ÉL, APOCALIPSIS
No había nada más peligroso para él, que su propia imaginación.
Al nacer, por ironías del destino, sus padres le habían puesto como nombre: Apocalipsis.
Los padres de Apocalipsis fallecieron cuando él tenía tan solo seis años de edad. Después de eso, el niño empezó a descubrir que había nacido con un don muy poderoso; todo cuanto imaginara, podía hacerse realidad.
Apocalipsis dedujo que ese don se le había otorgado para guiar o salvar al mundo en un futuro.
A sus dieciséis años de edad, Apocalipsis tenía todas las cosas materiales que un hombre pudiera desear. Tenía una enorme mansión, un par de autos lujosos, tarjetas de crédito, e incluso una biblioteca personal con más de diez mil libros. Pero su don también le había permitido obtener destrezas y habilidades físicas; era un inigualable matemático, hablaba más de siete idiomas y podía mirar a través de las paredes.
Un día, mientras andaba por las calles de un barrio solitario, cinco bandidos salieron a su encuentro con la intención de asaltarlo. En se instante, sin proponérselo, Apocalipsis imaginó poder ser un experto en las artes marciales y tener el coraje de un asesino en serie. Por supuesto, como todas sus imaginaciones anteriores, ésta se hizo realidad en tan solo un par de segundos.
Guiado por su nuevo instinto asesino, Apocalipsis agarró a golpes a los cinco sujetos y no pudo detenerse hasta que ya los hubo matado. Desde entonces la vida de Apocalipsis cambió; empezó a huir de las autoridades.
En diversas ocasiones intentó imaginar que se devolvía en el tiempo y evitaba caminar por aquel barrio solitario, pero no lo logró. Imaginó que todo el mundo se olvidaba del suceso, pero tampoco lo consiguió. Incluso imaginó que los cinco bandidos resucitaban y, fracasó de nuevo.
Apocalipsis comprendió que su don le permitía hacer realidad sus imaginaciones, pero que nunca podría deshacer lo que conseguía con ellas.
Siguió pues, en contra de su voluntad, golpeando y asesinando gente. En diversas ocasiones fue capturado y llevado a prisión, pero bastaba con imaginarse doblando los barrotes de su celda o rompiendo los muros con sus puños, y al instante estaba libre.
Soportó seis largos años su situación como asesino, soportó ser considerado por todo el mundo como una escoria humana. Pero como todo tiene un límite, decidió acabar con su condena. Pensó que si su don lo obligaba a destruir el mundo que anheló proteger, era mejor acabar con ese don. Decidió suicidarse el mismo día en que cumplió los veintidós años de edad.
El joven Apocalipsis subió a la terraza de un edificio de treinta pisos y saltó sin pensarlo dos veces, pero, a la mitad de su caída, pensó inconscientemente en que podía volar, y un par de alas enormes surgieron en su espalda para que aterrizara con lentitud sobre la acera. Decepcionado, corrió hacia la carretera para hacerse arrollar por un auto; pero el instinto de supervivencia lo hizo imaginar, muy a fondo, que el carro se destruiría al chocar contra él. Obviamente, así fue; Cuando el auto tocó a Apocalipsis, fue como si se hubiera estrellado contra un inmenso poste de acero; se destrozó por completo, pero Apocalipsis siguió en pie.
Durante todo el día siguió intentando diversos métodos de acabar con su vida, pero su imaginación era inquieta y de alguna manera lograba sobrevivir. Incluso, en uno de sus intentos, optó por beberse un veneno, pero al final sólo resultó tomándose un jugo de naranja dulce.
Pronto, había llegado la noche. Fatigado por tantos intentos y fracasos, se sentó en una banca del parque central de su ciudad para meditar sobre su situación. Aunque al principio consiguió todo lo que anhelaba y fue feliz, con el tiempo su maravilloso don solo lo hacía lastimar al mundo que tanto amaba, y eso era lo que menos quería seguir haciendo.
Frustrado, desconsolado y delirante, pensó en que si las cosas seguían así, un día su imaginación podría incluso hacerle destruir involuntariamente todo el planeta, podría quemarlo, o partirlo en dos. Asustado por sus propios pensamientos, cerró los ojos con fuerza; pero unos segundos después, el suelo empezó a temblar con fuerza, y un calor intenso lo obligó a abrir sus ojos. Se levantó de la banca, miró hacia el cielo, y vió un meteorito de dimensiones titánicas que cayó e impactó directo sobre él, partiendo en dos al planeta…
Él, el Apocalipsis, se había cumplido.
Autor: ANDY MACLAUDE


22 de Noviembre, 2007 a las 4:52 pm
esta buena amik
.creo que suparaste los limites eh es bueno saber q hay genteimaginativay que produce buena literatura..recibe un abraso y escribeme ami correo xendra_incondicional@hotmail.com