del amor al juego, y a la depresión
Era una vez un hombre, de aquellos que te seducen con una hermosa mirada, que te contagian la alegría, de andar sin temores por la vida, era ese hombre del que me enamoré. Un día decidimos comenzar a caminar un sendero muy difícil, que todos sabemos es el matrimonio. Cuando se hacía cada vez más duro todo lo que nos rodeaba, y más contando con dos criaturas, quedé embarazada, y ahí se desencadenó todo aquello, mi peor pesadilla. La que las mujeres sentimos cuando el amor de tu vida se ausenta sin saber nosotras donde está, creemos que puede ser otra mujer la que se encuentra entre sus brazos, mientras sufrimos y se nos desgarra el corazón. Érase un hombre que no pudo con vida, fue mejor mas que una mujer ir al juego, ausentarse largas horas y ocultarse detrás de unas cartas, sin siquiera pensar que la mujer que tanto lo amaba lo necesitaba. Que cobardía que rodeaba aquel hombre ya que ni siquiera lo reconoce, es mejor encontrar otros culpables y no mirar adentro. Hubiera sido menos el sufrimiento, y esto les digo a todos aquellos hombres que no tienen el valor de decir basta al matrimonio, digan basta a tiempo, antes de destrozar a una mujer que los ama con el corazón. Pero si de culpables se trata, lo rodea una familia que si por sus apariencias nos llevamos, yo diría es la mejor familia, pero como dije, en apariencia, después de 12 años pude darme cuenta que un tempano es más caliente que los corazones de aquellos padres, que igual que su hijo tampoco pudieron hacerse cargo de su hijo.
Autor: diana

