.- Pero por unos veinte sí.
Todas soltaron la carcajada.
- Te… te crees la Venus del Nilo.- dijo Melisa sin poder hacer ya nada.- Y mírate, estás hecha un hipopótamo.
- ¡Eh, bájale a tu cuento! Te quieres llevar.- le advirtió Lira.
- Te caló, ¿verdad?- se jactó Melisa de haberla fastidiado.
- Si no está rozada, querida.- dijo Sonia.
Lira soltó una carcajada que todas imitaron y Melisa pensó que lo más sensato ahora era irse. Pero decidió reír también.
- No se te ocurra estudiar modelaje.- le dijo.- Te mueres de hambre.
Lira observó con desprecio sus flacas corvas y su fea nariz grande, ancha y achatada. Un silencioso abucheo surgió del grupito. De pronto ya sin contener la risa dijo:
- Apuesto a que con pantalones pesqueros y un sombrero de paja te contratarían para la obra El Mago de Oz.
Myrna soltó el agudo grito que caracterizaba su risa.
- ¡El espantapájaros!- exclamó antes de agitar su estómago en una contagiosa carcajada.
Todas rieron con ella.
- Y la búsqueda de cerebro.- agregó Sonia haciendo que las demás casi se ahogaran por el chiste.
- Yo sé lo que pasa.- dijo Melisa dirigiéndose a Lira y fingiendo no oírlas.- Tú estás insegura de ti misma y por eso actúas así. Te gusta ver a los chicos sobre ti para sentirte solicitada, y quieres subir tu autoestima usando la de los demás como escalones.
- Mira.- se defendió Lira.- Ya me fastidiaron tus filosofías. Vámonos chicas, dejemos meditar a gusto a Naristóteles.
De nuevo se escuchó el grito de Myrna y todas la secundaron mientras se dirigían al camión que ya había llegado por los afortunados. Sólo Raquel la miró un poco apenada, pero recogiendo también su bolsa imitó a sus compañeras.
Autor: Ana Leza

